El crecimiento del jugador a largo plazo

El crecimiento del jugador a largo plazo

El crecimiento del jugador a largo plazo. Sin prisas pero sin pausas

En el fútbol formativo, no se trata de apresurarse para conseguir victorias rápidas, sino de educar y mejorar a tus jugadores con una visión a largo plazo, buscando objetivos más consistentes a largo plazo.

Imagina que estás en un partido de fútbol, observando cómo un entrenador, lleno de pasión y energía, no deja de gritar a sus jugadores. El marcador es devastador: van perdiendo 4-0 y la presión es abrumadora. A pesar de los esfuerzos de los chicos por complacer al entrenador, nada parece funcionar. 

Cada vez que miran al banquillo, lo único que recibe son más gritos, más exigencias. El partido es un calvario y la frustración se apodera de todos. Al llegar al descanso, en lugar de encontrar un respiro, los jugadores se encuentran con un entrenador que sigue sin ceder, buscando culpables en cada rincón del vestuario. 

El equipo está desmoralizado, casi derrotado antes de volver al campo. Esta situación, aunque desafortunada, es un ejemplo claro de cómo 

“La formación y el desarrollo a largo plazo de los jugadores no debe basarse en la presión y la crítica constante, sino en el apoyo y la comprensión.”

En medio de esa situación tan complicada, el capitán del equipo, un chico de solo 14 años, tomó la iniciativa y se acercó al entrenador. Con mucho respeto y con palabras cuidadosamente elegidas, le dijo: 

–“Oye, creo que la actitud que estás teniendo con nosotros durante el partido no nos está ayudando en absoluto. Nos está costando mucho superar este momento, estamos intentando jugar lo mejor que podemos, y seguro que estamos cometiendo errores. Pero, por favor, no nos grites tanto, no nos hundas más con tu actitud”.

Estas palabras, dichas con valentía, dejaron al entrenador sin palabras, impactado por la sinceridad y madurez del joven capitán. El entrenador se quedó mirándolo, asimilando lo que acababa de escuchar. Dentro de su cabeza, le daba vueltas al hecho de que un jugador tan joven fuera capaz de decirle algo tan fuerte y tan honesto

Finalmente, tras procesarlo, el entrenador le respondió: 

–“Mira, Ignacio, lo que dices puede ser cierto. Es posible que no esté actuando de la manera correcta. Sin embargo, todo lo que hago es por el bien del equipo, para sacaros adelante. No entiendo por qué esta protesta, como si todo el equipo estuviera molesto por mi actitud. De todos modos, te agradezco mucho lo que me has dicho, y lo tendré en cuenta.”

La segunda parte del partido fue muy distinta. El entrenador, afectado por las palabras de su capitán, había reflexionado y cambiado su actitud, dándose cuenta de que estaba equivocado en su forma de actuar. 

Su urgencia por obtener resultados inmediatos estaba perjudicando la formación adecuada de sus jugadores. Entendió que, en el fútbol formativo, no se trata de apresurarse para conseguir victorias rápidas, sino de educar y mejorar a los jugadores con una visión paciente y a largo plazo. Este cambio de perspectiva fue definitivo y marcó un antes y un después en su manera de dirigir al equipo.

El crecimiento del jugador a largo plazo

El crecimiento del jugador a largo plazo

En el contexto actual, las urgencias dentro de los clubes son muy altas, y siempre se priorizan los resultados inmediatos. No hace mucho escribí un artículo sobre las Olimpiadas, donde mencionaba cómo el trabajo de años de sacrificio tiene como objetivo lograr buenos resultados en ese evento. 

Sin embargo, la presión de los medios de comunicación, de los comités y de las marcas que patrocinan a los deportistas genera una cultura en la que solo el que gana medalla es visto como un héroe, mientras que aquellos que no lo logran son percibidos como fracasados, sin que se valore todo el esfuerzo y dedicación.

Esta mentalidad, que se refleja claramente en los medios cada vez que se celebran las Olimpiadas, se centra en preguntarse constantemente cuántas medallas se han ganado y en si un país ha cumplido o no con sus expectativas de medallas. 

