Hay un cuento que Magdalena Sánchez, poeta y madre de tres hijos deportistas, nos contó en la Plataforma. Y resume lo que entendemos por transformar la sociedad a través del fútbol. Un niño recoge estrellas de mar varadas en la orilla y las devuelve al agua, una a una. Un hombre le para: “Son millones. No tiene sentido lo que estás haciendo.” Y el niño, sin detenerse, responde: “Para esta sí tiene sentido. Para esta también.”
Pensamos en ese cuento cuando vemos a alguien transformar la sociedad a través del fútbol en silencio. Este artículo va para ellos.
Para el entrenador que lleva años trabajando desde los valores y a veces siente que nada cambia. Para el directivo que aguanta solo una filosofía que nadie más del club comparte. Para la familia que va a la grada a apoyar, no a presionar. Necesitamos deciros algo que no cabe en un marcador: ya estáis transformando la sociedad a través del fútbol.
Lo que el mundo vio en el Mundial, vosotros lo hacéis cada semana
El 15 de junio de 2026. Atlanta. España empata 0-0 con Cabo Verde en su primer partido del Mundial. El estadio sale en silencio. La prensa pide explicaciones. Y Luis de la Fuente se sienta ante los micrófonos. Dice con calma: “El resultado no genera dudas ni preocupación excesiva.” Sin buscar culpables. Sin cambiar el plan. Con la misma idea que lleva años construyendo desde las categorías inferiores, partido a partido, sin que nadie lo mirara demasiado.
Cinco semanas después, sus jugadores levantaban la Copa del Mundo.
Hubo gestos en ese torneo que se quedaron grabados. Lamine Yamal deteniéndose en mitad de la celebración para ayudar a un rival que había caído. No miró al banquillo. No esperó aplauso. Rodri recogiendo el balón y entregándoselo al portero contrario con una sonrisa, después de marcar. El vestuario entero aplaudiendo a los que entraban en lugar de los que salían. Detalles que no aparecen en las estadísticas y que, sin embargo, son exactamente la razón por la que ese equipo ganó.
El mundo los vio en una final. Vosotros lo hacéis cada martes y cada jueves. Sin cámaras. Sin titulares. Con el mismo efecto.
Lo que sale del campo cuando nadie lo está mirando
Pensemos en lo que ocurre en un entrenamiento cualquiera de un miércoles por la tarde. Un niño falla el mismo pase por tercera vez. El entrenador para el ejercicio, se acerca, le pone una mano en el hombro y le hace una pregunta en lugar de darle una orden. Ese niño llega a casa distinto. No sabe explicar por qué. Pero llega distinto.
O el partido del sábado donde el equipo pierde y en el vestuario, en lugar de silencio incómodo, hay una conversación. El entrenador reconoce lo que salió mal, incluyendo sus propias decisiones, y pregunta qué aprendieron. Esos niños salen por la puerta con algo que no tenían dos horas antes.
O la vuelta a casa en coche donde el padre, en lugar de analizar cada jugada, pregunta si el niño lo pasó bien. Una pregunta. Dos minutos de escucha real. Y algo cambia.
Nada de esto aparece en ningún marcador. Pero sale del campo, viaja a casa, y veinte años después sigue ahí. En cómo ese adulto trata a sus compañeros. En cómo gestiona una derrota. En cómo celebra sin humillar. Sebastián Velasco lleva una década construyendo la Liga Ciudad de Málaga desde la convivencia. Lo dice con claridad:
“Los valores que se llevan estos chavales son los que van a aprender para la vida. Los primeros que debemos enseñar somos los entrenadores y los padres.”
Hay días en que no se ve. Y aun así merece la pena
Seamos honestos. Hay semanas en que el entrenador hace todo bien y en la grada un padre lo destruye todo con tres gritos. Hay temporadas en que el trabajo de años se va con un cambio de directiva. Hay niños que, a pesar de todo, lo dejan. Eso también existe y no lo vamos a esconder.
