Humildad en el fútbol formativo: cuerpo técnico y jugadores celebrando juntos un título del Mundial

Se puede ganar así

En la foto de la celebración hay un detalle que a nosotros nos ha emocionado más que el propio trofeo. El jugador que apenas ha pisado el campo en todo el torneo recibe el mismo abrazo, el mismo grito, la misma altura de brazos en alto que el que ha metido los goles decisivos. Nadie mira el minutaje esa noche. Mikel Merino lo dijo con una frase que debería quedarse grabada mucho más allá de este Mundial: “en este grupo no hay titulares ni suplentes”. Y lo dijo un jugador, no el entrenador. Que sea el vestuario quien repita esa idea, y no quien la dirige desde el banquillo, es la prueba de que algo se ha hecho muy bien durante mucho tiempo.

Porque este equipo no ha ganado por sorpresa. Lleva años ganando, torneo tras torneo, con casi el mismo grupo y casi las mismas ideas. Eso nos obliga a hacernos una pregunta incómoda para el fútbol formativo: si se puede competir así, poniendo a la persona por delante del resultado, y aun así ganarlo todo, ¿por qué seguimos pensando que hay que elegir entre formar y ganar en el fútbol base?

Lo pequeño, cuidado durante años

Nada en este proceso se ha resuelto de golpe. Kike Fernández, uno de los formadores de nuestra Plataforma, tiene una frase que aplica perfectamente aquí.

“El deporte base es paciencia”
— Kike Fernández

No la paciencia de esperar a que algo mejore solo, sino la de sostener, día tras día, los mismos detalles pequeños hasta que se convierten en costumbre del grupo. César Martín habla de algo parecido cuando explica cómo se trabaja en una cantera: “los técnicos entendemos que tienen que tener un horizonte de trabajo siempre a largo plazo”. Y Michael Paule Carres lo describe como un proceso que no da fruto en una temporada, sino “muchísimo más después”.

Lo llamativo del caso de De la Fuente es que ese cuidado del detalle no ha sido la antesala de un éxito que tardó en llegar. Ha sido, y sigue siendo, el motivo por el que los éxitos no dejan de repetirse. La persona que cuida los detalles sin prisa no está aplazando la victoria. Está fabricando la costumbre de ganar.

Sí se puede competir así

Y aquí llegamos al corazón de todo esto. En el fútbol base escuchamos, casi cada semana, la misma frase resignada: “está muy bien eso de formar personas, pero al final lo que cuenta es ganar”. Juan José Rodríguez Morales tiene un lema en su club que desmonta esa resignación con una sola frase.

“Aprender, competir y ser feliz es compatible, se puede lograr, no tiene por qué perder competitividad si estás trabajando en valores”
— Juan José Rodríguez Morales

César Martín insiste en la misma dirección: “el respeto, la educación, el buen comportamiento no son incompatibles con el sacrificio, con el esfuerzo, con la máxima exigencia”. Y Daniel Dos Santos lo resume con una imagen que cualquier padre en la grada entendería al momento: “el jugador primero es una persona, que no es una máquina”.

De la Fuente ha hecho de esa idea una selección campeona. No ha ganado a pesar de tratar a sus jugadores como personas antes que como piezas. Ha ganado, creemos nosotros, precisamente por eso. Un grupo donde nadie compite por quedarse con el sitio del otro, donde el que menos minutos suma se abraza igual que el que más, no es un grupo blando. Es un grupo que ha aprendido, como dice Marcos Tubio, que “formar personas es una misión, y las misiones duran mucho más que las categorías”. Cuando esa misión se cumple, el resultado deja de ser una amenaza. Se convierte en una consecuencia.

Por eso esta idea es la que más nos importa transmitir a quien entrena cada tarde en un campo de tierra, sin cámaras ni focos: no hace falta elegir entre formar y ganar. Se puede ganar así. Cuidando lo pequeño sin prisa, y poniendo a la persona siempre un paso por delante del marcador.

El modelo que también conocemos

Y el modelo contrario lo conocemos casi todos, porque muchos lo hemos sufrido de cerca, en una grada o en un banquillo. Jesús Tineo (Sito) lo describe sin suavizarlo: “nosotros entrenadores nos imaginamos que somos los protagonistas y nos hacemos como el centro de toda la historia en muchos de los casos”. Y añade algo todavía más incómodo: “muchos entrenadores hablan de la humildad, pero realmente no la demuestran”.

Luis Lois Carro cuenta una escena que seguramente hemos visto un sábado cualquiera: un niño falla una jugada, se enfada un instante consigo mismo y sigue jugando. Pero es el entrenador quien se queda protestando, gesticulando, más afectado que el propio niño.

“¿Quién es el adulto de los dos?”
— Luis Lois Carro

Ese entrenador no está formando a nadie. Está usando el partido de un niño para gestionar su propia frustración. De la Fuente, el domingo de la final, hizo justo lo contrario. Tenía delante el mayor foco de toda su carrera y decidió no ocuparlo. Esa diferencia, tan pequeña en apariencia, es la que separa a quien forma de quien solo dirige.

En nuestra propia comunidad de expertos hay una historia pequeña que resume todo esto mejor que cualquier teoría. Paula Grande Martínez, hoy deportista de élite, recuerda así a uno de sus entrenadores: “nos ha llevado él en el coche, también nos llevaba a comer, nos llevaba a cenar, o sea, al final siempre nos ha estado ahí, aparte de entrenador, nos ha cuidado y nos ha visto crecer”. Nadie recuerda ahí un resultado. Se recuerda un coche, una comida, una cena, alguien que estuvo.

Cerramos esta serie dedicada al Mundial con Robe Iniesta y su “Guerrero”, del álbum Lo que aletea en nuestras cabezas (2015): la imagen de quien no se rinde en la batalla por muy grande que sea el rival. Esa misma persistencia, cuidada en lo pequeño durante años, es la que ha llevado a este grupo a levantar, uno detrás de otro, los trofeos que hoy celebramos.

Cómo aplicarlo esta semana en tu equipo

  • Trata a cada jugador igual, sin importar los minutos que sume.
  • Cuida el detalle pequeño cada semana; no busques el resultado de un solo día.
  • No uses el partido de un niño para gestionar tu propia frustración.
  • Recuerda: formar personas y competir no son incompatibles.

Nada de esto lo decimos nosotros solos. Estas ideas nacen de las voces de los expertos de nuestra Plataforma —Kike Fernández, César Martín, Michael Paule Carres, Juan José Rodríguez Morales, Daniel Dos Santos, Marcos Tubio, Jesús Tineo y Luis Lois Carro, además del testimonio de Paula Grande Martínez— que llevan años en los banquillos, en las aulas y en la competición, poniendo palabras a lo que muchos entrenadores intuyen pero no siempre saben nombrar. A todos ellos, gracias por prestarnos su mirada.

¿Y tu club, tu equipo, tu banquillo? ¿Sigue funcionando igual cuando no está el entrenador, o depende de su presencia para que todo siga en pie?

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