10 Herramientas para dejar huella. Hace pocos días reflexionaba contigo sobre un tema que nos toca el alma: el sentido de tu vida como entrenador.
Te preguntaba directamente si lo tuyo era acumular trofeos o algo más profundo. Intentaba despertar a esos entrenadores que, como tú y como yo, desean hacer las cosas bien pero que, a veces, se dejan arrastrar por la corriente de los resultados a corto plazo.
Quería animarte a cambiar el foco. A que mires más allá del gol del domingo y te centres en la huella que puedes dejar en tus jugadores.
Hoy quiero dar un paso más. Estoy seguro de que esa lectura te hizo pensar:
“¿Va por mí esta propuesta? ¿De verdad solo busco subir escalones y demostrar lo que valgo? No, esto no me llena. Es hora de dejar una marca real”.
Si he conseguido cambiarte el rumbo, ahora necesitas herramientas. Porque la intención sin acción se queda en humo. Así que hoy voy a compartir contigo 10 ideas prácticas que he recopilado de los expertos de nuestra Plataforma de Fútbol Formativo.
No es teoría. Son acciones concretas para que empieces a aplicar en tu próximo entrenamiento.
De la teoría a la práctica
1. El “Sándwich” de la corrección
Daniel Dos Santos me contó una técnica sencilla pero infalible para corregir sin destruir la autoestima. Él la llama la técnica del sándwich. Cuando tengas que corregir a un niño, hazlo en tres capas:
- 1. Empieza con un refuerzo positivo (algo que hizo bien).
- 2. Introduce la corrección (lo que debe mejorar).
- 3. Termina con una palabra de aliento (confianza en que lo logrará). Así, el niño recibe el mensaje sin sentirse atacado.
2. El silencio pedagógico
Yo pienso que a veces hablamos demasiado. Queremos radiar el partido como si fuéramos comentaristas. Alberto Martín Barrero (Real Betis) y David Urrego nos insisten en esto: fomenta al jugador inteligente. Deja de darles la solución a gritos desde la banda. Permite que tomen decisiones, aunque se equivoquen. Si les dices todo lo que tienen que hacer, creas robots, no jugadores,.
Tu reto: En el próximo partido, intenta estar 5 minutos en silencio, solo observando. Ves, poco a poco aumentando el tiempo de silencio pedagógico hasta conseguir hacerlo durante todo el partido.
3. La pelota como flauta de Hamelín
Esta metáfora de Javier Vidales me encanta. Él dice que la fuerza del entrenador reside en la pelota. La pelota “embruja” a los niños. Úsala para transmitir valores. No hagas filas aburridas. Diseña tareas donde el balón sea el protagonista y, a través del juego, enséñales el respeto, el esfuerzo y la colaboración. Si tienes el balón, tienes su atención; si tienes su atención, puedes entrar en su corazón.
4. Crea un entorno seguro para el error
Sito (desde Marbella) me dijo algo que se me quedó grabado:
“El niño debe fallar. Y cuando falla, tienes que hacerle ver que el fallo está dentro del juego y de la vida”.
Tu trabajo es crear un clima donde equivocarse no sea un drama. Si un niño falla y lo primero que hace es mirar al banquillo con miedo, algo estamos haciendo mal. Cambia tu cara. Que tu gesto diga: “No pasa nada, inténtalo de nuevo”.
5. Escucha antes de hablar
El psicólogo Alex Anderez nos regaló una frase para enmarcar:
“Hablar es una necesidad, escuchar es un arte”.
Antes de soltar tu charla táctica, pregúntale al jugador: “¿Cómo te sientes? ¿Qué has visto tú?”. Cuando validas sus emociones y le escuchas, creas una conexión que ninguna pizarra táctica puede lograr.
6. El “VAR de la Honestidad”
Ángel Jiménez, nuestro Árbitro de la Paz, propone algo revolucionario: reconocer la verdad aunque te perjudique. Si el árbitro se equivoca a tu favor (un saque de banda, un córner), sé tú o tus jugadores quienes digan la verdad. Enseñar honestidad en el campo vale más que tres puntos. Eso es dejar huella de verdad.
7. Dale antes de pedir (A los padres)
Los padres no son el enemigo, son tus aliados. David Peris tiene una estrategia genial:
“Al padre, antes de pedirle algo, tienes que darle”.
Dales información. Explícales por qué haces lo que haces, cuál es el objetivo formativo. Si ellos entienden el proceso, dejarán de obsesionarse con el resultado y remaréis en la misma dirección.
8. Los valores deben contar en el marcador
Salva Valls (Juga Verd Play) nos demostró que es posible. Si queremos que los valores importen, tienen que tener consecuencias. En tus entrenamientos, haz que el comportamiento sume puntos. ¿Un niño ha ayudado a un compañero? Punto extra. ¿Han recogido el material sin que se lo digas? Victoria. Que vean que ser buena persona tiene premio.
9. El autocontrol es tu superpoder
Luis Lois Carro nos recordaba el “Efecto Pigmalión”. Tu expectativa y tu lenguaje corporal marcan al niño. Tú eres el espejo donde se miran. Si tú pierdes los nervios con el árbitro, ellos aprenderán a protestar. Si tú mantienes la calma en la derrota, ellos aprenderán resiliencia. Sé el modelo de lo que quieres ver en ellos.
10. Juegan todos
Parece obvio, pero Juan Bañasco (CD Albión) lo lleva a rajatabla en su club modelo: todos participan. No hay nada que deje una huella más negativa que un niño que se pasa el partido en el banquillo porque “hay que ganar”. Tu compromiso es con la persona, no con el marcador. Haz que todos se sientan importantes.
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Un testimonio que lo dice todo
Para terminar, quiero contarte una historia que me llegó al corazón. Es de Diego Aguirre, un entrenador que entrevisté. Cuando le pregunté por qué se dedicó al fútbol, no me habló de tácticas ni de grandes victorias.
Me habló de Roberto Ortiz, su entrenador cuando era niño.
Diego me dijo:
“Lo que se me viene rápidamente a la mente era esa sensación de seguridad, de amabilidad. Era una persona que te miraba a los ojos, que te recibía con los brazos abiertos… Generaba un ambiente de confianza. No recuerdo muy bien qué hacíamos en el entrenamiento, pero recuerdo cómo me hacía sentir”.
Fíjate bien. No recordaba los entrenamientos, pero recordaba cómo le hacía sentir.
Esa es la huella, amigo entrenador. Ese es el verdadero éxito.
Yo te pregunto hoy: Dentro de 20 años, ¿qué recordarán tus jugadores de ti?
Empieza hoy mismo a construir ese recuerdo. Tienes las herramientas. Tienes la pasión. Ahora, solo falta tu acción.
¿Te animas a dejar huella?