actuar con humildad ante los errores en el deporte

Actuar con humildad ante los errores en el deporte

Actuar con humildad ante los errores en el deporte es lo que vamos a tratar en este extenso artículo. Podrás contemplarlo bajos tres prismas diferentes: desde el punto de vista del entrenador, del jugador y de los padres con hijos deportistas.

Cómo aceptar nuestros errores en el partido

actuar con humildad ante los errores en el deporte

¡Cuánto me cuesta reconocer mis fallos! Y, sin embargo, tengo que aceptar que no soy perfecto y que me puedo equivocar muchas veces. Mi camino como entrenador está lleno de errores. ¿Cómo reacciono ante esos errores? ¿Busco excusas para aparentar que no son fallos míos o acepto mis errores e intento corregirlos?

Aceptar mis errores me lleva a ser más comprensivo

Precisamente, estas experiencias me invitan a ser más comprensivo con mis jugadores, con el equipo contrario e incluso con el juez del partido. Aprendo a mirar en profundidad  la condición humana, y soy menos radical en mis juicios sobre la actuación de los demás. 

He de aceptar que no hay sólo dos colores en la vida, el blanco y el negro: el mundo no está lleno de malos, por una parte, y de buenos, por otra.

Si, como entrenador, acepto humildemente este hecho, podré ayudar a mejorar, al menos, a una pequeña porción de la sociedad, que es mi equipo. Y entonces puedo ver, con ojos más limpios, que, aparte de todos los errores, hay mucho bueno y bello en cada uno de mis jugadores.

Un ejemplo de humildad

Se cuenta que el responsable de un club de fútbol, estaba hablando a un grupo de padres elogiando a un entrenador de la entidad. Uno de los padres, que estaba presente, con aire de sorpresa le comenta:

––¿No sabe que el entrenador del que habla con tanta admiración es uno de sus peores enemigos, que no pierde ocasión para criticarle? 

Sí, lo sé –respondió el coordinador–. Pero me pidieron mi opinión de él, no la opinión que él tiene de mí.

Soy consciente de que en el mundo del deporte me expongo fácilmente a la crítica y a la murmuración. Nos falta mucha humildad. Todos creen que saben de fútbol y opinan con una gran ligereza sobre el cómo, cuando y con quién. 

Cuando esas críticas las recibas tú, no te deben afectar. Sigue realizando un trabajo serio con tus jugadores.

Un caso personal de falta de humildad

Hace mucho tiempo, una persona que sabe mucho sobre deporte y que puedo considerar un gran amigo, vino a ver un partido de fútbol que dirigía yo. Me consideraba un buen entrenador en aquel entonces y así era reconocido en el mundo del fútbol base.

Cuando terminé el partido, estuvo hablando conmigo muy en serio sobre algunos temas de mi trabajo con el equipo. Me indicó, claramente y con mucha suavidad, todas aquellas cosas que yo hacía mal y que no me había dado cuenta nunca. 

Me hizo ver lo mal que estaba trabajando. Mi reacción delante de él fue la de defenderme y buscar excusas para justificarme. Pero aquello había calado hondo en mí. Me invadió una sensación durísima de desánimo. ¿Tan mal lo hacía? Yo pensaba todo lo contrario, que estaba realizando una formidable dirección de equipo. 

Jamás olvidaré ese momento. Y siempre le estaré agradecido por su valentía al indicármelo. ¿Cuántas personas pensaban lo mismo que mi amigo y jamás me habían indicado nada al respecto?

Cada vez que tienes la suerte de que te corrijan, debes verlo como una oportunidad única para cambiar las cosas. Aquello que hasta ahora hacía mal, puedo convertirlo en bueno. Simplemente se trata de aceptarlo y cambiar de actitud. 

Algo que me había hundido casi por completo, por mi falta de humildad, pude convertirlo en el trampolín del cambio y mejorar mi forma de comunicarme con mis jugadores, de ayudarles de verdad.

Como ves, los entrenadores necesitamos también recurrir a la humildad para poder  aceptar esos errores, sin justificaciones, que nos van a permitir mejorar en nuestro trabajo diario. ¿Aceptas tus errores o pones excusas constantemente?

Reconocer nuestros errores

Muchas veces los entrenadores pensamos que hemos de presentarnos a nuestros jugadores como personas perfectas, sin errores. Yo, por lo menos, pensaba así hace tiempo. Sin embargo, con el tiempo me he ido dando cuenta de que valoran más un entrenador que se equivoca pero que, a la vez, lo reconoce y se esfuerza por superarlos.

Quizá pienses que es bueno ocultar tus fallos a los jugadores para que siempre vean a su entrenador como un ser perfecto. He podido experimentar que, con frecuencia, conviene hablar primero de tus propios errores. Eso te da más credibilidad delante de tus jugadores y te escuchan y valoran más.

Sólo si intento ser humilde, existe la posibilidad de que mis jugadores me escuchen de verdad. A los entrenadores soberbios no los quiere ni escucha nadie. 

Lo que sucede en realidad es que al demostrarles esa humildad de reconocer que fallas, te haces más cercano a ellos, más humano. Por eso pedir disculpas por los errores tácticos cometidos en un partido, por unas palabras que has dicho que no eran correcta, por una falta de control durante un partido, es algo que se aprecia mucho y estás dando un gran ejemplo a los chicos. 

Saber escuchar y comprender

En ocasiones, aunque sean temas sin mucha importancia, intento escuchar y comprender. Es un gran detalle de humildad por tu parte considerar que tus jugadores tienen muchas cosas de las que puedes aprender. Les demuestras que te importa lo que te dicen.

Los entrenadores debemos escuchar más a nuestros jugadores porque nos ayudará a conocerles mejor, a conocer lo que realmente piensan, lo que les preocupa de verdad. Cuando conoces bien a tus jugadores, es mucho más sencillo comprenderles. Y eso lo agradecen mucho. Se sienten mucho más valorados. Además, cuando los comprendes, eres mucho más justo en tus valoraciones personales con respecto a sus actuaciones deportivas y extra deportivas.

He comprobado que si los valoro, a pesar de ser asuntos menores, y le doy la importancia que tienen, cuando aparecen momentos más complicados, no dudan en acudir a mí. Se sienten siempre apoyados por alguien que se manifiesta débil y que comprende.

Mantenerse por debajo

El sabio chino dijo hace 25 siglos: 

“La razón por la cual los ríos y los mares reciben el homenaje de cien torrentes de la montaña es que se mantienen por debajo de ellos. Así son capaces de reinar sobre todos los torrentes de la montaña”

Laotse

De modo parecido tengo que actuar yo como entrenador si quiero formar de verdad: debo colocarme por debajo de mis jugadores. Así, los chicos no sienten mi peso, y no toman mis palabras como una imposición sino como un consejo. 

Desgraciadamente, en mis comienzos como entrenador, yo no era así. Aprovechaba mi autoridad como entrenador para mirarles por encima, muy por encima. Mi orgullo personal ha cegado durante años mi forma de actuar. 

––Yo soy el entrenador y me vais a escuchar si queréis aprender. 

No me daba cuenta del tesoro que tenía frente a mí: lo mucho que podía aprender de cada uno de mis jugadores. Todavía no había entendido que con una actitud más humilde hubiera conseguido mucho más de cada uno de ellos.

