El mejor entrenador del mundo

El mejor entrenador del mundo en el fútbol formativo

¿Cómo puedo llegar a ser el mejor entrenador del mundo? Es importante plantearse la pregunta de cómo es un buen entrenador formador de fútbol. Mi propuesta se basa en mejorar a los entrenadores. Pero ¿qué significa mejorar? ¿En qué deben mejorar? Ya hemos hablado bastante del entrenador pero en este apartado lo consideraremos bajo el punto de vista de la autoridad y la disciplina.

Ha quedado claro que una de las reglas más importantes del fútbol formativo moderno es que las cosas no se imponen, sino que tu trabajo como formador es lograr convencer al jugador. Cuando lo tienes convencido, ya has ganado la partida; porque todo lo que le digas lo hará, no porque se lo digas, sino porque está convencido de que eso que le indicas es lo mejor para él.

Tú puedes decirle muchas veces que dispare con su pierna izquierda, y lo hará porque se lo exiges. Pero si consigues convencerle de lo importante que es eso para su progresión como deportista y de las ventajas que va a tener ese esfuerzo a largo plazo, entonces tendrás la certeza de que todo funcionará, porque el jugador lo va a realizar siempre que pueda y con toda la intensidad del mundo, sin que tú se lo tengas que repetir muchas veces.

Un buen entrenador es un catalizador del aprendizaje. Debe existir en el alumno una confianza total en lo que el entrenador le transmite y, a su vez, el entrenador debe ser competente para transmitir. Es entonces cuando alcanzamos la eficacia. La confianza permite crear el clima que produce la fertilidad en el aprendizaje.

Y esa confianza la crea el buen entrenador con su grupo. Por eso decimos que la clave del éxito en una escuela de futbolistas se basa en la calidad del profesorado, que debe ser capaz de crear ese clima de confianza entre los jugadores, los padres, la directiva y el resto de entrenadores.

El mejor entrenador del mundo

Transmite optimismo

Los profesores de calidad saben lo importante que es confiar en la capacidad de trabajo de sus alumnos. Eso les permite responder con autoexigencia a los diferentes retos que van apareciendo a lo largo de su aprendizaje, en lugar de acogerse al fatalismo simplón. Los alumnos responden ante esa confianza con esfuerzo y, con el tiempo, van modelando sus capacidades.

Siempre les transmitimos a nuestros alumnos que los grandes deportistas han destacado por una extraordinaria capacidad de trabajo. Algunos objetan que jugadores como Messi nacen con algo innato, pero cuando profundizamos en su vida personal encontramos muchas horas de infancia trabajando con el balón hasta conseguir niveles extraordinarios.

El estímulo del esfuerzo es necesario para todos los alumnos y lo es especialmente para los que tienen más dificultades. Los profesores deben buscar siempre lanzar con claridad este mensaje: “Todos podemos llegar a mejorar como futbolistas y como personas, está en nuestras manos el conseguirlo o no”.

Los alumnos siempre deben encontrar a sus profesores con los brazos abiertos, disponibles para ayudarles en su afán de superación constante. Esa seguridad que encuentran en su entrenador es la base de su crecimiento personal.

Genera un ambiente de disciplina

Vemos la formación de un niño en analogía con el cultivo de un árbol. Si recibe las atenciones pertinentes de joven, crece bien. Pero si se abandona, se desarrolla según el capricho del viento: “Árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”, dice el refrán.

No somos partidarios de la educación rígida que recibieron nuestros padres y está claro que es bueno educarlos con cierta libertad, pero deben saber que existen normas que se deben cumplir. La experiencia nos dice que la disciplina que encuentran los jugadores es fuente de seguridad, porque saben en todo momento dónde están y cómo deben actuar.

A los padres les encanta detectar en un centro deportivo esa disciplina que expresa seguridad y seriedad. Y los chicos la valoran y aprenden a respetar esas normas con responsabilidad.

La puntualidad, el respeto a los demás, la uniformidad, el orden en el vestuario, el cuidado del material deportivo…, son normas habituales que los chicos deben afrontar desde el primer momento que pisan la ciudad deportiva. Eso facilita mucho las cosas y crea un ambiente propicio para el aprendizaje.

El mejor entrenador del mundo utiliza la estrategia de la confianza

El éxito y la confianza son el verdadero impulsor motivacional. El alumno que confía en su entrenador puede encontrar estimulante esforzarse sin esperar una recompensa inmediata. Cuando esto pasa, se siente orgulloso de su comportamiento, aprende más, fortalece su personalidad y se prepara mejor para la vida real.

Como podemos ver, mientras aprende a jugar al fútbol, consigue conocerse mejor a sí mismo, descubre cómo diseñar nuevas estrategias de éxito ante las dificultades y sabe someterse a la disciplina del esfuerzo.

En definitiva, podemos afirmar con seguridad que no hay métodos malos en manos. El mejor entrenador del mundo  es capaz de crear en sus jugadores un ambiente de estímulo, seguridad y confianza.

    Facebook
    Twitter
    LinkedIn
    Pinterest
    Tumblr
    WhatsApp
    Email
    Telegram

    Deja un comentario

    Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

    Scroll al inicio