Equivocarse es clave en el fútbol base. Te confieso que hubo una época en la que me frustraba muchísimo cuando mis jugadores fallaban un pase fácil durante el fin de semana. Pensaba que si se equivocaban, era porque yo estaba haciendo un mal trabajo durante la semana. ¿Te ha pasado alguna vez?
A menudo creemos que el éxito de un formador se mide por la perfección matemática de la ejecución de sus jugadores. Pero estaba completamente equivocado. Estaba mirando mi propio ombligo en lugar de mirar al chico.
Hoy vamos a explorar el segundo pilar de nuestra Plataforma de Fútbol Formativo: la metodología centrada en el niño y el poder del error.
El niño en el centro, tú a un lado
La primera gran barrera que debemos romper es nuestro propio ego. Nos gusta sentirnos directores de orquesta, pero como nos advierte Alberto Martín Barrero, coordinador del Betis, tenemos que grabar esto a fuego en nuestra mente: “el centro es el niño, no el entrenador”.
Si queremos formar personas libres y jugadores inteligentes, debemos diseñar contextos donde ellos tomen las decisiones. Sito, uno de nuestros formadores de referencia, lo tiene clarísimo: “ellos deben ser los protagonistas”. Nosotros solo somos los guías que preparan el escenario.
Si el niño no decide, el niño no aprende, solo obedece.
El error no es un fracaso, es la lección
Aquí es donde nos estrellamos con el modelo tradicional. En el fútbol profesional, el error se castiga con el banquillo. En el fútbol base, el error es el material con el que construimos el talento.
Juan Bañasco lo resume con una frase que debería estar en todos los vestuarios: “El pilar fundamental del aprendizaje es la equivocación”.
Piensa en Alisa, una de las madres que forma parte de nuestra Plataforma. Su hijo, que es portero, llegó a encajar 9 goles en un partido. En un entorno tóxico, ese niño habría abandonado el deporte. Sin embargo, con el enfoque adecuado, el objetivo no es evitar los 9 goles, sino conseguir que el niño aprenda de cada fallo para ser más fuerte emocionalmente al día siguiente.
Evaluar lo que de verdad importa
Si el error es bueno y el niño es el centro… ¿por qué seguimos evaluando el éxito solo por los goles a favor y en contra?
Necesitamos cambiar las reglas del juego. Salva Valls nos ha demostrado que esto es posible con el modelo ‘Juga Verd Play’ en el Baix Llobregat. Han creado un sistema donde los comportamientos de los jugadores, los entrenadores y hasta del público en la grada afectan directamente al resultado final del partido. Han conseguido que ser buena persona sume puntos reales en la clasificación.
Herramientas para tu día a día
Sé que transformar un club entero de la noche a la mañana es complicado, pero tú puedes empezar a cambiar tu parcela de influencia hoy mismo con estas tres acciones:
• 1. La regla de los tres segundos (Para entrenadores): Cuando un jugador cometa un error técnico o táctico, muerde tu lengua durante tres segundos. No le grites la solución al instante. Observa su reacción. Si le das el espacio, muchas veces él mismo entenderá por qué falló. Déjale que lo intente de nuevo sin presión.
• 2. Premia la intención, no solo el gol (Para clubes): No basta con nombrar los valores, hay que traducirlos en conductas operativas. Crea tu propio “sello de club” premiando públicamente (con reconocimientos o capitanías) a los niños que muestran esfuerzo, compañerismo o que se atreven a intentar cosas nuevas, aunque fallen.
• 3. Valida la emoción tras el fallo (Para familias): Si tu hijo hace un mal partido, el viaje de vuelta en el coche no puede ser una sala de análisis táctico. Tu única función ahí es escuchar y recordarle que su valor como persona no depende de si el balón entró o no.
No importa si al principio te cuesta no corregir cada detalle. Cada vez que permites que un niño se equivoque en un entorno seguro, estás construyendo a un adulto mucho más resiliente.
¿Qué pasaría si en tu próximo partido celebras el atrevimiento en lugar de castigar el fallo?
Equivocarse es clave en el fútbol base.