Tu perfil como entrenador formador

Tu perfil como entrenador formador

Tu perfil como entrenador formador. Quería mostrar dos mundos muy diferentes: el entrenador formativo y el competitivo. Este segundo perfil de entrenador es muy atractivo hoy en día en el fútbol base. Es el entrenador que está en el fútbol formativo pero con la idea de ganar a toda costa, olvidándose de que sus jugadores son niños, personas que desean aprender y divertirse con el fútbol.

El entrenador competitivo tiene este problema: su única idea es ganar y ganar, sin importar cómo. 

Es fundamental que el fútbol formativo se enfoque en el desarrollo integral de los jóvenes jugadores. Esto incluye no solo aspectos técnicos y tácticos del deporte, sino también valores como el trabajo en equipo, la disciplina y el respeto. 

El entrenador competitivo debe encontrar un equilibrio entre la necesidad de obtener resultados y la responsabilidad de formar a los jugadores de manera adecuada.

Espero que este tema os resulte tan interesante como a mí y que podamos reflexionar juntos sobre la importancia de formar jugadores completos y equilibrados, tanto en lo deportivo como en lo personal.

Tu perfil como entrenador formador

Tu perfil como entrenador formador

¿Qué es lo que un niño piensa sobre su entrenador cuando éste es competitivo? Imaginemos a un chico de aproximadamente 12 años. Su perspectiva puede ser muy reveladora y nos ayuda a entender mejor el impacto de este tipo de entrenador en los jóvenes jugadores.

Antes del partido, el niño puede sentir una mezcla de emoción y nervios. Sabe que su entrenador quiere ganar a toda costa y puede sentirse presionado para no cometer errores. Esta presión puede generar ansiedad, ya que el niño desea complacer al entrenador pero también quiere disfrutar del juego.

Durante el partido, la mente del niño está constantemente ocupada con las instrucciones del entrenador. Puede que esté más enfocado en no cometer fallos que en disfrutar del juego o en mejorar sus habilidades. 

Si el entrenador grita o muestra descontento ante los errores, el niño puede sentirse desmoralizado y perder confianza en sí mismo.

Es importante que los entrenadores entiendan que los niños, a esta edad, están en una etapa clave de su desarrollo. Necesitan apoyo y orientación que les ayude a crecer tanto en lo deportivo como en lo personal. 

“Escuchar y comprender lo que piensan y sienten los jugadores puede ser una herramienta valiosa para cualquier entrenador que quiera tener un impacto positivo en sus vidas”.

Profundicemos en el pensamiento de este jugador, ya que puede ser interesante tener en cuenta su perspectiva. El relato empieza así:

–“Estoy muy nervioso”. 

Es lógico que un niño de 12 años esté nervioso antes de un partido. La incertidumbre es grande: no sabe cómo se resolverá el encuentro, cómo será el equipo rival porque no lo conoce, y si hará un buen partido o no. Hay muchas incógnitas y, por lo tanto, le falta seguridad

Pero esto es normal y es parte del juego. No nos debe preocupar demasiado si un chico está nervioso. Incluso los jugadores profesionales también sienten nervios antes de un partido, pero son capaces de asumir ese miedo. En cuanto empieza el partido, el miedo en el futbolista profesional desaparece.

Este chico continúa: 

–“Dentro de una hora voy a jugar ese partido y, la verdad, el equipo en el que estoy no funciona muy bien. No estamos teniendo buenos resultados.No creo que sea solo culpa nuestra.”

Este niño está procesando la situación. Sabe que su equipo no está rindiendo como debería, y se cuestiona si la responsabilidad recae únicamente en ellos. 

Este pensamiento es interesante porque refleja la influencia del entrenador y su enfoque. 

Si el entrenador es excesivamente competitivo y solo enfocado en ganar, puede estar creando un ambiente de presión y ansiedad que afecta negativamente a los jugadores.

Para un niño de 12 años, el fútbol debería ser una oportunidad para aprender, divertirse y desarrollarse, no una fuente constante de estrés. Es fundamental que los entrenadores sean conscientes de cómo influyen sus métodos y actitudes en los jóvenes jugadores. 

