Entrenar valores en el fútbol.

Entrenar valores en el fútbol ¿Por qué hago trampas a mis jugadores?

Entrenar valores en el fútbol. Siempre he sido bastante perfeccionista preparando mis entrenamientos.

Quería que todo fluyera, que nadie se quejara, que hubiera un silencio respetuoso y una ejecución limpia. Si había un conflicto o una pelea, sentía que había perdido el control de la sesión. Me iba a casa pensando que no había sabido gestionar el grupo.

Con el tiempo he cambiado de idea. El conflicto no es el enemigo; es la gasolina del aprendizaje.

Charlando con Carles González en el INEF de Barcelona, me explotó la cabeza con un concepto que va en contra de todo lo que nos enseñan en los cursos de entrenador: la pedagogía del conflicto.

Carles se define a sí mismo como un “provocador nato”. Y su método consiste, básicamente, en hacerle la vida imposible a sus alumnos en un entorno controlado.

Entrenar valores en el fútbol.

Entrenar valores en el fútbol.

La teoría de Carles es aplastante:

No puedes pedirle a un niño que se autocontrole ante un árbitro injusto el sábado, si nunca ha vivido esa injusticia en el entrenamiento.

Poner una pancarta que diga “RESPETO” en el campo queda muy bien para la foto, pero no cambia comportamientos. Los valores no se leen, se sienten.

Por eso, Carles genera situaciones de conflicto artificiales. Se pone a arbitrar y se equivoca a propósito. Pita faltas que no son. Ignora fueras de banda claros.

¿El objetivo? Que el jugador “salte”. Y cuando salta, Carles para el juego. Reflexión rápida (“tiempo muerto”), gestionan la emoción y vuelven a jugar. Es un simulador de vuelo para la vida real.

Carles me contó un ejercicio que utiliza en sus clases y que es brutalmente efectivo para trabajar la empatía y la conciencia social.

Reparte unas tarjetas con roles sociales antes del partido. A un jugador le toca la tarjeta de “Mujer en el deporte”. Juega normal, con un peto distintivo. Pero cuando marca gol, Carles dice que no vale. “¿Cómo que no vale?” “No. Tus goles no suman.”.

El alumno siente la rabia de la discriminación en su propia piel. No es una charla teórica sobre igualdad; es una injusticia vivencial.

Otro ejemplo: la tarjeta de “La Patera”. Al jugador que le toca, se le prohíbe pasar de medio campo. Está marcado socialmente. Intenta avanzar para tener una vida mejor (atacar), pero el sistema (las reglas del juego) no se lo permite.

Al finalizar, el debate que se genera no tiene precio. Han vivido el valor desde el corazón, no desde la cabeza.

Sin embargo, aplicar esto tiene un coste. Carles admite que a veces se siente “solo” en la universidad.

Vivimos en la era del dato. El sistema académico y deportivo premia lo que se puede medir en una hoja de cálculo: el lactato, la velocidad, los kilómetros recorridos. Eso es fácil de publicar y de vender.

Pero, ¿cómo mides la empatía? ¿Qué máquina te dice cuánto ha mejorado el respeto de un niño tras un ejercicio?

Carles critica que la formación de técnicos siga anclada en el sota, caballo y rey: técnica, táctica y preparación física.

Queremos formar personas, pero los cursos nos enseñan a formar máquinas de rendimiento.

Es más fácil evaluar un test de Cooper que evaluar si un entrenador está creando buenas personas. Y esa es la trampa en la que caemos todos.

En la Plataforma de Fútbol Formativo, compartimos esta visión de “ir más allá del dato”.

• Nuestros expertos en psicología, como Alex Anderez, insisten en que el cerebro del niño necesita herramientas para gestionar la frustración. El método de Carles es perfecto porque crea un “entorno seguro” donde fallar y enfadarse no tiene consecuencias graves, permitiendo al educador intervenir.

• También se alinea con lo que defendemos sobre el rol del entrenador: dejar de ser un instructor de gritos y convertirse en un facilitador de experiencias, incluso si esas experiencias son incómodas al principio.

Quizás el próximo entrenamiento no debas buscar la perfección. Quizás debas pitar un penalti injusto en el partidillo final.

Cuando tus jugadores protesten (porque lo harán), no los calles. Reúnelos. Pregúntales qué sienten. Enséñales que en la vida y en el fútbol, a veces las cosas no son justas, y que nuestra grandeza se mide por cómo reaccionamos ante eso.

Como dice Carles,

Los valores intangibles son difíciles de medir, pero son los únicos que permanecen cuando se apagan los focos del estadio.

¿Te animas a “provocar para educar” esta semana?

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Para profundizar en las dinámicas de Carles González y cómo aplicarlas paso a paso, no te pierdas la entrevista completa en nuestro canal.

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