Ser coherente con lo que busco en el fútbol

Ser coherente con lo que busco en el fútbol

Ser coherente con lo que busco en el fútbol. La competición puede arrastrarnos y desviarnos de nuestro rumbo formativo.

La competición, como fuerte corriente, nos arrastra sin previo aviso, alejándonos de nuestras metas iniciales. Nadar con fuerza es vital para recuperar el rumbo y evitar perderse en alta mar, donde el peligro acecha al carecer de puntos de apoyo.

Al inicio, buscábamos equipos no saturados para que los niños disfrutaran más tiempo en el campo. Sin embargo, compromisos, idas y venidas, y nuevas incorporaciones han inflado los equipos, reduciendo el tiempo de juego deseado. Es un desafío constante equilibrar la cantidad de jugadores para garantizar oportunidades para todos.

Te esfuerzas por reducir el equipo y, cuando ya lo tienes de nuevo listo, desaparece uno, se lesiona otro y el equipo se queda incompleto. Nunca sabes lo que es mejor para los chicos. Lo que sí está claro es que muchos padres no se dan cuenta del esfuerzo que realizamos para que sus hijos jueguen lo mejor posible al fútbol.

Nos propusimos evitar “bajar” jugadores para reforzar equipos y ganar partidos. Esta decisión genera debates internos, ya que algunos argumentan que todos lo hacen y que nos colocamos en desventaja. La lucha entre mantener la integridad y ceder a la presión competitiva es constante.

Otro objetivo interno fue intentar no “bajar” jugadores para reforzar los equipos con el objetivo de ganar partidos. Es algo que seguimos discutiendo porque los entrenadores y responsables del club no entienden todavía por qué lo hacemos. El argumento que intentan esgrimir es que todos los equipos lo hacen y entonces juegas con desventaja.

El afán de padres por seguir la clasificación durante un partido de benjamines refleja la obsesión actual. La posición en la liga se convierte en prioridad, desviándonos del verdadero propósito: que los niños disfruten y aprendan en el fútbol.

¿Y los padres? No se sabe lo que quieren. Si bajan jugadores, unos están contentos porque el equipo gana y otros descontentos porque su hijo juega menos. Veo claro que estamos dando muy buen ejemplo yendo a los campos con nuestros equipos originales, sin refuerzos. El reto está en seguir ganando o no pero dando en cada partido un recital de juego porque esto es los que queda. Jugar bien y no ganar no duele tanto y si ganas, sin bajarte jugadores es un momento importante para los jugadores.

El calendario de partidos, que incluye jornada el día después de Reyes, choca con la realidad de familias con niños en el fútbol base. Aplazar partidos para permitir disfrutar de vacaciones en familia se convierte en un reto ante la resistencia de algunos clubes y entrenadores.

No quiero aburriros más pero mi última pelea con los míos para que no perdamos el rumbo de esta nueva etapa que habíamos comenzado esta temporada está en algo bien absurdo que la Federación no termina de darse cuenta o no quiere cambiar. El calendario de partidos de este año incluye jornada el día después de reyes. Eso es correcto para un equipo profesional pero los nuestros son niños y tienen una familia.

En medio de la competición y las presiones externas, la coherencia y la formación integral de los jugadores se ven desafiadas. La lucha entre ganar partidos a toda costa y mantener valores fundamentales en el fútbol base plantea cuestionamientos sobre la verdadera esencia de esta práctica deportiva. Las decisiones éticas y coherentes se erigen como una resistencia contra corrientes que amenazan con alejarnos de las metas originales en la formación de jóvenes futbolistas. A pesar de los desafíos, es fundamental persistir en la búsqueda de un equilibrio que beneficie tanto a los jugadores como a sus familias.

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