Ética del deporte

Ética del deporte: ¿Qué pasa cuando solo importa ganar?

Ética del deporte. Ayer me quedé mirando a un chaval de once años sentado en el banquillo. Tenía la mirada clavada en el suelo, completamente hundido por haber fallado un pase decisivo. Desde la banda, los gritos de la grada le exigían más, como si en lugar de un niño asustado fuera un pequeño soldado en una trinchera. Me dolió el alma. Me dolió de verdad, porque sentí que estamos convirtiendo algo hermoso en una máquina trituradora de ilusiones.

¿Te ha pasado alguna vez sentir esa punzada de angustia al ver en qué hemos convertido el fútbol base?

Vivimos atrapados en una sociedad que adora ciegamente el éxito, donde nos han inoculado el veneno de que “el segundo es el primero de los perdedores”. Y ante esta presión insoportable, es inmensamente humano que a veces te sientas desbordado y te preguntes:

¿tiene algún sentido hablar de valores cuando el mundo ahí fuera parece premiar únicamente al que pisotea al rival?

Ética del deporte

Ética del deporte

Me refugié en las páginas de Ética del Deporte, una obra del filósofo Guillem Turró. Y confieso que lo que leí me sacudió la conciencia. Turró rescata una idea deslumbrante de Aristóteles para explicarnos nuestra vocación: vivir, y por supuesto entrenar, es como ser un arquero.

Tú puedes pasarte la vida entera desarrollando una fuerza descomunal para empuñar y tensar ese arco. Puedes diseñar la táctica más brillante, exprimir el físico de tus jugadores hasta el límite y llenar tu estantería de trofeos. Pero si no tienes la inteligencia y el corazón para apuntar al blanco correcto, todo ese inmenso poder será una tragedia. Nuestro verdadero drama hoy no es la falta de talento técnico; es que estamos disparando a la diana equivocada, fabricando “monstruos competitivos” y olvidando a las personas.

Hay una diferencia brutal que nos urge recordar. La moral es ese conjunto de normas que aceptamos casi por inercia.

Pero la ética es la valentía de mirarte al espejo en la soledad del vestuario y preguntarte por qué haces lo que haces.

¿Por qué dejas a ese niño sin jugar el fin de semana? ¿Para colgarte tú una medalla el lunes, o porque desde el fondo de tu corazón crees que le estás enseñando algo vital para su futuro?

Hace muy poco tuve una charla que me removió las entrañas con Marcos Turbio, entrenador en la cantera del Barça y Coach Ontológico. Marcos convive cada día con la presión asfixiante de tener que ganar por el escudo que lleva en el pecho, pero tiene su diana grabada a fuego en el alma. Me confesó algo que resume el sentido último de nuestra profesión: “En la élite está el dinero, pero yo prefiero dejar huella”.

Esa es la verdad que debe calarnos. Si permitimos que el ser humano sea solo el precio a pagar para conseguir una marca o un trofeo, habremos fracasado rotundamente.

Sé que nadar a contracorriente cansa y que enfrentarse a la incomprensión de una grada resultadista da mucho vértigo. Pero no estás solo en esto, somos muchos los que creemos en otro camino. Aquí tienes tres compromisos que tú y yo podemos empezar a aplicar mañana mismo:

  • Cambia la métrica del éxito: En la próxima charla, no les hables del marcador. Pregúntales: “¿De qué gesto hacia un compañero os sentís hoy más orgullosos?”. Enséñales que el verdadero triunfo es la nobleza del esfuerzo y no una cifra en un panel.
  • El rival es tu mayor aliado: Deja de referirte al equipo contrario como el enemigo a batir. Háblales de ellos como los “facilitadores”. Hazles entender que, sin el esfuerzo de esos chicos que visten otra camiseta y sudan como ellos, sería completamente imposible que nosotros sacáramos nuestra mejor versión.
  • Protege a la persona antes que al jugador: La próxima vez que un chico falle de manera estrepitosa, antes de corregir el error táctico, preocúpate por cómo se siente. Una mirada de comprensión y un brazo por el hombro construyen más carácter moral que diez broncas desde la banda.

Cada vez que eliges cuidar el corazón de un niño por encima de asegurar un resultado, estás iluminando el deporte.

No lo dudes nunca. Ética del deporte

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