Crear un ambiente positivo, donde los niños puedan equivocarse y aprender de esos errores sin miedo a ser reprendidos, es esencial para su crecimiento tanto en el deporte como en la vida.

-“Pienso que también el entrenador tiene parte de esa culpa”.–añade el joven jugador 

No todo es culpa del jugador

Estamos entrando en un aspecto interesante: la relación entre el entrenador y el jugador. Este jugador está transmitiendo un mensaje significativo: su entrenador tiene parte de culpa. ¿Por qué cree esto?

Vamos a desglosarlo. Este chico no se atreve a decir claramente que la culpa es del entrenador, pero lo que está claro es que ellos hacen lo que pueden. En su pensamiento, intenta ser sincero y reflexiona: 

–“Mi entrenador sabe mucho y me está enseñando muchas cosas. Sin embargo, hay algo que no está bien, algo que no me gusta”. 

Este es un sentimiento común en los jóvenes cuando tienen un entrenador excesivamente competitivo.

Miedo a fallar

El chico está expresando un miedo que va más allá del simple nerviosismo antes del partido. Es un miedo a fallar, no solo en el juego, sino a fallarle al entrenador. Aquí está la clave de lo que quería transmitiros. 

Este miedo a decepcionar al entrenador puede ser muy perjudicial para el desarrollo de un joven jugador.

Un entrenador competitivo puede imponer una presión excesiva, haciendo que el niño sienta que debe rendir al máximo para no defraudar. Esta presión puede transformar el fútbol de una fuente de alegría y aprendizaje a una fuente de estrés y ansiedad. 

Los jóvenes necesitan un entorno donde puedan aprender y crecer, donde los errores sean vistos como oportunidades de mejora y no como fracasos imperdonables”.

Tu perfil como entrenador formador

Tu perfil como entrenador formador

Es esencial que los entrenadores reflexionen sobre su papel y su impacto en los jugadores. 

La verdadera misión del fútbol formativo es desarrollar personas completas, no solo ganar partidos. Para lograrlo, los entrenadores deben equilibrar la competitividad con la empatía y el apoyo, fomentando un ambiente positivo y constructivo para los jóvenes jugadores.

Este perfil de entrenador, al ser tan competitivo, está bloqueando la progresión de sus jugadores. Sienten un miedo constante a fallarle, no tanto por temor a sus propios errores, sino por el miedo a decepcionar a alguien que consideran exigente y meticuloso. 

Este entrenador, con su amplia preparación y conocimiento del fútbol, crea una atmósfera de presión insostenible. Los jugadores temen no poder cumplir con sus expectativas, lo que les provoca un miedo paralizante. 

El ambiente en el equipo está cargado de tensión; todos comparten el mismo pánico. El entrenador, con su planificación exhaustiva y su comprensión profunda del juego, espera un rendimiento perfecto. Sin embargo, esta expectativa de perfección está frenando a los jugadores, que temen las consecuencias de cualquier fallo. Esta dinámica les impide avanzar y desarrollar su verdadero potencial.

Tu perfil como entrenador formador

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El problema no radica solo en el entrenador, sino en la formación que ha recibido. Estos entrenadores estudian para sacarse un título que les permita dirigir equipos profesionales, no formativos. Al finalizar sus estudios, son destinados a equipos de fútbol base, donde los conocimientos adquiridos no se ajustan a las necesidades de los jugadores más jóvenes. 

Les falta formación en pedagogía, psicología y metodología adecuada para estas edades. Intentan aplicar los conceptos aprendidos como si sus jugadores fueran profesionales, lo cual genera una desconexión

En el vestuario, el entrenador competitivo presenta estrategias y movimientos complejos, recordando constantemente a cada jugador sus tareas específicas. La repetición es una buena técnica pedagógica, pero debe ser variada y adaptada para mantener el interés de los jugadores. 

Todo esto provoca que los jugadores desconecten. Están oyendo los mismos conceptos una y otra vez, perdiendo interés y motivación. 

El entrenador debe aprender a comunicar de forma atractiva y variada para que sus enseñanzas realmente impacten y motiven a sus jugadores.

