Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos), ¿Eres capaz de escuchar a tus jugadores o te vas a limitar a darles instrucciones? ¿Sabes descifrar los mensajes que tus jugadores constantemente te están enviando? Son de mucha utilidad para poder reorientar tu forma de entrenar. Pueden ser la clave para conseguir ganar un partido.  

Mejora tu comunicación

Ojalá hoy, después de escuchar lo que te voy a contar, haya despertado en ti una mayor sensibilización y seas capaz de ponerte a su nivel cuando te comunicas con ellos. 

En realidad la comunicación en el deporte y en la vida, tiene un sentido de ida y vuelta: la que va dirigida al jugador y la que le llega al entrenador.

Si tu te dedicas únicamente a transmitir conocimientos o conceptos a tus jugadores y no eres capaz de escuchar lo que te dicen, estás perdido porque te falta el feedback necesario para poder ser eficaz. 

Saber escuchar es estar atento a lo que tus jugadores te dicen con sus palabras, con sus gestos, con su actitud, con su mirada…Muchas veces no estamos atentos debido al cansancio, al ritmo de trabajo, a las dificultades del grupo y perdemos una información muy interesante.

Un ejemplo real para Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Quiero comentarte el caso de un chico que venía de muy lejos y que era muy tímido. Un día se acercó a mí y me hizo una pregunta. Yo estaba a punto de salir hacia otro lugar y tenía poco tiempo pero al mirarle, me di cuenta que necesitaba que le atendiera. Era importante dedicarle mi tiempo. En ese momento, dejé todo lo que estaba haciendo y me centré en él. Le respondí lo mejor que pude y le dediqué todo el tiempo que necesitaba. Eran problemas sencillos del grupo de entrenamiento. Alguno se había metido con él. La cosa no fue a más y sencillamente me lo agradeció.

Al día siguiente, cuando me vio, me saludó efusivamente y me dijo que quería hablar conmigo. Me senté de nuevo para charlar con él y me contó algunas cosas personales que le estaban molestando. Yo le dije que no se preocupara, que había hecho lo correcto que era hablar con algún responsable para solucionarlo inmediatamente. Esa misma tarde el tema se resolvió y vino a darme las gracias. Le comenté por qué no había hablado con el entrenador suyo y me respondió que ya lo había hecho pero que no le había hecho caso. Me quedé pensativo y creí que sería importante mencionarlo a los profesores.

Estar asequibles siempre

Cómo ayudar a mis jugadores: consejos

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Somos educadores y hemos de estar muy asequibles a nuestros jugadores para que ellos puedan comunicarnos todo lo que necesiten. Cuanta más confianza tengan en ti, más podrás ayudarles. Muchas veces esa ayuda supera la que puedan realizar sus propios padres con lo que es algo de mucha responsabilidad. 

A eso me refería cuando comentaba que hay que saber escuchar. ten completa disponibilidad para que los alumnos nos cuenten lo que les preocupa o lo que sienten en esos momentos. Es una comunicación de ida y vuelta y eso no has de olvidarlo nunca. Al conocerles mejor puedes apoyarles más, consiguiendo un rendimiento mayor en todos los ámbitos de la persona.

Saber escuchar cuando hay un comentario peyorativo dentro del grupo

Normalmente va acompañado de risas de algunos que lo apoyan. Es el momento de formar y dejar claro que aquel comentario es una falta de respeto. Que uno no puede hacer una broma que pueda doler al otro. Eso requiere un esfuerzo por tu parte como formador pero estás para esto, es tu trabajo y no puedes hacer oídos sordos simplemente por comodidad. Ahí está tu calidad como entrenador. Y eso es lo que esperan los jugadores de ti.

Saber escuchar y aceptar una respuesta que no esperábamos

Nos gusta que las respuestas sean las que esperamos y cuando nos sorprende, nos molesta. Es quizá el momento de analizar por qué te ha respondido de esta forma, qué es lo que le pasa a a este jugador para decirte esto, cómo puedo ayudarle, porque realmente tiene un problema. Esta es tu actitud como formador.

