Formar y ganar en el deporte

Formar y ganar en el deporte

Formar y ganar en el deporte. Motivado por el interesante dilema que el fútbol base se plantea constantemente: formar o ganar, deseo utilizar este foro abierto para que se pueda seguir hablando sobre el tema. 

Mi pequeña aportación es simple: ¿por qué hemos de plantear un dilema ante algo que simplemente se complementa? ¿por qué no se puede ganar haciendo bien las cosas desde el principio? Todo el mundo habla de la filosofía de Horst Wein como modelo de cómo debe ser el fútbol formativo y sin embargo comenta:

“Un técnico de fútbol base que gana casi todo no ha trabajado por el futuro de sus jóvenes jugadores sino por su porvenir”

En nuestra escuela, decidimos introducir equipos de fútbol para demostrar al mundo entero que se puede formar muy bien a los jugadores y como consecuencia de ese trabajo bien hecho, ganar. No podemos olvidarnos de que el juego del fútbol tiene un objetivo muy claro que es ganar. 

Lo que ocurre con todos los juegos es que se nos mete demasiado en la cabeza a los adultos que lo único importante es la palabra “ganar”. Somos los adultos los que estamos cambiando el orden de los factores y nos estamos cargando el bello deporte de los niños. 

Nosotros sabemos por la experiencia y por el gran conocimiento de la psicología del niño que para él, lo importante es jugar, divertirse jugando y nada más.

En la Conferencia General de la Unesco celebrada en Nairobi en el año 1976, se comentaba que: 

“Todos los niños del mundo juegan,y esta actividad es tan preponderante en su existencia que se diría que es la razón de ser de la infancia. Efectivamente, el juego es vital ; condiciona un desarrollo armonioso del cuerpo,de la inteligencia y de la afectividad.”

Y el juego del fútbol consiste en dos equipos, un balón y dos porterías con una regla básica: gana el que meta más veces la pelota en la portería contraria. Es evidente que los niños, en cuanto se ponen a jugar, desean ganar y esto es normal.

Los adultos no podemos cambiar el juego eliminando su norma más elemental con el objetivo de ayudarles en su formación. Todo lo contrario,

lo que el educador debe aprovechar es el atractivo de este juego para formar, buscando la victoria.

¿Se entiende la diferencia esencial que proponemos?

Deberíamos formularnos otra pregunta muy distinta: ¿cómo vemos el fútbol formativo los adultos? Y en este sentido ya estoy más de acuerdo con Wein. Llegamos a la esencia del problema: 

“El mandamiento deportivo de que lo importante es participar y jugar, hace tiempo que fue arrojado a la basura en la mayoría de los clubes de fútbol por técnicos que utilizan a sus jóvenes discípulos exclusivamente como plataforma para su ascenso social y profesional. La cultura de la victoria en el deporte infantil está causando diariamente en todas las partes del mundo mucho daño, no sólo a los niños, también a los clubes cuya calidad de formación de sus talentos está condicionada negativamente cuando se busca por todos los medios la victoria”

Hors Wein

Mientras que los dirigentes y técnicos continúen con la idea de envenenar el fútbol formativo, nuestros hijos están perdidos. Empiezan con una gran ilusión a los 5 y 6 años y, poco a poco, entran en la sintonía del ganar y ganar y ganar. Esa música celestial les envuelve a ellos y a sus padres y les ciega de tal forma que se transforman en seres extraños y complicados. No se dan cuenta que en realidad, se han convertido en simples piezas de la gran mentira que es el deporte del fútbol y ya no pueden escaparse de esa enorme corriente que les llevará a los 15 años a abandonarlo todo, cuando ellos lo único que deseaban era disfrutar jugando al fútbol.

Según el periódico “El País” ( ver la edición del 5 de septiembre de 2000), un estudio a finales de los años ’90 reveló que:

de los 20 millones de niños norteamericanos que participaban en actividades deportivas organizadas, 14 millones lo dejan antes de haber cumplido 13 años.

