seleccionador nacional y entrenador de fútbol formativo al inicio de temporada

Empieza la temporada. Luis de la Fuente ya nos dijo lo que tiene que cambiar

Arranca septiembre. Los campos de fútbol base vuelven a llenarse de niños, de familias y de entrenadores con el peto recién lavado. Y en algún vestuario de este país, alguien va a reproducir exactamente lo mismo que el año pasado. El mismo grito después de un error. La misma cara larga en el coche de vuelta. La misma pregunta: «¿Cómo es que habéis perdido con estos?». El fútbol formativo tiene memoria de pez. Cada septiembre empieza de cero. Y sin embargo, este septiembre es diferente.

Este verano, Luis de la Fuente ganó el Mundial con España haciendo algo que muy poca gente hace cuando gana: hablar de personas. No de sistemas. No de estadísticas. De personas. Eso nos obliga a una pregunta antes de que empiece el primer partido. ¿Y si esta vez el fútbol formativo lo aprovecha de verdad?

En una entrevista para la RFEF, De la Fuente lo resumió sin ambigüedad: «Nuestras decisiones siempre buscan el beneficio de los jugadores». No el del resultado. No el del clasificatorio. El de los jugadores. Esa frase, dicha por el seleccionador campeón del mundo, es exactamente el debate que el fútbol base lleva años aplazando.

Primero personas. Luego futbolistas

Cuando De la Fuente repetía que su objetivo era «formar personas antes que deportistas», no estaba haciendo filosofía de rueda de prensa. Estaba describiendo una decisión que toma todos los días. Una decisión que cualquier entrenador de fútbol base puede tomar también. La diferencia es que en la base, esa decisión tiene consecuencias que duran décadas.

Marcos Tubio lleva años como entrenador formativo en el FC Barcelona. Viene del hockey, pero eso no importa. Lo que dice vale para cualquier campo de tierra de cualquier ciudad española. En la Plataforma de Fútbol Formativo nos lo dejó muy claro:

«Primera división es una categoría. Formar personas es una misión. Las misiones duran mucho más que las categorías.»

— Marcos Tubio

Esta temporada, antes del primer entrenamiento, cada entrenador merece hacerse una sola pregunta. ¿Qué quiero que estos chavales se lleven cuando ya no jueguen aquí? Si la respuesta es solo «que mejoren técnicamente», la temporada va a parecerse mucho a la anterior. Si la respuesta incluye cómo reaccionar ante la dificultad y cómo tratar a un compañero cuando falla, algo va a cambiar de verdad.

El marcador del sábado lo olvidas el lunes

De la Fuente dijo después de ganar la Eurocopa que el resultado no era lo más importante. Que lo que había construido aquel equipo, la solidaridad, el compañerismo, la generosidad, era mucho más valioso que el trofeo. La mayoría de los medios lo citaron y lo olvidaron. Nosotros no podemos permitirnos ese lujo.

En el fútbol formativo, la obsesión por el resultado no es un capricho de los adultos. Es un sistema. Un sistema que destruye el proceso de aprendizaje antes de que empiece. Pere Lavega, catedrático de INEFC y una de las voces más respetadas en el estudio científico del deporte, lo explica sin rodeos:

«Tengo que dar importancia al proceso y no al resultado. Buscar situaciones de entrenamiento donde todos puedan saborear la miel del bienestar que origina este deporte.»

— Pere Lavega

Lo que propone Pere Lavega no es una teoría para congresos universitarios. Es una decisión práctica que se toma el miércoles por la tarde, cuando estás diseñando el entrenamiento. ¿Las situaciones que planteas permiten que todos los jugadores experimenten el éxito en algún momento? ¿O solo los más hábiles se sienten competentes? Si solo ganan los mismos de siempre, el resto aprende que el fútbol no es para ellos. Y eso tiene un nombre: abandono deportivo temprano.

Después de cada partido, en lugar de analizar el marcador, prueba con seis preguntas: ¿Hemos competido con constancia? ¿Alguien ha ayudado a un compañero cuando lo necesitaba? ¿Hemos reaccionado bien ante el error? ¿Hemos respetado al rival? ¿Hemos mantenido el esfuerzo cuando el partido se puso cuesta arriba? ¿Qué ha aprendido cada uno hoy? Seis preguntas. Ninguna menciona el marcador.

Cuando el foco no es ganar, lo que se gana es infinito

Uno de los momentos más reveladores del Mundial fue ver a De la Fuente hablar de Nico Williams después de un momento de bajón. No lo corrigió públicamente. No lo señaló. Habló con él. Le recordó que era parte de una familia. Esa es la diferencia entre un entrenador que gestiona rendimiento y un entrenador que acompaña personas.

Jesús Vicente Ruiz Omeñaca es investigador de la Universidad de La Rioja. Lleva años midiendo lo que ocurre cuando cambiamos el foco en el deporte. Sus datos son contundentes:

«Si buscamos un fútbol orientado hacia el elitismo, puede que nos perdamos algo. Si buscamos un fútbol que tiene que ver con el desarrollo integral de las personas, es infinito lo que ganamos.»

— Jesús Vicente Ruiz Omeñaca

Esa palabra, «infinito», no es retórica. Es lo contrario del modelo que mide solo el marcador, que tiene un techo muy bajo. Un niño que aprende a competir con respeto y a gestionar la frustración lleva ese aprendizaje mucho más allá del campo. El fútbol base tiene esa capacidad. La pregunta es si la usamos.

La confianza no es el enemigo del rendimiento en el fútbol formativo

Antes de la final del Mundial, De la Fuente le pidió a Lamine Yamal que saliera a disfrutar. Que se quitara la presión. Que se sintiera libre. En el fútbol base convertimos cada partido en un examen. Y los exámenes generan miedo. Y el miedo bloquea exactamente lo que queremos desarrollar.

