El arte de la escucha en el fútbol formativo

El arte de la escucha en el fútbol formativo: De megáfono a radar

El arte de la escucha en el fútbol formativo. Me costó entender que, en el fútbol formativo, mi voz no es la herramienta más potente que tengo. Durante mucho tiempo, mi obsesión era que los niños ejecutaran mis órdenes al pie de la letra, como si el campo fuera una partida de ajedrez y ellos mis piezas.

Pero un día, después de un partido especialmente duro, vi a uno de mis jugadores sentado en el banquillo, mirando al suelo con un vacío que ningún gol iba a llenar.

En ese momento, me equivoqué al intentar darle una pauta técnica más. Lo que ese chico necesitaba no era un instructor, sino alguien que supiera aplicar el Shemá.

El arte de la escucha en el fútbol formativo

El concepto de Shemá viene de una instrucción antigua que significa, simplemente, “escucha”. En nuestro ecosistema del fútbol base, esto supone una revolución: la escucha activa debe ir antes que cualquier enseñanza.

Como dice el psicólogo Alex Anderez, escuchar es nuestra primera herramienta terapéutica. No se trata de oír el ruido del campo, sino de validar lo que el niño siente tras una derrota o un error. Si no escuchamos, no hay relación; y si no hay relación personal, no estamos formando a nadie, solo estamos moviendo bultos.

A veces nos volvemos “industriales”. Clasificamos a los chavales rápido: “este es el conflictivo”, “aquel tiene TDAH”, “ese es de altas capacidades”.

Pero cuidado con las etiquetas, porque son el fin de la escucha.

Cuando le pones un nombre clínico a un niño, dejas de verlo como una persona completa y lo conviertes en una categoría.

Escuchar de verdad nos permite detectar si un bajón en el rendimiento es en realidad un grito silencioso por sobreexigencia o falta de sentido en lo que hace.

A veces el problema no es que hayan perdido, sino cómo les hacemos sentir cuando pierden.

Gorka Etxeberria habla del “éxito de la satisfacción”. Es ese cambio de chip donde valoramos el proceso y el esfuerzo por encima del resultado final. El fútbol formativo debería ser un lugar donde el error sea una herramienta de aprendizaje, no un motivo para que el entrenador grite desde la banda.

  • Tras la derrota: Es el momento de callar y dejar que ellos descarguen su emoción.
  • En la formación: El niño debe ser el protagonista absoluto, sintiéndose valorado más allá de su talento con el balón.

No lo vi claro al principio, pero no podemos educar a espaldas de las familias.

La confianza no se construye con correos electrónicos fríos, sino con presencia.

Estar en la puerta del entrenamiento, escuchar sus inquietudes sin juzgar y ofrecer información de valor antes de pedir nada es lo que genera una alianza real. El club debe ser un apoyo para los padres, no un sustituto de su labor educativa.

Al final del día, una máquina podrá darnos estadísticas perfectas y ejercicios de entrenamiento brillantes, pero jamás podrá amar ni acompañar a un niño en su crecimiento. Sigo aprendiendo que mi mejor entrenamiento no ocurre cuando hablo, sino cuando guardo silencio y pongo el radar a funcionar.

¿Y tú? ¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a escuchar lo que tus jugadores no se atreven a decirte?.

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