Gestión emocional del entrenador. He perdido demasiadas horas de mi vida dibujando flechas perfectas en un papel.
Hubo una época en la que me convencí de que mi trabajo consistía en tener el control absoluto de lo que pasaba en el césped. Asumí que yo era el arquitecto y los jugadores solo debían ejecutar la obra. Si algo fallaba, mi primer impulso era revisar el sistema, nunca revisar a la persona.
Qué ciego estaba.
El otro día, charlando con Carles González —profesor del INEF de Barcelona—, me dio un golpe de realidad con una anécdota que desmonta esa obsesión por el control táctico.
Tiene que ver con Pep Guardiola, con la tecnología más avanzada del mundo y con la herramienta más antigua de la humanidad.
Gestión emocional del entrenador
La lección de Guardiola que no sale en las estadísticas
Carles me contó que, durante la inauguración del curso académico del INEF, tuvieron a Guardiola como invitado. Imagina el escenario: cientos de alumnos esperando la fórmula matemática del éxito.
Alguien levantó la mano y preguntó: “Con toda la tecnología que tenéis hoy, el Big Data, la Inteligencia Artificial… ¿qué es lo más importante para un entrenador actualmente?”.
Yo habría apostado por la velocidad en la toma de decisiones o el análisis de espacios. Pero Guardiola fue tajante:
“Un abrazo”.
Tal cual. Explicó que detectar qué jugador lo está pasando mal, acercarse y darle un abrazo, le da más rendimiento deportivo que cualquier software táctico del mercado.
Esto nos obliga a replantearnos todo.
En el fútbol base, a menudo ignoramos la gestión emocional del entrenador porque estamos demasiado ocupados corrigiendo perfiles o gritando basculaciones.
Invertir tiempo en “perder tiempo”
Carles González admite que él también cayó en esa trampa al principio. Era un entrenador obsesionado con el físico y el resultado, hasta que hizo un cambio radical de mentalidad.
Ahora, como profesor, aplica la lección de Guardiola al extremo. Me explicó que durante las dos primeras semanas de sus asignaturas no da temario técnico. Se las pasa haciendo dinámicas de grupo.
¿Te atreverías a hacer eso en tu equipo? ¿Dedicar las primeras sesiones solo a crear vínculos, a reírse y a conocerse, sin tocar apenas balón?
Seguramente el miedo nos susurraría: “Estás tirando el entrenamiento a la basura”. Pero Carles insiste: no es perder tiempo, es invertir tiempo.
Si logras esa conexión emocional al inicio, el rendimiento técnico se dispara después porque el jugador se siente seguro para fallar y aprender.
No es poesía, es eficiencia pura.
Lo que dicen los expertos de nuestra Plataforma
Esta visión de Guardiola y Carles no es una excepción. En la Plataforma de Fútbol Formativo, nuestros expertos llevan tiempo insistiendo en que el niño es el centro, no la táctica:
• Alex Anderez, nuestro psicólogo, repite que la herramienta terapéutica más potente es saber escuchar. En un mundo ruidoso, que un entrenador pare y valide la emoción de un niño tras un fallo es revolucionario.
• Sito, desde Marbella, defiende la figura del “entrenador pausado”. Ese que transmite calma en lugar de histeria, permitiendo que el niño se equivoque sin miedo al grito.
Porque seamos honestos: ¿cuántas veces hemos dejado “solo” a un jugador en el banquillo tras un error?. Carles me decía que ese es justo el momento de actuar.
¿Qué estamos priorizando este fin de semana?
La gestión emocional del entrenador no suele salir en los exámenes de los cursos de nivel 1 o 2. Pero es lo que define si un niño recordará su paso por el club con cariño o con ansiedad.
La próxima vez que veas a un jugador cabizbajo, acuérdate de Guardiola. Quizás no necesita que le expliques por quinta vez el desmarque de ruptura.
Quizás, simplemente, necesita sentir que te importa más él que los tres puntos.
Como dice nuestro Manifiesto: formamos personas, no solo futbolistas. Y a veces, formar personas empieza con un simple abrazo.
¿Y tú? ¿Te atreves a soltar la pizarra un rato para ganar en lo humano?