Enseñando a pensar en el fútbol formativo

Enseñando a pensar en el fútbol formativo

Enseñando a pensar en el fútbol formativo. En el fútbol formativo, enseñar y aprender a pensar es fundamental, pero a menudo no sabemos cómo implementarlo con nuestros jugadores. Tal vez necesitemos cambiar nuestra forma de gestionar el equipo. ¿Y si les damos a ellos la iniciativa y les permitimos tomar decisiones durante el partido? Para lograrlo, debemos dejar que sean los verdaderos protagonistas.

Eso nos motiva más a los entrenadores, porque al final de la temporada el resultado puede ser muy diferente si somos capaces de trabajar a largo plazo con nuestros jugadores y no centrarnos tanto en el partido del fin de semana. Nos obsesionamos con el partido. Es un veneno que puede afectarnos: la competitividad.

Queremos que los jugadores desarrollen su capacidad de tomar decisiones, analicen las situaciones de juego y encuentren soluciones por sí mismos. Esto no solo les hará mejores futbolistas, sino también personas más autónomas y responsables.

Para lograrlo, es esencial que los entrenadores adopten un papel más de guías que de directores. En lugar de dar órdenes constantes, debemos fomentar el diálogo, la reflexión y la retroalimentación. Al principio, puede ser un proceso complicado y llevará tiempo, pero los beneficios a largo plazo son significativos.

El objetivo es formar jugadores que entiendan el juego y puedan adaptarse a diferentes situaciones sin depender de instrucciones externas. Así, cuando se enfrenten a desafíos en el campo, estarán mejor preparados para superarlos de manera efectiva. Este enfoque, centrado en el desarrollo del pensamiento crítico y la autonomía, es clave para el crecimiento integral de los jóvenes deportistas.

Terminan convirtiéndose en pequeños robots que juegan al fútbol sin tomar decisión alguna, esperando a que el entrenador les diga lo que deben hacer en cada momento. Lamentablemente es así.

Sin embargo, este enfoque a corto plazo puede ser perjudicial para el desarrollo a largo plazo de los jugadores. Al no permitirles tomar sus propias decisiones, limitamos su capacidad de aprendizaje y crecimiento. Por ello, es importante que los entrenadores comprendan la importancia de este cambio y se esfuercen en implementarlo, a pesar de las dificultades iniciales.

Es un proceso de transformación que requiere tiempo, pero que sin duda dará frutos en el futuro. Formar jugadores inteligentes, capaces de analizar el juego y adaptarse a distintas situaciones, es el objetivo final y la recompensa de este esfuerzo.

Las instrucciones que se oyen en el campo son:

– ¡Cambia de orientación! ¡Retrocede! ¡Marca por detrás! ¡Pasa la pelota a tu compañero que está libre!, etc.

Es esencial ayudar a los entrenadores en este proceso de cambio. Debemos intervenir para orientar al entrenador:

– Déjales que jueguen ellos, no les digas tantas cosas. Permíteles que piensen ellos aunque se equivoquen.

La respuesta que me dio el entrenador me hizo reflexionar:

– Me da pena por los jugadores, porque podían hacerlo mejor y no están jugando a nada.

– Pero si lo están haciendo muy bien, me está gustando mucho cómo juegan –tuve que aclararle ante su falta de objetividad–. No te importe tanto el resultado y disfruta de lo que les has enseñado hasta ahora. Posiblemente lo harán mejor si eres capaz de detectar sus errores durante el partido y corregirlos con ellos en los entrenamientos. Pero ahora no es el momento de corregir nada. Ahora toca animarles a que lo hagan lo mejor posible y ya está.

El aprendizaje ocurre cuando se transforman las estructuras cognitivas de los individuos. Cada nueva información que se les ofrece en los entrenamientos es analizada a la luz de los conocimientos previos que ya poseen en sus estructuras cognitivas. Esta capacidad de contrastar y modificar la información permite a los jugadores ampliar o corregir sus esquemas de conocimiento, lo que conduce al aprendizaje efectivo.

Es fundamental comprender que nuestros jugadores necesitan nuestra ayuda para transformar sus estructuras cognitivas. Como entrenadores-formadores, nuestro objetivo debería ser facilitar este proceso, no simplemente buscar obediencia y respeto hacia nuestras indicaciones. Más bien, debemos guiarles para que construyan sus propios esquemas de conocimiento, lo que les permitirá ser flexibles y tomar decisiones acertadas en cualquier situación.

En este sentido,

“Enfrentarse a problemas o errores en el campo es fundamental para el desarrollo cognitivo de los jugadores. Los desafíos estimulan el esfuerzo, el cambio y la adaptación, lo cual es esencial para el aprendizaje significativo.”

El entrenador mencionado previamente estaba desaprovechando esta oportunidad al resolver los problemas por los jugadores en lugar de permitirles aprender de ellos. Su enfoque, orientado hacia beneficios a corto plazo, no estaba contribuyendo al desarrollo integral de los jugadores.

¿Quieres corregir para un momento o para toda la vida?