Normalmente, la respuesta suele ser dura por nuestra parte porque no nos gusta que nos contradigan o que nos digan cosas que nos duelen, nos dejan mal o que no esperamos. Sin embargo, antes estas respuestas, aprende a escuchar. Son respuestas cargadas de información que no puedes desaprovechar.

Muchas veces no escuchamos porque somos unidireccionales

Solo hablamos nosotros y nos escuchamos con orgullo. Los mensajes que trasmites son tan egocéntricos que es imposible que tus alumnos tengan posibilidad de comunicarse contigo. Te falta humildad, piensas que eres un expertos y que tus jugadores no saben nada ni tienen que enseñarte nada. Pero no es así. Acércate con seguridad y a la vez con la suficiente humildad para colocarte a su misma altura e intenta comprenderles mejor. Eso no significa que tengas que ser colegas de tus alumnos. Mantén ciertas distancias pero siendo siempre accesibles porque puedes aprender mucho de ellos.

Aprender de tus jugadores

actuar con humildad ante los errores en el deporte

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Esta idea de aprender de tus jugadores, es la mejor actitud para el que está dispuesto a escuchar. Todos estamos siempre aprendiendo si somos capaces de fijarnos en lo que hacen los demás y hacerlo tuyo. Pero si eres un soberbio y piensas que nadie te va a enseñar nada, estás perdiendo la mejor oportunidad de tu vida para aprender.

te puede ayudar mucho pensar con calma las cosas que te dicen tus jugadores. No en ese mismo momento sino más adelante. Intenta sacarle punta a algo que te han comentado tus jugadores o que has escuchado de un entrenador. 

Si te pareció un comentario interesante, cuando tengas un poco de calma, lo piensas un poco y le das vueltas para aprender a sacar siempre el lado positivo a las situaciones de la vida que muchas veces no son tan correctas. Pero para eso es bueno estar muy atento a lo que se dice y darle vueltas para incorporarlo a tu vida.

Mensajes llenos de contenido

Son muchas las ocasiones en las que tus jugadores te mandan mensajes que parecen sencillos pero que en realidad están llenos de contenido. Y tu, por orgullo, no te he dado cuenta y te has quedado solo en al superficie del mensaje, sin darle la importancia que tiene. 

Recuerdo por ejemplo aquel día en que uno me comentó tras el entrenamiento: 

– ¿cuándo ensayaremos las faltas con barrera? 

– Mira Luis, no tenemos tiempo de estas cosas, ya veremos.– Le respondí con rapidez y sin pensarlo mucho.

¿Qué tontería, no? Ahora me doy cuenta de que Luis es un buen lanzador de faltas y sin embargo nunca le he dado la oportunidad de hacerlo porque ya hay otro que las lanza. Quería demostrarme que él era un posible candidato para lanzar las faltas y me lo comunicó de esta forma. No me he dado cuenta hasta ahora. He tenido que recibir un impacto en la cabeza para ser capaz de ver lo que antes no era capaz de intuir.

Nunca he sabido escuchar a mis jugadores

actuar con humildad ante los errores en el deporte

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Una de las manifestaciones de mi engreimiento era mi incapacidad de escuchar a mis jugadores. A veces, necesitaba mucho carácter y dominio de mí mismo para no exasperarme inmediatamente y no siempre lo conseguía. Ahora descubro que esos enfados y reproches durante el partido o en un entrenamiento o incluso fuera del campo, son inútiles, porque ponen al jugador a la defensiva y, por lo común, hacen que trate de justificarse. 

Con frecuencia, me salía la crítica fácil tras un error en el campo. Cuánto daño les he hecho en todos estos años. Ahora entiendo lo que pasaba en el equipo. Me tenían miedo y jugaban como bloqueados ya que conocían muy bien mis reacciones si cometían un error. Miedo a fallar, a equivocarse. 

Hería e incluso ridiculizaba al jugador, y eso no sólo no corrige, sino que agrava la situación. Las heridas que provocaba con mi actitud, creaban  resentimientos que perduraban décadas y siguen ardiendo permanentemente. No soportaba la derrota y mi falta de humildad me llevaba a echarles siempre la culpa a mis jugadores. No cabía en mi cabeza que hubiera otra posibilidad. Y era yo el culpable de esos errores. Era yo el que no había sabido conducir al equipo a la victoria, por mi orgullo y mi falta de humildad.

