Dejar Jugar a los Niños

Dejar Jugar a los Niños: Por Qué tu Mando de PlayStation No Funciona en un Campo de Fútbol

Dejar Jugar a los Niños. He visto muchos partidos en este Tour. Y en demasiados, he sido testigo de un fenómeno que me preocupa profundamente: entrenadores que no dirigen jugadores, sino avatares. Convierten la banda en un sofá y el partido en una partida de PlayStation, gritando cada instrucción: “¡Pásala!”, “¡Tira!”, “¡Sube!”. Esta obsesión por el control es la antítesis de la verdadera formación. El arte de un buen formador reside, precisamente, en saber cuándo dar un paso atrás para dejar jugar a los niños.

La genial metáfora del “mando de PlayStation” no es mía. Se la debemos a los profesores Joan Arumí, Albert Juncà y Gil Pla en su extraordinario libro “Des de la graderia“. Ellos han puesto nombre a uno de los grandes males de nuestro fútbol base.

El Síndrome del “Entrenador-Joystick”: Un Miedo Disfrazado de Control

Seamos honestos. El entrenador que dirige cada movimiento de un niño no lo hace para “ayudarle”. Lo hace por una necesidad de control que nace de su propio miedo. El pánico a que el niño cometa un error, a que el equipo pierda, a que su planteamiento no se vea “perfecto”, le lleva a anular por completo al jugador. Este técnico no forma. Apenas entrena. Simplemente, da órdenes. Su equipo se convierte en una extensión de su voluntad, un ejército de peones sin capacidad de iniciativa.

Las Consecuencias: Creamos “Robots” Incapaces de Pensar

El resultado de este estilo de liderazgo es devastador para el desarrollo a largo plazo. Generamos jugadores que son técnicamente competentes, pero tácticamente analfabetos. Su dependencia del entrenador es total. Cuando levantan la cabeza, no buscan a un compañero, buscan la aprobación y la siguiente instrucción desde la banda.

La creatividad se castiga. La toma de decisiones se atrofia. Anulamos lo más importante que tiene un niño: su capacidad para resolver problemas por sí mismo. Como nos recordaba Alberto Martín Barrero del Real Betis, esta filosofía es un contrasentido, porque “si no hay error, no hay aprendizaje”.

El Antídoto: Cómo Aprender a Dejar Jugar a los Niños

Romper con la adicción al “joystick” requiere valentía y un cambio de mentalidad. El verdadero liderazgo formativo se demuestra en la capacidad del entrenador para “soltar el mando”.

  • Enseña el “Porqué”, no solo el “Qué”: En lugar de gritar “¡pasa a la banda!”, el buen formador dedica el entrenamiento a crear situaciones donde el jugador entienda por qué y cuándo pasar a la banda es la mejor opción.
  • Diseña Entrenamientos-Problema: El entrenamiento debe ser un laboratorio de problemas. Como defiende Gorka Etxeberria, la tarea del formador es diseñar esos problemas para que sean los propios jugadores quienes, a través del juego, encuentren las soluciones.
  • Abraza el Silencio Pedagógico: Un entrenador que calla, observa y confía en sus jugadores durante el partido les está enviando el mensaje más potente de todos: “Creo en vosotros. Jugad”.

La próxima vez que estés en la banda, te pido que te hagas esta pregunta honesta: ¿Estoy entrenando a futbolistas o estoy jugando a la PlayStation?

Porque, como nos recuerdan los sabios de “Des de la graderia”, a la PlayStation se juega en casa. En el campo, nuestra obligación es dejar jugar a los niños.

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