competir aprendiendo

Competir aprendiendo

Competir aprendiendo es una propuesta pedagógica para aplicar correctamente la competición y descubrir cómo enfocar una competición formativa.

Capítulo 1: Planteamientos iniciales antes de la competición

Se acerca el primer torneo de la temporada. Es el momento de darle un nuevo enfoque a la competición: competir aprendiendo. Estamos ya preparados para hacerlo. Lo que voy a contarte parece sencillo pero no es nada fácil de poner en práctica pero es una visión diferente de cómo debe enfocarse la competición en una escuela de futbolistas.

Competir aprendiendo: una gran oportunidad

Queremos que nuestros jugadores con más nivel participen en una serie de competiciones donde acuden equipos de gran calidad: los que juegan en las ligas más altas. Y ¿por qué? Simplemente porque pensamos que es una gran oportunidad para competir aprendiendo, es decir, con un enfoque correcto. 

Siempre he afirmado que el que pierde un partido puede competir aprendiendo si acepta  sus errores y encuentra las soluciones para no fallar la próxima vez. El que gana, normalmente piensa que lo hace bien y no entiende que deba  corregir nada y su capacidad de mejora es menor. Hasta aquí, me imagino que estamos todos de acuerdo. 

Unificar criterios y cohesionar al equipo

El equipo que formamos, estaba compuesto por jugadores de diferentes lugares y lo primero que había que hacer era unificar criterios, cohesionar, acostumbrarse a una forma de juego distinta a la que están habituados. Por eso les citamos dos días antes, para entrenar juntos e ir formando las estrategias y sistemas de juego que deseábamos a la vez que les íbamos transmitiendo esos valores tan importantes que hay en el fútbol.

Elegir al entrenador adecuado

La elección de entrenadores para este proyecto era también muy delicada porque necesitábamos poner en práctica algo muy diferente. De los profesores que tenemos en la escuela de futbolistas, no había ninguno preparado todavía, ya que estamos trabajando con ellos precisamente la idea de dirigir menos durante el partido: no dar tantas instrucciones durante  los encuentros; conseguir que los jugadores piensen y que sean ellos los que tomen las decisiones. 

Consideran todavía que cuando les adjudicas un equipo, es como un encargo que reciben y convierten al equipo en algo suyo, con lo que es complicado poner en práctica todo aquello por lo que soñamos y que se basa en la formación del jugador a través de la competición.

Tenía que buscar entrenadores nuevos, bien formados, que estuvieran de acuerdo en empezar de cero en la escuela de futbolistas y llevar un equipo sin dar indicaciones desde la banda. Recordaréis el artículo anterior donde hablábamos de esto.

Entender bien el proyecto

Elegimos a dos entrenadores que hacía poco estaban dando clases de tecnificación en nuestra entidad. Nos gustaba la forma de enseñar y su personalidad con lo que les ofrecimos la posibilidad de llevar estos equipos. La verdad es que lo cogieron con mucha ilusión y prepararon sus entrenamientos con gran profesionalidad. 

Unos días antes del torneo, me senté con ellos para poder hablar con tranquilidad del proyecto por ser muy diferente a lo que se hace en los clubes. Era necesario que lo entendieran bien aunque sabía que no todo lo asimilarían desde el principio. 

La reunión se alargó porque no quería que se me escapara ningún punto. Dejé claro que el equipo no era suyo sino que es de la escuela de futbolistas y debían respetar su proyecto o filosofía. Si estaban de acuerdo, bien y si no, buscamos a otros que quieran de verdad poner en práctica lo que acabo de explicar. 

Competición formativa: competir aprendiendo

Pretendíamos cambiar la forma de competir para que realmente fuera algo muy formativo sin dejar de lado que queremos alcanzar las metas más altas  posibles. Siempre he defendido que la formación y la competición son totalmente compatibles.  Pero dejé claro que queremos ir más despacio.  Construyendo a fondo los fundamentos del fútbol en los jugadores. Al final, puedes competir aprendiendo.

Eso significa que tenemos objetivos a medio y largo plazo que no tienen nada que ver con la victoria en un torneo. Muchas cosas se mejorarán durante estos días. Pero otras muchas simplemente se habrán iniciado. Con más tiempo, se podrán conseguir, si se persiguen con la claridad suficiente. 

