Dimensiones de la acción motriz. Hola, entrenador. Si llevas tiempo en el fútbol base, seguramente ya has intuido algo importante: un niño no solo corre, pasa o chuta. Cada acción que realiza en el campo lleva dentro decisiones, relaciones, emociones y esfuerzo físico. Eso es precisamente lo que nos ayuda a entender mejor el enfoque de Pere Lavega y la praxeología motriz.
Hablar de Dimensiones de la acción motriz es mirar el fútbol con más profundidad. No quedarse en la superficie del gesto técnico, sino entrar en el significado real de lo que hace el jugador.
Porque el fútbol no es una suma de movimientos aislados. Es una realidad viva, compleja, llena de problemas por resolver, personas con las que convivir y situaciones que obligan a pensar, sentir y actuar.
Si de verdad queremos formar mejor, este enfoque nos obliga a dar un paso adelante. Nos recuerda que entrenar no consiste solo en repetir acciones, sino en ayudar al jugador a comprender el juego y a crecer dentro de él. Y ahí aparece una idea decisiva:
el fútbol puede ser una herramienta extraordinaria para educar a la persona entera.
Tabla de contenido
- 1. Qué son las Dimensiones de la acción motriz
- 2. El fútbol no se entiende solo desde la técnica
- 3. Los entrenamientos deben ser laboratorios vivos
- 4. Las cuatro Dimensiones de la acción motriz en un pase
- 5. No todos los jugadores necesitan lo mismo
- 6. La dimensión relacional también se entrena
- 7. Qué motiva a cada jugador dentro del mismo deporte
- 8. Cómo educar y entrenar las emociones
- 9. El fútbol como piscina de relaciones y escuela de convivencia
- 10. Por qué todos deben saborear el éxito
- 11. El juego como laboratorio para resolver conflictos
- 12. El deporte no educa solo
- 13. La vocación del entrenador y el valor de la educación no formal
- 14. El caso del portero: el guardián del equipo
- 15. La comunicación: escuchar para comprender
- 16. El rival, el árbitro y la presión competitiva
- 17. Reflexión final: formar personas a través del fútbol
- Preguntas frecuentes sobre las Dimensiones de la acción motriz
- Video recomendado
1. Qué son las Dimensiones de la acción motriz
Dimensiones de la acción motriz
Las Dimensiones de la acción motriz parten de una idea muy poderosa: cada deporte tiene una identidad propia. Igual que una persona tiene su documento de identidad, el fútbol también posee unos rasgos que lo distinguen del baloncesto, del voleibol o de cualquier otra práctica.
Esa identidad interna del juego es lo que la praxeología motriz denomina lógica interna. Puede parecer que en el fútbol todo es caos, pero por debajo existe un orden. Ese orden viene marcado por los problemas que el jugador debe resolver continuamente.
En el fútbol, el jugador tiene que relacionarse con:
- Los compañeros.
- Los adversarios.
- El espacio y sus distintas zonas.
- El balón.
- El tiempo y el momento del partido.
Todo eso ocurre al mismo tiempo.
No basta con decir que un niño ha dado un pase o ha hecho un control. Lo importante es entender por qué lo ha hecho, en qué contexto, con qué intención y qué consecuencias tiene dentro del juego.
La praxeología motriz, desarrollada por Pierre Parlebas, ofrece unas “gafas” para mirar mejor el deporte. Si quieres profundizar más en esta mirada, te puede interesar este artículo sobre praxiología motriz, donde se desmontan varios errores habituales del fútbol base.
2. El fútbol no se entiende solo desde la técnica
Uno de los mensajes más valiosos de este enfoque es que el entrenador debe ir más allá de la técnica y de la preparación física entendidas de manera aislada.
Claro que la técnica importa. Claro que el esfuerzo físico importa. Pero si reducimos el entrenamiento a repeticiones mecánicas, estamos dejando fuera una parte enorme del aprendizaje real.
El jugador necesita aprender a dar significado a lo que hace.
No hace la misma acción quien recibe el balón cerca de su propia área que quien lo recibe junto al área rival. Tampoco actúa igual quien está rodeado de rivales que quien encuentra a un compañero libre. Ni decide lo mismo un equipo que va ganando que uno que necesita empatar.
Eso cambia completamente la manera de entrenar. El reto del entrenador ya no es solo enseñar un gesto correcto, sino crear situaciones donde el jugador aprenda a interpretar contextos.