Debemos mejorar la comunicación. Este aspecto, esencial en el entrenamiento, no se trabaja lo suficiente en los planes de estudio para ser entrenador. La comunicación no debe ser unidireccional; es fundamental que sea bidireccional

El entrenador transmite conceptos, ideas y conocimientos a sus jugadores, pero también debe escuchar y recibir aportaciones de ellos. Esta interacción enriquecedora transforma los resultados. 

En el fútbol formativo, es fundamental que los jugadores asuman los conceptos como algo motivador y beneficioso para su mejora, no solo porque lo dice el entrenador.

enfoque positivo

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El entrenador, al conocer bien a sus jugadores, suele centrarse en lo que hacen mal, repitiendo instrucciones de manera negativa. Este enfoque no motiva ni convence, sino que infunde miedo y ansiedad. Los jugadores temen fallar porque perciben una falta de margen para el error. 

En lugar de criticar continuamente, es más efectivo enfocarse en la motivación positiva, destacando lo que hacen bien y cómo pueden mejorar. 

La comunicación con tus jugadores debe ser constructiva y motivadora, fomentando un ambiente donde los jugadores sientan que pueden crecer y aprender sin temor constante a equivocarse.

Si fueras positivo y optimista, capaz de ver tanto los errores como las habilidades y destrezas de tus jugadores, podrías equilibrar tus comentarios para que sean mucho más constructivos

Cuando eres positivo, abres la mente de tus jugadores y los haces estar dispuestos a luchar por mejorar cualquier aspecto que necesite corrección. Pero antes, tienes que ayudarles, hacerles ver que confías en ellos, que crees en sus capacidades, que ves cosas muy buenas en ellos, que son buenos jugadores y que están mejorando.

Los gritos y las amenazas

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Esta es la visión del fútbol formativo, que nada tiene que ver con la del entrenador competitivo, que busca resultados a corto plazo. Este entrenador quiere resultados inmediatos y para eso recurre a presionar a los jugadores, exigirles, gritarles y, en algunos casos, amenazarlos. 

Sí, amenazarlos, porque existen amenazas en el fútbol base. Es terrible, pero algunos entrenadores piensan que no hay otra forma. Creen que si sus jugadores no les entienden o no ponen en práctica lo que les piden, la única solución es el elevarles la voz. Esto es un error muy grande que debemos evitar.

Si no lo hacemos, el jugador saldrá al campo completamente bloqueado porque la charla en el vestuario ha sido nefasta. Para ti, como entrenador, puede parecer que has demostrado todos tus conocimientos usando tu tablero y moviendo las fichas, pero el jugador no ha podido opinar o preguntar por miedo a quedar en ridículo o recibir un grito. 

Este jugador de 12 años que estamos analizando, sale al campo temblando y no rendirá nunca al nivel que puede rendir. Rendirá más o menos dependiendo de lo capaz que sea de superar sus miedos.

Y la historia continúa. El partido empieza y es ahí donde surge lo peor, lo que más temen los jugadores. El jugador que estamos imaginando tiene miedo a lo que el entrenador va a decirle durante el partido. Antes de empezar, en el vestuario, el entrenador parecía simpático, incluso sonreía. Pero, cuando comienzan las primeras jugadas, se transforma. Grita, hace aspavientos, protesta al árbitro y se pelea con el entrenador rival, mostrando un odio desmesurado. Y te preguntas: “¿Qué es esto?”

Sabes que este comportamiento se debe a una falta de control

“Si un entrenador no es capaz de controlar sus emociones, las que naturalmente surgen durante un partido, el ambiente se vuelve tóxico.” 

Todos nos emocionamos y nos metemos en el partido, disfrutamos de las jugadas y el resultado. Esto es lo bonito del fútbol, pero tienes que saber controlarte.

Tu perfil como entrenador formador

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Tienes que controlar tus emociones porque eres el modelo de tus jugadores. Lo que hagas en el campo ellos también harán. El grado de control que muestres será reflejado por ellos. Eres el líder de este equipo y tu responsabilidad es enorme. 

