Marcarse objetivos durante la competición

Marcarse objetivos durante la competición

Serie:

Cómo enfocar correctamente la competición en el fútbol formativo

Cap. 1: Cómo enfocar correctamente la competición en el fútbol formativo. https://youtu.be/foSIpO8C5iw

Cap. 2: La puesta en práctica de esta nueva forma de competir https://youtu.be/EKjGnTThW9s

Cap. 3: Recuérdales a tus jugadores que son muy buenos https://youtu.be/_lh2dzRtF30

Cap. 4: Marcarse Objetivos durante la competición https://youtu.be/VNwaVVPXKbc

Cap.5: Disfrutar del fútbol formativo sin presiones ni urgencias https://youtu.be/XKVKIueT50Q

Cap. 6: Conseguir el desarrollo TOTAL del jugador de fútbol https://youtu.be/nb9IjBfUefY

 Marcarse Objetivos durante la competición

 

La ilusión se centra en intentar mejorar más en este tercer partido en el que nos enfrentamos a otro equipo de gran calidad. Si es cierto que estamos mejorando, este encuentro es clave para medir nuestra progresión. Paco aprovecha para aclarar algunos conceptos que pueden mejorarse y el equipo asume con gran responsabilidad esas correcciones. Todo es posible si nos mantenemos unidos y concentrados durante todo el partido.

La salida al campo es muy emocionante. Los chicos han perdido los dos primeros partidos pero no parece en ningún momento que les afecte porque están muy centrados  en mejorar aquellos pequeños errores detectados en el vestuario. Y lo positivo es que tienen claro la forma de solucionarlos.

Normalmente un equipo, tras recibir dos derrotas seguidas no sale al campo con esa moral. Las broncas del entrenador y los resultados son la consecuencia de salir al campo sin saber muy bien cómo solucionar el partido. Muchas veces salen sin haber asumido esas correcciones del entrenador y se olvidan de todo cuando empieza el partido.

Paco estaba exultante: los chicos juegan el mejor partido de todo el campeonato y el equipo rival se estrella una y otra vez en nuestra sólida defensa. Están intensos y muy concentrados. No sé de dónde sacaban las fuerzas porque corren y presionan sin desfallecer. En un momento del partido le comento a Paco:

––“¿Te das cuenta cómo presionan, cómo corren y cómo están jugando? Cuando el trabajo está bien hecho, ya no es necesario decirles nada. Ellos mismos lo hacen solos”.

La satisfacción por ver el trabajo bien hecho es muy grande. La paz y tranquilidad con la que seguimos el partido es tremenda. Nada que ver con los nervios que suele apreciarse en los banquillos.

En un momento dado, tras una pausa del árbitro por un jugador lesionado, sacamos un balón neutral, con tal mala fortuna que va directo al delantero del equipo contrario que mete el gol. Hay un silencio completo en el campo. Nos miramos los banquillos. ¿Qué hacemos?

Normalmente, en el guión habitual del fútbol competitivo, toca protestar al otro banquillo por la falta de deportividad de su jugador. Con este gol ganan el partido que va empatado a uno. Reconozco que estoy a punto de realizar un comentario despectivo al entrenador, destacando la obsesión por ganar por todos los medios, pero me retengo intentando ser fiel a mis principios. Nos miramos los dos de nuevo pero no hago ninguna indicación. Que siga el partido, pienso. Es una lástima pero así es el fútbol.

Cuando nos disponemos a sacar de medio campo, el entrenador del equipo contrario alza la voz para indicar a sus jugadores que dejen meterse el gol. Ha tardado un poco pero lo ha hecho y aplaudimos todos.  Un ejemplo sincero de valores en el deporte que pude haber estropeado si, en lugar de retenerme, hubiera dicho algo en ese momento de duda. ¡Qué importante es mantenerse callado en el fútbol!

El empate nos parece una gran victoria pero no por los puntos sino porque el equipo está funcionando. Y son ellos los que sacan el partido adelante porque, desde la banda, la única indicación que les damos son felicitaciones constante de lo bien que lo están realizando.

El ambiente en el vestuario es de fiesta grande. No es por el empate contra un gran equipo, sino por la sensación de haberlo hecho muy bien y de haber cubierto con bastante acierto los objetivos que nos hemos marcado entre todos.

Le comento a Paco que esta es la diferencia entre un equipo formativo y uno competitivo. Un equipo que busca ganar como objetivo final, después del primer partido o del segundo perdido, tira la toalla y deja de luchar porque ya nada es posible clasificarse. Sin embargo, si lo que buscamos es una formación a largo plazo, cada derrota es una posibilidad de seguir aprendiendo y esos es lo que nos está pasando.

Existen muchos equipo que van a este tipo de torneos pensando que no van a gana. Argumentan que es una buena experiencia para los chicos y un premio poder jugar contra equipos de tanto nivel. Sin embargo, se olvidan de realizar todo este trabajo formativo de forma activa, como hemos visto hasta ahora. Simplemente se quedan en la bonita experiencia cuando puede ser verdaderamente formativo  para ellos.

Como el último partido jugado sabe a victoria, se nos ocurre comentarles el peligro de pensar que ahora son buenos. Su postura debe ser la de seguir buscando la forma de corregir aquello que todavía no funciona  y no olvidar lo que ya funciona. Como han salido tan bien las cosas, existe el peligro de dejar de relajarse y no ceñirse tanto a lo pactado. No debe ocurrir porque todavía hay muchas cosas que podemos mejorar.

Los chicos y Paco sacan a relucir aspectos muy interesantes que se convierten en objetivos de mejora para el siguiente partido. Con esta mentalidad, salen al campo, con la idea de conseguir mejorar un poco más.

 

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