Hay una imagen de este Mundial que no se me va de la cabeza. Acabado un partido, con el estadio medio vacío, un grupo de aficionados japoneses se quedó recogiendo la basura de su sector. Nadie se lo pidió. Nadie los grabó para premiarlos. Simplemente lo hicieron, como quien recoge la mesa en su casa. Y mientras lo veía pensé en el sábado siguiente, en un campo de barrio cualquiera. Doce padres gritándole al árbitro y una bolsa de pipas tirada en la banda. Esa distancia entre una escena y otra es, exactamente, el tema de este artículo. Hablamos de la afición en el fútbol formativo y de todo lo que puede aprender de las hinchadas de este verano.
Porque el Mundial 2026 nos ha dejado goles, sí. Pero sobre todo nos ha dejado gradas. Y en esas gradas hay material formativo de primerísima calidad, si sabemos mirarlo con ojos de padre y de madre.
Seis millones de personas que vinieron a celebrar, no a pelear
Empecemos por los datos, porque son mareantes. A los 104 partidos acudieron 6.810.966 aficionados, con una media de 65.490 personas por encuentro y los estadios al 99,7% de su capacidad. Además, más de nueve millones de personas pasaron por los FIFA Fan Festivals de los tres países anfitriones.
Ese último número me parece el más interesante. Significa que millones de personas quisieron vivir el fútbol sin entrada, sin asiento numerado y sin marcador delante. Querían estar. Querían compartir. El partido fue la excusa; la comunidad fue el premio.
Y no todo fue idílico, seamos honestos. Hubo debates por los precios, por la reventa de entradas y por la mezcla de aficiones rivales en algunas sedes. Pero el balance general fue de una atmósfera positiva, familiar y muy diversa. Gianni Infantino destacó precisamente eso: la cantidad de familias y de mujeres que llenaron estadios y calles.
Así que aquí va la tesis de todo lo que viene a continuación. El espectador no es un simple decorado del partido. Es un agente educativo. Y en el fútbol base, eso significa que tú, desde la banda, también estás formando.
Japón recogió la basura y nos dejó la mejor lección del torneo
La afición japonesa volvió a ser de las más admiradas. No por cantar más fuerte, sino por cómo se comportó cuando ya nadie miraba. Se quedaron limpiando su zona. Celebraron sin invadir el espacio del rival. Convirtieron la tribuna en una extensión de su cultura cívica.
Esto conecta con algo que nos explicó Pere Lavega, catedrático de la Universidad de Lleida y referente en praxiología motriz. Él insiste en que el deporte, por sí solo, no educa a nadie.
“Si a mí me llevan a la montaña, no me vuelvo automáticamente ecológico.”
— Pere Lavega, catedrático de la Universidad de Lleida
Lavega va más allá y señala a todos los que estamos alrededor del campo. Los jugadores, el entrenador, el árbitro y los familiares promovemos valores o contravalores, aunque no seamos conscientes de ello. Por eso la afición en el fútbol formativo nunca es neutral: siempre enseña algo.
Aterricemos. ¿Qué sería nuestro “momento Japón”? Pues quedarse tres minutos al final del partido y recoger la banda con los niños. Sin discursos. Sin fotos. Como dice Carlos Cuervo “Tato”, vicepresidente del Club de Fútbol Covadonga de Oviedo, el club es “una prolongación de lo que hay en casa”. Los críos copian lo que ven, no lo que les contamos.
Escocia nos enseñó a gritar mucho sin dirigir a nadie
La Tartan Army fue una de las hinchadas más visibles del Mundial. Humor, color y fiesta permanente allá donde iban. Nada de solemnidad: pura celebración compartida. Y aquí está el matiz que más nos interesa a los padres. Los escoceses gritaron muchísimo, pero no estaban dando instrucciones a nadie.
Esa diferencia es enorme y la explica muy bien Ángel Andrés Jiménez. Es profesor y filólogo, se le conoce como el árbitro de la paz e impulsa la plataforma C90 del Ayuntamiento de Málaga. Su fórmula es tan simple que se puede memorizar en cinco segundos.
“El VAR de la afición: ver, animar y respetar. Animar sin dar instrucciones, sin decir lo que tienen que hacer.”
— Ángel Andrés Jiménez, profesor y árbitro de la paz
Ángel cuenta que un día paró un partido de niños muy pequeños por eso mismo. Se acercó a los padres, que estaban con el clásico “chútala, chútala, abre banda”. Una madre le preguntó si al menos se podía animar. Y él respondió con una frase que deberíamos llevar impresa en la camiseta.