Sistema de juego

Les di la libertad de jugar con el sistema de juego que ellos quisieran porque esto ya es un tema secundario para su formación. Lo importante es que salgan al campo sabiendo qué es lo que tienen que hacer en todo momento. Dejé claro que buscamos un juego bonito donde se toque mucho el balón, siempre que se pueda, porque eso es lo más formativo para ellos. Los equipos que juegan directo siempre es porque tienen prisa y buscan resultados a corto plazo y que no benefician en absoluto al jugador. Es por eso que había que cambiar el chip y dejar claro lo que buscábamos: competir aprendiendo.

En los entrenamientos es donde debe conseguir la cohesión del equipo, y transmitir una forma de juego que todos tengan muy clara. No debe olvidar que los jugadores entrenan como juegan, algo difícil de implantar porque lo habitual es que en los entrenamientos se trabaje algo más relajado y entonces tampoco salen lo suficientemente intensos en los partidos.

Hacerles pensar

Había quedado claro que el entrenador debía hacerles muchas preguntas a los jugadores para que sean ellos los que analizan, piensan y deciden lo que deben hacer en cada situación recreada de partido. Se trata de simular situaciones reales de juego, que se van a presentar en los partidos, y que  sean capaces de decidir siempre la mejor opción, para que luego, en el momento de la verdad, sus decisiones sean lo más correctas posibles. Esto es competir aprendiendo.

Y así lo hicimos. Los entrenadores tuvieron tiempo de trabajar con su equipo durante dos días y la verdad es que los chicos respondieron muy bien a la propuesta que se les ofrecía. En nuestra escuela de futbolistas pensamos que un entrenador dedica el 90 por ciento del tiempo a preparar el partido tácticamente y un 9 por ciento a la estrategia y por fin un 1 por ciento a otros factores como son los valores y otros aspectos psicológicos muy importantes. 

Transmisión de valores

Nuestra propuesta es al revés. Pensamos que el 60% del trabajo con los chicos debe basarse en la transmisión de esos valores que hay en el fútbol y que les va a ayudar a rendir más y mejor. También consideramos fundamental preparar jugadores inteligentes, porque es la forma de competir aprendiendo. La mayoría de los entrenadores de fútbol base no se lo creen o, por lo menos, su forma de entrenar demuestra que no valoran tanto estos aspectos.

Pero ¿cuál es el problema? ¿por qué no se atreven a ponerlo en práctica en sus equipos? Justamente por dos razones: No están preparados para una tarea así y, además,  buscan desesperadamente la victoria, el resultado, los tres puntos. No se plantean en ningún momento que lo más importante no es ese triunfo sino la mejora de los futbolistas que tengo delante, deseosos de aprender y mejorar.

El problema es buscar la victoria como único objetivo

La mayor parte de los entrenadores que me encuentro en los campos de fútbol son ambiciosos y egoístas porque buscan su propia satisfacción, sin importarles la progresión de sus jugadores. No lo dicen así de claro pero lo demuestran por su forma de trabajar. No quieren competir aprendiendo. Posiblemente muchos no se dan cuenta de este comportamiento y se dejan llevar por la forma de trabajar de la mayoría. No conciben que pueda hacerse de otra forma y es esta la razón por la que lanzo esta propuesta sencilla pero complicada de ejecutar si uno no está abierto a otras posibilidades, si no existe una disponibilidad para aceptar que está en un rumbo equivocado o, para decirlo con más suavidad, no quiere cambiar.

Una propuesta no sencilla

No digo que esté planteando una forma sencilla de cambiar el enfoque de una competición. Nada más y nada menos que competir aprendiendo. Es complicado y puedo confirmarlo después de una experiencia como la que acabo de vivir. Constantemente has de tener muy claro tu objetivo porque si no, vuelves a caer en lo de siempre. La obsesión por ganar.  A pesar de plantearte las cosas correctamente, la competición puede atraparte y cegarte de nuevo con mucha facilidad.

