Los padres están ahí, apoyando al niño pero sin meterse para nada en el trabajo de sus entrenadores.
Padres que desean que su hijo haga deporte por lo mucho que se puede aprender de él pero que lo dejan en manos de los profesionales en los que confía plenamente en lo deportivo y en lo personal.
En el mundo del fútbol juvenil, hay un fenómeno preocupante: padres que, tras no haber alcanzado sus propias metas futbolísticas, proyectan sus sueños no realizados en sus hijos. Estos padres, con la mejor intención, construyen una especie de “robot” en sus hijos, tratando de vivir a través de ellos lo que no pudieron lograr por sí mismos.
Estos padres, muchas veces, justifican su comportamiento diciendo que desean que su hijo llegue a donde ellos no pudieron debido a una lesión, falta de apoyo de sus propios padres, decisiones equivocadas del entrenador, o limitaciones económicas. Sin embargo,
la verdadera razón detrás de este comportamiento es el deseo de revivir sus propias oportunidades perdidas y alcanzar el éxito a través de sus hijos.
A pesar de saber que solo uno de cada diez mil jugadores llega a ser profesional, creen firmemente que su hijo será esa excepción si lo preparan adecuadamente, le dan buenos consejos y lo colocan en un club competitivo. En su mente, están construyendo una autopista directa al éxito para su hijo. Pero en realidad, están iniciando un viaje lleno de obstáculos para el niño.
Imaginemos esta situación como un viaje en coche: el padre es el copiloto que constantemente le dice al hijo qué debe hacer, a menudo llevándolos en la dirección equivocada. Se encuentran con innumerables problemas: se quedan sin gasolina, pinchan una rueda en un tramo peligroso y deben detenerse repetidamente. Mientras tanto, otros niños, como Luis, avanzan sin problemas, lo que provoca la furia del padre, quien culpa a su hijo y a los demás por sus propios fracasos.
Padre que estás leyendo este artículo, te pido que te bajes del coche y dejes que tu hijo pilote solo.
Permítele que cometa errores, que disfrute y que sea feliz practicando el deporte que tanto le gusta sin depender constantemente de ti.
Ubícate en un lugar distante de la autopista, tal vez en un bar de la gasolinera, donde puedas esperar a tu hijo y escuchar sus ilusiones y fracasos. De esta manera, podréis disfrutar de una relación padre-hijo mucho más saludable y enriquecedora.
Algunos padres, en su afán de ayudar, se convierten en entrenadores, inscribiéndose en escuelas de entrenadores para aprender más y orientar a sus hijos. Otros los llevan a entrenar personalmente en campos abiertos, preparándolos físicamente y dándoles consejos técnicos como si fueran entrenadores profesionales. Sin embargo, esto puede resultar contraproducente.
El mejor consejo que puedo darte es: bájate del coche y
deja que tu hijo conduzca su propio destino en el fútbol. Proporciónale apoyo y cariño desde una distancia saludable, permitiéndole disfrutar del deporte y desarrollarse de manera autónoma.
De esta manera, contribuirás a que tu hijo no solo sea un mejor jugador, sino también una persona más feliz y segura de sí misma.
la actitud que presente el padre frente a su hijo será definitiva en la calidad del rendimiento del jugador.Puede destrozar su proyección o fomentarla de forma extraordinaria.