Fútbol formativo en crisis. Entrenador, ¿te has preguntado últimamente por qué haces lo que haces?
A veces tengo la sensación de que el fútbol formativo se nos está yendo de las manos. Veo a muchos compañeros entrenadores quemados, con esa cara de cansancio que va más allá de lo físico. Al mismo tiempo, las familias, llenas de preocupación, buscan academias y tecnificaciones fuera del club, porque sienten que con el equipo no es suficiente. Gregorio Luri, un filósofo que habla con la sabiduría de un abuelo, define este escenario como una crisis educativa en toda regla, y creo que ha dado en el clavo.
Pero esto no es una queja. Es una invitación a parar y a mirar hacia dentro, inspirándome en tres reflexiones suyas que me han removido por completo y que pueden ser un salvavidas para cualquiera que entrene a chicos y chicas.
La pregunta que lo cambia todo: El secreto de Singapur
Me impactó mucho una anécdota que cuenta Luri. En una conversación con un político de Singapur, le preguntó por la clave del éxito de su sistema educativo, esperando una respuesta compleja. Pero la contestación fue tan simple como demoledora: para que un sistema funcione,
“todos los implicados deben saber por qué hacen lo que hacen y, además, tener argumentos para defenderlo”.
Piénsalo un momento. ¿Cuántas veces en el fútbol formativo hacemos las cosas por inercia? ¿Pones ese rondo porque lo viste en un vídeo o porque realmente responde a un “porqué” profundo de tu modelo de juego? Luri diría que cuando no puedes argumentar tus decisiones, confundes un prejuicio con un pensamiento. Sin un propósito claro, somos vulnerables. Nos quema la primera crítica de un padre o un mal resultado, porque en el fondo, no estamos seguros de nuestro camino.
Saber por qué haces lo que haces te da una solidez increíble. Te permite, como dice Luri, “dar cuenta de sí mismo”. Ya no eres un simple gestor de ejercicios, sino un artesano que sabe por qué elige cada herramienta. Esa convicción es tu mejor escudo contra el desgaste.
El superpoder silencioso: La serenidad por encima del optimismo
En la charla le preguntan a Luri si el optimismo es hoy más necesario que nunca. Y su respuesta me pareció oro puro. Dice que sí, que si no tienes confianza en el ser humano, mejor “dedícate a cultivar lechugas”. Y es verdad, ¿cómo vas a entrenar a un niño si no crees ciegamente en su potencial?
Pero entonces añade: “Solamente situaría una cosa por encima del optimismo: la virtud de la serenidad”. ¡Qué lección para un entrenador! Vivimos en un deporte donde la tentación es “gritar, chillar, escandalizarse, darle patadas a la realidad”. Cuando te marcan un gol injusto o un jugador falla lo infallable, el cuerpo te pide explotar. Pero Luri nos recuerda que quien se enfrenta a un problema con serenidad ya tiene una parte del problema resuelto, mientras que el que gesticula, solo empeora las cosas.
Nuestra calma en el banquillo, nuestra forma de gestionar un error o una derrota, enseña a los chicos y chicas mucho más que cualquier charla táctica. Les enseña a vivir.
Porque como él mismo dice, la vida es como un “fenómeno deportivo”: a veces ganarás por goleada y otras te meterán un gol en fuera de juego en el último minuto. Lo importante es la valentía de seguir jugando, y para eso, la serenidad es fundamental.
Educar por impregnación: Tu pasión es el pegamento del equipo
Esta es la idea que más me emociona. Luri recupera las palabras de una gran pedagoga, Marta Mata, que decía que “educamos por impregnación”. Es una imagen preciosa. Significa que transmitimos aquello que amamos con una fuerza casi invisible, sin darnos cuenta.
Tu entusiasmo por el juego, la alegría sincera que sientes cuando ves a un jugador mejorar, tu fe inquebrantable en ellos… todo eso “impregna” el ambiente del equipo. No se trata de decirles que confíen en sí mismos; se trata de que ellos sientan que tú confías en ellos.
Tu pasión no es un discurso, es la energía que lo contagia todo.
Yo tuve un entrenador así. No era un genio, pero amaba tanto el fútbol que nos “impregnó” a todos con ese amor. Años después, muchos seguimos jugando gracias a él. Nos enseñó que, como dice Luri al final de su charla, merece la pena “intentar hacer algo digno con nuestra vida” , y para nosotros, el fútbol era una forma de hacerlo.
En definitiva, superar esta crisis educativa en el fútbol formativo no depende de tener más recursos, sino de tener más propósito. Como entrenadores, tenemos la oportunidad de hacer algo grande con la vida de nuestros jugadores. Y todo empieza por tener claro por qué hacemos lo que hacemos.
Y tú, ¿cuál es el “porqué” que te mueve cada día en el campo? Me encantaría leerte en los comentarios.