La neurociencia tiene algo que decir aquí. Omar Cortés es formador y analista del fútbol base. Autor del libro El fútbol base que le estamos robando a nuestros hijos, lo explica desde la biología:

«Cuando activas el modo supervivencia, la amígdala segrega una cascada de cortisol. El hipocampo, que consolida el aprendizaje y la memoria, no puede actuar. Si el hipocampo no actúa, el aprendizaje no ocurre.»

— Omar Cortés

Traducido al banquillo: cuando un jugador tiene miedo a equivocarse, no aprende. No importa lo bien que hayas diseñado el entrenamiento. No importa cuántas repeticiones hagas. El cerebro en modo alerta no retiene. Por eso el clima emocional que construye el entrenador no es un extra. Es la condición necesaria para que todo lo demás funcione.

Imagina el minuto 35 de un partido de alevines. Uno de tus jugadores falla un gol cantado. La grada resopla. Él mira al suelo. En ese segundo tienes dos opciones: gritar desde el banquillo o callarte y esperar. Si gritas, su amígdala registra la amenaza y cierra el aprendizaje. Si esperas, le das al cerebro la oportunidad de procesar, de intentarlo de nuevo, de crecer. No es psicología de congreso. Es lo que pasa cada sábado en miles de campos de este país.

Lo que deja huella no es el trofeo

Tras ganar el Mundial, De la Fuente dijo que sentía orgullo de haber acompañado a esa generación. No de haberla dirigido. No de haberla construido. De haberla acompañado. Una palabra pequeña que cambia todo.

Ángel González Jareño es entrenador de baloncesto de élite. Lleva décadas trabajando con jóvenes deportistas. En nuestra entrevista, nos habló de lo que descubrió cuando miró atrás:

«Cuando miro hacia atrás, lo más importante son las personas. Es lo que deja huella. Me encuentro con jugadores y me doy cuenta del impacto tan importante que he tenido en ellos. Y ellos en mí.»

— Ángel González Jareño

Ninguno de esos jugadores recuerda el marcador de un partido de hace quince años. Recuerdan cómo los trató ese entrenador cuando fallaron. Recuerdan si alguien creyó en ellos cuando ellos mismos no lo hacían. Eso es lo que dura. Eso es lo que el fútbol base puede ofrecer que ningún otro contexto ofrece con tanta intensidad.

Lo que puedes hacer esta semana en el fútbol formativo

Desde la Plataforma, lo que vemos funcionar son gestos pequeños que cualquier entrenador puede hacer esta semana. Sin recursos extra, sin permisos, sin cursos. Solo hace falta decidir.

  • Escribe en un papel qué quieres que recuerden tus jugadores de esta temporada dentro de diez años. Empieza desde ahí.
  • Diseña al menos una situación de entrenamiento semanal donde cada jugador, independientemente de su nivel, pueda experimentar el éxito.
  • Cuando un jugador cometa un error, espera. No corrijas en el momento de la rabia. Pregúntale qué sintió. Después habla.
  • Antes del primer partido, diles: «Lo que me importa hoy es cómo jugáis, no cuántos marcáis». Y cúmplelo después, cuando el partido acabe.
  • Habla con las familias antes de que empiece la temporada. Una reunión. Un mensaje claro: venimos a construir personas, no a ganar torneos.

Adaptar, no copiar: el aviso antes de empezar

Luis Cantarero, psicólogo, antropólogo y profesor de la Universidad de Zaragoza, lleva años estudiando la cultura del fútbol desde dentro. Su advertencia es útil antes de empezar: los gestos de De la Fuente con la selección no se copian, se adaptan. Los jugadores del Mundial son adultos que eligieron esa presión. Los de siete años, no. Pero el principio de fondo sí es universal: tratar a cada jugador como una persona en construcción, no como una pieza del sistema. Jorge Barrera, director pedagógico del colegio José Santos de Ávila, la convirtió en una sola pregunta para cada club:

«¿Qué quiero con el club: simplemente ganar, o formar personas a través del deporte? Si es lo segundo, tiene que haber un ideario, un plan. Tiene que haber algo.»

— Jorge Barrera

Sin ese ideario, todo lo demás son buenas intenciones que se evaporan el primer sábado que el equipo pierde tres a cero.


En la Plataforma de Fútbol Formativo sostenemos este trabajo con un euro al mes. Solo un euro. Si crees que el fútbol base merece este tipo de conversaciones, únete a La Tribu del Fútbol Formativo. Somos 750 personas las que podemos sostener esto juntos: un euro para que nadie deje el fútbol llorando.


Esta temporada, algo tiene que cambiar

Vuelve al vestuario de septiembre. El olor a hierba mojada, los tacos que repiquetean en el suelo, los nervios del primer día. Ese momento es una oportunidad que no vuelve. Dentro de diez años, nadie va a recordar si ganasteis el torneo de apertura. Pero algunos de esos chavales sí van a recordar cómo los miraste cuando fallaron el primer gol. Si confiastes en ellos antes de que lo demostraran. Si los trataste como personas o como recursos.

Luis de la Fuente ganó el Mundial haciendo exactamente eso. No con sistemas. Con personas. El fútbol base tiene esa misma posibilidad cada fin de semana, en cada campo de tierra de este país.

¿Va a cambiar algo esta temporada, o vamos a reproducir exactamente lo mismo que el año pasado?

Si quieres que cambie de verdad, empieza por firmar el Manifiesto de la Plataforma de Fútbol Formativo. Es el primer gesto. El resto viene después.

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