Compañerismo en fútbol base.

Compañerismo en fútbol base: crea un equipo vitamina

Compañerismo en fútbol base. Te confieso algo. Como entrenador, lo que de verdad me emociona no es la jugada táctica perfecta, que es trabajo en equipo. Lo que me llega al alma es el compañerismo en fútbol base en estado puro: es ver a un jugador que, tras el pitido final, se acerca al compañero que ha fallado el penalti y, sin decir nada, se sienta a su lado en el césped. Eso ya no es táctica, es humanidad.

A menudo confundimos jugar juntos con cuidarnos mutuamente, y te aseguro que no es lo mismo.

Un equipo puede funcionar como una máquina perfecta para ganar, pero el verdadero valor del compañerismo en fútbol base reside en construir una comunidad que se apoya de verdad.

El libro de Marian Rojas Estapé me dio una clave fundamental al citar un estudio de Harvard: las buenas relaciones nos hacen más felices y saludables, protegiendo nuestro cuerpo y nuestro cerebro. Y ahí está el quid de la cuestión: ¿cuál es la receta para construir un equipo que, más allá de ganar, se cuide de verdad?

La autora utiliza un término que me encanta: “personas vitamina”. Son aquellas que, con su alegría y optimismo, nos recargan de energía, en contraposición a las personas tóxicas que nos la roban.

Nuestro objetivo como formadores (y aquí, por supuesto, incluyo a los padres) es dar a nuestros hijos los ingredientes para ser esa “vitamina” para sus compañeros. ¿Te apuntas a cocinar esta receta conmigo?

Ingrediente 1: Ver a la Persona, no solo al Jugador

Esto va mucho más allá del campo. El trabajo en equipo se centra en el rendimiento;

el compañerismo se preocupa por la persona. Implica interesarse de forma sincera por la vida de los demás:

preguntar por ese examen que preocupaba, recordar detalles de su familia o simplemente notar si alguien está más callado de lo normal. Un simple “¿cómo estás, de verdad?” es la mejor asistencia que se puede dar.

Ingrediente 2: Ser un Refugio en el Error

Un equipo que trabaja bien busca no cometer errores. Un equipo que practica el compañerismo en fútbol base sabe que los errores son inevitables y se prepara para apoyar cuando ocurran. Aquí entra en juego la teoría del “doble golpe” de Cyrulnik que menciona la autora: el primer golpe es el fallo; el segundo, y el que puede crear un trauma, es la humillación o el reproche del entorno.

El compañerismo es ser esa red de seguridad que evita el segundo golpe, creando un espacio donde equivocarse es una oportunidad para aprender, no para ser juzgado.

Ingrediente 3: Acompañar en la Alegría y en la Tristeza

La unión del equipo celebra el gol. El verdadero compañerismo va más allá: acompaña en el banquillo, apoya durante una lesión o se preocupa por un mal día personal. Es estar presente en los momentos vulnerables. Como dice el libro, el sufrimiento nos ayuda a aceptar nuestras limitaciones y a darnos cuenta de que necesitamos el apoyo de otros.

Ingrediente 4: El Poder del Ejemplo (Ser la primera “persona vitamina”)

Como entrenadores y padres, somos el modelo a seguir. Si demostramos amabilidad, hablamos con respeto y evitamos la crítica destructiva, ellos lo imitarán. Ser amable no es una debilidad; de hecho, activa la oxitocina, la hormona de la confianza y la empatía, que tiene efectos maravillosos en el organismo y fortalece los vínculos sociales.

Te cuento una historia que para mí lo resume todo. Recuerdo un partido muy tenso. Perdimos en el último minuto por un penalti fallado por Marcos, uno de nuestros jugadores. Se derrumbó en el suelo, llorando desconsolado. El ambiente era de funeral.

Pero entonces, ocurrió algo que nunca olvidaré. El capitán, en lugar de irse al vestuario, se acercó, se sentó a su lado en el césped y, sin decir nada, le puso la mano en el hombro. Al segundo, se unió otro compañero. Y otro. En menos de un minuto, todo el equipo estaba sentado alrededor de Marcos, en silencio, simplemente estando ahí.

Ese día aprendimos la diferencia. El trabajo en equipo te puede hacer ganar un partido, pero el compañerismo te hace ganar como persona.

La próxima vez que estés en un campo, no cuentes solo los goles. Cuenta los gestos de apoyo. Porque esa es la verdadera victoria, la lección más valiosa que el fútbol puede enseñarles para la vida: que cuidar de los demás es el mejor trofeo que podrán levantar jamás.

Si te interesa e tema, mira este enlace.

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