TÚ JUEGA Y CALLA

TÚ, JUEGA Y CALLA

TÚ JUEGA Y CALLA. No puedo dejar de manifestar que la aceptación por parte de los equipos en una liturgia inicial del juego no es más que un sustituto que no cumple totalmente la necesaria designación. El mal menor del que echamos mano por necesidad.
A pesar de ello, la aceptación que propongo del árbitro designado por la FIFA es obligatoria con y sin liturgia. La libre designación lleva, por naturaleza, a la aceptación, que es el objetivo. Ese camino, al no recorrerse y entrar directamente a la aceptación, hace que sea la voluntad la que tenga que decidir su aceptación, sin los argumentos que da la designación, para que sea aceptada por el entendimiento. Entender las cosas da armas a la voluntad: eso es conocido por todos.
Pero tal como indica la Regla 5, debemos considerar que en el juego del fútbol se obliga la aceptación del árbitro. Podemos dar un papel en este rol, al conocimiento. Nada cuesta aceptar por parte del jugador las indicaciones del entrenador: sus estrategias, tácticas y formas de actuar. Todo ello, asimilado con convencimiento de que su aceptación me ayudará en mis personales objetivos y en los logros del  conjunto. Tanto es así que, en vez de considerarlo una obligación del “trabajo”, es una mejora en la forma de “jugar”. A este “quién” me obliga, le llamamos entrenador. Me siento obligado, pero acepto sus consejos, exigencias y castigos incluidos. Es un amigo con el que, incluso, comento objetivos a corto plazo. Me enseña “cómo tengo que jugar” ese partido, el que sea.
Ver al árbitro con los mismos ojos que vemos al entrenador se nos hace difícil. Pero se te hará más fácil si te acercas a mi manera de considerarlo en la función que le ha encomendado el juego.
Primero, estar convencido de que es necesario ser sustancial en el juego del fútbol. 
Segundo, él no arbitra más que las “faltas buenas”, según explicamos. Aquellas que comete el jugador con intención buena.
Tercero, no castiga, sino que compensa al equipo “faltado”, entregándole la pelota por la que lucha. Indirectamente, se castiga el equipo “faltón”.
Cuarto, vive en su interior el espíritu de justicia que el juego del fútbol, como todos ellos, lleva en los tuétanos de su funcionamiento.
Quinto, criticar sus errores. Aunque sean evidentes para ti, debes pensar que es una falta que cometes contra algo que está legalizado: su opinión está por encima de las nuestras. 
Sexto, y cierro, él te enseña “cómo no se juega al fútbol”. ¿Por qué no le obedeces como al que te enseña “cómo se juega al fútbol”? Tú, juega y calla.
 
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