Lo comento porque uno de los entrenadores, Paco, escribía en el grupo de WhatsApp de los padres:

“Se ha trabajado muy bien estos días, nuestro objetivo es prepararnos para otro torneo al que asistiremos en tres meses, pero tenemos un equipo competitivo y representamos a un escuela de prestigio, hay que dar buena imagen y soñar es gratuito”.

Cuando lo leí no le di mucha importancia pero estaba claro que Paco se había creado unas expectativas muy optimistas y había transmitido un mensaje algo desviado, relacionado con ganar, que demuestra una vez más que nos puede ocurrir a todos, pese a las buenas disposiciones iniciales. Después de entrenar dos días con sus chicos pensaba que tenía a la flor y nata del fútbol mundial. Y casi me contagia a mí sobre este tema.

Capítulo 2: La puesta en práctica de competir aprendiendo

El horario del torneo es muy interesante pues está muy concentrado. Empezamos a las 14,30, jugamos 25 minutos y esperamos media hora para jugar de nuevo a las 15,30. Así 5 partidos hasta las 18,30 que es nuestro último encuentro. Es un horario que nos va muy bien para nuestro proyecto ya que esos espacios los podíamos aprovechar a la perfección.

Dejarles jugar como ellos saben

He de aclarar, que nuestra idea era no comentar ningún aspecto deportivo durante el partido. Era el momento de dejar que los chicos jugasen completamente solos, bajo la observación de sus entrenadores que van anotando aquello que les parece oportuno comentar al final del partido. En algún caso muy puntual, corregimos algún detalle pero la idea era que ellos tomaran sus propias decisiones y el feedback siempre lo tenían en el vestuario. Eso sí, el “muy bien” siempre lo tenían en nuestros labios, si realmente acertaron. 

No es una locura si se tienen las ideas claras

Puedes pensar que esto es una locura y que de esta forma no voy a ayudar a los jugadores porque desde nuestra experiencia y posición podemos ayudarles a sacar el partido adelante. Van a estar en desventaja con respecto al otro equipo donde el entrenador no dejará ni un momento de dar órdenes y dirigir al equipo. 

Puedes pensar esto y lo respeto. Nuestra escuela de futbolistas cree que la mejor forma de ayudar a un jugador es dejándole que él sea el que saque el partido adelante. A corto plazo van a estar en desventaja. Posiblemente conseguiríamos más rendimiento a corto plazo diciéndoles lo que tienen que hacer en cada situación de partido. Pero a largo plazo, podremos demostrar con hechos reales que eso no es así. Cuando un jugador puede competir aprendiendo, sale ganando porque ha podido tomar sus propias decisiones porque el entrenador se lo ha permitido. Luego le ayudará a descubrir, que aquello que hizo posiblemente mal, se puede mejorar en el próximo partido.

Empezamos con derrota

El choque fue muy grande para los chicos porque empezar con una derrota era muy duro para un equipo que va con mucha ilusión. Para Paco, el entrenador, fue más duro porque no hicieron nada de lo que habían entrenado y algunos jugadores en los que Paco tenía una gran confianza, no dieron la talla y jugaron muy por debajo de sus expectativas.

Paco estaba muy enfadado durante el partido y tuve que pedirle que se calmara, que quizá la culpa no es de ellos sino nuestra y sobretodo (recordando el mensaje de whatsApp) que se había creado unas esperanzas demasiado altas en cuanto a resultados. 

En el vestuario tras la derrota

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Al finalizar el primer encuentro, una vez están en el vestuario, dejábamos que hablasen entre ellos y que tomarán una pieza de fruta. Era el tiempo de analizar y contrastar nuestras impresiones en el pasillo, alejados de los jugadores. A los 10 minutos, entrábamos al vestuario y preguntábamos qué es lo que veían ellos tras perder 5 a 1. El equipo, estaba claro, había sido  muy superior a nosotros. 