En ese sentido, entrenar es enseñar a leer el juego.
3. Los entrenamientos deben ser laboratorios vivos
Dimensiones de la acción motriz
Cuando se habla de Dimensiones de la acción motriz, aparece una consecuencia práctica muy clara: los entrenamientos deben parecerse al fútbol de verdad.
No se trata de copiar siempre el partido completo, pero sí de construir microescenarios con sentido. Situaciones donde aparezcan compañeros, adversarios, espacios, decisiones, incertidumbre y necesidad de interpretar.
Un jugador que está solo con el balón puede mejorar cierta coordinación o dominio técnico. Pero si no hay nadie más, faltan demasiados elementos esenciales del juego:
- No tiene que relacionarse con compañeros.
- No recibe presión de adversarios.
- No necesita interpretar el espacio real del juego.
- No está condicionado por el tiempo, el marcador o el contexto.
Por eso, muchas tareas aparentemente brillantes tienen poca transferencia al fútbol real. El jugador puede parecer muy competente en un entorno controlado, pero quedarse sin respuestas cuando el juego le exige interpretar y decidir.
El entrenamiento debe acercarse lo máximo posible a esa realidad viva que plantea el fútbol. Ahí es donde el niño empieza a comprender de verdad.
4. Las cuatro Dimensiones de la acción motriz en un pase
Aquí aparece una de las ideas más potentes de toda la explicación: un pase nunca es solo un pase.
Desde las Dimensiones de la acción motriz, un pase activa al mismo tiempo cuatro planos:
- Decisión: el jugador elige pasar y no hacer otra cosa.
- Relación: decide pasar a un compañero concreto y no a otro.
- Emoción: esa acción le genera alegría, confianza, tensión o frustración.
- Esfuerzo físico: realiza el gesto dentro de un determinado estado corporal y energético.
Es decir, cuando un niño pasa el balón, no está activando solamente su técnica. Está movilizando una parte profunda de su personalidad. Está tomando decisiones, conectando con otros, sintiendo algo y gestionando su cuerpo.
Este enfoque cambia por completo la mirada del entrenador. Ya no se trata solo de corregir la pierna de apoyo o la superficie de contacto. También conviene observar:
- Si el jugador se atreve a decidir.
- Si sabe relacionarse bien con los demás.
- Si gestiona sus emociones con equilibrio.
- Si responde bien cuando aparece la fatiga.
Eso son las Dimensiones de la acción motriz aplicadas de manera concreta.
5. No todos los jugadores necesitan lo mismo
Dimensiones de la acción motriz
Este punto es apasionante. Dos jugadores pueden ser muy buenos técnicamente y, sin embargo, necesitar ayudas muy distintas.
Uno puede decidir muy bien y ejecutar con precisión, pero mostrar dificultades para celebrar el éxito de un compañero o integrarse de verdad en la dinámica colectiva. Otro puede ser solidario y estar siempre disponible para ayudar, pero no atreverse a asumir ciertos riesgos cuando el partido se lo exige.
Entrenar bien no consiste en aplicar una receta idéntica para todos. Consiste en detectar qué dimensión necesita más desarrollo en cada persona.
A veces habrá que trabajar más la dimensión emocional. Otras veces la relacional. En otros casos la decisional o la energética. La gran clave está en entender al jugador como un todo.
Si este enfoque te interesa, conecta mucho con la idea del entrenador formador: alguien que no solo enseña fútbol, sino que acompaña el crecimiento completo del jugador.
6. La dimensión relacional también se entrena
Hay talentos individuales que pueden deslumbrar, pero el fútbol siempre termina desvelando cómo se relaciona una persona con los demás.
Se puede ser excelente a nivel técnico y decisional, y al mismo tiempo tener carencias importantes en la manera de convivir dentro del equipo. Ahí aparece una dimensión que a veces se olvida demasiado: la relacional.
Celebrar el gol del compañero, compartir la alegría, reconocer el esfuerzo ajeno, aceptar que el éxito también pertenece al grupo… todo eso no es adorno. Todo eso forma parte del rendimiento humano y deportivo.
Cuando un jugador solo mira su propio protagonismo, el equipo se resiente. En cambio, cuando entiende que su mejora está unida a la de los demás, se produce algo mucho más fuerte que una buena jugada: aparece la comunidad.