Personalmente, disfruto mucho de las Olimpiadas, y lejos de sentirme decepcionado, pude ver grandes actuaciones e historias inspiradoras de esfuerzo y superación. ¿Cómo podemos llamar fracaso a estos esfuerzos tan impresionantes de jóvenes deportistas, que, con su juventud, muestran una dedicación y una ilusión tan grandes por mejorar y superarse?

Este es, a mi juicio, un problema serio que también encontramos en el fútbol. Se busca constantemente el resultado inmediato, no porque seamos obsesivos con ganar, sino porque la presión sobre los entrenadores es enorme. 

Estamos bajo una presión constante para conseguir buenos resultados y clasificaciones, y si no lo logramos, somos considerados fracasados. Aunque estés realizando un trabajo extraordinario en la formación de tus jugadores, si los resultados no se ven de inmediato, puedes ser catalogado como un mal entrenador.

Es posible que estés implementando un programa formativo a largo plazo, donde los jugadores son los principales beneficiados. Tal vez no destaques como entrenador porque los resultados no se ven de inmediato, pero la formación que reciben esos jugadores tiene un gran valor. Por eso, creo firmemente que en el fútbol formativo se debe priorizar la formación.

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El crecimiento del jugador a largo plazo

Un ejemplo de esto lo vemos en los jugadores que se sienten bloqueados cuando son criticados y presionados por su entrenador durante un partido. Esta actitud no solo no ayuda, sino que puede hacer que los jugadores se sientan más inseguros, sin confianza en sus capacidades, lo que afecta negativamente.

Una actitud muy interesante que debe adoptar un entrenador formador es la de buscar siempre las fortalezas de sus jugadores y destacarlas. Esto motiva enormemente al jugador al ver que se valoran sus capacidades. 

Quizás no sea sobresaliente en todos los aspectos del fútbol, pero en alguno sí lo es, y cuando un entrenador resalta esas fortalezas, el jugador se siente más motivado y rinde mejor.

Cuando se trabaja sobre las fortalezas de un jugador, también se logra que el jugador perciba que su entrenador lo valora. Es decir, el entrenador le transmite que, a pesar de los errores que pueda cometer, hay cosas que hace bien, y que estas son reconocidas. Esto genera confianza en el jugador, quien se siente más seguro y motivado para mejorar.

Por otro lado, cuando un jugador no tiene confianza en sí mismo porque siempre recibe comentarios negativos y siente que fracasa constantemente, tiende a retroceder y a temer enfrentarse a las dificultades en los partidos o entrenamientos. En cambio, cuando recibe confianza y apoyo de su entrenador, es un jugador que crece, se desarrolla y se atreve a dar más de sí mismo.

Esto es algo que el entrenador de la historia inicial logró comprender gracias a los comentarios que su capitán, Ignacio, le hizo. 

Aunque no siempre se consigan victorias inmediatas, el desarrollo y crecimiento del jugador a largo plazo es lo más importante.

10 preguntas para ser un buen entrenador

El crecimiento del jugador a largo plazo

Insisto mucho en que uno de los principales retos en el fútbol formativo es la necesidad de establecer una buena comunicación entre el entrenador y sus jugadores. Esta comunicación debe ser muy abierta y no puede haber una gran distancia entre ambas partes.

Además, el entrenador debe ser capaz de generar un ambiente de confianza en el que los jugadores se sientan cómodos para expresarse. Es vital que el entrenador esté dispuesto a escuchar y asimilar lo que los jugadores tienen que decirle. Debe ser empático, ponerse en su lugar, para entender sus preocupaciones.

Este tipo de comunicación bidireccional es muy enriquecedor porque fortalece la relación entre el entrenador y los jugadores. Sin embargo, muchas veces esta empatía y este nivel de comunicación no existen.

Quiero proponerte algunas sugerencias para mejorar esta comunicación y hacer que funcione adecuadamente. Una de las cosas que observo que falta en el fútbol formativo, o que sucede muy pocas veces, es la comunicación personal entre el entrenador y el jugador. A muchos entrenadores les cuesta tener conversaciones abiertas y sencillas con sus jugadores. No sé si a ti también te sucede, pero es algo importante.