Empezamos preguntando a los chicos qué había pasado y ellos respondieron cosas muy interesantes que voy a detallar porque me parece que nos puede ayudar a todos:

  • Nos ha faltado comunicación entre nosotros  incluso nos hemos criticado en algunos momentos.
  • Con balón, mas o menos bien, pero sin balón, nos ha faltado movilidad
  • Hemos salido muy nerviosos y con poca confianza en nosotros mismos y por eso nos ganaban todos los balones de disputa.
  • Nos ha faltado intensidad, especialmente al principio.
  • No hemos aplicado nada de lo que hemos trabajado en estos días

Primera sorpresa positiva

Paco y yo nos quedamos bastante asombrados porque sin decirles nada todavía, casi habían mencionado todas las ideas que llevábamos apuntadas en el cuaderno. No sé si os dais cuenta de algo importantísimo: Los chicos se enteran de mucho más de lo que creemos. 

Lo que se suele ver habitualmente es al entrenador en el vestuario, enfadado por el resultado y por el pésimo juego realizado y, tras los gritos desafortunados, producirse un gran silencio entre los jugadores, asustados por el enfado del entrenador. Luego, de nuevo al campo, con miedo, a por el siguiente partido.

Ésta era la situación de Paco en esos momentos. En el camino del campo al vestuario, tras perder el primer partido, me comentaba que si fuera su equipo de competición habitual, los gritos se oirían a varios kilómetros de distancia pero que comprendía dónde estaba trabajando y que su actitud tenía que ser otra: competir aprendiendo.

Empezamos a construir a partir de los errores

En el vestuario, empezamos a construir a partir de esos comentarios de los chicos. Preguntamos cómo mejorar esos errores detallados y otros que Paco sacó a relucir. Las intervenciones y sugerencias de los jugadores eran acertadas y quedó claro lo que deberían cambiar para mejorar. Empezábamos a competir aprendiendo.

¿Te das cuenta del pequeño matiz que puede pasar desapercibido y que quiero subrayar? Eran ellos los que se marcaban sus propios objetivos de mejora con lo que el aprendizaje podía ser maravilloso porque no actuaron por miedo a los gritos de su entrenador, sino por la convicción de que cambiando esos detalles concretos, podían conseguir mejorar su juego.

Para aprender y mejorar es necesario tener claros los objetivos que nos marcamos. Cuando el entrenador se dedica a gritar y a ridiculizar a los jugadores y establece las condiciones de juego para superar el partido sin contar con sus jugadores, puede ocurrir que gane el encuentro pero no habrá aprovechado un momento de aprendizaje excelente.

La importancia del entrenador en el proyecto

esfuerzo deporte

El tono de voz de Paco era diferente. Era el adecuado para demostrarles que podían hacerlo mucho mejor y que, a pesar del resultado, ellos eran muy buenos jugadores, solo faltaba ajustar algunos detalles y el asunto mejoraría seguro. Las correcciones no eran sólo en relación a aspectos deportivos, había mucha referencia a valores deportivos. Se podía palpar que tenía confianza en ellos y en ningún momento detectaron falta de confianza sino todo lo contrario. Esa actitud del entrenador en el vestuario es fundamental para competir aprendiendo y poder mejorar.

Aprovechar la autocrítica de los propios jugadores

Las críticas que durante el partido se habían hecho entre ellos era una de las causas por las que el equipo había perdido fuerza. Ellos resaltaron que eso no debía pasar y, los jugadores que habían caído en ese error, comprendieron el daño que hacían al equipo y que eso desunía mucho al grupo. Pero, ¿serán capaces de aceptar su error o seguirán con la misma actitud?

Todo depende de la forma en que se afronta el problema. Si el entrenador amenaza a los culpables con medidas disciplinarias, posiblemente lo consiga en el primer partido pero volverán a caer en el mismo error en cuanto el entrenador se olvide del tema ya que en realidad es un tema de ego de los jugadores que no aceptan críticas entre ellos por su estatus en el equipo.

Por tanto, si se considera como algo importante para conseguir la unión y la fuerza del equipo, posiblemente reciban el mensaje de forma constructiva y es más fácil que lo asimilen como algo que hay que erradicar definitivamente de su actitud. De nuevo será una acción formativa que calará en ambos jugadores de forma casi definitiva. Habrá que seguir reforzando este aspecto para consolidarlo definitivamente en el equipo. Un paso más para competir aprendiendo.

