Anoche, en un campo de barrio, un padre nos dijo algo que muchos entrenadores hemos escuchado mil veces. “Está muy bien eso de los valores, pero al final lo que cuenta es ganar.” Se lo dijo a un compañero de la Plataforma casi con lástima, como quien le explica la vida a un ingenuo. Unas horas después, España goleaba 2-0 a Francia en las semifinales del Mundial y se metía en la final. Y lo verdaderamente noticiable no fue el resultado. Fue cómo se consiguió. Por eso hoy queremos hablar de fútbol formativo con la voz más firme que nunca.
Oyarzabal marcó de penalti a los 21 minutos. Porro remató una pared con Dani Olmo a los 58. Pero si uno mira más allá del marcador, en Dallas se vio un grupo que se sostiene por dentro. Jóvenes como Lamine Yamal o Nico Williams jugaron codo con codo con veteranos como Laporte o Cucurella. Nadie parecía sentirse ni más ni menos que el otro.
Que se alegren del gol del otro es la victoria de verdad
Viéndolo nos vino a la cabeza algo que Pere Lavega lleva años repitiendo. El catedrático de la Universidad de Lleida sostiene que un pase no es solo una decisión técnica. Es también una emoción y una relación. Cuando un jugador celebra el gol de su compañero como si fuera suyo, optimiza lo que Lavega llama la dimensión relacional del juego. Cuando no lo hace, por bueno que sea, algo se queda cojo.
Lavega lo cuenta con un ejemplo que nos ha quitado el sueño más de una vez. Dos superestrellas pueden tener el mismo talento y la misma capacidad de marcar goles imposibles. Y aun así una puede fallar en lo esencial. Le ocurre si es incapaz de saltar de alegría cuando el gol lo mete el compañero. Nos recordaba que Messi, cuando premian a alguien de su equipo, reparte el mérito hacia atrás.
La selección española de anoche jugó así. Nadie salió corriendo a buscar la cámara. Se abrazaron entre todos, como si el 2-0 perteneciera a los veintitrés y no solo a los dos que remataron.
Cómo trabajar esto el sábado en tu equipo
Perico Herraiz, director de Cooperación Internacional, ha entrenado equipos con el lema “sueña como un equipo”. Lo resume de una manera que deberíamos colgar en cualquier vestuario. Un grupo que sueña de verdad no tiene un sueño individual, no deja a nadie atrás, comparte el éxito y también se apoya en el fracaso.
Michael Paule-Carres, director de metodología en el RCD Espanyol, avisa de lo contrario. Cuando hay demasiado talento individual tirando cada uno hacia su propio brillo, ese exceso de ego lo estropea todo. Se vuelve imposible alinear a nadie hacia el bien común, por buenos que sean todos por separado.
A un equipo de fútbol base le pasa lo mismo un sábado cualquiera. El niño que no ha marcado y aun así corre a abrazar a su compañero ha entendido mucho de la vida. Ahí es donde un entrenador puede intervenir de verdad. Para el entrenamiento un segundo cuando alguien celebra un gol ajeno. Y lo nombra: “eso que has hecho ahí, alegrarte por él, es lo que hace fuerte a un equipo”. No hace falta un discurso largo. Basta con señalarlo cuando pasa.
Liderar no es brillar, es sostener
Luis de la Fuente ha llevado esta selección con un perfil que casi incomoda. No busca la gesta personal, busca que el proceso funcione. Roberto Monjas, profesor de la Universidad de Valladolid, define así a los entrenadores que marcan una etapa. Son pausados, escuchan y dan participación a sus jugadores.
“Nosotros no somos los protagonistas, somos los que tenemos que marcar el camino para que luego los protagonistas hagan la cosa.”
— Roberto Monjas, profesor de la Universidad de Valladolid
Rodri, Laporte o Cucurella no necesitaron gritar para ordenar la defensa española. Bastó con que el equipo confiara en que alguien sostenía la estructura desde ese lugar discreto. Ese liderazgo que escucha antes de hablar transforma un vestuario. Y también transforma un equipo de alevines.
La niña que volvió a sonreír y volvió a marcar
Daniel Dos Santos, director de clubes de fútbol formativo en Atlanta, cuenta un caso que lo explica todo. Una niña era la máxima goleadora de su equipo. Un entrenador nuevo dejó de convocarla porque, según él, “le faltaba potencia en el remate”. Dos Santos se la llevó aparte y le recordó todos los goles que había metido esa temporada.
“Tú eres mucho más que eso, quiero verte sonreír.”
— Daniel Dos Santos, director de clubes de fútbol formativo
La niña volvió a jugar y marcó dos goles ese mismo partido. La madre lo llamó llorando esa noche. No lloraba por los goles, sino porque su hija había recuperado la sonrisa. Eso es liderar sosteniendo a una persona, no gestionando una estadística.
El fútbol que gana de verdad no necesita gritar
Lo que más se ha subrayado en las crónicas no ha sido la táctica. Ha sido el respeto. España dominó con autoridad y no hubo un solo gesto de frustración. Ni una expulsión. Ni una provocación. Y eso también se entrena.
