Formación integral en el fútbol. Hubo un tiempo en el que me frustraba muchísimo si un chico no entendía un ejercicio táctico. Me obsesionaba con que la línea de cuatro estuviera perfecta o con que el equipo fuera súper competitivo el fin de semana. Era como tener mil pestañas abiertas en la cabeza intentando crear al “jugador perfecto”. ¿No te pasa algo parecido?
Hasta que un día me di cuenta de una verdad incómoda. Estaba tan centrado en el futbolista, que me había olvidado de la persona que llevaba la camiseta puesta.
El otro día, charlando con Manu Dominguez (uno de los grandes pensadores de nuestra Plataforma), me hizo ver algo que me emocionó descubrir. Manu explicaba que en el fútbol base, a menudo confundimos las cosas y olvidamos que, en realidad, necesitamos que convivan dos sistemas diferentes, pero complementarios.
Esta idea es exactamente el corazón de lo que defiende la gran filósofa Adela Cortina. Ella advierte de un peligro brutal en nuestra sociedad:
la educación actual comete la aberración de educar “exclusivamente para el mercado”.
Se nos empuja a crear niños puramente “competitivos”, máquinas de rendimiento. Pero nosotros, en el fútbol formativo, no podemos caer en esa trampa.
Formación integral en el fútbol
Respetar un orden
Para evitarlo, debemos respetar un orden. Un orden que no se puede alterar:
1. Primero, el Sistema Educativo (La Condición Humana)
Antes de pisar el césped a enseñar a dar un pase, entra en juego el sistema educativo. Este sistema es el que atraviesa la condición humana del niño y le inculca los valores. Como dice Cortina,
la tarea principal de cualquier tipo de educación tiene que ser “formar ciudadanos justos”.
Este es el pilar de todo. Es enseñarles a convivir, a respetar al rival, a tolerar la frustración y a ser buenas personas. Si esto falla, todo lo demás se cae.
2. Segundo, el Sistema Formativo (La Técnica Deportiva)
Solo una vez que estamos formando a la persona, entra en juego el sistema formativo, que es la especificidad del fútbol. Aquí es donde enseñamos los controles, los regates y la táctica. Es cuando el joven aprende a emplear muy bien los saberes técnicos y domina lo que la filosofía llama la “razón instrumental”.
Piensa en esto como cuando vas a construir una casa: el sistema educativo son los cimientos profundos bajo tierra, y el sistema formativo son las paredes y el tejado. Si intentas poner el tejado (la táctica) sin tener cimientos (los valores), al primer soplo de viento, la casa se derrumba.
Herramientas prácticas para ti
Sé que la teoría suena genial, pero el problema real lo tenemos en el campo, con 20 niños corriendo a nuestro alrededor. ¿Cómo aplicamos estos dos sistemas en tu próximo entrenamiento? Te propongo tres acciones muy sencillas:
La regla del primer minuto:
En tu charla antes de entrenar, no empieces hablando de fútbol. Dedica el primer minuto al Sistema Educativo. Pregunta cómo les ha ido en el colegio o recuérdales un valor concreto para hoy (por ejemplo: “hoy vamos a aplaudir el esfuerzo del compañero, aunque falle el pase”).
Premia la actitud, no solo el gol:
Cuando pares un ejercicio para corregir, no felicites solo al que ha hecho el regate perfecto (Sistema Formativo). Felicita en voz alta al que bajó a defender corriendo para ayudar a su equipo o al que animó al portero tras encajar un gol. ¡Haz que los valores puntúen en sus mentes!.
Cambia tu vocabulario:
Sustituye frases como “tienes que ser más competitivo” por “tienes que ser más valiente para intentarlo”. El lenguaje crea realidades, y nuestro objetivo es empoderar ciudadanos, no fabricar productos de mercado.
No importa si al inicio sientes que vas a contracorriente o si la charla no sale perfecta. Lo importante es que ya estás dando los pasos correctos para poner al niño en el centro de todo.
Tú puedes ser ese “buen profesional” que marque la diferencia en sus vidas. Cada pequeño detalle cuenta. Créeme, el día que veas a tus jugadores defenderse con respeto y empatía, vas a notar la diferencia y sentirás que tu labor tiene un impacto eterno. ¡A por ello!
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