El refuerzo psicológico es fundamental

El refuerzo psicológico para dejarles claro que eran buenos jugadores era importante. Recuperaban esa confianza que no habían demostrado en el primer partido. También hubo un jugador que aportó una idea interesante: la humildad para aceptar los consejos o indicaciones que un compañero le hace durante un partido porque les sirve para mejorar y no hay que considerarla una crítica. Eso ayudó mucho a lo largo de todo el torneo para decirse las cosas con afecto pero muy claras y a aceptarlas cuando se recibían. También les impulsó a adquirir la responsabilidad de sacar el equipo adelante con iniciativa personal, poniendo los 5 sentidos en lo que se hacía. Les metió más en la competición. 

Con esta pequeña descripción de lo sucedido en este equipo, quiero reforzar la idea que lancé en el capítulo 1 que defiende el trabajo de valores como la parte más importante que debemos valorar en el rol de un entrenador.

Necesitan la presencia y el apoyo de su entrenador

No quiero decir con esto que los jugadores funcionen solos, sin su entrenador. Necesitan la presencia y el apoyo de este en todo momento. Lo que quiero aclarar es que la mejor ayuda no es dárselo todo hecho, sino todo lo contrario: intentar que lo hagan todo ellos, sin nuestra ayuda pero con nuestro apoyo. 

En este relato estoy describiendo situaciones reales donde podemos comprobar que esos jugadores que nos fallan tantas veces y a los que echamos la culpa frecuentemente de nuestras derrotas, que parece que no saben nada de nada, en realidad son unos expertos en psicología y táctica. Y, a la vez, quiero demostrar que es fundamental trabajar los valores deportivos en la competición. Están por encima de los aspectos tácticos, aunque no quiero decir que haya que olvidarlos. ¿Quieres rendimiento a largo plazo? Trabaja los valores. No te arrepentirás.

No cambiar los planes genera confianza

Paco recordó aquellas ideas fundamentales que había trabajado con los chicos en los entrenamientos porque quería dejar claro que no íbamos a cambiar el plan previsto porque no hubiera salido bien en el primer partido. Íbamos a jugar tal como habían entrenado esos días. A los chicos eso les ayudó bastante y les transmitió confianza en que lo que buscaban era lo correcto o que podía llegar a esta bien en el futuro si lo aplicaban en el campo tal como habían acordado con su entrenador. Quedaba claro que había que evitar decisiones que no estuvieran relacionadas con esta forma de jugar pactada.

No sé si te das cuenta de este pequeño detalle que acabo de describir? ¿Qué ocurre normalmente cuando las cosas van mal?: cambiamos de plan y eso les desconcierta totalmente. Siempre hemos de tener un plan B preparado. Si no es así, cambiar significa desconfianza, desorden, caos. Como consecuencia de esto, los líderes del equipo pueden tirar cada uno por su lado intentando hacer la guerra y resolver el partido por su cuenta y perder mucha fuerza, llegando incluso al fracaso pese a ser un gran equipo en construcción. Paco les dio seguridad manteniendo el mismo plan porque lo único que había que cambiar estaba claro. El plan debía funcionar. 

Empieza el segundo partido

Empezamos el segundo partido con un juego muy mejorado porque una cosa es tener claros los objetivos y otra es saber ponerlos en práctica. La idea era no caer en los mismos errores del primer partido.

Segunda derrota

Fútbol formación

El equipo era tan bueno como el primero y perdimos otra vez pero con un resultado muy ajustado de 4 a 3. Las sensaciones era otras y aunque algún jugador le sentó mal la derrota, en el vestuario, en ese espacio en el que ellos hablaban del partido, había muchos jugadores que valoraban haberlo hecho muy bien. Simplemente, el otro equipo había sido mejor que ellos. Nada más.

Paco estaba más tranquilo, porque había visto otra cosa en el partido y en nuestra libreta habíamos apuntado más cosas positivas que negativas. Se nos ocurrió empezar la reunión con los jugadores revisando las observaciones que ellos mismos habían indicado. 

