Hay una pregunta que cualquier entrenador, directivo o familia con hijos en el fútbol lleva años haciéndose en silencio: ¿esto se puede cambiar, o es así como funciona y punto? Lo que nadie había hecho todavía era preguntarlo a la vez a personas de 15 países distintos, sistematizar sus respuestas y ver qué salía.
Eso es exactamente lo que hicimos desde la Plataforma de Fútbol Formativo como parte de la preparación del I Congreso de Fútbol Formativo. Queríamos que el programa lo definiera el sector, no una agenda decidida desde arriba. Así que antes de cerrar ningún contenido, lanzamos una pregunta abierta a los 215 inscritos: ¿qué cambiarías del fútbol base?
Respondieron 135 personas. Y lo que encontramos no fue lo que esperábamos.
Lo que nadie predijo: la unanimidad
Cuando recopilamos las respuestas, esperábamos dispersión. Cada país tiene su contexto, su cultura futbolística, su nivel de profesionalización. Esperábamos que un entrenador colombiano señalara algo distinto a un director deportivo valenciano, o que alguien de India tuviera prioridades alejadas de las de alguien de Bilbao.
No ocurrió así. Lo que apareció fue el mismo patrón, escrito con distintas palabras, desde distintos continentes.
«Que los padres de los niños sean niños», escribió un entrenador de Colombia. Podría haberlo escrito alguien de Lima, de Mumbai o de Caracas. Porque el diagnóstico que emerge de 135 respuestas es uno solo: los adultos que rodean al niño —familias, entrenadores, directivos— están orientados hacia el resultado en lugar de hacia el desarrollo. Y eso se manifiesta de tres maneras concretas, en el mismo orden de prioridad, independientemente del país.
Los tres temas que concentran el problema
El comportamiento de las familias (26%) fue el tema más citado, con diferencia. No como un agravante ni como un problema secundario: como el centro. «Los gritos, las peleas, las burlas, las presiones en los estadios», escribió un director deportivo de Colombia. Una madre de Bilbao llegó a algo más concreto: «Que los clubes no intercambien tanto a los niños. Que la formación signifique estabilidad.»
Lo interesante de estas respuestas es que no vienen de personas que buscan culpables. Vienen de gente que está dentro del sistema y lo describe desde cerca. La crítica a las familias, en muchos casos, la hacen los propios padres.
La cualificación del entrenador (19%) ocupa el segundo puesto, pero no en el sentido técnico-táctico habitual. Lo que señalaron fue otra dimensión: «Muchos entrenadores no saben cómo funciona el cerebro de sus jugadores por edad», escribió un entrenador de Murcia. En Chile, otro apuntó algo más estructural: «Las políticas donde cualquiera puede abrir una academia sin licencia.» El problema no es que los entrenadores no sepan de fútbol. Es que muchos no tienen formación en desarrollo infantil.
El resultadismo (18%) cierra el triángulo. Desde India, un director deportivo escribió algo que resume bien la tensión central: «Hacer entender la competición como medio, no solo como fin.» Desde Valencia: «La ansiedad por ganar a toda costa y el poco espacio a la exploración y al juego.» El resultadismo no es solo una actitud: es un sistema de incentivos que premia el marcador en la categoría benjamín con la misma lógica que en Primera División.
El ciclo que nadie había nombrado así
Cuando lees esos tres temas juntos, aparece algo que ninguno de los 135 encuestados enunció explícitamente pero que todos describieron: un ciclo que se alimenta a sí mismo.
Las familias presionan para ganar porque eso es lo que les parece que importa. Los entrenadores responden a esa presión ajustando sus decisiones — más resultado, menos exploración. El resultadismo se convierte en el idioma por defecto del club. El niño deja de disfrutar el deporte. La familia se frustra más porque su hijo no progresa como esperaba o no gana lo suficiente. Y vuelve a presionar.
Lo más llamativo es que este ciclo apenas cambia si cambias el país. El diagnóstico viaja.
Los ocho temas: el mapa completo
Más allá de los tres grandes, las respuestas identificaron otros cinco temas que completan el panorama: la ausencia de psicología deportiva en los clubes (5%), la estructura y criterios de los directivos (5%), el sistema de federaciones y competición (5%), la gestión emocional y la cultura del error (9%), y el papel central del niño —su disfrute, su bienestar, su protagonismo— que el 13% situó como prioridad.
Entre las propuestas que más quedaron al leer el conjunto: «Primero personas, luego deportistas», escribió alguien desde Ecuador. «La formación genuina: cómo tomar decisiones, tolerar la frustración, tener herramientas dentro y fuera del campo», apuntó una investigadora que trabaja entre Uruguay y Madrid.
Qué hacemos con este diagnóstico
Estos ocho temas son ahora el esqueleto del I Congreso de Fútbol Formativo (24 y 25 de octubre, online y gratuito). No porque los hayamos elegido nosotros, sino porque los eligieron las personas que trabajan en esto cada semana, en quince países distintos.
El Congreso no pretende resolver todo esto en dos días. Pretende crear el espacio donde ese diagnóstico compartido pueda convertirse en conversación colectiva —entre entrenadores, directivos, familias, psicólogos, investigadores— y a partir de ahí, en criterios comunes para trabajar diferente.
Si reconoces este ciclo en tu entorno, este es tu congreso.
Inscríbete al Primer Congreso de Fútbol Formativo — gratuito y online
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