mirada del entrenador

Aprende a ver el fútbol como aprende a catar un vino: despacio, con atención y sin miedo a equivocarse

Hay un niño de 11 años que lleva tres semanas sin dormir bien. Algo que la mirada del entrenador debería ver antes que nadie. No está enfermo. El domingo hay partido y tiene miedo. Miedo a fallar. A la cara de su padre al salir del vestuario. Al silencio del coche de vuelta a casa si el equipo pierde.

Un niño de 11 años con insomnio de adulto.

Y lo más perturbador no es ese niño. Es que su entrenador lo sabe. Lo ve en los ojos cada viernes en el entrenamiento. Pero no sabe qué hacer, porque nadie le enseñó para esto. Le enseñaron sistemas de juego. No a salvar infancias. En el fútbol formativo pasan estas cosas cada semana, en miles de campos de toda España, y casi nadie las ve. Este artículo es sobre eso: sobre aprender a ver.

El paladar plano: solo ve quien ha ganado

Luis Cantarero es psicólogo, antropólogo y profesor de la Universidad de Zaragoza. Lleva décadas estudiando algo que la mayoría prefiere no nombrar en voz alta:

“El fútbol industrial trata a los niños como simples piezas de una máquina.”

— Luis Cantarero, psicólogo y profesor de la Universidad de Zaragoza

No lo dice desde un despacho. Lo ha visto en los campos. Lo ha documentado. Y tiene razón: la mayoría de los adultos que rodean el fútbol base solo saben leer un partido de una manera. ¿Ha ganado o ha perdido? Paladar plano. Estímulo básico.

David Urrego, investigador y metodólogo especializado en fútbol formativo, va más lejos:

“Tenemos que aprender a ver los resultados. Tenemos que aprender a ver por qué los resultados no se dan. No se dan porque el proceso está mal.”

— David Urrego, investigador y metodólogo de fútbol formativo

Aprender a ver. Ahí está todo. Ahora bien, ¿cómo se aprende a ver lo que antes era invisible? Hay un filósofo llamado José Carlos Ruiz que lo explica mejor que nadie. Y no habla de fútbol. Habla de vino.

Un Burdeos de 1945 y un paladar que despierta

Ruiz plantea esta escena: pon ante un grupo de personas dos copas de vino excelentes. Un Montilla-Moriles de 50 euros y un Burdeos francés de 1945 de 300 euros, del que solo quedan mil botellas en el mundo. La persona no iniciada los prueba. Le gustan los dos porque son dulces y entran bien. Pero no es capaz de apreciar la diferencia real. Un paladar plano ante algo extraordinario.

Ahora imagina que esas mismas personas pasan un año en una escuela intensiva de cata. Aprenden a agitar la copa, a mirar el color contra la luz, a detectar las notas de barrica de roble. Un año después vuelven a los mismos vinos. Los mismos. Y cuando prueban ese Burdeos de 1945, algo cambia por dentro. Ruiz lo llama un despertar del gusto: una capacidad de percibir y disfrutar que antes, sencillamente, no existía.

La gran conclusión: los vinos no han cambiado. Lo que ha cambiado es el que mira. Y “cultura” y “cultivo” comparten la misma raíz etimológica. Ambos requieren tiempo, cuidado y atención. Una vez que te cultivas, tu capacidad de disfrutar con la vida es infinitamente superior.

Los vinos no han cambiado. Ha cambiado el que mira. Y en el fútbol formativo pasa exactamente lo mismo. El niño que no puede dormir sigue ahí. El entrenador que no sabe qué hacer también. La única pregunta es cuándo empezamos a cultivar el paladar de las personas que los rodean.

La mirada del entrenador cultivado: lo que los demás no ven

¿Qué ve exactamente ese entrenador que los demás no ven? Un niño de 12 años que hace un desmarque de apoyo para arrastrar a un rival y liberar a un compañero. Un niño que comete un error grave y, en lugar de hundirse, pide el balón de nuevo veinte segundos después. Un niño que toma una decisión propia en lugar de esperar que alguien desde la banda le grite lo que tiene que hacer.

Eso es el Burdeos de 1945. El padre sin cultivar ve el marcador. La mirada del entrenador cultivado ve todo eso. Y cuando lo ve, se emociona. No es metáfora.

Pau Cecilia es investigador y formador de entrenadores en la Universidad EUSES de Amposta. Lo dice con una dureza que a veces incomoda, pero que es necesaria:

“Hay muchos entrenadores que no son conscientes de que sus metodologías son antipedagógicas porque están limitando la capacidad del niño de pensar y decidir.”