No es necesario mantener una conversación formal en un despacho; se puede hacer en el campo, de manera informal, donde el entrenador pueda expresarle al jugador lo que piensa y el jugador tenga la oportunidad de hacer lo mismo. 

Esta comunicación es necesaria, pero muchos entrenadores utilizan más reuniones en grupo, con todo el equipo. Estas reuniones son valiosas y necesarias, ya sea antes del entrenamiento, del partido, después del partido, o en cualquier momento durante una sesión. Esas conversaciones en grupo generan una comunicación importante y confianza dentro del equipo.

Reuniones individuales

Sin embargo, imagina lo que podría lograrse si, además de esas reuniones grupales, el entrenador se toma el tiempo de hablar individualmente con los jugadores. Por ejemplo, durante un tiempo muerto del entrenamiento, el entrenador podría acercarse a un jugador en particular y darle un mensaje para motivarlo o guiarlo. 

Este tipo de atención individual hace que el jugador se sienta valorado y confiado. El jugador piensa: 

–“Este entrenador confía en mí, me dedica tiempo y eso me motiva a esforzarme más”.

Feedback constructivo

Además, para construir una buena relación de confianza con los jugadores, es fundamental dar siempre una retroalimentación constructiva. Sabemos que esto no siempre es fácil, porque muchos entrenadores no tienen experiencia en psicología deportiva, y un entrenador necesita ser un poco psicólogo. 

Siempre digo que el 50% de la formación de un entrenador se centra en los aspectos técnicos y tácticos, que son muy importantes, incluyendo también la preparación física. Sin embargo, muchos entrenadores se basan solo en estos aspectos y descuidan la importancia de la comunicación efectiva.

Algunos entrenadores tienden a ser muy pesimistas, ven todo de manera negativa y creen que la mejor forma de ayudar a sus jugadores es criticando sus errores. Esto, sin embargo, no beneficia al jugador; al contrario, lo hunde más. 

Esa falta de experiencia en la gestión de personas puede hacer que el entrenador adopte una actitud de superioridad, como si estuviera en un trono y los jugadores fueran sus súbditos que deben hacer todo tal como él dice. Pero, esa no es la manera correcta de trabajar en el fútbol formativo. 

“Es fundamental que el entrenador sea consciente de la importancia de una comunicación positiva y constructiva, que motive a los jugadores a mejorar y a confiar en sí mismos.”

El bocadillo psicológico

Un concepto en el que insisto mucho es la técnica conocida como el “bocadillo psicológico”. Los psicólogos lo llaman así, y es algo que los entrenadores podemos utilizar con gran efectividad para corregir a nuestros jugadores de manera positiva.

Cuando te enfrentas a la necesidad de corregir un aspecto del juego de un jugador, es fundamental que sigas esta técnica. 

1. Destacar las fortalezas

Primero, empieza por destacar las fortalezas o destrezas que ese jugador tiene. Es la “primera rebanada de pan” en el bocadillo. 

Cuando le dices al jugador algo positivo sobre su trabajo en el campo, se abre mental y emocionalmente, lo que le predispone a recibir bien cualquier corrección que venga a continuación.

2. Corrección constructiva

Luego, una vez que has logrado que el jugador esté receptivo, puedes introducir la corrección que deseas hacerle. Este es el “relleno” del bocadillo, la parte central. Debido a que el jugador ya se siente valorado, estará mucho más dispuesto a aceptar y trabajar en la corrección que le estás indicando. Se siente motivado porque sabe que confías en él, ya que antes le has reconocido algo positivo.

3. Confianza en que puede conseguirlo

Finalmente, cierras el bocadillo con otra afirmación positiva. Le dices al jugador:

–“Sé que puedes mejorar esto, confío en tu capacidad para hacerlo”. 

Esto refuerza nuevamente la confianza que has depositado en él y le asegura que la corrección que le has dado es con la intención de ayudarle a crecer, no de criticarle.

Resultado

Este enfoque hace que el jugador se sienta motivado y apoyado, en lugar de desanimado o frustrado. Al aplicar esta técnica, estás corrigiendo aspectos específicos del juego, pero también estás construyendo una relación de confianza y respeto con tus jugadores. 

