Tu preocupación debe ser el jugador.

Tu preocupación debe ser el jugador

Tu preocupación debe ser el jugador. Hablamos de GENEROSIDAD, de satisfacer las necesidades de tus jugadores.

La generosidad consiste en satisfacer las necesidades de los demás aunque eso signifique sacrificar tus propias necesidades y deseos. Esto puede ser también una espléndida definición de liderazgo.

Lo opuesto a generosidad es el egoísmo. Mis necesidades primero.

Existe un grave problema en el mundo del fútbol formativo con los entrenadores egoístas. Los que se buscan a sí mismos. Los que sólo piensan en subir escalones día a día y se olvidan de lo importante que es la oportunidad que se les brinda de formar a esos jóvenes deportistas.

Casi se ha convertido en un lema por lo mucho que lo repetimos en las reuniones de entrenadores:

Tu preocupación debe ser el jugador. No pongas nunca por delante tus intereses personales. Les estarías haciendo un flaco favor.

Jorge es un gran jugador que forma parte de una plantilla excepcional. Es muy sensible y tiene una autoestima bastante alta. Hace poco realizamos las votaciones para elegir el capitán del equipo. Después de explicarlo muy bien, los jugadores eligieron un capitán. Jorge no fue elegido. Escogieron a Juan, que tiene un gran prestigio entre sus compañeros y es un auténtico líder.

El día del partido, Jorge llevaba el brazalete cuando debía llevarlo Juan. Me pareció extraño y pensé en preguntarle la causa a su entrenador.

Decidí quedarme a ver el partido. Me impresionó la calidad del equipo. Juegan muy bien. Individualmente tienen un gran nivel y juegan en equipo. Sin embargo, me llamó fuertemente la atención que Jorge, siendo diestro, durante todo el partido no tocó ni un solo balón con la derecha, con los consiguientes errores que eso conlleva. Balones mal controlados, pases defectuosos, lanzamientos forzados, etc.

El entrenador no fue capaz de indicarle ni una sola vez que usara la pierna adecuada a cada situación y que no tuviera miedo a utilizar la izquierda en más ocasiones. Ni una sola corrección. Pero lo más grave llega cuando hablo con el entrenador que es una gran persona y que está realizando un trabajo formidable. Le pregunto por qué razón no se le está exigiendo a este gran jugador en este aspecto ahora que es joven y podemos mejorarle.

La preocupación del entrenador era no dañar la autoestima del jugador ya que es muy sensible en estos temas y las correcciones le afectan mucho. Este era el motivo por el que, ante la iniciativa de llevar el brazalete de capitán sin serlo, no se atrevía a corregirle. También le pasaba por alto lo de la pierna derecha por la misma razón.

Si nos metemos en la mente de este entrenador es bastante frecuente este pensamiento: giro la cabeza hacia otro lado para no ver la dura realidad. Permito situaciones en mi equipo que debo corregir. No corrijo porque eso es complicarme la vida. Mientras jueguen bien, qué más da que lleve el brazalete o que utilice sólo una pierna. Seguimos ganando partidos ¿no? Pues, cierro los ojos y adelante.

Es entonces cuando se comete ese gran crimen educativo que consiste en privar a nuestros jugadores de la formación que se merecen por la sencilla razón de anteponer mis propios intereses como entrenador a los de mis jugadores.

Pero si el entrenador está siempre satisfaciendo las necesidades de los jugadores ¿no será esto motivo para que se aprovechen del entrenador y sean demasiado consentidos?

Hay que aclarar que no se trata de satisfacer sus deseos sino únicamente sus necesidades que es algo muy diferente.

Un buen entrenador debe saber distinguir entre las verdaderas necesidades de los jugadores y sus deseos.

Como formadores vamos a ayudarles a satisfacer sus necesidades esenciales para que su progreso sea adecuado: que exista un buen ambiente en el vestuario, que tengan un tiempo adecuado de entrenamiento, que se exija respeto entre los compañeros, que los entrenamientos estén bien preparados, que las instalaciones estén adecuadas y seguras para la práctica deportiva, etc

Lo que nunca hará el entrenador es ir satisfaciendo los deseos que al jugador le van surgiendo: ahora no quiero entrenar, quiero jugar más adelante o más atrás, quiero ser el capitán, quiero jugar todo el partido, etc. Como podemos ver,

el esfuerzo del entrenador irá enfocado a las necesidades esenciales del jugador, nunca a sus deseos personales.

Pero ¿no es mejor que ellos, con esfuerzo personal,  consigan esas necesidades? Efectivamente, ellos son los que deben conseguirlo, con su lucha, con su afán de superación, con su ilusión. Nosotros lo único que hemos de hacer es apoyarles para que realmente puedan conseguirlo.

¿Existe está preocupación constante por apoyar a nuestros jugadores en alcanzar sus objetivos deportivos? ¿Colocas a tus jugadores por delante de tus propios intereses? Este esfuerzo, esta dedicación y este sacrificio del entrenador se llama GENEROSIDAD.

Tu preocupación debe ser el jugador

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