El equipo se está hundiendo

El equipo se está hundiendo

El equipo se está hundiendo. Has formado un equipo lo mejor que sabes, utilizando los jugadores que suben del año anterior y completado con aquellos que acuden en busca de un puesto vacante. Y empieza la temporada con mucha ilusión por parte de todos. La pretemporada se prepara muy bien y llegan al inicio de la liga como motos. El equipo funciona más o menos pero con el empujón del inicio se cubre el expediente y pasamos a formar parte del grupo de cabeza de la clasificación. 

Es una farsa.

Cuando un equipo no funciona, más tarde o más temprano se derrumba.

Estamos a mitad de temporada. Los equipos ya se han puesto las pilas y están a nuestro nivel de preparación. La cosa cambia. Las carencias de uno y de otro quedan más a flor de piel. Las diferencias entre unos y otros, también. La falta de unidad entre los jugadores, las críticas entre ellos, la falta de humildad, los comentarios hirientes, los errores constantes en el campo comienzan a ser llamativos y preocupantes.

Se enciende la alarma. ¿Qué le pasa al equipo? Empiezan los movimientos de jugadores: uno aquí, otro allá, aquel fuera y ese dentro. Continúan los partidos sin rumbo, sin orientación. El ambiente se caldea. El equipo se hunde ¿qué pasa? ¿qué más se puede hacer?

La reacción de algunos padres ante esta situación es muy variada. Comienzan las críticas mordaces. Todos son entrenadores y opinan sin darse cuenta de que todo eso provoca una mayor división. Están abriendo un nuevo boquete en el barco por donde entra mucha agua a presión y es imposible achicarla. El barco está a punto de hundirse.

Se ha probado todo y no se da con la tecla adecuada: el barco está a punto de tocar fondo. El entrenador pide ayuda y se pregunta ¿cómo puedo hacer para salvar el barco, si es que se puede? Minuto a minuto, está entrando agua en la bodega y los extractores no llegan a achicarla toda.

Un amigo, pasajero del barco,  le comenta al entrenador que él conoce la forma de salvar el navío. El entrenador le pide consejo y este le explica:

–Tu mirada estaba puesta en los jugadores: este no lucha, a aquel le falta técnica, ese otro no se coloca bien en defensa, el portero duda demasiado, no corren, no entrenan bien, no se esfuerzan… La lista puede seguir tanto como ocurrencias tengamos al respecto. Sin embargo, los jugadores no tienen la culpa. Ellos son el producto de nuestro trabajo.

Los entrenadores somos siempre los responsables del juego de nuestro equipo.

Sin embargo estábamos dirigiendo la culpa hacia los jugadores porque es así como siempre se actúa.

Y es así como muchos equipos terminan las temporadas: jugadores impotentes y desorientados que lo único que reciben son críticas mordaces de su entrenador y de su entorno. Toda la culpa recae en ellos cuando no tienen ninguna responsabilidad ya que ellos son un reflejo del trabajo de su entrenador.

Algunos jugadores se tiran por la borda en pequeñas lanchas salvavidas porque no quieren morir en el barco. Están asustados y abandonan el barco a sus suerte. Olvidan que una lancha en alta mar es muy peligrosa frente a las grandes tempestades. Este abandono incrementa más todavía las dificultades para enderezarlo porque faltan brazos para arrimar el hombro en las maniobras ante el posible naufragio.

El entrenador le pregunta a este amigo:

– ¿y qué puedo hacer yo para salvar este equipo?

– Es algo muy sencillo– comenta el amigo– que te va a llevar mucho tiempo y dedicación pero que vale la pena intentarlo. Lo que ellos necesitan es un entrenador que sea su líder, una persona que les marque el rumbo, alguien que les devuelva la ilusión por entrenar y por jugar, que les ofrezca la seguridad que han perdido desde hace mucho tiempo y que es lo que les lleva a la deriva. Un líder que consiga unir al equipo y multiplicar su fuerza gracias precisamente a esa empatía que transmite con sus comentarios, con sus consejos, con su empuje y con su ejemplo.

Al entrenador se le abren los ojos y acepta el reto con ilusión. Le da las gracias al amigo y le comenta que no se imaginaba que esta fuera la causa de todo y que, siendo así, con esfuerzo y dedicación podrían cambiar las cosas. El amigo, que se aleja del puesto de mando, se gira un momento para dejarle claro con un tono fuerte varias cosas:

  • –que te quieran de verdad y tu también a ellos,
  • – que estén dispuestos a darlo todo por ti, y tu por ellos,
  • – que estén muy unidos entre ellos, y contigo.
  • – que trates a cada uno de forma diferente según sus necesidades,
  • – que seas paciente y comprensivo con sus errores,
  • – que luchéis por metas altas y asequibles,
  • – que seáis  muy humildes.

El barco, sin duda, saldrá a flote porque todos los boquetes del barco se han ido reparando y ahora navega a toda máquina por este precioso mar. Ganará o perderá partidos pero nunca más se hundirá.

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