Luis Cantarero, psicólogo y antropólogo de la Universidad de Zaragoza, distingue entre dos fútboles. Está el fútbol social: el de la playa, el del patio, el que se juega por puro placer. Y está el fútbol industrial, que trata a los niños como piezas de una cadena de montaje. Ahí solo importa cuántos llegan arriba y cuántos se quedan por el camino. Lo bonito de anoche es que un equipo de la cima jugó, durante noventa minutos, con el alma del fútbol social.
El fútbol formativo elige el proceso antes que el resultado
Javier Vidales, exdirector deportivo, lo dice con una frase que repetimos mucho: “el entrenador es resultado, el formador es proceso”. Y Adrián Silla, director del Departamento de Formación de la Fundación Real Madrid, va todavía más allá. Sostiene que “la sociedad se construye con personas, no se construye con goles”.
Ángel González Jareño pasó cinco temporadas en la cantera del Real Madrid sin ganar un solo título. Sacó, eso sí, ocho jugadores de una misma camada al primer equipo. Y lo resume con una honestidad que pocos se atreven a decir en voz alta: “yo no fui a ganar, yo antepuse la formación a ganar”.
Eso debería hacernos pensar a todos los que estamos cada tarde en un banquillo. Nuestros clubes de barrio no van a jugar nunca un Mundial. Pero pueden decidir cada semana si se parecen más al fútbol que humilla o al fútbol que abraza. Algo parecido nos dejó la afición de este Mundial desde la grada. Anoche tuvimos, delante de veinte millones de personas, la prueba de que el segundo también gana.
Lo que nos hace fuertes a nosotros también
Y aquí se nos ha encendido algo, porque esta historia habla también de nosotros. Carlos Moros, exfutbolista profesional, cuenta el caso de los Springboks sudafricanos. Aquel equipo representaba a una minoría y entendió algo enorme. Uniendo a personas muy distintas podían remar juntos y conseguir algo extraordinario, dentro y fuera del deporte. Su conclusión nos parece clave: el problema nunca es la diversidad, sino cómo se gestiona.
Gorka Etxeberria, fundador de Entreno Fútbol Academy, lo dice con la imagen de una trainera. Cada uno lleva su remo y su responsabilidad. Pero todos reman al mismo ritmo hacia el mismo sitio.
Eso es exactamente lo que somos en la Plataforma de Fútbol Formativo. Somos catedráticos, psicólogos, antropólogos, entrenadores, árbitros, directivos, madres y padres. Venimos de mundos distintos y no siempre pensamos igual. Como dice Josep Campos Rius, formamos un ecosistema entero de agentes unidos por lo mismo. Y África Álvarez recuerda algo de su propia red de deportistas: cuando alguien sabe que no está solo, eso construye una familia. No somos fuertes a pesar de ser tantos y tan diferentes. Somos fuertes precisamente por eso.
Nos toca elegir qué fútbol construimos
Hoy es un día para hablar alto y claro, porque los hechos nos respaldan como pocas veces. No hay ninguna fórmula secreta detrás de lo de anoche. Ni un sistema táctico revolucionario. Ni un algoritmo de datos. Hay una sola fórmula, y llevamos años repitiéndola: preocuparte de la persona antes que del resultado.
Lo mejor es que esa fórmula ya no se queda en la teoría. Acaba de ganar una semifinal de Mundial frente a Francia, con estrellas mundiales enfrente. Si funciona ahí arriba, con todo el mundo mirando, con más razón funcionará en un campo de tierra. Un sábado por la mañana, con cinco padres en la grada y un balón medio deshinchado.
Nadie recordará dentro de treinta años el resultado exacto de esta semifinal. Sí recordará, en cambio, si aquel entrenador de su infancia le hizo sentir importante o un número más. Juan José Rodríguez Morales es director deportivo de las Escuelas de Fútbol de Carlet. Y lo zanja de una vez: “el niño no sabemos si el día de mañana va a ser futbolista, la única certeza es que va a ser persona”. Lavega lo dice desde otro ángulo. Lo que un jugador se lleva del fútbol no son los goles, sino los amigos que hizo por el camino.
España acaba de enseñarnos que se puede llegar arriba sin dejar a nadie atrás. Y sin perder ni un gramo de humanidad. ¿Qué más prueba necesitamos para entrenar así también nosotros, este sábado, en nuestro propio campo?
Cuatro gestos para entrenar así este sábado
- Para el entrenamiento y nombra en voz alta al que celebra el gol ajeno.
- Habla en privado con el niño que ha perdido la confianza, como hizo Dos Santos.
- Reparte el mérito hacia el grupo cuando alguien te felicite a ti.
- Al acabar, pregunta qué han aprendido antes de preguntar cómo han quedado.
Todo esto lo hemos aprendido escuchando, entrevista a entrevista, a los expertos de esta Plataforma. Gracias a Pere Lavega, Luis Cantarero, Perico Herraiz, Michael Paule-Carres, Roberto Monjas, Daniel Dos Santos y Javier Vidales. Gracias también a Adrián Silla, Ángel González Jareño, Juan José Rodríguez Morales, Carlos Moros, Gorka Etxeberria, Josep Campos Rius y África Álvarez. Gracias por poner ciencia, experiencia y cariño al servicio del fútbol base.
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