El jugador no se sentirá desanimado ni te verá como alguien que solo critica; al contrario, verá que te importa su desarrollo individual y que quieres ayudarle a crecer como deportista.

Hay muchos entrenadores que ya están utilizando esta técnica con éxito, pero también hay otros que todavía no lo hacen o que no han entendido completamente la importancia de una buena comunicación positiva con sus jugadores. 

“Ser positivo es esencial, especialmente cuando trabajamos con miras a un desarrollo a largo plazo.”

Una pregunta clave que me hago y que invito a otros entrenadores a considerar es: ¿cómo te comunicas con tus jugadores? ¿Te resulta difícil? ¿Les miras a los ojos cuando les hablas? ¿Utilizas técnicas como el bocadillo psicológico, o simplemente adoptas una actitud autoritaria?

Aprovecha todo momento

Imagina que estás en un entrenamiento o en un partido, y necesitas corregir a un jugador. A veces, no puedes detener el ritmo del entrenamiento para tener una conversación prolongada. Sin embargo, puedes aprovechar momentos breves, como un cambio de ejercicio o una pausa para beber agua, para hacer correcciones rápidas y efectivas.

Lo importante en estos casos es cómo das ese feedback. 

“Un buen entrenador no solo da correcciones, sino que las ofrece de manera que motiven al jugador.” 

Por ejemplo, si le dices a un jugador:

– “Juega mejor”. 

Corrige especificando

Eso es un feedback, pero es tan vago que no sirve de mucho. En cambio, si le dices:

– “Asegúrate de bajar a defender cada vez que perdemos el balón”. 

Estás siendo mucho más específico, y el jugador sabrá exactamente qué debe mejorar.

Por supuesto, estas correcciones deben ser rápidas y no interrumpir el flujo del entrenamiento. Si un jugador, por ejemplo, dispara mal a puerta, en lugar de decirle simplemente:

– “Mejora tu tiro”. 

Podrías darle una instrucción concreta como:

– “Coloca bien el pie de apoyo e inclina el cuerpo hacia delante para que el disparo no salga alto”. 

Luego, puedes añadir un comentario motivador: 

–“No te preocupes, sigue practicando y verás que mejorarás. Confío en ti”.

Este tipo de comunicación es muy importante porque, además de corregir técnicamente, estás motivando al jugador y fortaleciendo su confianza

Sin embargo, he observado que muchos entrenadores se centran más en la ejecución perfecta de los ejercicios y se olvidan de dar este tipo de feedback personalizado y motivador.

La información necesaria

Además, es importante no sobrecargar a los jugadores con instrucciones constantes durante los partidos. Si les dices todo lo que tienen que hacer, ellos dejan de pensar por sí mismos. Debemos formar jugadores que sean capaces de tomar decisiones en el campo, de aprender de sus errores y de adaptarse a las situaciones del juego. Si les das todas las instrucciones, los conviertes en autómatas que siguen órdenes sin entender el porqué de lo que están haciendo.

El crecimiento del jugador a largo plazo

El crecimiento del jugador a largo plazo

Por eso, es fundamental aprovechar los descansos y los momentos de pausa para que los jugadores reflexionen y se hagan preguntas sobre lo que está ocurriendo en el campo. Así, en lugar de ser simplemente el “director de la orquesta”, estarás ayudando a tus jugadores a convertirse en futbolistas más inteligentes y autónomos, capaces de mejorar continuamente su rendimiento.

En ese momento es cuando el entrenador debe ser un verdadero líder, pero no por lo que dice, sino por cómo maneja ese descanso. Si tienes algo importante que decir, no es lo primero que debes hacer. Pregunta a tus jugadores: 

–“¿Cómo veis el partido? ¿Qué cosas podemos mejorar?” 

Si nunca has hecho esta pregunta, te sorprenderás al descubrir cuánto saben tus jugadores. A menudo, aquello que ibas a señalar ya lo han identificado ellos mismos.