Si eres humilde aprenderás mucho de tus jugadores

Además, he de reconocer que cada jugador del equipo es, realmente, superior a mí en muchos aspectos. Si tengo en cuenta esto, podré aprender siempre de ellos. Todos me están enseñando con su forma de ser, de actuar, de comunicarse, de reírse, de escuchar, de comprender, de mirar…

Cuántas lecciones me dan mis jugadores cada día y yo sin darme cuenta por mi falta de humildad. Ahora que les miro desde abajo, puedo valorarlo mejor. Ese pequeño esfuerzo de Juan que yo no era capaz de entender; aquella sonrisa de Miguel cuando fallaba un gol que transmite un gran mensaje, esos ánimos de Jorge cuando alguno del equipo conseguía un pequeño éxito, y que yo no terminaba de valorar. 

Pido perdón por tantas faltas de humildad por mi parte que mis jugadores han tenido que aguantar. ¡Cuántas cosas he dejado de aprender por mi estupidez, por situarme siempre por encima de ellos! ¡Qué gran error he cometido durante esos primeros años! ¡Qué suerte el haberme podido dar cuenta a tiempo de todo esto! 

Tú, como entrenador, ¿a qué esperar para ser un poco más humilde?…

Entrenadores demasiado perfectos

actuar con humildad ante los errores en el deporte

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Una buena y breve definición de humildad aplicada a la figura del entrenador sería la de ser ser auténtico, sin pretensiones ni arrogancia.

El entrenador que desea ser un líder dentro del equipo debe ser auténtico con sus jugadores. No puedes mostrarte pedante, vanidoso, autosuficiente. 

Lamentablemente, cuando te encuentras con un entrenador al que no le puedes decir nada porque ya lo sabe todo, sientes una cierta impotencia. Te das cuenta de que es uno de los problemas más importantes que nos encontramos en los entrenadores que trabajan en el fútbol base. 

Son entrenadores que piensan que lo hacen todo muy bien. Cuando ganan es porque los cambios que realizó en el partido fueron muy acertados, o porque supo leer el planteamiento táctico del entrenador contrario, etc. Cuando pierde, todos los demás son los culpables: los jugadores estaban dormidos, no aplican lo que les enseño en los entrenamientos, no quieren correr. Luego se pasa al árbitro: iba con ellos de forma descarada, si no llega a anular el gol por el fuera de juego hubiera sido diferente, etc. 

Reconocer que lo has hecho mal

Muy pocas veces oímos de nuestros entrenadores unas palabras humildes reconociendo su culpa después de una derrota en un partido. 

Aprovecho este foro para decírtelo con todo el cariño del mundo: 

¡¡¡Tus jugadores no tienen la culpa de las derrotas que estás recibiendo. No seas soberbio. No te excuses echando la culpa a los demás!!!

Puede ser que el equipo con el que has jugado lo haya hecho mejor, y ya está. 

Pero no, esta posibilidad nunca la admites. 

También puede ser que tú lo has hecho mal. Así de simple.

  • Te faltan conocimientos, pero no lo reconoces, 
  • Te cuesta leer el partido, porque te falta experiencia, 
  • Tienes muchas dudas y no aciertas en los cambios, 
  • improvisas cinco minutos antes el trabajo de ese día y no entrenan bien, 
  • no te preocupas de tus jugadores, sus problemas, sus necesidades, porque no tienes tiempo para eso. 

Y podríamos seguir la lista de forma casi interminable. 

Ser líder es más complicado

¿Es posible que esté ahí el problema? El problema del equipo es tu falta de humildad. Nada más. No pongas como excusa a tus jugadores porque ellos funcionan si tu funcionas. Ellos están dispuestos a darlo todo por ti, por su equipo. Pero tu no les arrastras, no eres su líder sino que eres todo lo contrario. 

¿Y sabes por qué? Porque ser líder es más complicado, exige mucho esfuerzo y mucho sacrificio y tu no estás dispuesto a eso. Buscas únicamente colocarte una medalla y subir escalones que te lleven a la gloria. Pero estás muy equivocado porque al final, todo esto no vale nada.

Tu ego te separa del equipo

Tu ego como entrenador puede establecer una muralla que te separe inconscientemente del equipo. Los jugadores acaban cansados de los comentarios despectivos que realizas sobre ellos. El equipo espera que también valores otras cosas que no son el propio resultado como es el esfuerzo que han puesto o la ilusión por superar el bache que están pasando. Poco a poco, por la falta de confianza que les vas mostrando, se va generando una distancia con tus jugadores, que puede llegar a ser abismal.

Los entrenadores sabelotodos y arrogantes consiguen aburrir a sus jugadores. Qué pena da ver a tantos entrenadores que hablan y hablan. En realidad están queriendo demostrar lo mucho que saben. Les da igual que lo entiendan o no.  Olvidan que la comunicación debe fluir en las dos direcciones para poder comprobar que el mensaje llega realmente y para poder aprender de tus jugadores.

No te das cuenta del ridículo que estás haciendo porque los jugadores no tienen el más mínimo interés en seguir escuchándote y lo único que están esperando es que les des la posibilidad de entrenar con el balón. Sus oídos están completamente cerrados a tus peroratas que llegan a cansar de forma desagradable. Los jugadores procuran huir de ti en todo momento porque un entrenador arrogante es, normalmente, poco querido. 

No hay nadie que lo sepa todo

Da gusto ver entrenadores que lo hacen muy bien en el campo, que dirigen bien a su equipo y que son capaces, cuando hay un problema deportivo, de realizar una consulta a una persona con más experiencia, que les puede ayudar a tomar una decisión complicada. No hay nadie que lo sepa todo. Dependemos unos de otros.

La humildad no es más que el verdadero conocimiento de uno mismo. El entrenador líder es capaz de mostrarse tal como es sin máscaras de ningún tipo.

El valor del error en el fútbol

actuar con humildad ante los errores en el deporte

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Hasta ahora hemos hablado de la humildad del entrenador. Pero quiero dirigirme también al jugador. ¿Por qué es importante la humildad para crecer como futbolista?

Sin duda alguna la humildad es uno de esos valores esenciales que, como deportista,  debes adquirir cuanto antes.  Ser humilde implica tener una actitud permanente de querer aprender.  Rechaza la idea de pensar que ya lo sabes todo, que eres el mejor, aunque quizá no te valoran lo suficiente. Eso te puede hacer mucho daño.

Humildad no es debilidad

No debes confundir la humildad con la debilidad. Muchas veces se identifica con el hecho de no ser intenso en los partidos, un deportista sin sangre, sin energía, blandito. Eso no es humildad. La humildad es lo opuesto a la soberbia. Y la soberbia es sentirse siempre como que estás a un nivel por encima de los demás. 

Lo pero que te puede pasar en un partido es que te sientas superior a tu rival y lo menosprecies. Si deseas crecer y ser un deportista humilde, siempre debes manifestar mucho respeto por el adversario, aunque los resultados demuestren la superioridad de tu equipo.

Señales de un deportista humilde: 

Conoces tus limitaciones

Todo ser humano posee ciertas limitaciones y es bueno conocerlas. ¿Serías capaz de confeccionar ahora mismo una lista de tus limitaciones? ¿Te molestaría escucharlas de tus compañeros de equipo? Porque ellos te conocen muy bien. Imagínate que las escriben en un papel y te lo entregan. Estoy casi seguro que al leerlas, no serías capaz de aceptarlas todas. Es algo normal porque siempre nos imaginamos algo mejor de lo que realmente somos. Nos falta más humildad. 