“Sí, señora, se puede animar, pero no se puede teledirigir.”
— Ángel Andrés Jiménez
Así que prueba esto el sábado. Canta, aplaude, salta y ríete. Pero no le digas a tu hijo dónde tiene que pasarla. Él ya tiene entrenador; a ti te necesita para otra cosa.
Noruega convirtió su grada en un ritual con identidad propia
La hinchada noruega fue una de las grandes sorpresas visuales del torneo. Su “Viking Row” en estaciones y plazas públicas no era solo apoyo: era una puesta en escena colectiva con identidad cultural. Disfraz, canto y ritual creando comunidad y memoria emocional.
Y ojo, porque esto es replicable en un club de barrio con presupuesto cero. Una canción propia. Un color. Un gesto al salir del vestuario. Una foto de familia al final de cada temporada. Nada de esto cuesta dinero, pero construye pertenencia.
Gorka Azpeitia, coordinador general del Antiguoko Kirol Elkartea de San Sebastián, describe justo ese efecto cuando habla de su club. Dice que su forma natural de afrontar el fútbol se acaba transmitiendo a jugadores y familias. Así, explica, “generamos una especie de comunidad, una especie de pequeña familia”.
Ese sentimiento no aparece solo, sin embargo. En el Antiguoko lo trabajan con reuniones periódicas. Seis u ocho veces al año juntan a 150 o 200 personas entre familias, técnicos y jugadores. Allí hablan de estos temas con toda naturalidad. La identidad se cultiva igual que se cultiva el pase.
Qatar demostró que animar bien también se aprende
El caso de Qatar fue quizá el más instructivo de todos. Después de la falta de ambiente que vivieron en 2022, un grupo de aficionados llamado Mudaraj Al Anabi decidió organizarse. Prepararon cantos, marchas y concentraciones. En Vancouver movilizaron a cientos de seguidores con tambores y banderas.
Es decir: su afición no fue espontánea, fue aprendida. Y eso es exactamente lo que nos falta en muchas gradas del fútbol base. Damos por hecho que animar sale solo, cuando en realidad hay que enseñarlo.
Hay quien ya lo hace, y funciona. Sebastián Velasco, cofundador de la Liga Ciudad de Málaga, nos explicó su clasificación fair play paralela. El árbitro puntúa cada partido y uno de esos puntos se lo lleva directamente el público.
“Un punto que da a la afición por tener un buen comportamiento, animar y no dar instrucciones a los chiquillos. Muchas veces se nos olvida también animar.”
— Sebastián Velasco, cofundador de la Liga Ciudad de Málaga
Fíjate en el detalle: no basta con callarse. Hay que animar. Y como esos puntos deciden clasificaciones, los propios entrenadores piden a los padres que colaboren durante la semana. La afición en el fútbol formativo pasa así de ser un problema a ser parte del equipo.
Existe otra herramienta preciosa para esto. Gil Pla Campàs y Joan Arumí Prat son profesores de la Universitat de Vic. Además, han escrito juntos un libro sobre el comportamiento de los padres en el deporte. Ellos proponen la figura del tutor de grada. Se trata de un padre o una madre de cada equipo que representa al resto. Cuando alguien se calienta, se acerca y le dice: “venga, vamos a animar, siempre en positivo”.
México y Países Bajos: pasión sí, pasión mal encendida no
La marea naranja neerlandesa hizo vibrar estadios y fan zones con una energía coral impresionante. La afición mexicana, por su parte, convirtió el torneo en una fiesta urbana masiva, con banderas y cánticos que salieron del estadio a la calle. Dos ejemplos de pasión popular en estado puro.
Ahora bien, la pasión tiene dos caras y conviene decirlo claro. Gorka Azpeitia lo formuló con una expresión que se me quedó grabada: a veces es “una pasión mal encendida”. La misma energía que llena un estadio puede quemar a un niño de nueve años. De hecho, la violencia en la grada acaba alejando también a las familias.
Luis Cantarero es psicólogo y antropólogo, profesor de la Universidad de Zaragoza y expsicólogo del Real Zaragoza. Él tituló uno de sus libros con una frase que escuchó en un campo. Un portero se giró durante el partido y le dijo a un adulto de la grada: “cállate, papá”.
“Significa que ese niño, dentro de cuatro días, ya no juega al fútbol. Y eso es una pena.”
