Actitud en fútbol formativo. Yo también me he encontrado en esa situación. Estás en la banda, el partido está reñido y tu hijo falla un pase clave. Ves cómo agacha la cabeza, cómo su lenguaje corporal cambia por completo. En ese momento, te confieso, es fácil pensar: “esto ya no lo remontamos”. ¿Te suena?
Esa sensación, esa predisposición ante lo que acaba de ocurrir, no solo la sentimos nosotros como padres o entrenadores. Los niños la viven con una intensidad brutal. Y aquí es donde quiero que nos detengamos. Porque, ¿y si te dijera que la clave no está en no fallar nunca, sino en cómo reaccionamos cuando fallamos?
Hace poco leí un libro fascinante de la psiquiatra Marian Rojas Estapé, “Cómo hacer que te pasen cosas buenas”, y una idea me golpeó con fuerza: la forma en que nos enfrentamos a la vida tiene un impacto directo en lo que nos sucede. No es magia, es neurociencia. Y te aseguro que esto lo podemos aplicar directamente al fútbol formativo.
Tu actitud es el mando a distancia de tu realidad
¿Alguna vez has notado que cuando empiezas el día con el pie izquierdo, todo parece salir mal? Te levantas tarde, se te cae el café, pillas todos los semáforos en rojo… Piensa en esto: no es que el universo conspire contra ti. Es que tu cerebro, predispuesto a lo negativo, empieza a filtrar la realidad y solo se fija en los problemas.
Esto mismo pasa en un campo de fútbol.
Un jugador que afronta un partido pensando “somos peores” o “seguro que fallo” ya ha perdido una parte del encuentro antes de empezar. Su cerebro y su cuerpo funcionan como un todo. Esa actitud negativa puede influir directamente en su rendimiento físico: los músculos se tensan más, la toma de decisiones es más lenta y la creatividad desaparece.
La autora lo explica de una forma muy clara: la predisposición ante cualquier situación determina cómo respondemos a ella. Y yo añadiría que, en el fútbol formativo, esto es oro puro.
Nuestro trabajo como formadores es enseñar a los niños a elegir su actitud.
¿Cómo entrenamos el optimismo en el fútbol formativo?
“Vale, Pedro, lo entiendo. ¿Pero cómo llevamos esto a la práctica?” ¡Vamos a ello! No se trata de venderles una felicidad superficial o decirles que todo es perfecto. Se trata de darles herramientas reales y prácticas.
Aquí te dejo algunas ideas que yo mismo aplico y que a ti también te pueden funcionar:
Enfócate en el proceso, no solo en el resultado:
Después de un partido, en lugar de preguntar “¿habéis ganado?”, prueba con “¿qué has aprendido hoy?” o “¿en qué momento te has divertido más?”. Esto cambia el foco.
Les enseñamos que el éxito no es solo levantar una copa, sino esforzarse y disfrutar del camino.
Convierte los errores en trampolines:
Un error no es un punto final, es un punto de partida para mejorar. Cuando un niño falle, en lugar de señalar el fallo, podemos decir: “¡Buena idea! La próxima vez, si ajustamos un poco la fuerza, ese pase será perfecto”.
Les ayudamos a desarrollar una mentalidad de crecimiento.
Sé un “entrenador vitamina”:
Marian Rojas habla de las “personas vitamina”, aquellas que nos recargan de energía positiva. Como entrenadores y padres, tenemos que ser los primeros en dar ejemplo. Si nosotros nos mostramos optimistas, serenos y constructivos, ellos lo absorberán.
Nuestra actitud se contagia, para bien y para mal.
El poder de las palabras:
Anima a los jugadores a usar un lenguaje positivo entre ellos. Frases como “¡buen intento!”, “¡a la siguiente!” o “¡confío en ti!” crean un ambiente donde es seguro equivocarse.
Las palabras que usamos tienen un impacto real en nuestra bioquímica.
Una historia personal: el día que cambiamos el “chip”
Recuerdo un equipo que entrené hace unos años. Eran buenos chicos, pero tenían un problema: si encajaban un gol, se venían abajo por completo. Dejaban de correr, empezaban a culparse unos a otros… un desastre.
Un día, antes de un partido importante, no hablamos de táctica. Nos sentamos en círculo y les hice una pregunta: “¿A qué hemos venido hoy?”. Uno dijo “a ganar”, otro “a no perder”. Entonces, les propuse un reto: “Hoy hemos venido a ayudarnos. Cada vez que uno falle, los dos compañeros más cercanos tienen que ir a chocarle la mano y decirle ‘no pasa nada'”.
Te confieso que al principio me miraron raro. Pero lo hicieron. Perdimos 2-1, pero algo increíble pasó. Fue la primera vez que, perdiendo, les vi luchar hasta el último segundo con una sonrisa. Al final del partido, no estaban hundidos, estaban orgullosos.
Habían descubierto que su actitud era más poderosa que el resultado. Actitud en fútbol formativo.
Ese día no ganamos en el marcador, pero ganamos algo mucho más importante para su formación.
Tú también puedes lograr esto. La próxima vez que estés en un entrenamiento o en un partido, observa. No mires solo los pases o los goles. Mira las actitudes. Fomenta el optimismo. Porque si enseñamos a nuestros hijos a elegir una buena actitud ante la vida, no solo les estaremos ayudando a ser mejores futbolistas, sino que les estaremos dando la herramienta más importante para que, de verdad, les pasen cosas buenas.
Actitud en fútbol formativo.