Tener limitaciones es lo normal porque nadie somos perfectos. Se trata de conocerlas, aceptarlas y poner los medios para reducirlas al máximo. De esta forma seremos cada día mejores deportistas y mejores personas.

•Eres capaz de recibir críticas y correcciones

Estas correcciones pueden venir de tus entrenadores pero también de tus compañeros. Como hemos dicho antes, ellos son los que mejor te conocen. Sin embargo nos suele molestar que nos digan nuestras limitaciones. Eso sería una manifestación de falta de humildad y evita la posibilidad de mejorar justo en los aspectos donde más necesitas cambiar.

Si eres humilde, serás consciente de que tienes debilidades. Por lo tanto, las correcciones que te hace un entrenador, deben ser bienvenidas, ya que sabes en que aspectos necesitas mejorar. 

A veces, que un compañero te corrija algo, al estar al mismo nivel, puede costarte más aceptarlo. Nos puede venir a la cabeza: 

––“Qué me va a enseñar a mí si yo juego mejor que él”, por ejemplo. 

Sin embargo, si eres humilde y aceptas su opinión como una sugerencia de alguien que te quiere ayudar, lo que consigues es aceptar tu limitación con lo que puedes seguir creciendo en lugar de detenerte.

•Reconoces siempre la contribución de los demás

Nadie consigue logros por sí sólo. Sobretodo, se nota cuando ganas. Si al meter un gol, lo único que haces es felicitarte a ti mismo en lugar de ir en busca del equipo, es porque eres poco humilde y no te das cuenta de que el gol lo ha metido todo el equipo y que, sin su ayuda, posiblemente no lo hubieras conseguido. Celebrar el gol con todo el equipo tiene una gran importancia. Es una señal de humildad.

Y cuando pierdes, es poco elegante quejarte de que nadie lucha en el equipo, que siempre tienes que hacerlo todo tu, que a tus compañeros les da igual ganar que perder. Son manifestaciones injustas y con falta de humildad.

Muchas personas cuando reciben un premio, luego tienen un tiempo para hablar y dar un pequeño discurso. En esos momentos, te sientes como un campeón y puede existir el peligro de faltarte en algún momento humildad. 

Es precioso ver cómo en muchas ocasiones aprovechan ese discurso, no para hablar de él y de su premio y de lo mucho que le ha costado conseguirlo. En esos momentos de gloria, se acuerda de sus padres que le han apoyado, de su entrenador que siempre ha creído en él, de su equipo, etc. En realidad lo que está diciendo es que sin ellos ese triunfo hubiera sido imposible o mucho más difícil.

•Eres elegante en la derrota y modesto en la victoria 

Son dos grandes momentos para evaluar cómo estamos de humildad. Cuando pierdes debes reconocer el mérito de tus oponentes y felicitarlos por la victoria. Ya sé que cuesta mucho porque en esos momentos estás afectado. Pero ¿quién ha dicho que ser humilde es sencillo? 

Ya hemos comentado que muchas veces buscamos excusas porque no somos lo suficientemente humildes para reconocer nuestros errores y atribuimos la derrota al estado del terreno de juego, a la mala actuación del árbitro, a las trampas del equipo contrario…

Y cuando ganas las celebraciones no han de ser excesivas, o por lo menos han de ser respetuosas ya que sin rival no hay victoria. El perdedor ha luchado hasta el final por conseguir vencer y ahora se siente completamente desolado. Es un buen momento para aprender a respetar.

Si, además de la derrota, tiene que aguantar tu descortesía, imagínate lo que sentirán por dentro. Piensa que esta vez has ganado tú, pero la próxima ocasión, puedes ser tu el perdedor y estoy seguro que agradecerás una celebración moderada y respetuosa.

•Valoras a tu entrenador

Puede ocurrir que no te des cuenta de la labor que está realizando tu entrenador para conseguir que tu mejores cada día más y consigas el máximo rendimiento deportivo. En esos momentos de gloria, piensa que tu entrenador siempre ha estado ahí: 

  • analiza tu juego, 
  • te corrige con frecuencia, 
  • charla contigo para conocerte mejor, 
  • prepara sus sesiones pensando en ti y en cada uno de sus jugadores, 
  • se esfuerza por darte siempre buen ejemplo. 

Todos esto que hace el entrenador por ti, puede pasarte desapercibido. Sin embargo, con el tiempo, cada vez lo haces mejor y sin darte cuenta, te conviertes en un buen jugador, con mucha confianza en ti mismo. 

Parte importante de tu mejora se debe a tu entrenador. Crees que eres tú el que lo ha conseguido cuando en realidad no hubieras llegado tan alto sin el esfuerzo y la dedicación de tu entrenador. Sería una pena que no te dieras cuenta de esto.

Debes mostrar gratitud al entrenador y a los responsables del equipo, que trabajan para que mejores en la práctica deportiva. Sería una falta de humildad que lo has conseguido con tu esfuerzo personal y nada más.

Saber ganar y saber perder en el fútbol

Torneos de fútbol con el club

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El equipo alevín de una escuela de fútbol estaba jugando un partido donde se decidía el campeón de la liga. Sucedió un hecho que puede ayudarnos a todos a reflexionar sobre las grandes posibilidades que ofrece este deporte para seguir aprendiendo.

El equipo rival está empatado a puntos y se juega con esta escuela el campeonato de liga. El partido estaba muy animado, con ocasiones para ambos. La Escuela terminó metiendo el gol que, por el momento, le daba la victoria y el campeonato. 

Todo empieza justo al final del partido

El partido está a punto de terminar y hay un córner en contra de la Escuela. Todo el equipo rival se dispone a rematar ya que es la última posibilidad de empatar. La liga depende del acierto del equipo de la escuela a la hora de defender esta situación. El portero rival se da cuenta y  se anima a subir también porque sabe que se les va la liga. El córner está muy bien lanzado pero nuestro portero, con gran autoridad bloca el balón en el aire.

Inmediatamente se organiza la contra con un pase perfecto a nuestro delantero, que ha salido a la contra a toda velocidad. La pelota bota en el suelo y el delantero se la lleva con la cara. Sigue corriendo porque se da cuenta que la portería está vacía. El balón finalmente entra en la portería y todos los jugadores van como locos a celebrarlo en la banda. 

Sin embargo, el árbitro pita manos del delantero y no concede el gol. El equipo de la escuela, excepto tres jugadores, no se han dado cuenta de lo que está sucediendo y siguen celebrando el gol. Aprovechando el desconcierto, el equipo contrario saca rápido y en dos o tres pases llega a nuestra portería defendida por estos tres jugadores y meten el gol del empate.

Fin del partido

El árbitro pita el final del partido y los jugadores de la escuela se quedan como tontos viendo cómo el trabajo de todo un año se les había escapado. La primera reacción es de rabia. La segunda de desconcierto. Los jugadores lloran desolados. ¿Qué ha pitado el árbitro? ¿Manos del delantero?