Yo solía ser como tú, un entrenador que gritaba y pensaba que los resultados dependían completamente de mí. Creía que ganábamos porque dirigía el partido adecuadamente y mis jugadores se esforzaban porque se lo exigía.

Recuerdo el día en que un amigo, que sabía mucho de fútbol, me hizo ver la realidad. Me dijo que no estaba haciendo las cosas bien, que no podía pasar el partido entero gritando y dirigiendo a mis jugadores. 

Me costó aceptarlo, pero poco a poco fui cambiando. Esta conversación siempre estuvo presente en mi mente. Me hizo darme cuenta de que necesitaba ser más humilde, entender que no entrenamos para ganar partidos, sino para transmitir nuestro conocimiento de la mejor manera posible.

Aunque cambiar no fue fácil, me di cuenta de que 

dirigir el partido no consiste en controlar cada movimiento de los jugadores, sino en permitirles disfrutar del juego y aprender de él”. 

Es una lección que nunca olvidaré y que me ayudó a mejorar como entrenador.

Tu perfil como entrenador formador

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Si cuando estás dirigiendo un partido hablas demasiado, diciendo muchas cosas, es señal de que no has entrenado adecuadamente. El entrenamiento es donde debes poner toda tu energía y transmitir lo que quieres que hagan en el partido. El partido es como el examen final, donde tus jugadores pondrán en práctica todo lo que les has enseñado. Si algo no sale bien, significa que aún tienes que mejorar como entrenador. Debes seguir enseñándoles lo que necesitan aprender.

Imagina que durante un examen, el profesor estuviera diciéndoles a los estudiantes las respuestas. ¿Sería lógico? Lo mismo sucede en el fútbol. 

Los jugadores necesitan espacio para demostrar lo que saben hacer, sin intervenciones constantes del entrenador. Es importante dejar que se muevan, que tomen decisiones por sí mismos y que pongan en práctica lo que han aprendido”.

Además, les estás transmitiendo a tus jugadores un mensaje muy importante mientras diriges el partido: no confías en ellos. 

“Si les estás diciendo constantemente lo que tienen que hacer, significa que no confías en la capacidad de tus jugadores para tomar decisiones por sí mismos.” 

Si realmente confiaras en ellos, les darías ánimos y les dirías que lo están haciendo bien, que no se preocupen por los errores, que es normal cometer fallos y que lo importante es aprender de ellos.

No esperarías que saquen un sobresaliente el primer día, pero sí les motivarías a esforzarse para conseguirlo al final de la temporada, después de un trabajo serio y profesional. Lo que realmente quieres es ver lo que son capaces de aprender, lo que has sido capaz de enseñarles. Esto es lo esencial.

Tu perfil como entrenador formador

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Entonces, nos falta humildad para reconocer que lo que se ve en el campo es el resultado de lo que yo he sabido enseñar. Si los chicos pierden o juegan mal, no es culpa de ellos, es porque aún no les he enseñado a jugar bien y te faltan muchas cosas por mejorar. Yo soy el culpable, no ellos. 

Tus jugadores siempre intentarán jugar lo mejor posible y tienen ilusión por hacerlo bien. Sin embargo, si tienen miedo de ti, si temen fallarte, eso los bloquea por completo y no podrán rendir al nivel que son capaces.

Es importante que el entrenador sea capaz de callarse un poco y dejar que los jugadores funcionen por su cuenta. Siempre están dispuestos a dar lo mejor de sí, pero necesitan sentirse libres para tomar decisiones y jugar con confianza”.

Este chico que estamos comentando ahora, lógicamente, piensa: 

–“Me gustaría hacer cosas que se me ocurren en el partido, pero es muy complicado. Cuando empieza el partido, tengo que estar concentrado en lo que me ha dicho el entrenador en el vestuario, en mi misión y rol dentro del campo. Además, debo estar atento a lo que está ocurriendo en el partido, porque de ello depende mi forma de moverme. Pero también debo escuchar lo que me dice el entrenador. No puedo atender tantas cosas a la vez, me hago un lío.