Esta es la pregunta clave que como entrenador hemos de hacernos. Imposible que lo puedan plantear los entrenadores competitivos. Buscan ganar y no les importa para nada la formación inteligente de sus jugadores. Pero un entrenador formador, no dudará en escoger la segunda opción.

Cada día desaprovechamos gran cantidad de pequeños desafíos que se presentan sin buscarlos y que ignoramos por no darle la importancia que tienen.

“Si ayudamos a nuestros deportistas a solucionar los problemas sugiriendo las soluciones, les evitamos el proceso de contrastación y de acomodación. No han buscado soluciones alternativas, no han seleccionado, ordenado, comparado o clasificado; tampoco han filtrado ni trasmitido un significado específico a esa solución por lo que en su cerebro no ha habido cambio cognitivo.”

Es fundamental entender que el verdadero aprendizaje no ocurre en el fragor del partido, donde las emociones y la presión son altas, sino en los entrenamientos, donde hay tiempo y espacio para la reflexión, la experimentación y la corrección.

Es aquí donde los entrenadores deben centrar sus esfuerzos, proporcionando un entorno de aprendizaje en el que los jugadores puedan desarrollar las habilidades cognitivas necesarias para enfrentarse a los desafíos del juego de forma independiente.

Tenemos dos opciones a la hora de corregir a nuestros jugadores.

La primera opción consiste en ir corrigiendo los aspectos que han realizado mal mediante indicaciones prácticas: “baja a defender cuando pierdes un balón”, “debes abrirte cuando empezamos a jugar”, “acércate al poseedor del balón para apoyarle”, etc. Sin embargo, hemos visto que este enfoque no funciona, ya que no les permitimos pensar, sino que solo ejecutan. Por lo tanto, seguirán cometiendo errores posiblemente en otras ocasiones.

Es en ese momento trágico del entrenador cuando comenta:

–Llevo un mes trabajando con ellos este aspecto y siguen fallando. La culpa la tienen los jugadores que no me atienden.

Lamentablemente, la culpa recae en el entrenador porque no ha sabido desarrollar un pensamiento reflexivo en sus jugadores. Los ha teledirigido constantemente en su afán de ganar partidos. Los partidos se ganarán más adelante. Lo que realmente necesitan urgentemente es formación, no solo ganar partidos de fútbol.

Al final, ellos no ganan, sino que eres tú, a través de tus indicaciones, el que gana los partidos. ¿Qué ventaja tiene esto para ellos? Ninguna. No sirve para nada. Estamos perdiendo el tiempo y los estamos engañando. No vale la pena ganar a cualquier precio, y menos cuando se trata de algo tan importante como su formación como personas.

La segunda opción es enseñarles a tomar decisiones por sí mismo. En este enfoque, el entrenador no solo transmite conocimientos sobre la técnica o táctica del juego, sino que también fomenta el desarrollo del pensamiento crítico y la toma de decisiones de los jugadores. Se les capacita para analizar la situación en el campo, evaluar las opciones disponibles y tomar la mejor decisión en función de las circunstancias.

Es un proceso más complejo y que requiere más tiempo que simplemente dar instrucciones directas, pero los beneficios a largo plazo son significativos. Los jugadores no solo aprenden a ejecutar una acción específica, sino que también comprenden el porqué detrás de esa acción y pueden aplicar ese conocimiento en diferentes situaciones de juego.

“Además, al asumir un papel más activo en la toma de decisiones, los jugadores se vuelven más comprometidos y motivados, ya que se sienten parte del proceso y ven el impacto directo de sus acciones en el juego.”

Como entrenador no me he de empeñar a que sepa realizar una acción sino que además quiera hacerlo y esté convencido de lo importante que es para el juego del equipo. No solucionamos situaciones concretas del juego sino que vamos a las raíces para tomar decisiones inteligentes que sirven dentro y fuera del campo de fútbol.

Ayer presencié un partido de fútbol entre dos equipos formidables. El visitante llevaba dos entrenadores que basan todo su trabajo en meterles presión a los niños, darles instrucciones constantes y gritarles mucho. Toda esa energía la transmitían a sus jugadores que salían como flechas al campo, dándolo todo. A corto plazo, es fácil que se lleven el gato al agua y consigan la victoria.Tres puntos que han luchado hasta la muerte.

El otro equipo, llevado por un entrenador formador, animaba a sus chicos para que pusieran la intensidad adecuada pero les dejaba a ellos tomar las decisiones del partido. Alguna corrección puntual, pero siempre muy positiva y motivadora. Posiblemente, sobretodo al principio de la liga, se equivocaron muchas más veces y tienen menos posibilidades de conseguir los tres puntos. Pero el entrenador sabe que su trabajo está planteado a medio y largo plazo. Que los tres puntos poco importan ahora. Hay que seguir detectando las decisiones mal tomadas para convertirlas en buenas hasta conseguir que ellos mismos sean los que deciden bien cada vez que aparece esa variable trabajada y entrenada.

¿Quieres corregir para un momento o para toda la vida? Enseñando a pensar en el fútbol formativo: https://antoniogandia.es/ensenar-a-jugar-para-luego-ensenar-a-ganar/

Cómo ser un buen entrenador de fútbol

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