Perder no es ningún fracaso

Perder no es ningún fracaso

Perder no es ningún fracaso. Uno de los objetivos que nos hemos marcado desde hace un tiempo es erradicar del fútbol formativo a todos aquellos entrenadores, directivos y padres que piensan en ser muy competitivos porque no creen que exista otro camino para conseguir el éxito en el fútbol base.

Lamentablemente, hay equipos que están montados para ganar y si no lo hacen piensan que eso es un fracaso.

No se dan cuenta que este enfoque está pensado para el fútbol profesional pero en el fútbol formativo el centro de todo es el jugador y no podemos sustituirlo por intereses personales o exigencias del club. 

Imagínate que estás en un partido de alevines de preferente. El delantero va a tirar a puerta pero como el balón está para golpearlo con la pierna izquierda, recorta, se lo coloca en la derecha y golpea. 

Un entrenador competitivo no le dirá nada porque sabe que con la izquierda no es capaz de colocar el balón entre los tres palos. Encuentra esta situación lo más normal del mundo ya que él piensa en ganar el partido. Tienes más probabilidades de meter gol si disparas con tu pierna hábil.

Un entrenador formador le recordará en su momento que sea valiente y lo intente con su pierna izquierda porque por encima del resultado está su formación como jugador. No busca colgarse una estrella si no que mejoren sus jugadores compitiendo al máximo. Posiblemente el disparo no vaya a puerta pero, si el entrenador le premia con un muy bien cuando lo intenta, al final acabará utilizando ambas piernas.

¿Quién sale ganando cuando somos formadores y no competitivos? El jugador. Siempre el jugador. Nuestro hijo.

Me ha encantado la diferencia que se establece en el libro “Ser el entrenador perfecto” https://es.scribd.com/doc/294514948/18/Eres-competitivo-o-competidor . En el libro se establece una diferencia entre ser competitivo y ser competidor:

“El enfoque competitivo implica ser una persona que no le gusta perder en nada. Cierto, un tópico que todos nos colocamos como si fuera algo destacable y especial en algunas personas y que realmente es una tontería pues creo que a nadie le gusta perder en nada. El problema surge cuando, como consecuencia de no ganar o ir ganando en algo se pierden las formas. 

Yo fui así hasta los 18 años. Cuando jugaba en el colegio con los compañeros y nos marcaban un gol o íbamos perdiendo, les gritaba y me enfadaba con ellos.

 Cuando acababa, por mi forma de ser, me veía obligado a pedirles perdón pues alguno me miraba resentido. Y eso que sólo era una pachanga en el patio del colegio. A pesar del perdón, la actitud de un líder, un capitán, un entrenador o, en menor grado, de cualquier jugador, no es la correcta.

Ser un formador merece la pena. La actitud, durante cualquier juego o actividad que realices, tiene que ser la misma en cuanto a no rendirse nunca y dar el máximo hasta el final del juego. Lo que cambia es la actitud hacia los demás integrantes del equipo. 

Los animamos siempre, no les reprochamos nada ni les gritamos. Si les quieres corregir algo, hazlo de manera tranquila, acercándote a ellos y diciéndoselo casi como si fuera una sugerencia para la próxima jugada. Una palmadita o chocarle la mano nunca está de más. Y cuando acabe el partido, independientemente de cómo haya quedado, no hay enfados. 

Si cada uno ha dado todo lo que ha podido, ahí tiene que quedar la cosa. Sea una pachanga, un trabajo o la final de la Champions. Nada se puede hacer cuando algo ha acabado. 

Todo el mundo quiere ganar y hace en todo momento lo cree que es mejor para conseguirlo. Es una tontería enfadarse.

Ser competitivo y enfadarse o gritar no es lo mejor. Piensa en la reacción que tendrías si alguien se comportara así contigo… Te entraría el “miedo” a fallar y te acabarías frustrando al ver cómo el entrenador que te recrimina también falla en algunas cosas y, sin embargo, a él nadie le dice nada. En definitiva, te pones más nervioso. 

Además si eres competitivo, la relación con la persona a la que recriminas se puede resentir. Pidas o no perdón por las exigencias, habrá jugadores que no quieran jugar para ti porque saben de tu comportamiento.

Y en cambio, cuando la persona formadora te apoya, te tranquilizas después de un fallo. Escuchas mejor las indicaciones que puede darte evitando de nuevo cometer el mismo error. Te sientes reforzado y tranquilo pues sabes que, aunque cometas algún fallo, no  van a hacerte sentir mal pues tú estás haciendo lo posible por no fallar. Y, lo más importante, la relación fuera no se resiente”.

Los entrenadores competitivos no buscan formar sino ganar. Piensan que cuanto más gritan, mejores resultados obtienen. Se enfadan mucho con las decisiones de los árbitros porque no aceptan errores de ningún tipo ya que pueden influir en el desenlace del partido. 

Recriminan a los jugadores porque no permiten que tengan fallos que les priven de su victoria. Son capaces de verse todos los partidos de su competición para conocer los equipos rivales pero no tiene tiempo de formar a sus jugadores ni conocen a fondo sus problemas y motivaciones.

Los padres competitivos sueñan únicamente con la victoria del fin de semana. No hablan de otra cosa con los otros padres. Son tan insoportables que desde la primera hora de la mañana están dando consejos a su hijo sobre la forma en la que debe afrontar el partido. 

No son capaces de ser objetivos con lo que ocurre en el campo y gritan o protestan las decisiones de los árbitros efusivamente. A sus hijos, les recriminan todos los errores que van teniendo en el partido. No son capaces de disfrutar del partido. Parece que los que juegan en el campo son ellos.

Los jugadores competitivos tienen en la cabeza que lo único importante es ganar. Son aquellos que se toman el fútbol tan en serio que lo ponen por delante de todo, incluso de sus estudios

Les molesta y critican los errores que cometen los demás y son demasiado exigentes con ellos mismos. Se desesperan cuando cometen un fallo y realizan gestos ridículos como queriendo decir que no entienden cómo han podido fallar. Son muy poco deportivos porque no saben perder y no aprenden de sus fallos porque todo lo achacan a su mala suerte o a sujetos externos a él.

Nuestra pelea está centrada en conseguir que, tanto los entrenadores como los padres y los jugadores, entiendan que, en este periodo formativo tan importante, el único camino que te puede llevar a la mejora como jugador y como persona es aprender a ser un buen competidor y erradicar por completo a los competitivos.

Animo a todos los lectores de este blog que transmitan estas ideas a sus compañeros, a sus amigos y que nos cuenten en pocas palabras experiencias parecidas a las que estamos planteando. 

Os espero con vuestras intervenciones aquí abajo. Puedes hacerlo de forma anónima o con tu nombre y apellido. Agradezco mucho vuestras consultas y experiencias porque realmente, al leerlas, me enriquecen. He podido comprobar que leen estos artículos personas de los cinco continentes, especialmente los de habla española. Por lo tanto esto se está convirtiendo en un verdadero foro internacional.

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