En un partido de alevines, el portero se giró hacia la banda y le dijo a un adulto: «Cállate, papá.» No era un niño difícil. Era el único que se atrevió a poner en palabras lo que muchos niños piensan cada domingo.
Luis Cantarero, psicólogo de la Universidad de Zaragoza, lleva años documentando el comportamiento padres fútbol base en campos españoles. Lo recogió en un libro con ese mismo título: ¡Cállate, papá! Padres y violencias en el fútbol industrial. Las escenas que describe no son anecdóticas. Son el síntoma más visible de una tensión que pocos adultos quieren nombrar.
Comportamiento padres fútbol base: qué dicen 135 profesionales de 15 países
Antes del I Congreso de Fútbol Formativo preguntamos a los inscritos qué cambiarían del fútbol base. Respondieron 135 personas de 15 países, desde España hasta Uruguay, pasando por Colombia, México e Italia.
La respuesta más repetida no fue el calendario de competiciones, ni los árbitros, ni la formación de los entrenadores. El 26 % de todas las respuestas apuntó al mismo sitio: el comportamiento de los padres en el campo.
Y lo dijeron desde ángulos distintos:
«Los gritos, peleas, burlas, presiones de las familias en los estadios.»
— Director deportivo, Colombia
«Que los padres de los niños sean niños.»
— Entrenador, Colombia
Distintos países, distintos perfiles, la misma observación. Llama la atención que esa respuesta supere en frecuencia a problemas estructurales bien conocidos, como el calendario o la falta de formación arbitral. El comportamiento padres fútbol base no es una queja marginal: es el primer problema del sector, según las personas que trabajan en él cada semana. Educar el entorno de un club es posible, pero primero hay que entender qué pesa más en ese entorno.
Lo que el niño no te dice cuando tiene miedo
Gestionar la presión en la banda es difícil. Pero hay algo más complicado: entender cómo llega esa presión al niño.
Madeleine Peralta trabaja con familias y deportistas jóvenes, y el 25 de octubre interviene en el I Congreso de Fútbol Formativo para desarrollar exactamente este punto. Lo describe así:
«El niño no te va a decir: “Papá, no quiero ir. Tengo miedo, tengo miedo de equivocarme.” El niño va a decir simplemente: “No quiero ir, estoy enfermo.”»
— Madeleine Peralta, ponente, I Congreso de Fútbol Formativo
Cuando la presión del entorno supera lo que un niño puede procesar, el vocabulario se reduce. No existen palabras para «tengo miedo de defraudarte» cuando quien te presiona es tu propio padre. Por eso sale «estoy enfermo», y el adulto que lo escucha no entiende qué ha pasado.
Ese mecanismo —cómo la presión exterior se convierte en retirada silenciosa— es la pieza que muchos entrenadores ven pero no saben nombrar. Lo que el jugador recuerda de su entrenador no es el esquema táctico: es si alguien supo entender lo que le estaba pasando. Ponerle nombre a eso es el primer paso para no confundir la huida con la pereza.