Lo que encuentras cuando tu hijo se inicia en el fútbol

Lo que encuentras cuando tu hijo se inicia en el fútbol

Lo que encuentras cuando tu hijo se inicia en el fútbol. En las siguientes líneas, relato los misterios, desafíos y alegrías de mi travesía como un padre novato inmerso en el mundo del fútbol infantil. Descubriremos juntos por qué esta experiencia, llena de aprendizajes y desafíos, se convierte en un fascinante relato sobre la importancia de apoyar y comprender a nuestros hijos en sus pasiones. ¡Prepárense para sumergirse en un viaje lleno de reflexiones y descubrimientos que resonarán en el corazón de cualquier padre!

En estos años de andanzas futboleras con mi hijo, he recibido mensajes y vivido experiencias que quiero compartir contigo, que quizás estés leyendo este artículo con problemas similares a los míos.

Mi pequeño, con sus 6 añitos, llega del cole a diario lleno de moratones en las piernas, despeinado y con una sonrisa de oreja a oreja porque ha clavado un golazo en el patio. Ahora me suplica que lo apunte a un equipo. Pero yo, que no soy fan del fútbol y resisto lo que veo en la tele, intento disuadirlo con natación, kárate o ajedrez.

Inscribo al chaval en el equipo del cole, pero resulta ser más guardería que equipo. Luego de intentar otras opciones, lo llevo a un club cercano, aunque me parece pequeño todavía. La primera visita es asombrosa, el campo es inmenso, los niños corren con gacelas y el entrenador, enérgico y uniformado, parece de la Premier.

En la oficina del club, pregunto al responsable si mi hijo es muy pequeño para esto. Con una sonrisa y mostrándome fotos de críos más chicos, me confirma que es la edad perfecta. Cuotas, horarios, y ¡vamos a entrenar!

La primera noche antes del entrenamiento es horrible, está nervioso. Le prometo que lo recogeré puntualmente. Pero al día siguiente, la profesora me informa de un comportamiento violento. Al recogerlo, no quiere entrenar. Discutimos, llora, y llegamos tarde. El entrenador nos recibe con cara de pocos amigos.

En la grada, padres amigables, algunos no tanto. Me hablan de ofertas de otros clubes, relaciones con jugadores profesionales, y promesas del entrenador. Me pierdo en la charla y confieso mi desconocimiento.

El primer día es un caos, mi hijo llora, los padres critican, y el entrenador no quiere hablar conmigo. Me pide botas para el próximo entrenamiento. Hablo con el coordinador, quien me tranquiliza y me dice que mi hijo se adaptará.

De vuelta a casa en silencio, le pregunto cómo le fue. No entiende mucho, pero está bien. Los sábados compramos botas. En el parque, intento enseñarle técnicas, pero solo quiere jugar. Mis correcciones lo frustran, y me doy cuenta de que quizás le exijo demasiado.

Empieza a jugar partidos, lo ponen de delantero, pero pasa la mayoría del tiempo en el banquillo. Los padres se quejan, me quejo. En el camino de vuelta, intento enseñarle, pero lo noto distante. Los gritos de los padres me desconciertan.

Con el tiempo, mi hijo mejora, yo cambio, y mi ilusión se centra en que sea un gran futbolista. Aumento los estímulos: consejos, comentarios, broncas y promesas. Me convierto en su entrenador, pero un día sale llorando del vestuario, acusándome de arruinar su fútbol.

¿Qué he hecho mal? ¿Dónde me equivoqué? Soy un padre nuevo en esto del fútbol y no sé qué está pasando.

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