El delantero, con lágrimas en los ojos, le enseña al árbitro el golpe en la cara del balón al controlarlo. Le asegura que no ha sido manos pero ya no hay nada que hacer. El partido ha terminado. 

El entrenador del equipo contrario y otras personas locales confirman que no ha habido manos y que lamentan la decisión del árbitro. Algunas personas que estaban viendo el partido confirman, además, que el balón con el que se inició la contra del equipo contrario no estaba parado. Eso significa que se debía haber repetido el saque de inicio.

No era momento para hacer reflexiones al final del partido. El entrenador de la escuela estaba totalmente desconcertado y nuestros jugadores desolados. Te imaginas la situación, ¿no? Yo recuerdo perfectamente este momento y os puedo decir que nunca había visto algo parecido. 

Una buena oportunidad para aprender

Pensaba en que ésta era una buena ocasión para reflexionar sobre este bello deporte que nos enseña tanto si somos capaces de tomar al vuelo lo que nos está constantemente mostrando.

Una vez salieron del desconcierto, fueron capaces de actuar con la serenidad suficiente para dar la mano al árbitro y al equipo contrario y callar. La procesión iba por dentro pero pienso que fue un gran momento para demostrar su talla como deportistas.

Quise aprovechar que habían pasado ya unas horas, para darle la vuelta a la situación. Los chicos estaban más tranquilos y pienso que era el momento de darles una visión distinta de lo que había ocurrido.

Para alcanzar el éxito hay que fallar muchas veces

Les recordé lo que habíamos comentado en otras muchas ocasiones sobre grandes deportistas. Poníamos el ejemplo de Michael Jordan. Él afirmaba que para llegar a ser lo que fue, había tenido que fallar muchas veces y que esos fallos le habían ayudado enormemente a mejorar. 

Si uno no es capaz de tener la humildad de reconocer sus propios fallos, nunca crecerá. Se excusará constantemente y le dará la culpa a sus compañeros, al árbitro, al público, al equipo contrario. 

Sin embargo si uno empieza por preguntarse dónde fallé yo, acaba aprendiendo y creciendo más que nadie porque esos errores cometidos los he aceptado como míos y, por lo tanto, los he podido analizar para procurar no repetirlos otra vez. Pero para eso hace falta mucha calidad humana. Y eso es lo que trato de enseñarte ahora.

Analizar con humildad el partido

Seguimos comentando juntos: ¿podemos analizar con humildad lo que pasó en el partido? ¿Es el árbitro el culpable? Posiblemente se ha equivocado al pitar las manos pero es lo que ha visto y eso hay que respetarlo. ¿No será que hemos cometido algún fallo, que es lo que nos ha hecho empatar el partido que debíamos ganar?

Analicemos juntos la jugada decisiva 

Hablemos del córner en contra, cuando faltaba muy poco tiempo para terminar el partido. Nuestro portero ataja bien el balón pero ¿qué debía haber hecho? ¿Iniciar la contra para meter el segundo gol o retener la pelota para salir tranquilos y dejar que el partido se terminara con nuestro gol a favor? Todos reconocieron que la segunda opción era la mejor. Por lo tanto ahí fallamos nosotros.

Sin embargo, son muy pocos segundos los que tenemos para decidir y nuestro portero decidió mal. Pienso que cualquiera de nosotros, en su situación, al ver la portería vacía hubiera actuado igual y sin embargo no era la mejor opción. Son cosas que se aprenden cuando a uno le pasan y sabe analizarlas con calma y con humildad. Seguro que no nos vuelve a ocurrir otra vez y la lección está bien aprendida.

Analicemos la contra

El delantero consigue llevarse el balón y mete el segundo gol. Acto seguido, se va entusiasmado a la banda para celebrarlo con el banquillo sin darse cuenta de que el árbitro no concede el gol. Solo hay tres que han visto la indicación del árbitro anulando el gol. Lo que nos ha pasado no es algo muy habitual en el fútbol pero puede decidir un partido. 

Antes de celebrar un gol, los jugadores deben mirar al árbitro para asegurarse de que lo concede y entonces celebrarlo, nunca antes. Por lo tanto, hemos cometido un segundo fallo decisivo. Todos hemos aprendido muchas cosas en este partido y pienso que esto es lo más importante.

Aprender a ganar y a perder

Por último quise dejar claro que nunca hemos de derrumbarnos ante los resultados adversos porque uno debe acostumbrarse a perder y a ganar. Lo importante a vuestra edad es aprender de todo lo que hacemos y pensar que esta vez no he podido ganar pero la próxima, con lo que he aprendido en esta ocasión, pondremos todos los medios para conseguirlo. Y eso nos ayuda a seguir luchando.

Estoy seguro que, lo que ha ocurrido durante el partido, ha sido muy enriquecedor para todos y han sabido darle la vuelta con humildad.

¡Qué bello es este deporte!

Actuar con humildad ante los errores en el deporte

esfuerzo deporte

actuar con humildad ante los errores en el deporte

Hay como tres escalones en tu proceso de aprendizaje como deportista. 

El primero es tener un entorno favorable

Es posible que tu como  jugador hayas tenido la suerte de encontrarte con un entorno que te ayude a progresar en tu juego y que hayas podido dominar tu carácter con una mentalidad fuerte y constante. Eso te permite aprender y avanzar.

El segundo escalón es la motivación 

Si realmente estás motivado porque tienes muy claros tus objetivos y estás dispuesto a poner todo el esfuerzo posible para conseguirlos, tu progresión posiblemente sea muy grande. Sin embargo, no todo está conseguido. Existe un tercer nivel en tu escalada hacia el éxito. que es.

El tercer escalón es aprender de los errores

En los entrenamientos y en los partidos aciertas y fallas muchas veces. Existen dos posibilidades ante los errores: buscar excusas o aceptar el error. Si lo aceptas, podrás analizar las causas de ese fallo y buscar soluciones que te lleven a cambiar ese error en un nuevo acierto. Se llama humildad.

Por eso uno de los mejores consejos que doy a los deportistas consiste en dejarles muy claro que no existe la expresión “es que”. Muchos jóvenes deportistas como tú, buscan con frecuencia una excusa para justificar su fallo. Esta falta de humildad es un peligro grande para tu desarrollo deportivo porque, lamentablemente, llegas a creer lo que dices. Las consecuencias de esta actitud son nefastas ya que no vas a poner esfuerzo en corregir ese error porque no lo reconoces.

Cambiar de actitud

El fútbol es un deporte de equipo y a nadie le gusta reconocer que el fallo ha sido personal. Es complicado aceptar que la derrota o el error no tiene nada que ver con el árbitro del partido, el estado del terreno de juego, la lluvia, las botas, ni el cansancio. Cuesta reconocer que en realidad has sido tu el que ha fallado. Son todo excusas para no quedar retratado delante de tus compañeros. Lo comprendo pero, si esto es lo que te pasa habitualmente, debes corregirlo.

Si eres capaz de reconocer tus errores, empiezas a ser mejor ya que puedes analizar esa situación y buscar soluciones para que no se repita otra vez. Aprendes más rápido que los demás y serás capaz de todo. Si esta humildad la consiguen alcanzar todos los jugadores, estamos formando un equipo campeón que constantemente aprende de sus errores y que progresa enormemente en el día a día de la competición.