El País

También en el fútbol español se observa con preocupación (pero sin haber tomado las correspondientes medidas) un incremento constante de niños de entre 13 y 15 años de edad que abandonan el “fútbol federado” después de haber entrenado y competido como adultos durante 6 o más años.

La deserción en el fútbol juvenil alcanza cifras alarmantes. Lo que comenzó como un pasatiempo lúdico se transforma en decepción. Los niños se encuentran con un camino espinoso: frustraciones, un ambiente competitivo inflexible y la presión parental. Los entrenadores, con la mira en victorias y prestigio, intensifican las exigencias. La meta se desvía: ya no es formar talentos en el deporte, sino acumular triunfos a toda costa. Este enfoque mercantilista amenaza la esencia del juego y el bienestar de los jóvenes promesas.

Un entrenador formador realiza verdaderos esfuerzos para mantener esta línea integral. Como consecuencia de esta buena práctica, con el tiempo llega a conseguir buenos resultados en la competición. Porque puedo asegurar que:

…si se realiza un buen trabajo en cada entrenamiento, si se forma muy bien al entrenador, si hay una auténtica preocupación por ayudar a cada uno de los jugadores del equipo, si hay una planificación de calidad, si existe unidad entre el equipo técnico, entre los padres…los resultados se dejan ver siempre.

Y el joven deportista es el que sale ganando. Y eso debe ser así.

A la hora de formar un equipo de fútbol, procuramos que todos tengan un sitio. No hay descartes. El que entra en la Escuela puede seguir en ella hasta el final sin ninguna interrupción. No existen los miedos del final de temporada. Cada jugador participa en uno de los tres niveles que ofrece la categoría, de tal forma que los grupos son siempre homogéneos.

No se buscan jugadores fuertes y altos para ganar sino jugadores con verdaderas ganas por aprender y con buenas condiciones para un entrenamiento muy intenso y disciplinado. 

Las tres condiciones que ponemos para incluir a un jugador en uno de los equipos son: que tenga el mismo nivel o mayor que el grupo donde vamos a incluirlo, que se esfuerce por ser una buena persona fuera y dentro del campo y que su familia esté dispuesta a apoyarlo sin ningún tipo de presión.

Por ese motivo, antes de aceptar a un jugador, intentamos darle un mes de prueba para conocerle como persona y conocer también a su familia. En el caso de ser un gran jugador pero sin el perfil antes mencionado, preferimos que no se quede en el equipo porque lo que nos interesa no es ganar sino formar a los chicos.

Todos los jugadores que forman parte del equipo juegan un mínimo del 50% del partido cada fin de semana y procuramos en todos los casos que sea más. Este año, por ejemplo, había tantos alevines que, para salvar esta premisa y mejorarla, decidimos crear un nuevo equipo para que todos pudieran jugar más.

Para un entrenador formador, el partido es un entrenamiento más, donde podemos medir el nivel de cada uno, apreciar lo que estamos aprendiendo y lo que debemos mejorar.

Por este motivo, los jugadores saben que no pasa nada si intentan hacer cosas interesantes como disparar con su pierna izquierda, sacar el balón controlado en lugar de despejarlo, etc., y quizá no les sale. Lo importante es que, al intentarlo, consiguen aprender más. Esa es la gran diferencia con el fútbol competitivo. Cuando te preocupas por formar, es más complicado ganar pero se puede conseguir con más esfuerzo y con objetivos a largo plazo.

Al final de cada trimestre, el entrenador les entrega una evaluación muy completa donde se comentan los aspectos técnicos, tácticos y actitudinales con lo que el jugador sabe en todo momento en qué aspectos está mejorando y qué debe trabajar más. Se siente más seguro porque sabe lo que debe corregir y es consciente de que el entrenador tiene toda la confianza en él.

El entrenador se preocupa de cada uno de sus jugadores y habla con ellos.

Existe una muy buena comunicación porque lo que le interesa es la mejora personal de cada uno.

Como consecuencia de esta preocupación personalizada, los jugadores salen mucho más motivados en los entrenamientos y en los partidos ya que uno de los factores claves para sacarle el máximo rendimiento a un jugador es que sepa trabajar por objetivos a corto, medio y largo plazo.