Pero Adrián Silla Merchán, director del Departamento de Formación de la Fundación Real Madrid, nos contó algo que nos hizo pensar. Le preguntamos qué se llevan los niños que pasan por allí. Y no habló de técnica ni de táctica: “Se llevan un aprendizaje de vida. Una manera de entender las cosas diferente. Tal vez no son conscientes en ese momento. Pero si hablas con ellos años después, las reflexiones no vienen por el deporte. Vienen por lo que compartieron, por cómo los trataron.”
El impacto no siempre se ve cuando se produce. Casi nunca. Esa es la parte difícil de este trabajo. Y también su grandeza.
Daniel Dos Santos lleva más de treinta años en el fútbol formativo entre Colombia, México y Estados Unidos. Su manera de verlo lo resume todo:
“El fútbol es un campo de aprendizaje para la vida. Cada vez que veo a un niño, no veo al jugador. Veo a la persona primero.”
La semilla no avisa cuando empieza a crecer
Ángel González Jareño es entrenador de baloncesto de élite. Tiene una imagen para este trabajo que no se olvida: “En la vida, todo empieza en una semilla. Hay que cuidarla y regarla. Luego brota un tallo y hay que apuntalarlo para que crezca recto. Porque si no, ese árbol, por la tendencia natural de la gravedad, va curvándose.”
Tú eres ese apoyo. Así se puede transformar la sociedad a través del fútbol. Sin que el árbol avise. Y aun así crece.
Pere Lavega es catedrático de Educación Física y referente mundial en praxiología motriz. Lo dice con una convicción que se contagia:
“Puedo transformar la sociedad que me rodea y aportar mi granito de arena. Pero me lo tengo que creer. Y entonces tengo que ser serio y coherente.”
Creérselo. Ahí está todo. El entrenador que llega al campo sabiendo que lo que hace importa lo transmite sin decirlo. Los niños no lo entienden todavía. Lo sienten. Y se queda.
Jesús Vicente Ruiz Omeñaca, investigador de la Universidad de La Rioja, apunta algo que lo define todo: “La transformación viene de ahí. Cambiamos el mundo desde el cambio en los pequeños escenarios en los que nos ha tocado vivir.”
Tu campo de entrenamiento es uno de esos pequeños escenarios donde transformar la sociedad a través del fútbol empieza. Juan José Rodríguez Morales dirige las escuelas de fútbol de Carlet, Valencia. Lo dice sin rodeos:
“El fútbol es una escuela de vida. Debemos aportar ese granito de arena para crear una sociedad mejor. Porque los niños son el futuro.”
Esa conversación con Juan José, junto a otras treinta, está recogida en La huella que dejamos. Un año recorriendo campos de España para demostrar que transformar la sociedad a través del fútbol no es una idea. Es una realidad medible.
Para esta estrella también tiene sentido
Magdalena Sánchez termina el cuento así: “Cada uno, en la posibilidad que tiene, de la manera que pueda, puede cambiar el mundo.”
Una madre y otra madre. Un entrenador y otro entrenador. Una directiva y otra. Así se puede transformar la sociedad a través del fútbol. Nadie lo hace solo. Nadie necesita hacerlo todo. Solo hay que seguir devolviendo estrellas al agua.
Luis de la Fuente tardó años en ver los resultados. Aguantó el ruido. Mantuvo la idea. Y sus jugadores levantaron la Copa del Mundo. Tú llevas años haciendo lo mismo en tu campo. Con la misma convicción. Sin escudo de selección.
¿Cuántas estrellas de mar has devuelto ya al agua sin saberlo?
Este artículo no habría sido posible sin Magdalena Sánchez, Adrián Silla Merchán y Pere Lavega. Tampoco sin Daniel Dos Santos, Sebastián Velasco, Jesús Vicente Ruiz Omeñaca, Juan José Rodríguez Morales y Ángel González Jareño. Gracias a ellos y a todos los que, entrevista a entrevista, siguen construyendo esta Plataforma.
Las 31 primeras entrevistas de la Plataforma están recogidas en La huella que dejamos. Un año recorriendo campos de toda España para demostrar que otro fútbol es posible.
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