Mirar hacia el otro lado

El árbitro en la regla quinta

.El árbitro en la regla quinta. Me percato, leyendo con detenimiento la Regla 5 del Reglamento de la FIFA, que su redactor hace abstracción de la acepción “árbitro”; la utiliza, vaciándola de su contenido y significado y la emplea para su uso particular.

Abusando de la conocida figura del árbitro en varios deportes, la introduce en el partido sin respetar su etimología: “El partido será controlado por un árbitro …” empieza diciendo el reglador. No acabo de comprender por que causa se usa la forma pasiva, cuando, titulándose la Regla “El árbitro”, parece lógico usar la forma activa: “Un árbitro controlará el partido”.

Tampoco está claro el motivo de anteponer el artículo indeterminado al sujeto, queriéndonos decir “uno de esos llamados árbitros”. O, en vez de artículo, es un adverbio de orden: “un solo árbitro”, sólo uno controla el partido.

Sea cual sea la intención del reglador, empezamos ya a ver que, en la función del árbitro, que es arbitrar, se le adjudica la función de controlar, no propia del arbitraje.

Pero sigamos. “El partido será controlado por un árbitro, quien tendrá la autoridad total”. Me surgen algunas dudas. La primera es saber quien concede esta autoridad total al árbitro. A los guardias urbanos es el Alcalde el que delega su autoridad. Pienso que, en este caso es la FIFA, autora del Reglamento por el que se rige el juego. Autoridad, pues, impuesta a jugadores, equipos y Clubs.

De la adjetivación de esa autoridad también tenemos que adivinar la intención del reglador. Es “total”, porque es uno, sólo él, para la resolución de “todo” y “todos” los asuntos a resolver durante el partido, siendo los demás árbitros que actúan en él, meros asistentes del único árbitro. Otra interpretación puede ser que, nada de lo que suceda en el partido que no esté reglado se escapa de su autoridad. Para ejecutarla, donde no llega la regla, necesita autoridad total.

Esta autoridad total que se le concede al árbitro tiene como objetivo “hacer cumplir las reglas durante el encuentro”. Con esta frase, entendemos, tal como está redactada, que el reglador, convierte el árbitro en juez y la regla en ley. El obligado cumplimiento de la Regla, podría aplicarse en el juego del fútbol, si la decisión del árbitro pudiera recurrirse en caso de desacuerdo del encausado. Pero consciente, el “otro fútbol”, de que, por la idiosincrasia del mismo juego, no es posible recurrir, en la misma Regla 5, apartado tercero, dice que las decisiones del árbitro son “definitivas”; sólo puede cambiar de opinión, antes de que se reanude el juego, si lo considera oportuno.

En esta dicotomía patente dentro de una misma Regla, se comprende por qué los equipos aceptan la decisión del árbitro, no sin antes protestar su desacuerdo, de forma a veces poco adecuada, ante la autoridad establecida aún que impuesta. Tal protesta persigue lograr que el árbitro cambie de opinión antes de poner la pelota en juego. Pero tal vez los protestantes de la decisión no sepan que tal cambio se efectuará “si se da cuenta de que es incorrecta. O si lo juzga necesario conforme a una indicación por parte de un árbitro asistente” (Regla 5, apartado tercero). Y no por la opinión presuntamente interesada de los protestantes.

Después de este análisis de la figura del árbitro, según las reglas del “otro fútbol”, quisiera señalar con énfasis, que estamos conservando la palabra “árbitro”, en el “otro fútbol”, por ser una figura del juego, que no podemos prescindir de ella. Sigue arbitrando, puesto que sus decisiones son definitivas, pero está en el juego, en el partido, “para hacer cumplir las reglas”.

La protesta a su decisión parece ser compatible con una sumisa aceptación. Protestan porque no coincide su interpretación con la Regla, y saben que se le ha dado autoridad, para hacerla cumplir; pero después, la aceptan, porque las decisiones del árbitro son definitivas. No tienen más remedio.

La palabra “reffere” inglesa, significa “referencia”. En los años cincuenta del siglo pasado, el árbitro se le llamaba el “reffere”, en ámbitos populares sin llegar a los académicos. Para este análisis que estamos haciendo, esta denominación, que ha caído en desuso, tiene mucha importancia.

Cuando los jugadores protestan, hacen “reffere”, o sea, referencia, a una regla no cumplida o mal interpretada. Para ellos, el árbitro “debe hacer cumplir la regla” (primer apartado de la Regla 5).
Cuando los jugadores después de protestar, ya aceptan la decisión del árbitro, hacen “reffere” al árbitro. Porque saben que su “arbitrariedad” es definitiva (tercer apartado Regla 5).

Todo el mundo reacciona en contra de una “arbitrariedad” de cualquiera.

Pero en “Mi fútbol” aceptamos, sin protesta, la “arbitrariedad” de una persona, a quien los equipos le han dado, antes del partido, el poder de arbitrar sus diferencias.

Javier Marcet

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