— Pau Cecilia, investigador y formador de entrenadores, Universidad EUSES

Un entrenador que dirige cada acción desde la banda no está entrenando. Está impidiendo que el niño aprenda a ver el juego. Está embotando el paladar del jugador antes de que pueda desarrollarlo.

El error no es el enemigo: es el profesor

En la escuela de cata, equivocarse es parte del método. Confundes el Burdeos con el Borgoña. El maestro no te grita. Te pregunta: ¿qué notabas en la nariz? ¿Qué sentías en el retrogusto? La equivocación se convierte en aprendizaje.

Alberto Martín Barrero tiene una de las ideas más poderosas que hemos escuchado en la Plataforma sobre esto. Esa conversación está recogida en La huella que dejamos:

“Si no hay error, no hay aprendizaje. Si queremos niños autónomos, la única forma de que consigan esa autonomía es encontrando el error.”

— Alberto Martín Barrero, coordinador de metodología de la cantera del Real Betis

El problema es que muchos adultos que rodean el fútbol base tienen terror al error. El padre que se tapa la cara cuando el niño falla. El entrenador que saca al jugador justo cuando más lo necesita. Ese terror no viene de la maldad. Viene, en cambio, de no haber cultivado el paladar. De no saber que el error es, literalmente, el momento donde el aprendizaje ocurre. Por eso la mirada del entrenador que forma empieza por cambiar su relación con el fallo.

Jesús Vicente Ruiz Omeñaca es investigador de la Universidad de La Rioja y ha pasado décadas midiendo esto con datos. Lo que encontró le sorprendió incluso a él:

“A veces necesitamos una inversión primigenia de tiempo para convertir esto después en tiempo de acción. Esa inversión inicial rápidamente se traduce en autonomía.”

— Jesús Vicente Ruiz Omeñaca, investigador, Universidad de La Rioja

Parar cinco minutos para que los niños resuelvan solos un conflicto de juego parece una pérdida de tiempo. Sin embargo, es exactamente lo contrario. Es la inversión que después produce jugadores que piensan, deciden y no necesitan que nadie les grite lo que tienen que hacer.

Cultivar el fútbol formativo lleva tiempo. El mismo que lleva criar un árbol

La escuela de cata dura un año. No una tarde, ni un fin de semana. Un año entero. Eso es lo que irritaba al filósofo Ruiz de nuestra cultura: la impaciencia. Queremos el resultado sin el proceso. El fruto sin el árbol.

Sonia Kliass es psicóloga especializada en desarrollo infantil. Trabaja en Girona y lleva años explicando algo que los adultos del fútbol base no quieren escuchar:

“El cerebro se considera adulto en torno a los 21 o 22 años. Falta mucha paciencia en los entrenadores para ser más comprensivos. El ritmo que le estás pidiendo al niño es el de un adulto, no el suyo.”

— Sonia Kliass, psicóloga especializada en desarrollo infantil, Girona

Madeleine Peralta dirige una academia de fútbol formativo en Lima. Lo ha visto en todos los contextos y en todos los continentes. Y siempre llega a la misma conclusión:

“El fútbol formativo es un proceso y es lento, es lento y de mucha paciencia.”

— Madeleine Peralta, directora de academia de fútbol formativo, Lima (Perú)

Perico Herraiz lleva décadas en el barrio del Gancho de Zaragoza usando el fútbol para sacar a jóvenes en riesgo de exclusión. Es, quizás, el entrenador más honesto que hemos conocido sobre esto:

“Tú estás sembrando hoy y recogerás tal vez el fruto dentro de un tiempo. Ves una trayectoria, una mejoría. Es un orgullo verles entrenar, competir.”

— Perico Herraiz, director de Cooperación Internacional en Aragón e impulsor del programa de liderazgo social

Sembrar hoy. Recoger después. Ese es el tiempo del fútbol formativo. El mismo que necesita un árbol, el mismo que necesita un catador de vinos. Y también el mismo que necesita la mirada del entrenador para madurar. No hay atajo.

Saborear la miel: lo que el fútbol formativo cultivado puede darte

El catador de vinos, cuando finalmente prueba ese Burdeos de 1945 con el paladar cultivado, experimenta algo que el no iniciado nunca podría imaginar: más placer, más profundidad, más conexión con lo que tiene delante.

Pere Lavega es catedrático de INEFC y una de las referencias mundiales en praxiología motriz. Tiene una imagen para esto que nosotros no hemos podido dejar de usar desde que la escuchamos:

“Que todos puedan saborear la miel del bienestar que origina este magnífico deporte que es el fútbol.”