Cada jugador está por encima de sus peores errores

Veo ahora con toda claridad que el secreto de un buen entrenador para actuar con tranquilidad consiste en no identificar a la persona con su obra. Todo ser humano es más grande que su culpa. 

Qué importante es que tengas esto en cuenta en tu labor diaria con tus jugadores. Entonces el jugador, a pesar de sus errores, es capaz de crecer tan alto como se proponga ya que no encuentra obstáculos en las personas que le rodean. Porque puede, es capaz, aunque sus errores digan aparentemente lo contrario. Confiar en las personas olvidándote de sus errores es lo que con el tiempo he podido aprender.

He sido intolerante con los errores de mis jugadores. Inmediatamente los etiqueto y los aparto del equipo. Pierdo la confianza en ellos y se la doy a otros, sin más. ¿Hay una forma más cruel de dañar a un jugador joven? Pues eso es lo que yo he estado haciendo. 

Recuerdo, por ejemplo, aquel partido donde nos jugábamos tanto. El portero tuvo un fallo de principiante y le metieron un gol por debajo de sus piernas. Un gol de principiante. Tantas horas de entrenamiento para esto. Todo el esfuerzo del equipo por conseguir la victoria y el portero falla estrepitosamente y perdemos.

Lo aparté del equipo. Ya nunca más jugó de titular. Le di la responsabilidad al segundo portero. Me imagino el daño que provoqué con mi actitud egoísta, de nuevo. Lamentablemente actuaba tratando de imponer mi modo de pensar. Y esto no funciona así. No siempre tengo toda la razón. He de permitir hablar primero al jugador. Él sabe más que yo acerca de sus problemas, de sus luchas y sus sufrimientos.

Crear en el equipo un clima de confianza

Crea en el equipo un clima de confianza en el que todos puedan hablar sin medir sus palabras y muestren sus debilidades sin temor alguno a que se le censure. Si conseguimos esto, hemos avanzado mucho en la solución de esos errores. 

Pero yo no era así. En mi equipo hablaba yo y los jugadores tenían que escucharme. No permitía opiniones porque mi orgullo no lo soporta. Me parecía una pérdida de tiempo que ellos pudieran expresarse porque el que sabía era yo. Ellos no tenían ni idea de lo que pasaba en este mundo del fútbol. 

Esto ha cambiado definitivamente y ahora espero poder conseguir ese clima que les ayude a crecer con la confianza necesaria. Yo soy el que más puedo aprender de ellos. Tienen mucho que enseñarme. Simplemente he de facilitarles las cosas para que realmente lo hagan.

No oír solamente palabras, sino mensajes

Es fundamental que te empeñes en el difícil arte de ir al fondo de las cuestiones con tus jugadores. Yo, hasta ahora, me quedaba en lo que me decían, sin darme cuenta de lo que en el fondo querían expresar. Ahora puedo oír no solamente palabras, sino también mensajes. ¿Serás capaz de llegar hasta ahí tu sensibilidad como entrenador? 

Debo ser capaz de asumir la función de papelera o de cubo de basura. Tal vez la escasez de estos “oyentes papelera” sea la causa de una soledad angustiosa de tantos jugadores: están llenos de sentimientos destructivos que no pueden compartir con nadie. Así era yo hasta ahora. Incapaz de ponerme al nivel de mis jugadores para que tuvieran la confianza de poder hablar conmigo de sus problemas. Era inaccesible. El todopoderoso entrenador que no puede  comprender nada de lo que les pasa. Intolerante. Orgulloso. Yo, a lo mío, a ganar partidos, a demostrar al mundo que soy el mejor entrenador, con grandes ideas, con mis sueños y olvidando lo verdaderamente importante que son ellos.

