Alemania cayó eliminada del Mundial. Japón también. Solo una volvió a casa señalada como un fracaso. Y esa diferencia, que parece un asunto de selecciones, explica muy bien lo que pasa con el entorno en el fútbol base cada fin de semana.
Lothar Matthäus explicó por qué: no fue solo táctica. Fue el «ruido interno». Familias, privilegios de viaje, tensiones de hotel que se colaron en la concentración desde el primer día del torneo.
Japón, eliminado en la misma ronda, volvió recibido como héroe. No ganaron el Mundial. Ganaron otra cosa: el respeto de su propia afición, por cómo compitieron y por cómo se despidieron. Dos eliminaciones, dos recibimientos opuestos. La diferencia no estuvo en el marcador.
Cuando el entorno se convierte en ruido
Matthäus lo dijo con otras palabras, pero lo dijo claro. Cuando el entorno pesa más que el juego, el equipo se distrae. Vuelos distintos para unas familias y otras, presencia constante desde el inicio del torneo, tensiones que nunca llegaron a los medios pero sí al vestuario.
Lionel Barrachin, psicólogo del deporte, ve esto mismo cada temporada en categorías base: «El 90% o más de los casos de bloqueo viene del entorno cercano. Son los padres». Y no hace falta mala intención. La presión bien intencionada, dice, «consigue el efecto contrario» al que buscaba.
Omar Cortés, también psicólogo, lo explica desde la neurociencia: cuando el entorno activa el modo supervivencia, «el hipocampo es incapaz de actuar. No está ocurriendo aprendizaje». Un niño que juega con miedo no está aprendiendo fútbol. Está sobreviviendo un domingo.
El ruido de la minoría
Aquí aparece el paralelismo más incómodo con lo que vimos en el Mundial. No hace falta que todo el entorno sea tóxico para que lo parezca. Jesús Vicente Ruiz, investigador y formador, lo resume con un ejemplo que cualquier entrenador reconoce: «25 familias están viendo el partido y actuando de forma respetuosa, y hay un padre o una madre gritando. El foco se irá hacia ese padre. Obviaremos a las otras veinte personas que actúan en positivo».
Kike Fernández, entrenador, lo plantea como una elección constante: «Que se conviertan en el entorno que te protege, no el entorno que intoxica». La diferencia entre Alemania y Japón, salvando las distancias, es exactamente esa. Quién marcó el tono cuando las cosas se pusieron difíciles.
Cuando el entorno se convierte en motor
Pero el entorno no es solo un riesgo. Bien gestionado, es la ventaja competitiva más infravalorada del fútbol base. Diego Aguirre, director deportivo, lo resume sin rodeos: «Si tú quieres un muy buen ambiente en tu club, tiene que haber una comunicación con los padres brutal. Esto lo salva todo».
Juan José Rodríguez Morales, responsable de un club de Carlet, construyó todo su proyecto sobre esa idea: «Nuestra preocupación desde que iniciamos este proyecto fue la de educar el entorno. El fútbol es una escuela de vida». No entrenaron solo a los niños. Entrenaron también a quienes los rodean.
Herramientas para construir el entorno en el fútbol base
Hay gestos concretos que marcan la diferencia. Daniel Dos Santos, entrenador, insiste en el «coche silencioso»: no analizar el partido camino a casa, porque «eso no es el rol del padre, eso es el rol del entrenador».
Ángel González Jareño lo resume así: «Un entorno adulto de verdad puede hacer maravillas. Pero si ese entorno se comporta de una manera equivocada, puede ser demoledor». Y Pau Cecilia lo deja en una frase que debería colgar en cada vestuario: «Que se dediquen a ser padres, no a ser hooligans».
Edu Covelo, entrenador y formador, añade la pieza que cierra el círculo: «Tienen una influencia en los chicos tal que son capaces de hacer que un chico odie el deporte o esté enamorado del deporte». El adulto no acompaña al entorno. Es el entorno.
El entorno no elige, elegimos nosotros
Sonia Kliass, psicóloga especializada en desarrollo infantil, lo pone en perspectiva. De cada 10.000 niños que pasan por el fútbol base, solo uno llegará a profesional. «Hay que pensar en todos los otros 9.000 y tantos que van a tener una experiencia. Es una responsabilidad muy grande».
Pere Lavega, catedrático de la Universidad de Lleida, remata la idea: «El deporte en sí no educa. El entrenador, el árbitro, los jugadores y los familiares pueden promover valores o contravalores».
Alemania volvió a casa señalando culpables. Japón volvió a casa señalando ejemplos. La próxima eliminación —o la próxima victoria— de tu equipo empieza mucho antes del pitido inicial. Empieza en el entorno que construyes cada semana. ¿Qué entorno estás construyendo tú alrededor del tuyo?
Gracias a Lionel Barrachin, Omar Cortés, Jesús Vicente Ruiz, Kike Fernández, Diego Aguirre, Juan José Rodríguez Morales, Daniel Dos Santos, Ángel González Jareño, Pau Cecilia, Edu Covelo, Sonia Kliass y Pere Lavega, expertos de nuestra Plataforma.
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