¿Que sea feliz o que aprenda jugando al fútbol?

¿Que sea feliz o que aprenda jugando al fútbol?

¿Que sea feliz o que aprenda jugando al fútbol? Muchos padres y entrenadores tienen una idea muy clara cuando inscriben a sus hijos en un equipo de fútbol: quieren que sean felices. Y claro, ¿quién no desea la felicidad para sus hijos? 

Sin embargo, es fundamental cuestionar qué entendemos por felicidad y cómo ésta se relaciona con el aprendizaje en el fútbol. ¿Acaso no pueden ir de la mano? Gregorio Luri, un referente en el ámbito educativo, nos ofrece reflexiones valiosas que, aplicadas al deporte, pueden ayudar a esclarecer este dilema.

El fútbol de nuestro hijo no es simplemente un lugar para pasarlo bien, sino un espacio para el desarrollo integral. Comparar un campo de fútbol con un parque de atracciones es un error. En un parque de atracciones, la finalidad es la diversión pura y dura, pero en el fútbol, el objetivo es doble: disfrutar y aprender.

Muchos padres desean simplemente que su hijo sea feliz jugando al fútbol pero yo creo que es mucho más lo que en realidad queremos. Queremos que aprenda y que sea feliz descubriendo esas habilidades que el fútbol te presenta.

El fútbol ofrece oportunidades únicas para que los niños descubran sus mejores capacidades, desarrollen disciplina, trabajo en equipo y habilidades físicas y mentales. 

No se trata de sufrir, pero tampoco de reducir todo a la mera diversión sin propósito. Un entrenamiento adecuado puede ser apasionante y, al mismo tiempo, educativo.

Uno de los placeres más grandes de la vida, según Luri, es el placer intelectual: la comprensión de algo nuevo. En el fútbol, este placer se manifiesta cuando un niño entiende una táctica, mejora su técnica o aprende a superar a su oponente. Estos momentos de “eureka” no solo son emocionantes, sino que también construyen una base sólida para el desarrollo personal y deportivo.

¡Qué importante es aceptar nuestras limitaciones y trabajar en nuestras capacidades! En el fútbol, no todos los niños serán grandes estrellas, pero cada uno tiene su propio potencial. 

Algunos pueden no ser los más dotados técnicamente, pero quizás sean excelentes en la lectura del juego o en el liderazgo dentro del campo. Todos merecen la oportunidad de aprender y mejorar en lo que son buenos. 

Es responsabilidad de los entrenadores identificar y potenciar estas habilidades. Cuando el jugador nota que mejora, es feliz. Eso no quita que haya tenido que sufrir y poner mucho esfuerzo para corregirse. Pero esa satisfacción le proporciona felicidad. Haberse vaciado hasta el fondo, le llena completamente y es feliz.

Un aspecto que deseo destacar es el peligro de los elogios inmerecidos. Decirle a un niño que ha jugado bien cuando no es cierto, o justificar un mal rendimiento con excusas, puede ser perjudicial a largo plazo. Los niños son inteligentes y saben cuándo un elogio es sincero. En lugar de protegerlos de la verdad, es mejor atajar sus errores de manera constructiva y honesta, ayudándoles a aprender de sus fallos y a mejorar. 

Los padres muchas veces privan a sus hijos de la realidad con la idea equivocada de no hacerles sufrir. Están convirtiendo a sus hijos en futbolistas inmaduros, personas incapaces de enfrentarse a los retos del deporte, llenos de dificultades. 

Sin embargo, cuando les decimos las cosas con claridad y sienten nuestro apoyo, son capaces de encontrar soluciones poniendo el máximo esfuerzo. Y eso proporciona a vuestros hijos seguridad y felicidad.

En nuestra sociedad se puede apreciar una tendencia basada en la búsqueda de la felicidad inmediata. Los padres y entrenadores deben tener aspiraciones más ambiciosas para los niños. 

El fútbol no es solo para divertirse, sino para desarrollar capacidades y preparar a los jóvenes para desafíos futuros. 

Esta preparación incluye aprender a gestionar la frustración, trabajar en equipo y esforzarse por alcanzar objetivos a largo plazo, entre otras muchas cosas.

La verdadera felicidad en el fútbol no se encuentra en la diversión superficial, sino en el aprendizaje y el crecimiento personal. 

Los padres y entrenadores deben entender que el objetivo principal no es solo que los niños se lo pasen bien, sino que aprendan, crezcan y se desarrollen plenamente a través del deporte. Al final, un niño que aprende y mejora en el fútbol no solo será un mejor jugador, sino también una persona más completa y feliz.

¿Que sea feliz o que aprenda jugando al fútbol? ¿Tú qué opinas?

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