“Los perdedores se quejan, los ganadores aprenden”  

Jorge Valdano

Aprende de tus errores

Son, como vemos, dos posturas muy diferentes que nos permite ver con más claridad la existencia de un solo camino para llegar al éxito deportivo que pasa por saber aprender de tus errores.

Michael Jordan comentaba al final de su carrera deportiva algo que nos puede ayudar a reflexionar en todo lo que estamos diciendo ya que sale de la boca de uno de los mejores deportistas de todos los tiempos:

“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. 26 veces han confiado en mí para lanzar el tiro que ganaba el juego y lo he fallado. He fracasado una y otra vez en mi carrera deportiva y es eso por lo que tengo éxito”

Jordan

Este fenómeno del deporte nos está diciendo que si no tienes errores, si siempre ganas, si convives con el éxito de forma continua, no aprendes porque crees que todo lo has hecho bien y no es así. Tu, en cambio, cada derrota, cada paso en falso, cada fallo que tengas, lo conviertes en un oportunidad de conocerte mejor, descubrir tus puntos débiles y, con esfuerzo y constancia, mejorarlos y perfeccionarlos para no fallar en este punto nunca más.

¿Cuántas veces has visto a jóvenes deportistas como tu que cuando pierden o fallan se ponen histéricos? Se desaniman y se rinden con facilidad en lugar de darle la vuelta y pensar en la causa de ese error para evitar fracasar la próxima vez.

“Los campeones son capaces de adaptarse y aprender de estas situaciones. Los perdedores buscan excusas para no seguir luchando”

Un ejemplo real

Quizá puede servirte este ejemplo real que viví personalmente. En una ocasión tuvieron que decirle a un jugador que iba a pasar a un equipo de una categoría inferior. Es una situación muy dura y desagradable, y todavía más, cuando ves que le han salido las primeras lágrimas. 

Le han tenido que explicar la verdad: arriba solo están los mejores y tu, ahora mismo, no estás entre los mejores. Te falta más seguridad cuando sales al campo. Se te ve con miedo a fallar. Esa confianza que demostraste en la pasada temporada, la has perdido. Pero sabemos que puedes volver a estar con los mejores. Depende de ti. Recupera esa condición física que tenías. Dalo todo en cada entrenamiento y lidera el nuevo equipo donde vas a jugar. Verás que en poco tiempo estás otra vez arriba. Confiamos mucho en ti.

La reacción del jugador

La reacción del jugador fue en un principio negativa. Es normal porque se siente frustrado. Empieza a pensar que no sirve para el fútbol y llegó a comentar, en cierto momento crítico, en la idea de abandonar. 

Pero esto es de cobardes, de perdedores. 

Cada fracaso, cada paso para atrás es una oportunidad para darle la vuelta a la situación y pensar en serio que esto no te va a ocurrir nunca más. Tu actitud debe ser diferente, mucho más humilde. Empieza reconociendo tus errores: 

––Me he dormido. Me he relajado. Es lógico que no cuenten conmigo porque no estoy dando la talla. Voy a cambiar, voy a reaccionar, voy a prepararme para estar con los mejores otra vez y no pararé hasta conseguirlo.

Esta es la reacción de un campeón. Esto es lo que hace que un deportista crezca y aprenda de verdad. Sin ese esfuerzo, sin esta motivación, sin esa fe en que uno puede hacerlo, es imposible mejorar y corregir los errores.

“Hay dos clases de deportistas: los que buscan una excusa para poder fallar y los que buscan una solución para poder acertar”

Saber perder en el fútbol

el esfuerzo en el fútbol

actuar con humildad ante los errores en el deporte

Una de las situaciones más duras para un futbolista que va perdiendo en un partido es el momento en que el árbitro pita el final. Unos ganan y otros pierden. El que gana está muy feliz, con una enorme autoestima y, el que pierde pasa por una situación desagradable que va desde el enfado, el disgusto o la decepción. Quiero demostraros hoy, ahora, que perder significa muchas veces ganar. Pero para eso hace falta saber perder.

Vengo de un gran Torneo y quiero reproducirte la conversación que pude mantener con uno de los jugadores tras finalizar el campeonato. Pablo es muy buen jugador. Tiene 11 años y su progresión está siendo excelente. Como es muy hablador y extrovertido, las conversaciones que tengo con él, no tienen desperdicio. Como me ha autorizado a contarla, te la cuento al detalle.

Un torneo con muchas expectativas

El torneo tiene una fase previa en la que te enfrentas a cinco equipos más y, si quedas primero de grupo, juegas la fase final contra equipos importantes de la liga nacional. El reto era grande y se formó un equipo de gran calidad para acudir a esa competición. 

Lamentablemente no consiguieron clasificarse y ese es el motivo de mi relato. Describirte qué es los que piensa un niño de 11 años tras una derrota como esta. Y si te sirve quiero explicarte cómo afrontar las derrotas en el fútbol formativo.

Ha terminado el último partido con un empate que no nos permite clasificarnos. Los jugadores, desolados, saludan a los ganadores. Caras largas, algunas lágrimas, lo normal tras una derrota. El entrenador les anima y les felicita por su gran actitud en todo el torneo.

Una primera evaluación

–¿Qué tal Pablo? ¿cómo estás? –le digo con una sonrisa mientras le doy la mano para saludarle.

Pablo está agotado y sudoroso del partido, pero me sonríe y me comenta algo que sale del corazón.

–Te puedes imaginar: destrozado. Podíamos habernos clasificado, nos ha faltado un gol. La verdad es que me siento un poco frustrado: Messi lleva cinco balones de oro, siempre gana o eso parece y sin embargo yo tengo una oportunidad como esta y la he desperdiciado. No sé, me siento como que no valgo.

Entiendo que no es momento para profundizar en el tema pero como lo veo tan bajo de moral, le intento animar quitándole importancia a la situación. Mientras caminamos por el césped del estadio, procuro darle la autoestima justa y necesaria para la situación:

Hay que perder para aprender a ganar

–Pablo, tu sabes que lo más importante no es ganar, es dar lo mejor de ti mismo en todo momento y yo creo que tu lo has hecho a la perfección. Tu puedes ser el vencedor de este torneo si no te das por vencido. Hay que perder para aprender a ganar. Tienes suerte, Pablo, porque los que han ganado se van pensando que lo han hecho todo bien y no es verdad porque seguro que han tenido bastantes errores. Lo que pasa es que muchas veces la victoria los esconde. Sin embargo, con esta derrota, te das cuenta de que debes mejorar algunas cosas para poder ganar. Vas con ventaja.

Pablo me mira mientras hace una mueca y entiendo que asimila lo que le digo y que le ha llegado. Parece que tiene ganas de hablar y se detiene un momento para comentarme algo que no esperaba:

–Antes de venir a este equipo tenía un entrenador que nos presionaba mucho. Nos dejaba claro que debíamos jugar y ganar. No había otra posibilidad. Cuando no lo conseguíamos las broncas eran brutales y jugábamos con mucho miedo. Ahora me encuentro con un entrenador que lo único que hace es darme ánimos y eso, en el partido, me ayuda mucho más que todas las broncas del mundo.

El mejor no es el que siempre gana, sino el que sabe levantarse

–Claro, Pablo, todos los que hemos practicado un deporte sabemos que salimos para ganar o perder. Hay que aceptar las dos cosas. El mejor no es el que siempre gana, sino el que sabe levantarse tras cada derrota y sigue luchando para intentar mejorar un poco más.