A mayor libertad, más compromiso

¿Qué logras al permitir que los jugadores expresen los problemas que han surgido en el primer tiempo? Consigues que se comprometan más. Si eres tú quien establece los objetivos, esos objetivos son tuyos, no de ellos. Es fundamental que los jugadores se involucren totalmente en el juego, y para comprometerse, deben participar activamente y tomar decisiones.

Plantea preguntas como:

– “¿Qué podemos hacer para mejorar esto?” 

En lugar de dar respuestas. Al hacer preguntas, fomentas que el jugador reflexione y tome decisiones. Sin embargo, para que esto funcione, debe haber un ambiente de confianza. Si un jugador siente que será criticado o reprendido por tomar una decisión, no se atreverá a hacerlo. 

Los jugadores deben sentirse seguros de que pueden intentar, fallar y aprender de sus errores sin miedo a represalias.

Aceptar responsabilidades

Cuando se fomenta esta dinámica, al final del partido, los jugadores pueden darse cuenta de que las decisiones que tomaron no fueron las mejores y aceptar colectivamente la responsabilidad del resultado. No culpan al árbitro ni a las circunstancias; reconocen sus propios errores y entienden que fallaron juntos.

Aceptar estos errores es muy poderoso porque envía un mensaje claro: 

–“Podemos cambiar, podemos aprender de estos errores.” 

Esto implica que, durante los entrenamientos, no solo el entrenador, sino todo el equipo estará comprometido en corregir esos errores.

Un entrenador que aplique esto con sus equipos verá una mejora significativa, mucho más allá de solo trabajar en los aspectos técnico-tácticos y físicos. Estos aspectos son importantes, pero sin el componente mental y emocional, solo se alcanza el 50% del rendimiento. El otro 50% proviene de todo lo que hemos discutido.

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El crecimiento del jugador a largo plazo

Es fundamental tener en cuenta que cuando los jugadores son capaces de tomar decisiones y existe una buena comunicación entre ellos, se fomenta un espíritu de equipo mucho más saludable. 

En este entorno, los jugadores pueden expresar y recibir comentarios de manera respetuosa y constructiva, sin que haya lugar para la envidia o el rencor. 

La comunicación efectiva permite que todos los miembros del equipo trabajen juntos por un objetivo común, y se sienten libres para hacer sugerencias con el fin de mejorar el rendimiento colectivo.

Un ejemplo 

Imaginemos que en un equipo hay un portero muy valiente que tiende a salir del área con frecuencia. En una reunión respetuosa y colaborativa, uno de sus compañeros podría decirle: 

–“Oye, quizás sales demasiado del área y pones en riesgo la portería. Podríamos intentar hacerlo solo cuando estemos dominando el partido y atacando constantemente. ¿Qué piensas?” 

En lugar de sentirse criticado, el portero recibe esta información como una observación constructiva que quizás no había considerado antes. 

Él podría responder explicando sus razones, indicando que lo hace para mantener la superioridad numérica, y a partir de ahí se genera una conversación que beneficia y enriquece a todo el equipo.

Una buena comunicación evita conflictos

Esta dinámica evita que los jugadores critiquen a espaldas de sus compañeros, lo que suele generar conflictos o malentendidos. En cambio, aquí vemos que todo se dice con respeto y con la intención de mejorar, sin herir a nadie. 

Este tipo de comunicación abierta y sincera es increíblemente enriquecedora para los jugadores porque les permite entender cómo perciben sus compañeros su forma de jugar, su carácter y sus contribuciones al equipo.

visión del potencial del jugador

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Es importante destacar la importancia de establecer metas para los jugadores cuando se trabaja a largo plazo. Una vez que has tenido la oportunidad de conocer bien a tus jugadores, lo cual puede tomar un mes o quizás un poco más, es esencial hacer un trabajo de síntesis. Este proceso implica identificar los aspectos que cada jugador necesita mejorar y aquellos en los que ya sobresale.

Una vez que has evaluado estas áreas, el siguiente paso es hablar con el jugador y establecer metas claras. Todos los deportistas de élite trabajan con objetivos, ya que es la única manera de desarrollarse y alcanzar su máximo rendimiento. Estas metas deben ser específicas, medibles y alcanzables, pero también deben representar un desafío para mantener al jugador motivado. 

