Responsabilidad del entrenador. Mírales a la cara cuando das la charla antes del entreno. ¿Has notado cómo te observan?
No te miran como miran a su profesor de matemáticas ni como miran a sus padres. Te miran con una mezcla de admiración absoluta y vulnerabilidad. Para ellos, lo que tú digas es importante. Si les dices que son buenos, se lo creen. Si les dices que son un desastre, también se lo creen.
Esa autoridad moral que tienes sobre ellos es peligrosa.
En la entrevista que le hicimos a Eduardo Covelo, exdirector de la cantera del Celta de Vigo, me impactó mucho cuando dejó de hablar de fútbol para hablar de superhéroes. Según él, todos los que llevamos un silbato colgado tenemos un “superpoder” real.
Y citando al tío Ben de Spiderman:
“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”.
Tú decides si el niño ama u odia el deporte
Covelo es tajante: tienes una influencia tan bestial sobre los chicos que eres capaz de conseguir dos extremos con la misma facilidad:
- 1. Hacer que ese niño se enamore del deporte y lo practique hasta los 60 años.
- 2. Hacer que ese niño coja asco al fútbol, se frustre y lo deje mañana mismo.
Muchos entrenadores creen que los niños abandonan el fútbol a los 14 o 15 años por “la edad del pavo”, los estudios o las parejas. Pero Eduardo señala al verdadero culpable: la falta de competencia.
El niño deja el fútbol cuando deja de sentirse útil. Cuando siente que no pinta nada.
Y esa sensación, muchas veces, la provocamos nosotros con nuestra gestión.
Si no le haces sentir válido en tu equipo, estás empujándolo fuera del deporte.
Responsabilidad del entrenador.
El antídoto contra el abandono: Sentirse competente
Tu misión no es fabricar profesionales (eso ocurre casi nunca), tu misión es que el niño vuelva a casa sintiendo que sirve para esto.
Da igual que el niño no sea el mejor técnicamente. Como dice Covelo, el fútbol es tan grande que hay sitio para todos: desde la Primera División hasta el fútbol andando. El problema es cuando tú, como su referencia, le haces sentir que “no vale” porque no cumple tus expectativas de rendimiento inmediato.
Ahí es donde tu superpoder se vuelve villano.
3 formas de usar tu poder para construir.
Sabiendo que tienes este impacto emocional, ¿cómo lo gestionas esta tarde en el campo? Aquí tienes tres aplicaciones prácticas basadas en la filosofía de Covelo y la Plataforma de Fútbol Formativo:
1. Valida con el gesto (La mirada invisible)
Eduardo insiste mucho en esto: tus gestos hablan más alto que tus gritos. Hay niños en tu equipo que son “invisibles”. No dan problemas, no destacan, y a veces pasan semanas sin que nadie les diga nada personal.
Práctica: Hoy, usa tu poder para “ver” a uno de esos niños. Un simple choque de manos, un guiño o un “buen trabajo” mirándole a los ojos tras una acción sencilla, dispara su autoestima. Le estás diciendo: “Te veo y eres parte de esto”.
2. Ajusta el reto para generar competencia
Si pides a un niño algo que no puede hacer, lo frustras. Si le pides algo demasiado fácil, lo aburres.
Práctica: Individualiza el éxito. Si tienes un jugador con menos nivel, no le pidas que regatee a tres. Pídele que su objetivo hoy sea “asegurar el pase de cara”. Cuando lo consiga y se lo reconozcas, su cerebro registrará el éxito: “Soy competente”. Esa sensación es la gasolina para no abandonar.
3. Encuentra su sitio (aunque sean 20 minutos)
A veces, el padre quiere que su hijo juegue en la categoría más alta posible, aunque sea suplente. Covelo recomienda lo contrario: busca el entorno donde el niño sea protagonista.
Práctica: Si ves que un niño sufre en tu equipo por nivel, tu responsabilidad es hablar con la familia y recomendarle un contexto donde pueda brillar, aunque sea una categoría inferior. No es echarlo, es salvar su relación con el deporte. Que se sienta importante jugando 20 minutos, en lugar de sentirse un fracasado en el banquillo.
La voz que se queda en su cabeza
El verdadero peso de tu cargo no son los tres puntos del domingo. Es que tu voz se convierte en su voz interna.
Si eres un entrenador que corrige desde el desprecio o la impaciencia, ese niño crecerá diciéndose a sí mismo que es torpe cada vez que falle. Si eres un entrenador que corrige desde la confianza y el afecto, ese niño se dirá a sí mismo que es capaz de aprender cada vez que se equivoque.
No estás entrenando futbolistas, estás editando su autoestima. Ten cuidado con lo que dices.
Responsabilidad del entrenador.