  • “Falta de comunicación”: inmediatamente afirmaron que eso había estado mucho mejor.
  • “Sin balón, nos ha faltado movilidad”. Todos concluyeron que habíamos mejorado
  • “Nerviosos y con poca confianza”. Lo habían superado completamente.
  • “Nos ha faltado intensidad, especialmente al principio”. Recordaron que tras los dos primeros goles, fueron remontando poco a poco y estuvieron a punto de empatar el partido. Superado pero a mejorar el inicio.
  • “No hemos aplicado nada de lo que hemos trabajado en estos días”. Ahora sí, –dijo Paco–, estoy muy satisfecho de lo que habéis aplicado.

Habían mejorado mucho

Simplemente con este análisis se dieron cuenta de que su juego había mejorado mucho y que se había jugado un gran partido. Era el momento de recordarles de nuevo que eran muy buenos jugadores y que debíamos seguir analizando otros detalles que no habían salido todavía bien para corregirlos en el tercer partido. 

En ningún momento se planteaban si se iban a clasificar o no. Eso era para los equipos competitivos. Percibí un ambiente muy bueno entre los chicos donde el resultado era lo de menos y se les veía muy centrados en comprobar si estaban jugando mejor. Quizá fue porque les habíamos dejado claro esta idea y estábamos trabajando juntos cada partido, analizando esas mejoras. 

Uno de los jugadores preguntó si podíamos todavía clasificarnos. Todos sabíamos que se clasificaba el primero del grupo únicamente. Era una pregunta con poca lógica pero entendíamos que todavía había un poco de esquema competitivo. La respuesta fue rápida aclarando que eso daba igual. Lo importante era cómo mejorar en el siguiente partido. ¿Entiendes ahora qué quiero decir con ofrecer una visión diferente de la competición?

Intentar mejorar más en el próximo

La ilusión se centró en intentar mejorar más en este tercer partido en el que nos enfrentábamos a otro equipo de gran calidad. Si era cierto que estábamos mejorando, este partido era la clave para medir nuestra progresión. Paco aprovechó para aclarar algunos conceptos que podían mejorarse y el equipo asumió con gran responsabilidad esas correcciones. Todo era posible si nos manteníamos unidos y concentrados durante todo el partido.

Tercer Partido

Motivación fútbol

La salida al campo fue muy ilusionante. Los chicos habían perdido los dos primeros partidos pero no parecía en ningún momento que les afectara porque estaban muy centrados en mejorar aquellos pequeños errores que habían detectado en el vestuario y tenían clara la forma de solucionarlos.

Jugaron el mejor partido de todo el campeonato y el equipo rival se estrellaba una y otra vez en nuestra sólida defensa. Estaban intensos y muy concentrados. No sé de dónde sacaban las fuerzas porque corrían y presionaban con mucha intensidad. Yo le comenté a Paco: “¿te das cuenta de cómo presionan, cómo corren y cómo están jugando? No necesitan que se lo digamos nosotros, ellos mismos lo hacen solos”. La satisfacción por ver el trabajo bien hecho era muy grande. La paz y tranquilidad con la que seguíamos el partido era tremenda. Nada que ver con los nervios que suelen apreciarse en los banquillos.

Un detalle formativo

En un momento dado, tras una pausa del árbitro por un jugador lesionado, sacamos un balón neutral con tal mala fortuna que fue directo al delantero del equipo contrario que chuta y mete gol. Hubo un silencio completo en el campo. Nos miramos los banquillos. ¿Qué hacemos? Era el momento de protestar al otro banquillo por el detalle de falta de deportividad. Con este gol ganaban el partido que iba empatado. Reconozco que estuve a punto de hacer un comentario despectivo al entrenador destacando la obsesión por ganar por todos los medios, pero me retuve. Nos miramos los dos de nuevo pero no hice ninguna indicación. Que siga el partido, pensé. 

Cuando nos disponíamos a sacar de medio campo, el entrenador alzó la voz para indicar a su equipo que dejaran meterse el gol. Tardó pero lo hizo y aplaudimos todos. Un ejemplo de valores en el deporte que podía haber estropeado si hubiera dicho algo en ese momento de duda. ¡Qué importante es mantenerse callado en el fútbol!