Por eso el rival tampoco debe verse como un enemigo. Es quien nos pone a prueba. Sin rival, no hay juego. Sin oposición, no hay crecimiento. En esta idea enlaza muy bien este artículo sobre el rival deportivo, entendido como un compañero indispensable para crecer.
7. Qué motiva a cada jugador dentro del mismo deporte
Otra aportación muy interesante es comprender que varios jugadores pueden practicar el mismo deporte y, sin embargo, encontrar el sentido en lugares distintos.
Uno puede disfrutar especialmente de ganar junto a sus compañeros. Otro puede sentirse atraído por la estrategia y la toma de decisiones. Otro vive el fútbol desde la alegría compartida y la emoción. Y otro encuentra su motivación en sentirse cada vez más fuerte y capaz físicamente.
Todos juegan al mismo fútbol, pero no lo viven igual.
Esto obliga al entrenador a abrir más su mirada. Si solo valora una forma de vivir el juego, dejará fuera parte de la riqueza del equipo. En cambio, si entiende que dentro del mismo deporte conviven distintas prioridades, podrá acompañar mejor a cada jugador.
Las Dimensiones de la acción motriz ayudan precisamente a eso: a reconocer que el juego toca varias fibras humanas al mismo tiempo.
8. Cómo educar y entrenar las emociones
Dimensiones de la acción motriz
Uno de los apartados más delicados para cualquier entrenador es el emocional. Muchos se preguntan: “Muy bien, pero ¿cómo entreno yo las emociones?”
La primera idea es sencilla y profunda: lo emocional está en el centro del aprendizaje. Dos personas pueden enfrentarse a la misma situación y reaccionar de forma completamente distinta. Una se bloquea. La otra disfruta.
Por eso el entrenador debería hacer todo lo posible para que el jugador perciba el fútbol como una oportunidad y no como una amenaza.
Cuando el contexto se vive como oportunidad, aparecen curiosidad, ganas, pasión y deseo de aprender. Cuando se vive como amenaza, suelen emerger miedo, ansiedad, inhibición, rabia o agresividad.
¿Qué puede hacer el entrenador?
- Crear un clima positivo y cercano.
- Ser coherente con lo que dice y hace.
- Contagiar serenidad y entusiasmo.
- Observar en qué situaciones concretas aparecen determinadas respuestas emocionales.
- Hablar con el jugador para ayudarle a comprender lo que le pasa.
Las emociones no aparecen “porque sí”. Siempre están ligadas a un contexto. Por eso conviene detectar en qué momento exacto surge el problema: cuando pierde un balón, cuando un rival le supera, cuando está demasiado tiempo sin intervenir o cuando un compañero falla.
Desde ahí sí se puede educar emocionalmente, porque ya no se trabaja sobre una teoría abstracta, sino sobre una experiencia concreta del juego.
9. El fútbol como piscina de relaciones y escuela de convivencia
El fútbol colectivo es una auténtica sociedad en miniatura. Dentro de un equipo aparecen tensiones, solidaridades, egoísmos, sacrificios, ayudas, malentendidos y aprendizajes de convivencia muy parecidos a los de la vida diaria.
Esto lo convierte en una herramienta educativa formidable. No porque ocurra de manera automática, sino porque ofrece un escenario privilegiado para aprender a vivir con otros.
El jugador descubre que es importante, pero no imprescindible. Aprende que puede alegrarse por el éxito del grupo aunque no haya sido el protagonista. Entiende que formar parte de una comunidad exige reconocer el valor de lo que hacen los demás.
Ahí el entrenador tiene una misión preciosa: ayudar a que el equipo se convierta en un lugar donde se aprende a convivir, no solo a competir.
10. Por qué todos deben saborear el éxito
Dimensiones de la acción motriz
Uno de los hallazgos más interesantes expuestos por Pere Lavega tiene que ver con el impacto emocional del éxito.
Cuando una persona avanza, acierta o siente que progresa, la alegría sube. Cuando queda eliminada pronto o vive experiencias continuas de fracaso, su bienestar cae de forma brusca. Esto no solo afecta a cómo se siente en ese momento, sino también a cómo recuerda y aprende esa experiencia.
En el entrenamiento y en la competición, conviene que todos los jugadores puedan probar el sabor del éxito.
No significa eliminar la exigencia ni renunciar a competir. Significa diseñar experiencias variadas donde distintos perfiles puedan tener momentos de logro.
Algunas ideas prácticas:
- Proponer tareas con diferentes vías de éxito.
