Jugar no es divertirse. Cierra los ojos un segundo. Viaja a tu infancia.
¿Recuerdas esas tardes interminables en la calle o en el parque? Quizás estabas haciendo un agujero en la arena, subiéndote a una higuera o chutando un balón contra una pared desconchada.
No había árbitros. No había entrenadores. Y lo más importante: no lo hacías para que nadie te aplaudiera. Lo hacías porque te nacía de las tripas. Eso era jugar.
Hoy tenemos un problema. Hemos llenado las agendas de los niños, les hemos puesto uniformes impolutos y nos hemos obsesionado con que se “diviertan”. Pero te voy a contar algo que quizás te choque: divertirse no es lo mismo que jugar.
El fin del “Entrenador Animador”
Existe una confusión tremenda en el fútbol base actual. Muchos entrenadores creen que su trabajo es montar un circo. Piensan que si los niños no se ríen a carcajadas o si el ejercicio no es un espectáculo de luces y conos, se están aburriendo.
El documental que os invito a ver encarecidamente: “Imagine Elephants” nos regala una distinción brillante que cambia todo:
- • La diversión viene de fuera: Es entretenimiento. Tú eres el espectador y alguien te divierte.
- • El juego nace de dentro: Es una pulsión interna. Tú eres el protagonista.
La Plataforma de Fútbol Formativo propone un cambio de mirada radical. Como bien dicen nuestros expertos Sito y Javier Vidales, el niño debe ser el centro.
Si ves a un niño serio, concentrado, intentando un regate una y otra vez, no pienses que lo pasa mal. Está jugando de verdad. La diversión es pasiva; el juego es activo.
Tu misión no es entretenerlos para que no molesten, sino crear el escenario para que esa motivación interna despierte.
Jugar no es divertirse
¿La calle o el Club? El falso dilema
Aquí quiero detenerme porque es un punto delicado. A menudo idealizamos el “fútbol de calle” y demonizamos el club, o viceversa.
Nuestro asesor, Manuel Domínguez, nos ayuda a poner orden. El juego de la calle es sagrado porque es libre y autónomo. Pero cuando un padre trae a su hijo al club, busca algo más: busca que aprenda el lenguaje específico del fútbol.
Entonces, ¿cómo lo hacemos?
La Plataforma propone la “Autonomía Guiada”. No se trata de elegir entre el caos de la calle o la rigidez militar.
- • Del juego libre nos quedamos con la toma de decisiones y la pasión.
- • Del juego reglado nos quedamos con la estructura que permite aprender el deporte.
El objetivo no es que los niños corran sin rumbo, sino que encuentren libertad dentro del orden. Como nos enseña la experta Natalia Balagué,
el límite no mata la creatividad, la crea. Un lienzo en blanco asusta; un marco permite pintar. Tu rol es poner el marco (las reglas, el espacio) y dejar que ellos pinten la jugada.
El proyecto mata el juego (si tú quieres)
Hay una frase demoledora en el documental:
“Cuando hay proyecto no hay juego, porque el proyecto impide jugar”.
Piénsalo. Si un niño está haciendo un castillo de arena y solo piensa en “tengo que terminarlo antes de las 5 para que quede perfecto”, entra la ansiedad. Deja de disfrutar el proceso.
En el fútbol pasa igual. Si convertimos el partido del sábado en un “proyecto” (ganar la liga, el ascenso, el prestigio del entrenador), matamos el juego. Aparece el miedo al error.
Aquí entra Gorka Etxeberria con su concepto del “Éxito de la Satisfacción”. La Plataforma propone eliminar la ansiedad por el resultado futuro. El entrenador debe proteger el presente del niño.
- • Si falla un pase, no es un drama que arruina el proyecto.
- • Como dice Manuel, simplemente “a veces funciona y a veces no”.
Tenemos que naturalizar el fallo. El error es solo información, no una sentencia.
Conjugar el verbo “Dejar”
Vivimos en una sociedad que ha infantilizado a los niños. No les dejamos ir solos ni a comprar el pan. Y en el campo, hacemos lo mismo.
Alberto Martín Barrero (Real Betis) critica duramente al “Entrenador Joystick” que dirige cada movimiento. Y tiene razón, porque Tonucci nos recuerda que
“el verbo jugar no se conjuga con acompañar, se conjuga con dejar”.
La Plataforma propone pasar de la Enseñanza al Aprendizaje. Nadie puede “enseñar” nada a nadie si el otro no lo procesa. El aprendizaje es un proceso interno del niño.
- • Cállate un poco más.
- • Deja que se equivoquen.
- • Deja que resuelvan.
Los niños aprenden precisamente cuando no interviene un adulto para salvarles.
Herramientas: El mejor juguete es el barro
Para terminar, quiero que te lleves algo práctico. El documental dice que el mejor juguete es el barro, porque no es nada y puede serlo todo. Un juguete caro y cerrado solo sirve para una cosa; el barro sirve para imaginar.
¿Cómo llevamos el “barro” al entrenamiento? Manuel Domínguez nos sugiere el modelo de Horst Wein:
- 1. Simplifica: Menos jugadores, espacios más pequeños.
- 2. Adapta: Que el juego sea comprensible para su edad.
- 3. Exagera: Provoca situaciones repetidas para que ellos encuentren la solución.
Al simplificar el juego (hacerlo barro moldeable), el niño lo entiende. Y si lo entiende, no necesita tus gritos. Eso es autonomía. Eso es dignidad.
Devolvámosle al fútbol base la seriedad del juego de un niño. Menos circo, menos gritos y más dejar hacer.