Lo primero no es dar consejos, sino estar al lado del jugador

Suele ocurrir en mis conversaciones que si me veo en desacuerdo con el jugador que me habla, tiendo a interrumpirle. Está claro que  es mejor no hacerlo; así no le ayudo. Él no me prestará atención, mientras tenga todavía una cantidad de ideas y vivencias propias que reclaman expresión. Lo primero no es dar consejos, sino estar al lado del jugador. De nuevo mi orgullo me hacía pensar que lo que iba a salvar a esos jugadores eran mis palabras, mis conocimientos, mis consejos. Ahora me doy cuenta de que no sirven de nada porque lo que buscan mis jugadores es que sepa estar a su lado en los momentos que me necesitan.

Escucha, tranquilamente, hasta el final. La palabra que se queda dentro de un jugador puede ser la decisiva. Y justamente esta palabra tiene que salir. Por eso, has de esforzarte para ver, escuchar, sentir cómo, detrás de un sentimiento que se muestra, hay mucho más que permanece oculto; y cuando lo que ha estado oculto es finalmente conocido, puede ser que detrás de ello exista todavía más.

Puedes ayudar mucho a tu equipo si, en lugar de emitir grandes discursos, que lo único que hacen es darle bombo a tu orgullo personal, sale de ti la opción llena de humildad de escuchar siempre antes a tus jugadores. Es evidente que seré mejor entrenador, no por lo bien que hablo, sino porque me intereso por lo que dicen mis jugadores. Todo lo contrario a como me estaba comportando hasta ahora.

Aprender a escuchar a nuestros hijos deportistas

fútbol y estudios fracaso

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

Si realmente queremos educar, aunque parezca contradictorio, hemos de aprender a escuchar a nuestros hijos porque no son muebles sino personas, inteligentes y libres, protagonistas de su propia educación. Cuando les escuchamos de verdad, nos damos cuenta realmente de los que nos quieren decir y podemos responder a sus inquietudes con acierto.

Escucharles de verdad

Escucharles de verdad significa que cuando dicen algo, aquello que comentan, tiene un significado más profundo de lo que podemos imaginar. Si queremos educar de verdad, hemos de hacer el esfuerzo de aprender a escuchar y pensar inmediatamente qué es lo que nos ha querido decir cuando me respondió así. Si realizamos este esfuerzo, podremos apoyarles de verdad en su crecimiento.

Cuando un entrenador empieza un entrenamiento y da las primeras instrucciones, de repente puedes oír una expresión como esta:

––“¡Otra vez este ejercicio!”

Nuestra reacción

Puedes enfadarte con el comentario o escuchar lo que te está diciendo con este mensaje. En realidad, si reflexionas con sinceridad, descubres muchas más cosas de lo que las palabras en si significan.

Nos está diciendo que no nos hemos preparado la clase y repetimos una y otra vez el mismo ejercicio porque nos parece muy interesante. Insinúa que no le motiva en absoluto un ejercicio así y que para eso no vienen a entrenar. Nos deja claro que está decepcionado porque quiere más.

Escuchar cuesta

Si aprendemos a escuchar, podemos entender lo que nos están diciendo entre líneas nuestros hijos. Pero hemos de saber hacerlo y esto, a veces cuesta, porque con frecuencia únicamente nos escucharnos a nosotros mismos: nuestra forma de hablar, de actuar, de mandar, etc.

Agradecen tu escucha

Además, cuando aprendes a escuchar, la gente que está a tu alrededor se siente bien a tu lado, pierde la timidez y gana en confianza. Son capaces de contarte lo que no le contarían a nadie. Y eso es muy importante porque puedes aprovechar esas circunstancias para ayudar más a tus hijos.

Educamos cuando enseñamos la verdad

Sin embargo, al escuchar a los hijos, no debemos admitir que lo que nos cuentan es verdad o que lo que sienten es cierto. Educamos cuando enseñamos la verdad y no cuando damos la razón a alguien. Por lo tanto, escuchar es muy importante pero luego debemos saber cómo proceder para conseguir que nuestro hijo llegue a la verdad.

La verdad no es lo que todos hacen

El hecho de que millones de personas compartan los mismos vicios no convierten esos vicios en virtudes. Este es el caso de nuestros deportistas que se dejan influir por el mal ejemplo de las estrellas del fútbol y los imitan en su forma de actuar. Piensan que está bien porque todos lo hacen.

