La semana pasada ocurrió una escena pequeña en un entrenamiento de alevines. Un padre le preguntó a otro de qué país era el niño que jugaba de “9” en el equipo de su hijo. No lo preguntaba con rechazo, sino con curiosidad. Llevaba semanas viendo a ese crío correr y celebrar goles ajenos como propios. También le oía hablar en el vestuario una mezcla de español y otra lengua que nadie entendía del todo. Nos gusta contar esta escena porque resume, en miniatura, lo que hemos visto multiplicado por mil en el Mundial 2026. Gente distinta compartiendo un campo, un vestuario y una ilusión.
Y si tuviéramos que quedarnos con un solo valor de esta cita, sería ese: la convivencia en el fútbol base. No como frase bonita de cartel, sino como algo que hay que trabajar, cuidar y a veces defender con esfuerzo.
En este artículo
Un Mundial que obliga a convivir, no solo a competir
Este ha sido el primer Mundial con 48 selecciones, repartido en 16 ciudades y tres países. Eso significa más idiomas, más religiones y más formas de entender el fútbol. También más gente moviéndose de un lugar a otro que en cualquier edición anterior.
La propia FIFA lo ha entendido así. Ha puesto en marcha campañas como Football Unites the World, Unite for Peace, Unite for Education o No Racism. Además, ha trabajado la accesibilidad con intérpretes de lengua de signos y espacios sensoriales en los estadios. Así también han podido disfrutarlo las personas con discapacidad.
Nosotros, desde la Plataforma, llevamos meses escuchando a expertos que dicen exactamente esto. Ninguno hablaba del Mundial, pero todos coinciden: el problema nunca es la diversidad, sino cómo la gestionamos. Carlos Moros, exfutbolista profesional, lo explica con una frase que deberíamos colgar en la puerta de cualquier vestuario.
“El problema no es la diversidad, es cómo se gestiona la diversidad, que puede ser una oportunidad o una amenaza.”
— Carlos Moros, exfutbolista profesional
Y añade algo que nos parece clave. Esa gestión depende mucho del entrenador. Depende, sobre todo, de si es capaz de crear puentes entre personas de distintas nacionalidades. Lo contrario es dejar que cada uno se quede en su rincón.
Lo que ya está pasando en nuestros equipos de barrio
No hace falta esperar a un Mundial para ver esto. Luis Cantarero lleva tiempo insistiendo en una idea incómoda. Los clubes de fútbol base ya son hoy espacios de enorme diversidad cultural. Sin embargo, casi ninguno cuenta con un educador, un trabajador social o alguien especializado en gestionar esa diversidad.
Jesús Vicente Ruiz Omeñaca lo sitúa en el mismo lugar. Señala que la diversidad de origen nacional y cultural en nuestros barrios “es cada vez mayor”. Y añade que el fútbol tiene ahí “posibilidades infinitas” para trabajar la inclusión y las relaciones interculturales, si alguien se lo propone con intención.
Porque esa es la clave que repite Salva Valls: los valores no se transmiten por el simple hecho de jugar. “¿Cómo hacemos que la sociedad sea más tolerante, más atenta a la diversidad, más cooperativa? Eso es deporte”, nos dice. Pero matiza enseguida que solo funciona si hay intencionalidad. No basta con decir “hay que respetar”: hay que diseñarlo. Juegos que mezclen a los niños. Normas que obliguen a rotar compañeros. Momentos de la temporada pensados para conocerse fuera del resultado.
Aquí entra también la diversidad que no es de origen, sino de capacidad. María Nieto habla de “la normalización de la diversidad funcional”. Para ella, ese aprendizaje es tan importante como cualquier gesto técnico. Y Roberto Monjas lo llevó a la práctica. Diseñó un modelo de deporte escolar abierto a quienes normalmente no se apuntan a nada, priorizando la participación sobre la competición.
Convivir es más que tolerarse
Luja Chirosa, catedrático de la Universidad de Granada, añade un matiz precioso. Para él, la convivencia en un deporte de equipo es “esa acción común con otros compañeros”. Y añade dos condiciones más: “eso querer que tu compañero triunfe, eso aceptar que hay gente mejor que tú”. No es solo no molestarse. Convivir significa alegrarse del gol ajeno. También supone aceptar que el del banquillo importa. Y, sobre todo, entender que ganar solo tiene sentido si se gana con otros.
Ángel Andrés Jiménez lo conecta con algo todavía más de fondo. Los principios básicos de convivencia parten de que toda persona merece ser respetada y vivir con dignidad. Eso vale para la vida en general. Pero vale “con más razón” en el deporte, porque ahí lo aprendemos de niños.
Ahora bien, el Mundial 2026 no ha sido una fábula sin sombras. También se denunciaron desalojos y gentrificación en algunas ciudades sede. Es un recordatorio necesario: la convivencia solo tiene valor real cuando beneficia a quien vive allí, no solo a quien mira el partido por televisión. Aun con eso, el mensaje de fondo se sostiene.
Lo que podemos hacer nosotros con esto
No necesitamos organizar un Mundial para practicar esto el lunes que viene. Podemos preguntar por el compañero que menos habla en el vestuario. Podemos mezclar equipos en los rondos, en vez de dejar que siempre jueguen los mismos con los mismos. Y podemos celebrar el pase del niño tímido igual que el gol del que más destaca, seamos entrenadores o padres en la grada. Son gestos pequeños. Pero son exactamente los que Salva Valls pide que se hagan con intención.
Una sociedad más madura no es la que piensa igual, sino la que sabe convivir sin excluir.
— Plataforma de Fútbol Formativo
Cómo aplicarlo esta semana en tu equipo
- Pregunta por el compañero que menos habla en el vestuario.
- Mezcla equipos en los rondos; no dejes que siempre jueguen los mismos con los mismos.
- Celebra el pase del niño tímido igual que el gol del que más destaca.
- Diseña momentos para conocerse fuera del resultado; no lo dejes al azar.
Nada de esto lo decimos nosotros solos. Estas ideas nacen de las voces de los expertos de nuestra Plataforma. Gracias a Carlos Moros, Luis Cantarero, Jesús Vicente Ruiz Omeñaca y Salva Valls. Gracias también a María Nieto, Roberto Monjas, Luja Chirosa y Ángel Andrés Jiménez. A todos ellos, por prestarnos su mirada.
¿Y en tu equipo, en tu grada, en tu casa, ya estáis practicando convivir con quien piensa, habla o juega distinto?
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