Veo a Pablo sonreír. Es un jugador muy inteligente y entiende perfectamente los que quiero decirle.

–Recuerdo que en ese equipo donde jugaba, tenía compañeros que sus padres le daban dinero o regalos por gol marcado. Imagínate la presión que les metían. Los comentarios que oías eran desafiantes: “si no ganas, no vales”; “otra derrota”; “jugamos bien pero siempre perdemos”. La verdad es que no ayuda nada esa actitud de los padres. Fue uno de los motivos por los que me vine a esta escuela. El ambiente entre los padres es diferente y te sientes muy apoyado por ellos.

Las derrotas te enseñan

– Pablo, recuerdas cuando llegaste al club el año pasado. Jugabas contra equipos con un año más y tras perder por una goleada os ibais a casa con la cabeza bien alta por el esfuerzo realizado, por lo bien que habíais entrenado durante la semana, por lo unidos que estabais. A media temporada, aunque seguías perdiendo, los resultados eran mucho más ajustados y en los partidos de vuelta, cada punto conseguido era celebrado como una gran victoria pese a que ibais últimos en la clasificación.Terminasteis jugando muy bien al fútbol.

–Me acuerdo perfectamente. Lo pasamos muy bien y aprendimos mucho esa temporada. Veíamos día a día cómo íbamos mejorando y el entrenador no dejaba de felicitarnos por nuestra actitud. Fue un gran año. Uno de los mejores de mi vida. Disfrutábamos mucho en cada partido. Aprendimos a perder y disfrutamos mucho con las pocas victorias conseguidas.

Un entrenador con las ideas claras

–Es lógico, Pablo, tenías un entrenador que sabía perfectamente que en ese momento tocaba formaros muy bien y eso era para él más importante que las victorias. Siempre os decía lo mismo: 

––“las victorias ya llegarán, ahora lo que toca es aprender”

–Sí, todavía tengo en mi memoria lo que nos comentaba: “jugamos un deporte. Es un juego. Al final del día, eso es todo lo que es. Esto no nos hace ni mejor ni peor que nadie. Al ganar un partido no eres mejor. Al perderlo, no eres peor. Esta debe ser vuestra mentalidad”. ––Eso nos decía, comentaba Pablo.

–Ese entrenador era coherente con lo que decía. Si te fijas, Pablo, todos jugabais los mismos minutos, no permitía diferencias pensando en los resultados. Valoraba las cualidades de cada uno y las potenciaba. Se daba cuenta de que os estaba preparando sin prisas, con paciencia porque para ganar hay que aprender a perder muchas veces.

–Aunque he de reconocer–responde Pablo–, que alguna vez salíamos mosqueados pero se nos iba de la cabeza rápidamente.

En las gradas está el padre de Pablo que le espera para felicitarle y darle ánimos. Nos sentamos con él para charlar un rato.

Un padre con un enfoque positivo del deporte

El padre de Pablo se llama Antonio. En estos dos últimos años ha cambiado mucho su forma de comportarse con el deporte de su hijo. Ha aprendido a enfocar la competición de forma correcta y eso lo único que hace es ayudar a Pablo en su desarrollo como deportista.

Los comentarios de Antonio hacia su hijo han sido todos positivos. Ni una palabra negativa. Le ha quitado importancia a la derrota. Me ve sonreír porque recuerdo su carácter y sus salidas de tono de hace unos años.

–Sí, ya sé de que te ríes –comenta Antonio. Aprendí la lección muy pronto. Al principio no entendía lo que me insinuabas pero acabé plenamente convencido de qué era lo mejor para mi hijo.

–Pablo tenía verdadero horror a que finalizara el partido porque sabía que tras la derrota tu le esperabas para echarle una buena bronca. Te ponías como una moto.

Cambiar es una señal de humildad

– Lo reconozco –comenta Antonio sonriendo mientras vuelve a abrazar a su hijo que parece que ya se ha olvidado de la derrota. Y añadió: –Le daba demasiada importancia al resultado, a la clasificación. Parecía como si yo fuera el que jugara.

–Poco a poco, Antonio, te fuiste dando cuenta del ridículo que hacías gritando a los árbitros, peleándote con todo el mundo. Hasta Pablo pasaba vergüenza.

Los consejos de un buen entrenador

Como nos estábamos poniendo muy tiernos, decidí cambiar de tema rápidamente.

—Pablo, ¿qué os ha dicho el entrenador antes del torneo? Siento curiosidad.

Pablo, intentando recordar sus palabras, fija su mirada en el campo y cerrando los ojos me comenta:

Primer consejo 

– Nos ha dicho solo dos cosas porque no es de muchas palabras. Hoy ha sido muy contundente. Ha comentado que no podemos empezar un partido pensando que vamos a perder. Hay que salir convencidos de ganarlo, con confianza. No importa que veamos al adversario más fuerte, no podemos rendirnos antes de empezar.

–Veo que se te ha quedado bien grabado, ¿y lo segundo? —pregunta su padre con interés.

Segundo consejo

– Lo segundo ya lo habíamos oído alguna vez pero nos lo ha querido recordar: “Si no nos clasificamos en este torneo no quiero que nadie ponga ninguna excusa. Nadie tiene la culpa. Ni el árbitro, ni el campo, ni las faltas del rival. La próxima vez les venceremos. Pensad que hemos llegado hasta aquí haciendo muchas cosas muy bien. Felicitemos a los campeones.

A esto yo lo llamo humildad. 

Me despedí de esta gran familia muy satisfecho por la conversación mantenida. 

Espero que pueda servirte para que puedas tomar decisiones…

Importancia del error en el deporte

interrogantes a la basura

actuar con humildad ante los errores en el deporte

Hasta aquí hemos tratado sobre la humildad del entrenador y del deportista. Pero no quiero olvidarme de la figura del padre que tiene un hijo que practica el fútbol. También él debe dar un buen ejemplo de humildad en todas las situaciones de este deporte. 

Quiero contaros un pequeño suceso que habla muy bien de los padres y de la postura que hemos de tomar ante diferentes situaciones en las que podemos equivocarnos.

Un partido dramático

Estoy presenciando un partido dentro de un curso intensivo de verano. He de aclarar que en estos cursos intensivos, procuramos organizar un torneo con equipos invitados para que disfruten más y se tomen muy en serio esta parte del aprendizaje que es el partido. Se trata de poner en práctica todo aquello que han practicado en los entrenamientos.

El partido es dramático porque se juegan la clasificación. De repente, en un lance del partido, uno de los jugadores de un equipo golpea la pelota con fuerza y consigue marcar un gol. Su alegría es tan grande que se pone a correr, olvidándose de celebrarlo con el resto del equipo. Sus compañeros han ido a felicitarle, corriendo hacia él, pero los aparta con un gesto poco elegante, prefiere celebrarlo solo, como único protagonista.

Un gesto que indica falta de humildad

No me gustó nada el detalle y lamentablemente es algo que ocurre con frecuencia. Los entrenadores hemos de corregir estas salidas de tono y estas faltas de respeto hacia sus compañeros. 