- Evitar que siempre triunfen los mismos en todo.
- Valorar el proceso, no solo el resultado final.
- Alternar formatos competitivos con otros menos excluyentes.
La competición puede ser muy formativa, pero el entrenador debe saber que no afecta igual a todos.
Si queremos formar, no podemos dejar que solo unos pocos vivan experiencias positivas mientras los demás acumulan frustración.
11. El juego como laboratorio para resolver conflictos
El juego tiene una naturaleza social. Para jugar juntos primero hay que aceptar unas reglas comunes. Ese gesto ya es profundamente educativo: nos recuerda que convivir exige aceptar derechos y límites.
Pero además, toda convivencia genera tensiones. Y esas tensiones, si no se regulan bien, pueden convertirse en conflictos.
La buena noticia es que el propio juego permite trabajarlos. ¿Cómo? Poniendo a los jugadores en escenarios variados de relación:
- Situaciones solo con compañeros.
- Situaciones solo con adversarios.
- Situaciones mixtas de cooperación y oposición.
- Contextos con más presión competitiva.
- Contextos con menos presión.
En esos escenarios aparecen respuestas reales. Un jugador se enfada cuando un rival le supera. Otro pierde los papeles si un compañero le da mal un pase. Otro no tolera quedarse un rato en medio durante un rondo.
Ahí hay material educativo de enorme valor. No se trata de esconder esos conflictos, sino de utilizarlos para enseñar a convivir mejor.
12. El deporte no educa solo
Dimensiones de la acción motriz
Este matiz es decisivo. Se suele repetir que el deporte educa por sí mismo. Pero no es exactamente así.
El simple hecho de jugar ya produce algunos aprendizajes, por supuesto. Igual que jugar con amigos enseña ciertas cosas aunque no haya un adulto guiando. Pero cuando existe una intervención competente, consciente y coherente, el alcance formativo es mucho mayor.
En otras palabras:
el deporte puede educar, pero necesita intencionalidad.
Además, no solo se transmiten valores. También pueden transmitirse contravalores. Y eso ocurre a través de todos los agentes que rodean al fútbol:
- Jugadores.
- Entrenadores.
- Árbitros.
- Familias.
- Directivos.
Si un entrenador promueve constancia, respeto, empatía y trabajo en equipo, está educando. Si actúa desde el ego, el desprecio o la obsesión por ganar a cualquier precio, también está educando, pero en la dirección contraria.
De ahí la importancia de la coherencia. Los ideales del club no pueden quedarse en un cartel bonito. Tienen que traducirse en comportamientos visibles y sostenidos.
13. La vocación del entrenador y el valor de la educación no formal
Ser entrenador en fútbol base es mucho más que dirigir tareas. Es una forma de servicio.
La educación no formal, esa que sucede fuera de la escuela y fuera del examen tradicional, tiene un valor inmenso. En el deporte no se juega una nota. Se aprende para la vida real. Y esa vida no permite repeticiones infinitas.
Por eso el entrenador debería ser muy consciente de la herramienta que tiene entre manos. Puede ayudar a que un jugador aprenda a:
- Cuidar su cuerpo.
- Entender principios estratégicos.
- Tomar decisiones en situaciones cambiantes.
- Regular mejor sus emociones.
- Empatizar con los demás.
- Construir amistades duraderas.
Eso deja una huella mucho más profunda que la clasificación final de una temporada.
Si quieres seguir profundizando en esta idea de educación integral, puede aportarte mucho este contenido sobre alcanzar el desarrollo integral del jugador.
14. El caso del portero: el guardián del equipo
Dimensiones de la acción motriz
Dentro del fútbol, el portero merece una reflexión especial. Su rol no es igual al del resto de jugadores. Las reglas ya le asignan unas funciones específicas, y sus decisiones suelen tener consecuencias muy visibles en el marcador.
Un trabajo de investigación comentado por Pere Lavega analizó la toma de decisiones de porteros en relación con el modelo de juego del equipo. Una de las conclusiones fue muy reveladora: los porteros suelen tener más éxito cuando sus decisiones están alineadas con la idea estratégica planteada por el entrenador.
Eso refuerza una idea importante: el jugador debe comprender el sentido de lo que hace dentro de un plan colectivo.
Pero hubo más observaciones interesantes:
- El portero no solo protege la portería; muchas veces actúa como auténtico guardián del equipo.
- Su participación va más allá de quedarse bajo palos.
