Formación de futbolistas

Formación de futbolistas: ¿Fabricas victorias o formas personas?

Formación de futbolistas. Durante mucho tiempo miré el fútbol base con ojos de operario de fábrica.

Miraba mi plantilla y veía piezas que debían encajar para producir un resultado el sábado. Si ganábamos, la máquina funcionaba; si perdíamos, sentía que algo estaba roto y me obsesionaba con cambiarlo. Me preocupaba la táctica, el ritmo y la intensidad.

Hace poco, charlando con Eduardo Covelo, me dio una bofetada de realidad sin levantar la voz. Él, que dirigió una de las etapas más brillantes de la cantera del Celta de Vigo, me habló de un concepto que cambia por completo nuestra forma de entrenar: “El placer del artesano”.

Eduardo toma este concepto del legendario Julio Velasco. Para quien no lo conozca, Velasco es un mito del voleibol mundial, un entrenador argentino que cambió la mentalidad del deporte italiano gestionando egos y grupos como nadie. Él hablaba de recuperar ese gusto por pulir la obra poco a poco.

El entrenador con mentalidad industrial quiere el producto terminado ya. Quiere ganar la liga benjamín para ascender, para validar su ego o para justificar la cuota ante los padres.

El entrenador artesano funciona diferente. Su placer no es el trofeo inmediato. Su placer real es ver cómo esa pieza única que es el niño mejora día a día.

Es sentir orgullo al ver crecer a la persona, con paciencia y cariño, sin saltarse etapas.

Vivimos en un fútbol que nos exige todo para ayer. Directivos que piden ascensos en categorías donde los niños apenas saben atarse las botas y padres que sueñan con el contrato profesional antes de que el niño disfrute jugando. Frenar esa locura es nuestra responsabilidad.

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Aquí viene el dato que derriba muchos prejuicios. Solemos pensar que trabajar los valores, preocuparse por las notas del colegio o preguntar al niño cómo está su familia es “perder tiempo” de entrenamiento. Pensamos que eso nos hace blandos y nos aleja de la victoria.

Eduardo Covelo demostró en el Celta que ocurre justo al revés.

Durante su etapa, donde la persona estaba por delante del futbolista, el club vivió su época dorada: canteranos asentados en el primer equipo, ventas millonarias y clasificaciones para Europa League.

No es magia, es lógica. Como sostienen expertos de nuestra Plataforma como Gorka Azpeitia (Antiguoko K.E.), llegar a la élite no es el objetivo, es la consecuencia de hacer las cosas bien desde la base. O como dice el maestro Javier Vidales: el fútbol es la vida a cámara rápida; si les enseñamos a ser mejores personas (“Maestro Vida”), competirán mejor en el campo (“Maestro Fútbol”).

Un niño que se siente cuidado, escuchado y competente, no abandona. Y si no abandona y se esfuerza, el rendimiento llega.

La teoría suena bien, pero hay que bajarla al barro del martes y el jueves. ¿Cómo dejo de actuar como una industria y empiezo a trabajar como un artesano?

Basándome en lo que Eduardo y otros expertos como Gorka Etxeberria nos han enseñado, aquí tienes tres propuestas reales para la Formación de futbolistas:

En el Celta no daban charlas vacías sobre el respeto. Lo convirtieron en un juego. Crearon un ranking donde, para destacar, no solo valían los goles. Puntuaban las notas del colegio, cómo dejaban de limpio el autobús tras un viaje o el trato con el compañero. Práctica: Crea una clasificación interna donde la asistencia, la puntualidad y el compañerismo sumen puntos reales. Que los valores tengan peso en tus decisiones.

Gorka Etxeberria nos regala un concepto clave: deja de buscar la “satisfacción del éxito” (ganar el partido) y busca el “éxito de la satisfacción” (el orgullo del trabajo bien hecho). Práctica: Al acabar el partido, no preguntes “¿hemos ganado?”, pregunta “¿hemos hecho lo que entrenamos?”. Celebra una buena pared o un repliegue defensivo solidario con la misma euforia que un gol.

Eduardo Covelo nos recuerda que tenemos un “superpoder” real, como Spiderman: podemos hacer que un niño ame el deporte o lo odie para siempre. A veces, el trabajo del artesano es solo mirar y escuchar. Sito, otro de nuestros referentes, lo tiene claro: el niño debe ser el protagonista absoluto. Práctica: Dedica 5 minutos antes del entreno a hablar con ese jugador que no destaca. Pregúntale por algo que no sea fútbol. Hazle sentir “competente” y visto. Esa conexión emocional es el cincel con el que se pule la pieza.

Dentro de 20 años, nadie se acordará de si ganasteis aquel partido de alevines. Pero ese chico, que quizás ya no juegue al fútbol, se acordará perfectamente de cómo le hiciste sentir.

Si le trataste como un producto defectuoso porque falló un pase, tendrás una victoria vacía en tu currículum. Si le trataste como un artesano trata a su obra, tendrás a una persona que aprendió valores contigo para toda la vida.

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