No creo que haga falta recordar que el gol lo ha metido todo el equipo. El portero inicia la jugada, el defensa realiza el pase adecuado al medio campo, desde allí el delantero recibe el balón y dispara. Todos participan en el gol pero no parece que tenga la misma opinión este jugador.

No me gustó la actitud pero pensé en dejarlo pasar para poderlo comentar en grupo en otro momento porque es algo bastante generalizado.

Más adelante, cuando terminó el partido, ese mismo jugador se mostró muy enfadado. De pronto, se le acerca un jugador del equipo contrario para darle la mano y él se la rechaza haciendo, además, un gesto despreciativo hacia él.

Aprovechar el día a día para formar

El asunto no podía dejarse pasar. Le explicamos que su actitud había sido muy poco deportiva y que no podíamos permitirlo.

Quedaba entonces un último partido por jugarse y le dijimos que se cambiara la camiseta y que tomara la del equipo que había despreciado. Iba a jugar el último partido con un equipo que no era el suyo.

Se puso a llorar y pensé en un instante en perdonarle porque era muy pequeño y estaba arrepentido pero pensé en el daño que debía reparar y me mantuve firme en la decisión que asumió dócilmente aunque con mucho pesar.

La actitud de los padres

Jugó el partido final con el otro equipo y yo me olvidé de la historia hasta que al final del día acudieron los padres a saludarme. Me preguntaron si había sido yo el que había tomado la decisión de cambiarle de equipo por no dar la mano al rival. Les confirmé el hecho.

Normalmente recibo un montón de quejas de los padres por situaciones como esta porque no entienden que todo lo que hacemos es por el bien del niño. Hay que discutir constantemente y normalmente no te escuchan.

Sorprendentemente los padres me agradecieron la decisión tomada y me comentaron que estaban muy de acuerdo con la forma de llevar el asunto. Que se lo merecía y que ellos también estaban preocupados porque no sabían cómo actuar ante estas salidas de tono de su hijo cuando llegaban las adversidades.

Aceptar las decisiones del entrenador

Quedé muy descansado al ver que los padres apoyaban la medida. Eso me ahorraba muchas discusiones y explicaciones. Les felicité por ser conscientes que lo que necesita el niño es ayudarle a cambiar esa actitud y que todos estábamos a favor de él corrigiéndole en todo momento si las cosas se hacen mal.

Si estamos entrenados desde pequeños para aceptar y luchar ante las adversidades con deportividad, de mayores, cuando aparezcan los problemas, estaremos muy preparados para combatirlos de igual modo. Esto es lo más bonito del deporte, lo mucho que nos puede formar si lo enfocamos bien.

La misma película puede enfocarse mal

Puede ocurrir que la corrección que realizamos con el niño no sea aceptada por el padre. El niño aprovecha esta situación y se pone del lado de sus padres que le defienden y le excusan. Perdemos una nueva oportunidad para formarle. Son muchos los casos que lamentablemente acaban así porque los padres no queremos ver sufrir nunca a nuestro hijo y no nos damos cuenta de que ese sufrimiento es un gran entrenamiento para la vida.

Si queremos de verdad a nuestro hijo no debemos nunca cubrirle sus errores sino todo lo contrario, corregirlos y ayudarle a mejorarlos.

Un segundo caso 

Me ocurrió en los mismos días. Un padre, al terminar un partido, se dirigió a un jugador del equipo propio y le comentó que habían perdido el partido por su culpa. El niño, de 9 años se puso a llorar, lógicamente.

Al día siguiente recibo un correo de los padres del niño afectado, comentando lo que había ocurrido y pidiendo una solución. 

Seguro que el padre se había dado cuenta de su gran error al dejarse llevar por las emociones de un partido. ¿Será capaz de reconocer con humildad que se ha equivocado?

Hablé con el padre que había causado el daño y me reconoció que efectivamente había dicho eso al niño pero que ya está y que no había pasado de allí. Como justificándose y quitándole importancia al asunto.

Lo que para él era algo normal, a nosotros nos parecía algo muy grave y había que frenarlo cuanto antes. Le comentamos que su hijo no iba a poder jugar el siguiente partido debido al comportamiento del padre. Además debía pedir disculpas al niño afectado y a sus padres.

Darle la importancia que tiene al error

Este es otro momento difícil para el padre. Reconocer que lo has hecho mal es la primera parte pero pedir disculpas es un gran ejercicio de humildad personal que cuesta mucho realizarlo pero que es completamente necesario.

El padre aceptó nuestra indicación y pidió disculpas al niño y a los padres. Permitimos que su hijo jugara. Además, los padres del niño afectado tuvieron el detalle de venir a pedirlo. 

Como os podías imaginar, el comportamiento del padre fue muy diferente en ese último partido. No nos damos cuenta del daño que hacemos al meternos tanto en el fútbol de nuestros hijos.

Una carta desde Argentina

Hace unos días que un padre me escribió desde Argentina para preguntarme qué podía hacer porque su hijo estaba perdiendo la ilusión por jugar al fútbol. Por lo que me contaba, intuía que la causa de esta pérdida de interés estaba principalmente centrada en la figura del padre. Le tuve que decir las cosas muy claras: 

––la culpa de todo la tienes tú. Cuando cambies tu actitud, cuando seas solamente padre de tu hijo y no le hables para nada de fútbol, tu hijo volverá a ser el de antes. 

Reacción con humildad

El padre me lo agradeció. Reconoció que estaba obsesionado con su hijo y que eso le podía estar haciendo daño pero no con mala intención y sin darse cuenta.

Pienso que todas estas reflexiones pueden ayudarte a orientar un poco más tu comportamiento y tu actitud ante el deporte de tu hijo. Me encantaría poder recibir más casos parecidos para poderlos comentar entre todos en un próximo vídeo. Puede ser muy interesante y enriquecedor para todos.

Saber ganar y saber perder en el deporte

Interrogantes: elección de club

actuar con humildad ante los errores en el deporte

“Para un deportista, los errores y las derrotas son motivo de aprendizaje. Los buenos deportistas son aquellos que aprenden de sus errores y no vuelven a cometerlos una segunda vez porque tienen el habito de analizarlos y corregirlos inmediatamente.”

El futbol formativo debe descubrir el gran valor que tiene ese tesoro que se llama ERROR. Muchas veces no somos capaces de ver sus múltiples ventajas. La cultura dentro del fútbol base, que consiste en ganar como sea, está privando a nuestros hijos de un aprendizaje muy enriquecedor.

Sí, efectivamente, ese tesoro se llama error. 

“El error me ayuda a avanzar si soy capaz de detectarlo, corregirlo y aprenderlo para convertirlo en la siguiente actuación en un acierto “

Medimos la calidad por las victorias conseguidas

El que gana es el que va por el buen camino y nos olvidamos del que pierde. No nos damos cuenta que el trayecto del joven deportista es muy largo y, posiblemente, el que estaba perdiendo puede llegar al final mejor preparado que el que iba ganando.

Tengo un equipo de fútbol que lo gana todo. No tienes más que ver la cara de satisfacción de los padres y el orgullo de los chicos. Van a los entrenamientos con un aire de campeones que me llega a preocupar. Uno puede llegar a pensar que a sus 10 años ya han alcanzado la cima, cuando no han hecho más que comenzar.

¿Qué está pasando con este equipo? 