Algunos ejemplos

Los jugadores de fútbol escupen, por eso nuestros jóvenes están constantemente escupiendo en los partidos. Protestan y gritan al árbitro y ellos hacen los mismo. Se tiran al suelo para simular una falta y nuestros hijos lo repiten con la misma picardía en cada partido. Piensan que es bueno, de jugadores inteligentes.

Hoy en día parece que vale todo aquello que hace la mayoría y no es verdad. Hemos de aclararlo a nuestros jugadores y a nuestros hijos: el hecho de que millones de personas padezcan la misma patología mental no hace de esas personas gente equilibrada.

Si has entendido bien el mensaje de aprender a escuchar, es el momento de estudiar con calma lo que nos quiere decir tu hijo adolescente

15 consejos de un hijo a sus padres

  1. Trátame con la misma cordialidad con la que tratas a tus amigos. Que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
  2. No me des siempre órdenes. Si me pidieras las cosas en lugar de ordenármelas, yo las haría antes y de buena gana.
  3. No cambies de opinión tan a menudo sobre lo que tengo que hacer. Mantén tu decisión.
  4. No me des todo lo que pida. A veces te pido para saber hasta donde puedo llegar.
  5. Cumple las promesas, tanto si son buenas como si son malas. Si me prometes un premio, dámelo. Si es un castigo, también.
  6. No me compares con nadie, especialmente con mis hermanos. Si me ensalzas, el otro va a sufrir. Si me haces de menos, el que sufre soy yo.
  7. No me corrijas en público. No es necesario que todo el mundo se entere.
  8. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces.
  9. Déjame valerme por mí mismo. Si tú lo haces todo, jamás aprenderé.
  10.  No mientas delante de mí. Tampoco pidas que mienta por ti, para sacarte de un apuro.
  11.  Cuando haga algo malo, no me exijas que te explique por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
  12. Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá mi estima en ti y yo aprenderé a admitir mis errores.
  13. No me digas que haga una cosa que tú no haces. Aprenderé y haré siempre lo que tu haces aunque no me lo digas.
  14. Cuando te cuento un problema no me vengas con que no tienes tiempo o que no tienen importancia. Trata de comprenderme y de ayudarme.
  15. Quiéreme y dímelo. Me gusta oírtelo decir aunque tu creas que no es necesario. Me encanta.

¿Serás capaz de seguirlos?

En estas quince ideas tenemos un verdadero itinerario para acertar con nuestro hijo adolescente. Lo mismo puede aplicarse para nuestros jugadores. Es todo un compendio de pedagogía que, si somos capaces de seguirla, nuestros hijos y nuestros jugadores saldrán muy beneficiados.

Hacer cosas juntos genera confianza

interrogantes: demasiado competitivo

Aprender a escuchar a tus jugadores (a tus hijos)

La convivencia padres – hijos puede ser muy intensa si somos capaces de dedicarles tiempo. Eso permite tener grandes conversaciones con ellos de forma natural, en los paseos, en la piscina, en un traslado, en la comida.

Predisposición para aprender a escuchar

Siempre preparado para escuchar lo que nos quiere decir porque detrás de una afirmación hay siempre un mensaje que no nos debe dejar indiferentes.

Nunca olvidaré aquel viaje deportivo a Francia con adolescentes. Todo lo que me contaron sobre el colegio, sus amistades, las fiestas, las drogas, las pequeñas aventuras, los primeros amores.

En realidad me lo contaban porque yo les escuchaba. En el fondo, me estaban preguntando mi opinión sobre todo esto. La gran dificultad que los adultos tenemos cuando se sinceran con nosotros es cómo hacerles ver que algunas de las cosas que cuentan no están bien y hacerlo sin perder su confianza.

Estamos en el punto catorce donde el adolescente nos está gritando al oído: trata de comprenderme y de ayudarme…

Dedicarles tiempo

Lo mismo pasa entre padres e hijos. Cuando les dedicas tiempo, hacéis deporte juntos, surgen esos momentos mágicos donde con naturalidad se sinceran y es mucho más sencillo ayudarles.

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