Si el objetivo es demasiado fácil, el jugador podría no entrenar con la intensidad necesaria. Por otro lado, si el objetivo es inalcanzable, podría desmotivarse.

Equilibrio

Es importante que estas metas tengan un equilibrio entre ser ambiciosas y realistas. El entrenador debe conocer bien a sus jugadores para poder establecer metas que sean alcanzables pero que también requieran esfuerzo, lo que motivará al jugador a luchar por ellas. 

Por ejemplo, podrías decirle a un delantero: 

–“Estás logrando muchos goles gracias a tu formidable disparo. Es potente y preciso. ¿Qué te parece si te centras en mejorar tu pierna menos hábil?

Esto le ayudaría a marcarse un objetivo claro y alcanzable, como empezar a marcar goles con su pierna izquierda en un plazo determinado.

Además de las metas técnicas, también es importante establecer metas relacionadas con la actitud y el comportamiento. Por ejemplo, si un jugador tiende a aislarse de sus compañeros, podrías sugerirle:

–“Como te cuesta relacionarte con tus compañeros, ¿qué te parece si procuras centrarte en mejorar esa relación interpersonal dentro del equipo? Esto no solo te ayudará a sentirte más integrado y a gusto, sino que también contribuirá a tu rendimiento en el campo.” 

Fijar metas y establecer un seguimiento

Es cierto que muchos entrenadores ya están implementando la práctica de establecer metas para sus jugadores, pero a menudo se olvidan de un aspecto básico: no basta con fijar una meta y luego olvidarse. Es esencial proporcionar retroalimentación constante al jugador para que sepa cómo está progresando. Por ejemplo, podrías decirle: 

–“El otro día vi en el partido que por fin disparaste varias veces con la pierna izquierda. Aún no has metido gol, pero estoy súper contento. Sigue así, este es tu objetivo, acuérdate.” 

Este tipo de feedback cambia todo, ya que demuestras al jugador que estás atento a su progreso y que valoras su esfuerzo hacia la meta que le has propuesto.

Metas individuales

No debes olvidar que los objetivos son diferentes para cada jugador. Cada uno tiene habilidades y debilidades diferentes, por lo que sus metas también deben ser distintas. Como entrenador, conoces a tus jugadores a la perfección porque los ves casi todos los días. Sabes cuáles son sus puntos fuertes y débiles, y por dónde debes enfocar tu trabajo con cada uno. Sin embargo, no basta con que tú lo sepas; es fundamental que el jugador también sea consciente de sus objetivos y que los tenga presentes para motivarse y luchar por ellos.

El crecimiento del jugador a largo plazo

El crecimiento del jugador a largo plazo

Creo que la principal cualidad que debe tener un entrenador para alcanzar estos objetivos a largo plazo es la paciencia. Es muy importante no desanimarse cuando tus jugadores fallan, para mantener el optimismo y darle la vuelta a la situación cuando las cosas no salen como esperabas. 

La paciencia no es algo que se aplique solo en un momento puntual, sino que debe mantenerse a lo largo del tiempo, y eso es lo que llamamos constancia. Ser constante significa seguir trabajando con la misma motivación y optimismo, independientemente de las circunstancias, durante toda la temporada.

Tus jugadores no deben percibir que has perdido la confianza en ellos, aunque hayas tenido un mal día. Tienes que ser constante en tu trabajo y no desanimarte, porque al final, quienes más se benefician de todo esto son tus jugadores, ya que aprenderán muchísimo de ti.

Así que, mi consejo es que reflexiones sobre si eres un entrenador paciente y constante, o si hay áreas en las que necesitas mejorar. Como entrenadores, siempre debemos estar en un proceso de mejora continua, y ese es el propósito de este documento: que todos los entrenadores que desean mejorar tengan herramientas para reflexionar y pensar en cómo podemos desempeñar mejor nuestra labor como formadores.

El crecimiento del jugador a largo plazo. Si deseas profundizar acude a este enlace

Cómo ser un buen entrenador de fútbol

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