La falta de afecto enferma al jugador. Seguro que has escuchado esa frase alguna vez: “hay que tratarles con mano dura para que espabilen”?
En el fútbol hemos normalizado el grito, el castigo y la mala cara. Pensamos que la exigencia está reñida con el cariño. Creemos que si tratamos bien al niño, se va a acomodar.
Esto se lo he oído a muchos entrenadores ya curtidos en el barro. Pero tengo que contarte algo muy serio.
Humberto Maturana, en su libro “Biología del Amor y Juego”, nos lanza una advertencia que hiela la sangre:
La falta de amor enferma físicamente a las personas.
No estamos hablando de “ser buenos” o de filosofía barata. Hablamos de biología pura y dura.
Si tu club o tú como padre no ofrecéis un espacio de aceptación total, no solo estáis fallando deportivamente. Estáis poniendo en riesgo la salud de vuestros hijos.
La falta de afecto enferma al jugador.
El amor es una necesidad biológica (como comer)
Maturana lo explica clarísimo: los seres humanos somos animales dependientes del amor.
Para la biología, el amor no es regalar cosas ni ser empalagoso.
Amar es aceptar al otro tal y como es. Es decirle al niño: “Tienes derecho a estar aquí, contigo no me sobra nada”.
Cuando un niño siente esa aceptación (en casa o en el vestuario), su cuerpo funciona bien. Su sistema inmunológico está fuerte, crece sano y su cerebro aprende.
Pero, ¿qué pasa cuando le negamos esa aceptación?
El peligro de la “Negación”
En el fútbol formativo negamos al niño constantemente:
- Cuando le criticamos sin parar.
- Cuando le dejamos en el banquillo como castigo.
- Cuando le hacemos sentir que solo le queremos si gana o juega bien.
Maturana dice que esto es una negación. El mensaje que recibe el cerebro del niño es: “Si no rindes, no te quiero”.
En ese momento, el cuerpo del niño entra en alerta. Se dispara el cortisol (la hormona del estrés). Su sistema inmunológico se deprime. Se altera su crecimiento.
Expertos de nuestra plataforma como el psicólogo Pere Alastrué nos avisan de una epidemia de ansiedad y lesiones inexplicables. Ahora sabemos la causa: el cuerpo del niño está gritando lo que su boca calla.
Un entorno hostil enferma. Literalmente.
No es “Buenismo”, es Salud Pública
Muchos entrenadores me dicen: “Pedro, es que yo no soy su padre, yo estoy para exigir”.
Error.
Tú eres un educador. Y como dice el Manifiesto de la Plataforma de Fútbol Formativo, tu primera misión es proteger la integridad del menor. Un club que trata mal a los niños, que permite el insulto o la humillación, no es un club exigente. Es un problema de salud pública.
La exigencia deportiva es maravillosa, pero nunca puede estar por encima de la dignidad de la persona.
Puedes corregir un pase, claro que sí. Pero no puedes atacar la identidad del niño (“eres un inútil”, “no vales”).
3 Herramientas para sanar el vestuario
Si queremos jugadores sanos (y por tanto, mejores deportistas), tenemos que aplicar esta “biología del cariño”. Aquí tienes tres acciones urgentes:
1. El “Escáner de Rostros” (Para Entrenadores)
Antes de corregir tácticamente, mira a la persona.
Cuando lleguen al entrenamiento, fíjate en sus caras. ¿Vienen tensos? ¿Tristes?
Como propone Pere Alastrué, actúa como un “Entrenador Observador”. Si ves a un niño mal, pregúntale “¿estás bien?” antes de pedirle que corra.
Ese segundo de preocupación humana valida su existencia y baja su estrés.
2. La Aceptación Incondicional (Para Padres)
Tu hijo necesita saber que tu amor no depende del marcador.
Jamás condiciones tu humor al resultado del partido.
Pase lo que pase el sábado, el abrazo final debe ser el mismo. Dile: “Me encanta verte jugar”. Punto. No añadas un “pero podrías haber corrido más”.
Esa aceptación total es la vitamina que necesita su sistema nervioso para recuperarse.
3. Tolerancia Cero al Desprecio (Para Directivos)
Tú eres el responsable de la salud del club.
No permitas que ningún entrenador use el desprecio o la indiferencia como método de entrenamiento.
Si detectas a un técnico que humilla o ignora sistemáticamente a los niños menos hábiles, intervén. No es un “estilo de entrenar”, es una agresión a la salud del menor. Protege a tus jugadores.
Conclusión
El fútbol es importante, pero la salud de nuestros niños lo es más.
No podemos fabricar futbolistas a costa de romper personas. La ciencia nos lo dice a gritos: sin aceptación, no hay salud. Y sin salud, no hay rendimiento.
Trata a tus jugadores con el respeto y el cariño que merecen biológicamente. Verás cómo, además de jugar mejor, viven más felices. Y de eso va todo esto.
La falta de afecto enferma al jugador.