Existe una filosofía clara en el fútbol formativo de mantener la posesión del balón. Nunca hay prisa en el juego. Todos los jugadores tocan el balón. Prevalecen los pases cortos y apoyos cortos. El portero suele servir el balón con un lanzamiento con la mano. El balón avanza generalmente de la defensa a los mediocampistas y de ellos a los atacantes, basándose el juego en los principios de la comunicación y cooperación. El responsable de crear espacios para la penetración, cambia frecuentemente la orientación en el ataque. Toda una filosofía que favorece el juego en equipo y la mejora de cada uno de los jugadores que están en el campo. 

Cuando terminamos un partido, preferimos que nos digan que hemos jugado muy bien a que nos aplaudan por los resultados obtenidos.

Muchas veces coincide que se gana como consecuencia del buen juego realizado. Sin embargo, es más complicado conseguir la victoria. Pero no importa porque tenemos claro que el objetivo prioritario es la formación.

Cuando seleccionamos a un entrenador para formar parte del cuerpo técnico, lo medimos mucho. Queremos que sea un verdadero formador y no nos importa que sea un ganador, siempre que no lo ponga como objetivo prioritario. Deber ser capaz de estimular a cada uno de los jugadores para sacarles el máximo rendimiento posible.  

Intentamos formar jugadores inteligentes y esa es una importante labor del entrenador que debe conseguir que el jugador tome decisiones por si mismo y lo haga de forma correcta.

En el partido se debe llegar a una situación en que “juegan solos” sin que el entrenador les deba decir casi nada. Esto se consigue entrenando día a día.

Los valores son prioritarios en los entrenamientos y en los partidos. Dentro y fuera del campo: deportividad, compañerismo, respeto, esfuerzo, orden, puntualidad, etc. También esto se trabaja de forma transversal a lo largo de todo el año mediante una programación tan detallada y minuciosa como los objetivos de entrenamiento.

Procuramos que tengan experiencia en muchas posiciones en el campo. No nos cerramos  a un único puesto ya que está en un periodo de formación y deben ser capaces de ser útiles en el equipo en cualquier puesto.

Eso les permitirá una mayor versatilidad en el futuro como jugador y, por lo tanto, ser mas útil como jugador.

Nunca hay paneles con las clasificaciones, ni premiamos a los goleadores. No existe ninguna presión sobre el resultado. Los directivos exigen que se juegue bien pero nunca que se tenga que ganar aunque se gana como consecuencia de hacerlo bien. Los padres saben que no deben presionar a sus hijos para que metan goles o para que ganen partidos.

Recientemente, un fenómeno curioso impacta a nuestro equipo: la llegada de padres de otros conjuntos, seducidos por nuestra calidad de juego. Sin embargo, traen consigo una cultura de victoria a cualquier precio, gritos y falta de respeto hacia los árbitros. Se les comunica nuestra filosofía: rechazamos esa agresividad y promovemos la paciencia, convencidos de que la presión excesiva no es amiga del rendimiento de los jóvenes jugadores. Pese a la resistencia inicial, muchos padres experimentan un cambio de mentalidad, reconociendo finalmente que el esfuerzo por un ambiente positivo bien vale la pena.

Sin embargo, poco a poco, los equipos de la Escuela van subiendo de categoría. Llevamos tres años de competición y todos los equipos han subido año tras año un escalón en las categorías federadas. En dos años más, varios equipos estarán compitiendo en la máxima división española y todas las voces que no creían en esa filosofía deberán reconocer, de una vez por todas, que:

Se puede ganar sin olvidarse de formar.

Ese es el único camino para llegar a la cima con la conciencia bien alta de haber hecho una formidable labor con cada uno de los jugadores de la entidad.

Un pequeño detalle que no quiero dejar pasar por alto es el hecho real de tener en la actualidad una línea de porteros en todas las categorías excepcional. Desde el pre-benjamín hasta el juvenil. No existe en España una preparación de jóvenes porteros seria. Cuando se aplica, la progresión que alcanzan es muy grande, su crecimiento es enorme. Llaman tanto la atención que los grandes equipos van a por ellos. 

