TIENES PACIENCIA CON TUS JUGADORES

Confiar en tus jugadores

Confiar en tus jugadores. Muchas de las conversaciones que tengo la suerte de mantener con vosotros tratan sobre un tema bastante duro que es la autoestima. En definitiva, nuestros hijos muchas veces tienen bajones y se preguntan si valen o no para este deporte.

Vladi es un jugador de 12 años que llega de un país lejano y se encuentra sin poder hablar muy bien el idioma, chapurreando el inglés y algo perdido. En cuanto le dijimos el equipo donde iba a jugar se quedó mirándome como extrañado y me preguntó con toda la sinceridad del mundo si él era bueno jugando al fútbol. 

Me dí cuenta que era una pregunta más profunda de lo que parecía. En el fondo se estaba preguntando ¿vale la pena el esfuerzo que estoy haciendo si no soy tan bueno como pensaba? En esos momentos necesitaba una respuesta contundente y le aclaré que le había visto jugar este verano y que para mi es un gran jugador. Agradeció mucho este comentario.

Cuenta Anthony Robbins, conferenciante de prestigio internacional, que en la escuela tuvo un profesor de oratoria que, un buen día, le dijo que quería verle después de la clase. El chico se puso muy nervioso, y se preguntaba si habría hecho algo malo. Sin embargo, cuando hablaron, el profesor le dijo:

«Señor Robbins, creo que usted tiene condiciones para ser un buen orador, y quiero invitarle a un certamen de oratoria con otras escuelas».

Robbins no pensaba que poseyera ninguna capacidad especial, pero su profesor lo decía con tal seguridad que aceptó. Aquella intervención de aquel profesor cambió la vida de ese chico, que en pocos años llegó a ser uno de los más valorados talentos de la comunicación. Su profesor hizo una cosa pequeña, pero logró cambiar la percepción que ese chico tenía de sí mismo.

Hemos de intentar aplicar nuestros principios pedagógicos basados en la motivación positiva que busca el máximo rendimiento destacando del jugador lo que hace bien para mejorar lo que no funciona. Un día, se le acercó a un profesor una madre que deseaba hacerle un comentario muy personal:

–Mi hijo sale siempre muy contento de los entrenamientos porque comenta que siempre oye una frase por parte de su profesor: “muy bien”. Se ve que se lo dices con el corazón y esto le anima mucho. Por favor, no dejes de hacerlo nunca porque no sabes el bien que le estás haciendo.

La imagen que cada uno tiene de sí mismo es en gran parte reflejo de lo que los demás piensan sobre nosotros. O, mejor dicho, la imagen que cada uno tiene de sí mismo es en gran parte reflejo de lo que creemos que los demás piensan sobre nosotros.

No puede olvidarse que esa imagen es una componente real de la propia personalidad, que regula en buena parte el acceso a la propia energía interior, o incluso crea esa energía. 

Es un fenómeno que puede observarse con claridad en el deporte, por ejemplo. Los entrenadores saben bien que en determinadas situaciones anímicas, sus futbolistas rinden menos. Cuando una persona sufre un fracaso, o se encuentra ante un ambiente hostil, es fácil que se encuentre desanimado, falto de energía. En cambio, cuando un equipo juega ante su afición, y ésta le anima con calor, los jugadores se crecen de una forma sorprendente. 

También lo experimentan los corredores de fondo, o los ciclistas: pueden estar al límite de su resistencia por el cansancio de una carrera muy larga, pero una aclamación del público parece ponerles alas en las piernas.

Nuestra energía interior no es un valor constante, sino que depende mucho de lo que pensemos sobre nosotros mismos. 

Si no me considero capaz de hacer algo, me resultará extraordinariamente costoso hacerlo, si es que llego a hacerlo. 

Los entrenadores necesitan muchas veces tener lo que llamamos “Tacto pedagógico”. Ser capaces de ver más allá de una victoria y una derrota, ver un proceso de formación donde su actitud puede ser definitiva en el desarrollo personal de un jugador. Nos falta hablar mucho más con nuestros jugadores.

Transmitirles las cosas con más claridad para que entiendan que confiamos en ellos, que son capaces de hacer cosas grandes y que sí pueden a pesar de las dificultades. Al no existir esa comunicación motivadora, los jóvenes jugadores pueden llegar a pensar que no valen y desanimarse e incluso dejar el fútbol cuando en realidad son unos fenómenos. El 90% de la culpa es nuestra.

Hay que pensar que la opción del desánimo tiene también su poder de seducción, y que el derrotismo y el victimismo se presentan para muchas personas como algo realmente sugestivo y tentador.

Desarrollar la autoestima, es decir, una equilibrada estimación de uno mismo, es algo muy necesario. Es preciso tener una buena percepción de uno mismo. Si se logra crear una imagen positiva de sus propias capacidades, sin duda éstas rendirán mucho más.

Por eso, creer en los demás tiene efectos que muchas veces son sorprendentemente positivos. Todos hemos pasado alguna vez por pequeñas crisis. Momentos en los que nos faltaba un poco de fe en nosotros mismos. Quizá entonces encontramos a alguien que creyó en nosotros, que apostó por nosotros, y eso nos hizo crecernos y superar aquella situación.

«Trata a un hombre tal como es, y seguirá siendo lo que es; trátalo como puede y debe ser, y se convertirá en lo que puede y debe ser»

Goethe
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