El entrenador, creyendo que está ayudando con sus instrucciones, en realidad les hace perder la concentración total. Es como cuando conduces con un GPS. Te concentras en seguir sus indicaciones y luego, sin el GPS, no recuerdas cómo llegar al mismo sitio. 

Los chicos no están aprendiendo nada porque tienen que estar muy pendientes de las instrucciones del entrenador y no pueden interpretar lo que pasa en el partido.

Tu perfil como entrenador formador

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A los jugadores les gustaría, por ejemplo, hacer un regate maravilloso, pero el entrenador les dice que no lo hagan porque es muy arriesgado y puedes perder un balón y generar un peligroso contragolpe. ¿Cuándo podrán probar cosas nuevas? ¿Cuándo tendrán experiencias personales? Y, como no pueden jugar su fútbol, acaban aburridos y hartos.

Es impresionante ver la tremenda ilusión que tienen los chicos por jugar al fútbol, por divertirse. Pero claro, llega el entrenador con sus broncas y esa ilusión se pierde, esa ilusión que tienen por divertirse con sus amigos en cada partido, enfrentarse a rivales diferentes, ganar y perder. Esa emoción que tiene el fútbol y que atrae a tanta gente, se la está cargando el entrenador porque no les está dejando jugar su fútbol.

Incluso este chico puede llegar pensar: 

–Un día me daré la vuelta, (porque el entrenador siempre le está diciendo qué debe hacer: “¡Gira! ¡Muévete para allá!”) y le diré a mi entrenador: “Oye, sal tú al campo que yo ya estoy cansado de jugar para ti”, y luego ocurre lo que ocurre.

Tú lo debes saber, el fútbol tiene una experiencia muy grande de abandono a estas edades, entre los 12, 13, 14 años, porque no se divierte contigo. Se aburre, no solo se aburre, sino que lo pasa mal. 

Pero eso sí, tú cada domingo ganas tu partido, saltas de alegría con cada gol que meten tus jugadores. Eso no es el fútbol que ellos quieren. 

Tus jugadores quieren otro fútbol, quieren su fútbol, fabricado por ellos, donde ningún adulto les moleste. Los adultos están para ayudar, para apoyar, pero no para manejar a los jugadores.

Es como una partida de ajedrez. Cada entrenador tiene sus piezas y luego las va moviendo. Si no las mueve el entrenador, se quedan quietas, no pueden, no saben. A veces, el fútbol parece esto, una partida entre dos entrenadores. Tú ponte allí, tú ponte allá, muévete para atrás, tira para adelante, y el entrenador feliz porque ha hecho su partidita de ajedrez y él ha ganado. Los jugadores no tienen ningún mérito, no han hecho nada.

Hay mucho abandono, ¡es tremendo! Y hay muchos jóvenes que se han quedado por el camino porque dicen: 

–“Hay tantas cosas divertidas que puedo hacer, y el fútbol exige demasiado sacrificio. Hay que ir a entrenar, levantarse temprano, ajustar mis horarios de descanso, de estudio, en fin, es complicado.” 

Entonces es cuando descubre que hay otras cosas más interesantes: 

-“Ahora podré divertirme con otras cosas que al final son las que me hacen ilusión” 

Y esto hemos de tenerlo en cuenta como entrenadores.

Lo que puede ocurrir es que el jugador, en el fondo, no quiera participar en nada con el equipo por esta razón. 

–Me siento como si fuera un robot, funciono de forma teledirigida por mi entrenador. ¿Es que no confías en nosotros? ¿Acaso piensas que sin tu gran inteligencia, tus grandes conocimientos, no podemos nosotros también hacer algo? Porque parece que nos tratas como inútiles.

El error de un chico en el fútbol formativo significa una gran oportunidad para seguir aprendiendo. Deja a tus jugadores que se equivoquen y verás que, analizando bien estos errores, podrán reconstruir un fundamento más fuerte para que la próxima vez ya no se equivoquen. 

Y así, poco a poco, con paciencia, estás construyendo un gran jugador y una gran persona. El jugador te lo agradecerá enormemente.

Cómo ser un buen entrenador de fútbol

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