- Cuando aumenta la exigencia física, disminuyen ciertos aciertos, especialmente en la toma de decisiones.
Esto invita a repensar su entrenamiento. Sí, necesita trabajo específico. Pero también conviene integrarlo más en tareas reales del equipo y en contextos donde aparezca exigencia física y decisional. Solo así podrá responder mejor a lo que el juego actual le pide.
15. La comunicación: escuchar para comprender
Un entrenador que sabe escuchar dispone de una ventaja enorme. Muchas veces el problema no está en lo que el jugador hace, sino en el significado que le da a lo que está haciendo.
Puede que no se atreva a salir porque teme lesionarse. Puede que no arriesgue porque vive el error como amenaza. Puede que no celebre con naturalidad porque le cuesta vincularse con el grupo.
Todo eso rara vez se ve a simple vista. Hace falta proximidad, diálogo y sensibilidad para comprenderlo.
La comunicación, por tanto, no es un añadido. Es una herramienta central del entrenador que quiere formar de verdad.
16. El rival, el árbitro y la presión competitiva
Dimensiones de la acción motriz
Otro aspecto fundamental del enfoque de las Dimensiones de la acción motriz es entender que todos los protagonistas del fútbol forman parte del proceso educativo.
El rival no es un enemigo. Es quien nos exige y nos ayuda a crecer. El árbitro tampoco es una figura hostil por definición. Se puede equivocar, igual que se equivoca un portero, un entrenador o un jugador.
Si enseñamos esto desde pequeños, cambia mucho la cultura del fútbol.
El problema aparece cuando el entorno competitivo arrastra a entrenadores y clubes hacia una lógica donde solo importa el resultado inmediato. Ahí muchos técnicos con buena intención terminan desviándose de su misión formativa.
Por eso la responsabilidad de los directivos es enorme. Necesitan ofrecer una brújula clara. Una dirección compartida. Un marco que proteja el proceso formativo por encima de la ansiedad por ganar el próximo domingo.
Cuando todos reman en la misma dirección, el club se convierte en un lugar coherente. Cuando no, el mensaje se rompe.
17. Reflexión final: formar personas a través del fútbol
Las Dimensiones de la acción motriz nos dejan una enseñanza muy clara: el fútbol no es solo físico, ni solo técnico, ni solo táctico. Es también relación, emoción, pensamiento, esfuerzo y convivencia.
Entrenar bien exige mucho más que diseñar ejercicios. Exige comprender la riqueza profunda del juego y actuar con coherencia educativa.
El gran premio de un entrenador no debería ser solo una copa. Debería ser que, años después, alguien pudiera decir: “Gracias a aquel entrenador aprendí a jugar, sí, pero también aprendí a vivir mejor, a convivir, a confiar y a crecer”.
Ahí está el verdadero tesoro del fútbol formativo.
Si quieres ampliar la mirada científica y pedagógica sobre este tema, puede resultar útil consultar recursos académicos como la base de datos Dialnet o la información institucional del trabajo educativo de la UNESCO sobre el valor formativo de la educación no formal.
Preguntas frecuentes sobre las Dimensiones de la acción motriz
¿Qué significa Dimensiones de la acción motriz en fútbol?
Significa que cada acción del jugador no debe analizarse solo como un movimiento técnico. En el fútbol, toda acción implica al mismo tiempo decisión, relación con otros, emoción y esfuerzo físico.
¿Por qué este enfoque ayuda tanto al entrenador?
Porque le permite entender mejor lo que realmente ocurre en el juego. Ya no observa solo si el jugador ejecuta bien, sino también cómo piensa, cómo se relaciona, cómo siente y cómo responde ante la exigencia.
¿Las Dimensiones de la acción motriz sustituyen a la técnica?
No. La técnica sigue siendo importante, pero deja de verse como algo aislado. Se integra dentro de situaciones con sentido, donde el jugador debe interpretar el contexto y actuar con intención.
¿El deporte educa por sí solo?
Puede generar aprendizajes de forma espontánea, pero no garantiza por sí mismo una educación positiva. Para que el impacto formativo sea mayor, hace falta una intervención consciente, coherente y bien orientada por parte de los adultos.
¿Cómo puede un entrenador aplicar esto en el día a día?
Diseñando tareas más parecidas al juego real, observando las respuestas emocionales y relacionales de sus jugadores, dialogando con ellos y valorando el proceso formativo junto al rendimiento deportivo.