Un empate con sabor a victoria

El empate nos pareció una gran victoria pero no por los puntos sino porque el equipo estaba funcionando. Y eran ellos los que sacaban el partido adelante porque desde la banda la única indicación que les dábamos era la felicitación constante de lo bien que lo estaban realizando. 

El ambiente en el vestuario era de fiesta grande. Y no era por el empate contra un gran equipo sino por la sensación de haberlo hecho muy bien y de haber cubierto con bastante acierto los objetivos que nos habíamos marcado entre todos. 

La gran diferencia

Le comenté a Paco que esta era la diferencia entre un equipo formativo y uno competitivo. Un equipo que busca ganar como objetivo final, después del primer partido o del segundo perdido, tira la toalla y deja de luchar porque ya nada es posible para el equipo. Sin embargo, si lo que buscamos es una formación a largo plazo, cada derrota es una posibilidad de seguir aprendiendo y esos es lo que nos estaba pasando. 

El peligro de la victoria

Como el último partido jugado sabía a victoria, se nos ocurrió comentarles lo peligroso que era la idea de pensar que ya lo hacemos bien por la “victoria”  y que nuestra postura debía ser seguir buscando la forma de corregir aquello que todavía no funcionaba. Como nos han salido tan bien las cosas, podemos dejar de luchar y relajarnos. No debe ocurrir porque todavía hay muchas cosas que podemos mejorar y los chicos y Paco sacaron a relucir aspectos muy interesantes que se convertían en objetivos de mejora para el siguiente partido. Con esta mentalidad, salieron al campo, con la idea de conseguir mejorar un poco más. 

Último partido

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El equipo que teníamos frente a nosotros estaba situado segundo en su liga de preferente. Iba a ser complicado, como todos los partidos hasta ahora. Nosotros seguimos dejando al iniciativa a los chicos. Procuramos apoyarles con palabras de ánimo pero no sugeríamos al jugador si debía cambiar el juego, colocarse más abajo o más arriba. Ellos debían resolver todas las situaciones del partido, habían demostrado que sabían lo que tenían que hacer y por lo tanto era el momento de disfrutar de verdad. 

Me imagino que los chicos son los que más disfrutaban porque jugar al fútbol sin la presión de un entrenador que te va diciendo lo que tienes que hacer y sin la urgencia de un resultado necesario, es la expresión más bella y natural del fútbol. 

Juegan solos

Le comentaba a Paco desde la banda lo maravilloso que era verles jugar solos. Los veías hablarse y corregirse entre ellos (algo muy enriquecedor a nivel pedagógico), les observabas realizar jugadas con imaginación y mucha creatividad (quizá más de lo que nosotros podríamos pedirles), palpabas una fuerza en el equipo conseguida después de corregir diferentes manifestaciones de fractura grupal, disfrutabas viendo cómo tras una pérdida de balón, el equipo corregía sobre la marcha para recuperar el balón, sonreías al ver cómo se animaban unos a otros limando las asperezas posibles entre ellos. 

El equipo estaba funcionando desde dentro, ellos eran los que sacaban adelante cada una de las jugadas. Y esto es lo que más les ha enriquecido. No han ganado el campeonato, no se han clasificado, no pasarán a la siguiente fase donde estarán los mejores, pero os puedo asegurar que las sensaciones de estos jugadores son de una gran satisfacción, han aprendido más que nadie porque se lo hemos permitido, porque hemos priorizado su formación al resultado. Hemos apostado por un proyecto a largo plazo centrado en el rendimiento del jugador y no en orgullo del club.

Capítulo 3. Sensaciones tras una competición diferente

Paco se iba muy contento del campeonato. Había vivido una experiencia educativa con una intensidad muy grande y salía convencido de que ese era el camino que había que seguir con ellos. Que esa visión diferente del fútbol formativo es a partir de ahora la mejor opción que tiene un entrenador que quiere formar de verdad. 

Ganar no es lo más importante

Los chicos se despidieron más unidos que nunca y muy satisfechos por haber hecho un enorme trabajo. Habían aprendido más en estos tres días que en muchos años de competición asfixiante y sin un rumbo fijo. Ni una cara triste, ni una expresión de desánimo por no alcanzar la victoria. Lo bueno es que en pocos meses volverían a reunirse para disfrutar de una nueva competición que les permitirá seguir creciendo, con nuevas experiencias.