— Luis Cantarero, psicólogo y antropólogo de la Universidad de Zaragoza
Cantarero también nos dio la parte esperanzadora, que es la que más me gusta. Él insiste en que no hay que cerrarle la puerta a nadie, sino trabajar con los familiares. Y añade un dato que anima mucho. Si te ganas a seis, ocho o diez padres, eso se proyecta sobre los demás y se extiende rápidamente.
Lo que dicen los jugadores sobre la afición en el fútbol formativo
Los protagonistas del Mundial hablaron mucho de sus hinchadas, y merece la pena escucharlos. Leo Messi agradeció el apoyo “de todo un país”. Reconoció que el dolor de la derrota tardaría en curar, aunque el orgullo compartido permanecería. Erling Haaland habló de “un enorme honor” y contó que en Noruega se vivieron escenas que “no son normales”.
Julián Álvarez confesó algo aún más íntimo: que no suele emocionarse con facilidad, pero que aquel día lo sintió profundamente. La grada, cuando acompaña bien, hace que el vestuario se vuelva más unido y más consciente de lo que representa.
Con todo, la frase más útil para nosotros la recogió Reuters de boca de un futbolista anónimo. Contaba que le motivaba especialmente que el público no celebrara solo los goles, sino también “los buenos movimientos” y “los buenos toques”. Es decir: una afición que entiende el juego mejora el juego.
Eso tiene explicación científica, además. Pere Lavega nos recuerda que “las emociones se contagian” por efecto de las neuronas espejo. Por eso el primer trabajo del adulto es claro. Debe lograr que el niño viva el fútbol como una oportunidad y no como una amenaza.
Gil Pla y Joan Arumí lo cuentan desde el otro lado con una imagen demoledora. Explican el caso de un padre que gritaba tanto que su hijo dejó de jugar, porque estaba pendiente de la grada en lugar del balón. Tan simple como eso.
Cómo mejorar la afición en el fútbol formativo este mismo sábado
No hace falta organizar un Mundial para copiar lo mejor de estas hinchadas. Hace falta decidirlo. Y hace falta que alguien dé el primer paso, aunque al principio se sienta un poco solo en la banda.
Sobre eso habló como nadie Magdalena Sánchez, poeta y madre de tres hijos deportistas. Ella decidió no sacar a su hija del fútbol cuando vio comportamientos feos en la grada. Decidió cambiar la grada.
“Una madre puede cambiar el mundo entero. Pero una madre y otra madre y otra madre.”
— Magdalena Sánchez, poeta y madre de tres hijos deportistas
Magdalena remata con una idea que resume todo este artículo mejor que cualquier dato de asistencia: “el mundo necesita caricias, no gritos”. Nuestras gradas también.
Seis gestos para llevarte el Mundial a tu banda
- Como Japón: quedaos tres minutos al final y recoged vuestra zona con los niños.
- Como Escocia: anima todo lo que quieras, pero no des ni una sola instrucción.
- Como Noruega: inventad un canto, un color o un gesto propio del equipo.
- Como Qatar: pedid al club una charla de cinco minutos antes del partido.
- Como los Fan Festivals: convertid una jornada al mes en fiesta, con música y meriendas.
- Como pide Reuters: aplaude el buen pase, no solo el gol.
Y una advertencia final, porque no queremos vender humo. Jordi Osua es doctor en Ciencias del Deporte por el INEFC de Barcelona y profesor de educación física. Él avisa de que en el fútbol negocio el aficionado “cada vez cuenta menos” y queda reducido a consumidor. Nuestra respuesta a eso es sencilla. En el fútbol base, el aficionado no es un cliente: es un educador.
Así que la pregunta no es si tu equipo ganó el sábado pasado. La pregunta es otra: ¿qué aprendieron los niños mirando hacia tu banda? Porque el mejor público no es el que grita más, sino el que convierte el fútbol en una experiencia de pertenencia, respeto y emoción compartida.
Nada de esto lo decimos nosotros solos. Estas ideas nacen de las voces de los expertos de nuestra Plataforma. Gracias a Pere Lavega, Luis Cantarero, Ángel Andrés Jiménez, Gil Pla Campàs y Joan Arumí Prat. Gracias también a Sebastián Velasco, Gorka Azpeitia, Magdalena Sánchez, Jordi Osua y Carlos Cuervo “Tato”. A todos ellos, gracias de corazón por prestarnos su tiempo y su mirada en la elaboración de estos artículos.
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