— Pere Lavega, catedrático de INEFC y referente mundial en praxiología motriz

Saborear la miel. Eso es lo que gana quien cultiva la mirada del entrenador de verdad. Ya no sufre en la banda. Disfruta. Ve cosas que los demás no ven. Se emociona con un desmarque que nadie más en la grada ha notado. Y esa emoción la transmite. Los niños la perciben. Y el entrenamiento se convierte en algo que vale la pena.

Luja Chirosa es catedrático de la Universidad de Granada y lleva toda su vida con un pie en la cancha y otro en la investigación. Tiene una pregunta que lanza a sus alumnos de entrenadores y que, una vez que la escuchas, no puedes ignorar:

“De aquí a veinte años, ¿de qué se acordará un jugador tuyo? ¿De la táctica defensiva o de cómo le hiciste sentir y comprender el juego?”

— Luja Chirosa, catedrático de la Universidad de Granada e investigador internacional

De cómo le hiciste sentir. Eso es lo que queda. No el sistema de juego del sábado. No el marcador. La forma en que el entrenador cultivado mira a un niño cambia la vida de ese niño. Aunque nadie en la grada lo vea.

Un matiz honesto: cultivar no significa ignorar el resultado

Dicho todo lo anterior, hay una trampa fácil en este argumento. Y queremos nombrarla.

Defender el proceso no es lo mismo que negar la competición. El catador de vinos sigue teniendo preferencias. El entrenador cultivado también quiere ganar. La diferencia está en que no lo convierte en la única métrica de éxito. Amparo Aparisi, coach en inteligencia emocional aplicada al fútbol formativo, lo dice con precisión:

“No está reñido el formar y el disfrutar con el obtener un resultado. Apostar por la formación y por el trabajo en valores no significa que nos dé igual el resultado.”

— Amparo Aparisi, coach en inteligencia emocional aplicada al fútbol formativo

No estamos pidiendo que se elimine el marcador. Estamos pidiendo que deje de ser la única copa sobre la mesa. Hay otra copa. Más compleja, más profunda. Solo la ven los que han desarrollado la mirada del entrenador que forma.

Cinco cosas que puedes hacer esta semana para cultivar tu paladar en el fútbol formativo

  • Cuando un jugador cometa un error, espera tres segundos antes de decir algo. Deja que lo procese.
  • Elige al jugador más silencioso del equipo. Obsérvalelo durante diez minutos sin mirar el balón. Si no eres capaz de decir tres cosas que hizo bien, no lo estás viendo.
  • Al acabar el entrenamiento, pregunta: “¿Qué decidiste hoy que te costó?” Si nadie tiene respuesta, es que no les has dado ocasión de decidir nada.
  • La próxima vez que vayas a gritar desde la banda, para. Cuenta hasta tres. Si al llegar a tres sigues queriendo gritar, pregúntate a quién le está sirviendo ese grito.
  • Después del próximo partido, no hables del resultado con ningún compañero. Habla de una sola jugada donde un niño decidió solo. Si no encuentras ninguna, tienes el diagnóstico.

Estos gestos parecen pequeños. No lo son. Son el año en la escuela de cata. Se ensayan mucho antes de que importen. Y cuando importan, el niño ya lo nota.


“El marcador del sábado lo olvidas el lunes. Lo que le dijiste al niño después de fallar, él no lo olvida nunca.”


La mirada del entrenador que cambia una vida: el niño que no puede dormir

Ese niño de 11 años está en un campo ahora mismo. Esta noche tampoco dormirá bien.

No necesita un entrenador que sepa más táctica. Necesita uno que haya cultivado la mirada del entrenador que ve personas. Que vea en ese crío algo que el marcador del domingo nunca va a medir. Que entienda que su trabajo más importante no ocurre durante el partido. Ocurre el viernes por la tarde, cuando ese niño llega al entrenamiento con los ojos cansados y el entrenador lo nota.

El catador de vinos tardó un año en ver lo que siempre estuvo ahí.

¿Cuánto tiempo llevas tú mirando sin ver?


Este artículo no habría sido posible sin las voces de Alberto Martín Barrero, Pere Lavega, Jesús Vicente Ruiz Omeñaca y Luis Cantarero. Tampoco sin las de David Urrego, Pau Cecilia, Sonia Kliass, Perico Herraiz, Luja Chirosa, Madeleine Peralta y Amparo Aparisi. Gracias a ellos y a todos los expertos que, entrevista a entrevista, siguen construyendo esta Plataforma.

Las 31 primeras entrevistas de la Plataforma están recogidas en La huella que dejamos. Un año recorriendo campos de toda España para demostrar que otro fútbol es posible.


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