Llevas una temporada entera trabajando. Los jugadores han mejorado, los que llegaron inseguros ahora piden el balón, y varios de los que parecían a punto de dejarlo siguen en el club. Llegas a la reunión de fin de temporada con esa sensación de haber hecho algo que vale. Y lo primero que te preguntan es cuántas categorías ha ascendido cada equipo.
No te preguntan cuántos jugadores siguen. No te preguntan cómo gestionan una derrota o si vienen al entrenamiento con ganas. Solo los ascensos.
Puede que salgas de esa reunión con la extraña sensación de haber fracasado en una de las mejores temporadas de tu carrera. Y si eso te ha pasado, el problema no eres tú.
Lo que el sistema mide y lo que tú sabes que importa
Cuando una organización mide algo, la gente trabaja para conseguirlo. Es un mecanismo tan básico que casi parece trivial. Si el único indicador que aparece en el balance de temporada es el número de categorías ascendidas, los entrenadores van a orientar su trabajo hacia eso. No porque sean cortos de miras, sino porque es lo que el sistema les pide.
El problema no es que los entrenadores quieran ascender. El problema es que eso es todo lo que se mide. Lo que queda fuera del acta — cuántos jugadores siguen en el club al año siguiente, cómo reaccionan ante la adversidad, si el entrenamiento es algo que esperan con ganas o algo que aguantan — son los resultados que más duran. Y no aparecen en ninguna evaluación.
Por qué el sistema produce lo que produce
Hay una diferencia entre pedirle a un entrenador que sea bueno en su trabajo y pedirle que consiga ascensos. No siempre son la misma cosa. Un entrenador que construye una base sólida, que retiene a los jugadores difíciles, que hace que niños de diez años quieran seguir en el club a los quince, puede no ascender nunca y estar haciendo un trabajo excepcional.
Y al revés: un equipo que asciende puede hacerlo a costa de presión, de excluir a los que no rinden, de convertir el entrenamiento en algo que el jugador aguanta en vez de disfrutar. Si el sistema solo mide ascensos, no puede distinguir entre los dos. Y eso es exactamente el problema.
Lo que Jesús Vázquez lleva años viendo
Jesús Vázquez jugó 17 temporadas en el fútbol profesional. Después fue coordinador, director de cantera, entrenador y presidente del Recreativo de Huelva. Ha visto el fútbol desde prácticamente todos los lados posibles. Y lo que describe cuando habla del fútbol en categorías inferiores es esto:
«Veo muchas veces a chavales muy pequeños, a equipos muy pequeños. Lo que solo escucho es ganar, competir, superar, derribar. Y no escucho lo otro.»— Jesús Vázquez, exfutbolista profesional y director de academia de fútbol
«Lo otro» no es un concepto abstracto. Son los jugadores que mejoran sin ganar, los que aprenden a perder sin derrumbarse, los que vuelven cada semana porque se sienten parte de algo. Los resultados que no aparecen en ninguna evaluación de fin de temporada, pero que son los únicos que realmente duran.
Los clubes que ya han cambiado la pregunta
Hay clubes que han decidido medir de otra manera. En vez de preguntar «¿cuántos equipos han ascendido este año?», preguntan «¿cuántos niños siguen con vosotros?». Es una pregunta pequeña, pero cambia todo lo que viene después: lo que el entrenador prioriza, cómo se evalúa su trabajo y, en última instancia, la experiencia de los jugadores.
Hay experiencias en otros contextos formativos — como los programas de formación de la RFEF — donde se trabajan métricas de desarrollo más allá de los resultados. No hace falta un cambio de sistema para empezar. Alguien en tu club puede tomar esa decisión al inicio de la próxima temporada. Añadir una pregunta al balance. Pedir un dato que hasta ahora nadie recogía. El primer paso no es grande. Es decidir qué vale la pena medir.