En estos días, he recibo la llamada del Villarreal, interesado por nuestro portero alevín y del Espanyol por nuestro portero infantil, y de la Damm por nuestro portero prebenjamín, etc. Y yo me pregunto, ¿qué está pasando? ¿No les da vergüenza a estos equipos con presupuestos tan grandes, con 3 ó 4 entrenadores por equipo, con entrenadores de porteros, masajistas, fisioterpeutas, psicólogos, con instalaciones inigualables, etc., tener que ir pidiendo porque no tienen?

Sé lo que pasa y es una pena que sea así: no tienen tiempo para la formación porque su objetivo es ganar. Ganar y ganar para llegar a ser un día entrenador de una categoría superior.

Pero…¿y la formación de los jugadores?: No hay tiempo. Es más rápido y más fácil fichar al que destaque y nos ahorramos la formación. Y cuando veamos uno mejor, quitaremos al que hemos fichado. No importa porque lo que busco es ganar.

En muchas ocasiones, la obsesión de los entrenadores y especialmente de los padres de alcanzar con los jóvenes de entre 6 y 12 años resultados antes de tiempo, incentiva a los técnicos a planificar y realizar en los entrenamientos exclusivamente ejercicios tácticos y juegos específicos que les permita ganar el partido próximo. 

Como consecuencia se producirán rápidos éxitos en los resultados de sus competiciones, pero el declive no se hace esperar después de pocos años.

Lo que se está haciendo con estos niños es un crimen y queremos dejar claro que no debemos permitirlo:

Se suele seleccionar jugadores que están acelerados en sus capacidades físicas, especialmente los más fuertes. Eso les garantiza la victoria. No se dan cuenta de que hay otros aspectos que deben valorarse como son el esfuerzo, la regularidad, el comportamiento dentro del grupo, que son más importantes que la fuerza física.

Los jugadores que triunfan son aquellos que tienen actitud.

En los entrenamientos, se da una excesiva importancia a la táctica ya que facilita la posibilidad de derrotar al contrario aprovechando las piezas que uno tiene, pero se olvida de trabajar los otros aspectos del fútbol que son los que a la larga favorecerá al jugador.

Se busca inmediatamente la profundidad en el juego de ataque.El equipo tiene prisa y juega más rápido de lo que es capaz. Se juega muy vertical, se emplea frecuentemente y preferiblemente pases largos (también el portero despeja con el pie). Pocas intenciones para construir el juego. Frecuentemente el balón no pasa por el medio campo y va directamente a los atacantes, mediante pases largos. Se realizan cambios de orientación en las acciones ofensivas. 

El responsable es un entrenador/técnico que instruye con el fin de ganar el partido y el campeonato. El jugador debe obedecer al técnico que manda o instruye desde la línea lateral. No puede tomar decisiones propias.

Al buscar exclusivamente la victoria, se educa a ser desleal, hacer trampas, ser deshonesto, engañar a los contrarios y al árbitro. Los fines justifican los medios. Se juega más contra que con el balón. No hay tiempo y espacio para amagues. 

Se está cayendo en una especialización temprana en posiciones específicas. Los titulares monopolizan el juego, dejando poco espacio para los suplentes. Lanzamos a los jóvenes al intenso mundo de la competición adulta antes de tiempo. Se prioriza el entrenamiento físico, buscando resultados inmediatos.

En la búsqueda del triunfo, los métodos de entrenamiento convencionales dominan. La balanza se inclina hacia el rendimiento deportivo, dejando en segundo plano al jugador como persona. A menudo, se toleran acciones cuestionables con tal de obtener la victoria.

No podemos permitir que nuestros hijos sean las víctimas de un proyecto como este. Hemos de ser coherentes y denunciar este nefasto enfoque del fútbol que está destrozando a tantos niños que abandonan aburridos, tristes y desanimados su deporte favorito. Ellos, lo único desean es disfrutar con este bello deporte.

Está en nuestras manos cambiarlo. No tenemos excusa. Formar y ganar en el deporte

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4 comentarios en “Formar y ganar en el deporte”

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