El poder de creer en el jugador. Durante mis primeros años como entrenador, pensaba que mi valor estaba en la pizarra.
Me pasaba las noches diseñando la salida de balón perfecta. Buscaba ejercicios en YouTube que hicieran que mi equipo pareciera un reloj suizo. Y cuando llegaba el sábado y el niño que siempre fallaba el control volvía a fallar, yo sentía una mezcla de frustración y resignación.
Pensaba: “Bueno, es que no tiene nivel”. O peor aún: “Yo ya se lo he explicado, no da para más”.
Qué equivocado estaba.
La verdad es que me costó años entender que estaba buscando las llaves bajo la farola solo porque ahí había luz, cuando en realidad las había perdido en la oscuridad.
Estaba cómodo en la “zona iluminada” de la táctica y el ejercicio, pero el verdadero aprendizaje ocurre en la oscuridad: en las emociones, en los miedos y en lo que no se ve a simple vista.
Hoy quiero hablarte de algo que escuché recientemente en una entrevista maravillosa del canal Aprendemos Juntos Mex al profesor Sergio Juárez. Su historia no es de fútbol, es de una escuela primaria en una zona muy humilde de México, pero te prometo que, si eres entrenador formador, esto te va a remover por dentro.
La chispa oculta bajo el miedo
Sergio cuenta que, al principio, veía en sus alumnos resignación en lugar de curiosidad. Hasta que entendió que en cada niño hay una “chispa de genialidad” esperando ser descubierta. A veces, esa chispa está enterrada bajo toneladas de miedo, silencio o falta de oportunidades.
¿Te suena esto en tu equipo?
Seguro que tienes a ese jugador (o jugadora) que se esconde en la banda. Ese que, cuando recibe el balón, se lo quita de encima como si quemara.
Yo solía pensar que a ese niño le faltaba técnica. Ahora sé que lo que le faltaba era que alguien lo mirara a los ojos y le dijera: “Creo en ti”.
El profesor Juárez habla de Paloma Noyola, una niña que se sentaba al fondo, con la cabeza baja. Una niña que el sistema ya había dado por perdida. Pero cuando Sergio cambió la pregunta y le hizo sentir que su curiosidad valía la pena, Paloma no solo levantó la cabeza: fue considerada por una revista internacional como la próxima “Steve Jobs”.
Ojo, y aquí viene lo importante para nosotros los entrenadores: Sergio insiste en que no fue mérito suyo. Él dice: “No fui yo, fue ella al lograr creer en sí misma”.
Nuestra misión no es meter el gol por ellos. Es convencerles de que son capaces de chutar.
El error como brújula, no como sentencia
Hay una frase de la entrevista que se me quedó grabada: “El miedo achica la mente”.
Piénsalo un segundo. ¿Cuántas veces hemos gritado desde la banda “¡No la pierdas!”? Sin darnos cuenta, estamos inyectando miedo.
Y un niño con miedo no crea, no arriesga, no aprende. Solo obedece.
Sergio cuenta que tuvo que cambiar las reglas del juego en su aula. Les dijo a sus alumnos: “Ahora no avanzamos por saber, avanzamos por atrevernos”.
¿Te imaginas aplicar esto en tu próximo entrenamiento? ¿Te imaginas decirle a tu equipo: “Hoy no quiero pases perfectos, quiero que intentéis el pase que os da miedo fallar”?
Yo lo he probado. Y te confieso que al principio es un caos. El balón se pierde. Hay fallos. Pero de repente, ves cómo los hombros de ese niño tímido se relajan. Ves cómo se atreve a regatear.
Porque ha entendido que el error no es un fracaso, es solo una nueva manera de ver el horizonte.
Herramientas para entrenar la confianza en si mismos (y no solo el pase)
Sé lo que estás pensando. “Pedro, todo esto suena muy bonito, muy emotivo, pero tengo 15 niños corriendo y un partido el sábado”.
Lo sé. Yo también estoy ahí cada semana. Por eso, quiero dejarte tres ideas prácticas, robadas directamente de la filosofía de Sergio Juárez, para que empieces a creer en el jugador de una forma tangible:
1. La pregunta humana antes que la técnica
Antes de corregirle el perfil o gritarle que baje a defender, pregúntale: “¿Cómo te sientes hoy?”.
Sergio descubrió que cuando preguntas por la emoción antes que por el contenido (o las tablas de multiplicar), el niño deja de ver a un juez y empieza a ver a un aliado. Si un jugador siente que te importa su persona, se partirá la cara por ti en el campo.
2. El poder del “No sé”
Baja del pedestal. Si un niño te hace una pregunta difícil sobre el juego, o si un ejercicio sale mal, atrévete a decir: “No sé, vamos a descubrirlo juntos”. Eugenio Derbez, quien interpretó a Sergio en la película Radical, decía que esta es la frase más importante porque te hace humano.
Cuando el entrenador se muestra vulnerable, el jugador pierde el miedo a equivocarse.
3. Silencios estratégicos y observación
A veces, como entrenadores, hablamos demasiado. Queremos teledirigir al niño como si fuera un videojuego. Sergio aplicaba la filosofía de Sugata Mitra: organizaba a los niños, les daba un reto y se apartaba. Déjalos resolver. Confía en que, si les das el entorno, ellos encontrarán la solución. La creatividad necesita libertad y un poco de caos.
El acto de fe más poderoso
Para terminar, quiero que te lleves esta reflexión.
El fútbol formativo no va de ganar ligas. Va de transformar vidas. Puede que tengas un equipo con carencias, que entrenéis en medio campo de tierra o que perdáis todos los domingos. Sergio Juárez trabajaba en un aula con goteras, sin internet y con niños marcados por la violencia,. Y aun así, logró magia.
¿Por qué? Porque la educación (y el entrenamiento formativo es educación pura) es “el acto más poderoso de fe”.
Cuando tú crees en un niño, aunque él mismo no lo haga, estás cambiando su destino.
No importa si llega a primera división o si deja el fútbol a los 18 años. Si logras que crea en sí mismo, ya has ganado el partido más importante.
Gracias, Sergio, por recordarnos que los verdaderos superhéroes no llevan capa, llevan la convicción inquebrantable de que nadie se queda atrás.
Nos vemos en los campos.