Analizándolo con objetividad, te das cuenta de que sus jugadores poseen un nivel más alto que la media de los otros equipos con los que juega y el resultado es humillante en cada partido. Ganan por goleada sin necesitar esfuerzo

¿Es esta la mejor situación para un aprendizaje? En mi opinión es lo peor que les puede pasar si lo que realmente quieren es aprender. Para ellos, no existe la sensación del error y esto es un problema grande.

Ganar por encima de todo

Ganar es el único objetivo que persiguen algunos clubes. Hablan de formación pero en realidad no importa si aprenden o no. Lo que hay que hacer es ganar. Si ganas es que haces las cosas bien y si pierdes es que lo haces mal. Y esto, en el fútbol formativo no es así.

Pero volvamos a la historia de este equipo ganador.  En una ocasión, charlando con los  padres del equipo se me ocurrió decirles que esperaba pronto una derrota. Ellos me miraban alucinados comentando que eso no lo entendían. ¿Cómo puedo desearles una derrota?

¿Qué pasará cuando el equipo empiece a perder? 

No ha cambiado el entrenador, ni los entrenamientos, ni los jugadores. ¿Empezarán las quejas, las excusas, las críticas a tal persona? Estos chicos no están aprendiendo nada este año porque aparentemente no existen dificultades, no existen errores. Todo marcha a la perfección y si avanzan es muy poco.

Cuando un equipo gana, tiene el peligro de que sus jugadores se olviden rápidamente de sus errores. ¿Para qué voy a cambiar si con lo que hago ganamos fácilmente? ¿Para qué me voy a esforzar más si esto es suficiente? Somos muy buenos, no nos gana nadie.

En la misma entidad hay un equipo con jugadores de mucha calidad que participan en la liga más complicada del mundo y que llevan muchos partidos sin ganar. Hay algo o muchas cosas que no funcionan. El equipo técnico y los propios jugadores analizan día a día sus errores, reflexionan y ponen todos sus esfuerzos por mejorar en los entrenamientos aquellos aspectos detectados. 

¿Te das cuenta de la diferencia? 

En este segundo equipo, se han descubierto conceptos tácticos erróneos, divisiones entre los propios jugadores, algunos están pasando un mal momento, las relaciones entre los padres se están deteriorando…Estos chicos tienen la oportunidad de cambiar muchos aspectos de su deporte con esfuerzo y dedicación. Tienen, en sus errores, un tesoro que les llevará a crecer como personas y deportistas siempre que todo esto se enfoque correctamente.

Pongamos otro ejemplo

Siempre he defendido a los jugadores pequeños. Sabemos que en el fútbol base, si quieres ganar, el primer factor para la elección de jugadores es su talla física y su corpulencia. Los entrenadores que buscan solo ganar, cuando se presenta un jugador enorme, se les abren los ojos y no dudan en incorporarlos como sea a su equipo. 

Los jugadores pequeños son mal vistos porque les falta fuerza para disparar, son derribados con facilidad y no pueden vencer en el juego por alto. La fuerza y la potencia de los jugadores corpulentos marcan la preferencia en las competiciones de fútbol base y también en el profesional.

En realidad, estos jugadores más pequeños juegan con ventaja porque el camino es muy largo. Y mientras ascienden por esta ruta, van analizando la razón por la que han perdido ese balón y corrigen y prueban y al final ese grandullón no es capaz de quitarles la pelota pese a ser superior físicamente. 

Los grandullones ganarán fácilmente y destacarán, por el momento, por su potencia física. Pero, con el tiempo, esos cuerpos y esa fuerza se igualan y ¿quién estará más preparado? Aquel que ha tenido que esforzarse más.

El jugador grande

El jugador de gran tamaño gana con facilidad y destaca sin casi realizar esfuerzos. Lanza desde lejos con mucha potencia, desplaza a sus rivales con un pequeño contacto, llega a todos los balones con un par de zancadas. Son jugadores que tienen la desgracia de no poder crecer tanto como los pequeños porque no han tenido que esforzarse. No tienen errores aparentemente porque su situación es muy ventajosa.

El jugador pequeño 

Debe enfrentarse a dificultades grandes para desbordar a un jugador más rápido que él y eso le va capacitando para conseguirlo mediante una buena colocación en el campo. Tiene que realizar un esfuerzo muy grande para no perder el balón ante un adversario que le dobla en fuerza y esta situación hace que aprenda a dominar algunos secretos de la protección de balón que le servirán en el futuro. No podrá lanzar la pelota con tanta potencia y tendrá que mejorar su precisión para colocar el balón en la portería de forma magistral y eso le va a permitir estar mucho más preparado que el que únicamente lanza con potencia y mete muchos goles.

Como vemos, son muchos los beneficios  que podemos obtener en una situación en la que estás de inicio en desventaja. Es cuestión de tener claro el objetivo que te marcas:

Aprender para ganar o ganar sin aprender

¿Y que tiene que ver todo esto que te cuento con la humildad? Me imagino que lo estás percibiendo. Para dejarlo más claro, quiero destacar que el jugador pequeño conseguirá mejorar más si es lo suficientemente humilde para no dejarse llevar por la sensación de que es inútil esforzarse porque el jugador grande tiene mucha ventaja en los partidos. 

Humildad para reconocer tus limitaciones y ser capaz, a partir de ahí, de encontrar soluciones a esas limitaciones. A eso me refería yo.

Pero entonces, ¿hemos de despreciar a los jugadores grandes porque no pueden mejorar? No, precisamente el jugador grande, si es humilde y reconoce que su ventaja es perjudicial para él. Si es capaz de ver que supera a los rivales por pura fuerza física y que eso no le permite mejorar, está en el buen camino. 

Procurará reforzar aquellos aspectos que no domina, aunque ahora no le hagan falta para conseguir la victoria. Sabe que más adelante las fuerzas se igualarán y que necesita estar bien preparado para cuando llegue ese momento. Si se relaja porque se ve superior, está perdido.

El caso de los prebenjamines

Desde hace unos años, decidimos colocar a los prebenjamines en una categoría superior, en benjamines, porque en su propia categoría ganaban fácilmente y podíamos decir que iba a ser un año perdido para su formación su formación. Por los motivos que acabamos de comentar. He de aclarar que los que buscan ganar, ni por asomo se les ocurre esta posibilidad. 

Los padres de estos prebenjamines, empezaron un poco molestos por la situación ya que la diferencia de tamaño en estas edades es llamativa. Son partidos en los que ves a nuestros pequeños jugadores bien colocados, moviendo el balón de un lado a otro intentando jugar al fútbol frente a unos gigantes (algunos dos años mayores que ellos) que les superan en fuerza y tamaño. Preferíamos esta situación a la de mantenerlos en su categoría y ganar todos los partidos con facilidad, sin aprender absolutamente nada. 

Poco a poco, los padres fueron entendiendo que el resultado no importaba tanto ya que no tiene comparación lo mucho que este año pueden aprender. Salen curtidos y preparados para jugar el siguiente año contra equipos de su misma edad y parece que vuelan.

“Un error es una nueva oportunidad para volver a intentarlo con más conocimientos que la primera vez.”

Hemos analizado la humildad en el deporte desde muchos puntos de vista diferentes y nos damos cuenta de lo importante que es para la formación de nuestros deportistas. Pienso que ha valido la pena el esfuerzo. 

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