Esta es la visión diferente que os quería mostrar. Vale la pena ¿no? Siempre he afirmado que este es el camino más difícil pero el que te da más satisfacciones a nivel personal y también como profesional.

Siempre hay padres que no comprenden

Pero junto a todo esto tenemos el lado oscuro que son los padres que no entienden lo que está pasando. La principal crítica que solemos recibir como entrenadores o como responsables de una escuela de futbolistas es que el entrenador no les dice nada. Mi hijo necesita que le den caña. Cuanto más le  gritas, más se espabila y lo que veo es un entrenador que está muy parado, que apenas les dice nada, sin energía y sin transmitirles esta intensidad que los otros entrenadores le dan en cada partido.

La verdadera ayuda

Empecemos por lo primero. Cuando a un padre le explicas con calma lo que hacemos lo entiende perfectamente y no necesita ninguna aclaración más. Entonces es cuando empiezan a valorar lo que no se ve porque es cierto que puede parecer como que no tenemos ganas de ayudarles. Lo que ocurre es que el concepto de ayuda está mal utilizado. ¿Qué significa ayudarles? ¿Ayudarles es empujarlos a la victoria mediante constantes indicaciones que hacen que al final sea el entrenador el que gane el partido o lo que realmente significa es darles las herramientas para que ellos ganen el partido sin la presión del entrenador en el cogote?

Hablar cuando toca

No les decimos nada durante el partido porque la idea es que han de intentar sacarlo ellos solos. Sin embargo hablamos mucho con los jugadores. Aprovechamos los momentos de descanso entre partido y partido o entre una parte y la otra para de nuevo hacerles pensar mediante preguntas que van dirigidas a descubrir los posibles errores detectados y los avances conseguidos.

Piensa que mientras el resto de los equipos lo que hacen es mandar a sus hijos con sus padres hasta el siguiente partido, nosotros los retenemos todo el torneo y los reunimos después de cada partido para comentar juntos lo que ha ido bien y lo que debe mejorar. Pero, claro, esto no se ve desde las gradas y puede parecer que no nos comunicamos con ellos. 

Durante el partido, cuando un entrenador corrige, el chico lo máximo que puede hacer es rectificar. Sin embargo, no es el mejor momento para decirle las cosas porque pierde la concentración del partido. Según cómo se lo digas, acaba desmotivado porque cuando se equivoca le llega la bronca. 

Aconsejamos anotar esa corrección en la libreta del entrenador (¡qué pocos entrenadores con libreta veo en el fútbol base!) y plantear la duda en el vestuario para que, bien enfocada la corrección, le sirva para cambiar y mejorar. En el campo, conseguirás cambiar la situación pero volverá a caer en el mismo error porque no lo tiene asumido, obedece pero no lo asimila todo. Debes aprovechar para comunicar en el mejor momento de su atención, cuando su inteligencia está totalmente dispuesta y abierta a recibir el mensaje. Es lógico ¿no? Pues parece que la lógica no va con el fútbol formativo.

Comunicación de ida y vuelta

Cualquier experto en educación os dirá que la mejor forma de convencer a tus hijos no es gritando, ni imponiendo tus ideas. hay fórmulas mucho más eficaces en el mundo de la formación como son la comunicación de ida y vuelta, el planteamiento de preguntas que nos hagan pensar, el trabajo en equipo huyendo del individualismo poco apropiado para un deporte en equipo, etc. Y ¿qué es el fútbol base sino un deporte formativo? 

Los padres que prefieren entrenadores gritones que les meten caña, que se dejen de tonterías y que gane los partidos sí o sí, no entenderán nada de lo que aquí explico. Por otro lado, no es nada nuevo, ni revolucionario pero que pocos ponen en práctica. No tienen la suficiente valentía para decidir, de una vez por todas, cambiar su forma de trabajar por una visión diferente del fútbol que tiene sus consecuencias prácticas en todo lo que os he contado: competir aprendiendo.

Tres libros para competir aprendiendo

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