Prevenir la Violencia en el Fútbol Base

Prevenir la Violencia en el Fútbol: Lo que los Adultos No Entendéis

Prevenir la Violencia en el Fútbol. Me pediste que te contara cómo es un partido para mí. Tengo 12 años y el fútbol es lo que más me gusta del mundo. Pero te soy sincero, a veces, los sábados por la mañana, no tengo tantas ganas de ir a jugar.

No es por el partido. Es por el ruido.

No el ruido de los balonazos o de mis compañeros. Es otro ruido. Un ruido que viene de la grada. Un ruido de enfado que no entiendo. A veces, es mi propio padre. A veces, son los padres del otro equipo. Gritan al árbitro, nos gritan a nosotros… Y entonces, el partido deja de ser divertido. Se convierte en algo… feo.

“A veces, en el campo, siento que el partido más difícil no es contra el otro equipo. Es contra la grada.”

El Día que el Árbitro Paró el Silencio

Pero el otro día pasó algo que nunca había visto. Jugábamos en una liga nueva, en Málaga. Y en una jugada, un padre de mi equipo empezó a gritarle al árbitro. Y entonces, pasó.

El árbitro no pitó una falta. Pitó, y se quedó quieto. Paró el partido.

Se acercó a nuestro banquillo y le dijo a mi entrenador, con mucha calma, que el partido no seguía hasta que ese señor dejara de insultar. Se hizo un silencio rarísimo. Todos nos quedamos mirando. El padre se calló, rojo como un tomate. Y seguimos jugando. Fue increíble. Por primera vez, sentí que alguien nos estaba protegiendo.

El Antídoto: Cuando te Entrenan para Ser Buena Persona

Mi entrenador actual, que se llama Marcos, no es como los otros. Él nos dice que en nuestro equipo hay dos entrenamientos. El del martes, que es para aprender a jugar al fútbol. Y el del jueves, que es para aprender a ser un equipo de verdad.

Él lo llama el “entrenamiento del antídoto”. Y nos explica que el respeto, la paciencia y el compañerismo son como una “vacuna”. Si la tienes puesta, los gritos de la grada no te hacen daño. Como nos decía nuestro experto Gorka Etxeberria, se trata de “inocular” los valores para que la violencia ni siquiera tenga espacio para nacer.

“Mi entrenador dice que el respeto no es algo que se pide. Es algo que se entrena.”

El otro día, un compañero mío, en lugar de chutar a portería, paró el juego porque un rival se había caído y parecía que se había hecho daño. Y el árbitro, en lugar de reñirle, se acercó y le sacó una tarjeta. ¡Pero era una tarjeta verde! Nos explicó que era un premio por ser un buen compañero. Mi amigo estaba más contento con esa tarjeta que si hubiera marcado el gol. Y yo, la verdad, también.

Una Pregunta para los Adultos

No sé. A veces pienso que os complicáis mucho. Habláis de tácticas, de ganar, de competir… Y a nosotros, lo único que nos importa es jugar con nuestros amigos.

Entiendo que queráis que ganemos. Pero no a cualquier precio. La prevención de la violencia en el fútbol base no es un protocolo raro. Es tan simple como lo que hizo aquel árbitro en Málaga: no permitir la primera falta de respeto. O como lo que hace mi entrenador: dedicarnos tiempo a explicarnos por qué ser un buen compañero es la jugada más importante de todas.

Por eso, la pregunta que yo os haría a todos los padres y entrenadores es muy sencilla.

¿Para qué nos entrenáis cada semana? ¿Para ganar una copa que se llenará de polvo en una estantería, o para ser el tipo de persona que, dentro de veinte años, seguirá amando este deporte?

Prevenir la Violencia en el Fútbol

Un saludo,

Leo (12 años).

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