Pensar en el equipo

Pensar en el equipo

Pensar en el equipo. En el mundo del deporte, es común encontrarse con un estilo de gestión piramidal y vertical, donde la autoridad se concentra en la cúspide y las órdenes fluyen hacia abajo. Este modelo, arraigado en épocas de conflictos bélicos, refleja una dinámica de mando y control que, si bien puede haber sido efectiva en el pasado, hoy enfrenta desafíos en su aplicación en el ámbito deportivo.

Al observar esta estructura aplicada a un club deportivo, con presidentes, vicepresidentes, coordinadores y entrenadores, se revela una jerarquía que prioriza la complacencia de los superiores en lugar de atender las necesidades fundamentales del verdadero corazón del equipo: los jugadores.

Los entrenadores, muchas veces, se ven presionados por obtener resultados inmediatos, dejando de lado el desarrollo integral de los jóvenes deportistas. Su enfoque se limita a alcanzar títulos y reconocimientos, sin considerar el impacto a largo plazo en la formación y el bienestar de los jugadores.

Pero, ¿qué pasaría si cambiamos el paradigma y colocamos a los jugadores en el centro de la estructura?

Imaginemos una nueva organización, donde los jugadores ocupan la posición más alta, seguidos por entrenadores, coordinadores, vicepresidentes y presidentes. Bajo este enfoque, el objetivo principal es servir a los jugadores, asegurándose de satisfacer sus necesidades en todos los niveles de la organización.

Este cambio de perspectiva transforma por completo la dinámica interna de un club deportivo. Ya no se trata solo de obtener resultados deportivos, sino de crear un ambiente que fomente el crecimiento personal y deportivo de cada jugador.

Sin embargo, este cambio de paradigma no está exento de desafíos. Muchas veces, las personas dentro de la organización se aferran a sus privilegios y resisten los cambios que podrían beneficiar al equipo en su conjunto.

El verdadero liderazgo deportivo implica identificar y satisfacer las necesidades de los jugadores, no solo cumplir con sus deseos. Esto significa establecer límites claros.Fomentar un ambiente de disciplina y respeto mutuo. Y crear oportunidades para que cada jugador alcance su máximo potencial, tanto dentro como fuera del campo.

En última instancia, el éxito de un equipo no se mide solo en términos de trofeos y reconocimientos, sino en el impacto positivo que tiene en la vida de sus jugadores.

Como líderes deportivos, nuestra responsabilidad es garantizar que cada jugador tenga la oportunidad de crecer y prosperar, tanto en el deporte como en la vida.

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