Una lesión que puede cambiar nuestra vida

Una lesión que puede cambiar nuestra vida

Una lesión que puede cambiar nuestra vida. Uno de los temas que surge con frecuencia a lo largo del año son la aparición de lesiones que impiden seguir entrenando y, por lo tanto, seguir jugando.

Creo que cuando vives de cerca una lesión, lo primero que vemos es una gran contrariedad ya que la situación no te permite seguir haciendo aquello que deseas de todo corazón y que tanto te gusta. Sin embargo, conforme va pasando el tiempo, te das cuenta de que esto es también algo bueno porque te está preparando para la vida como deportista, ya que a lo largo de su carrera deportiva te vas a encontrar en situaciones parecidas, y como persona ya que es bastante parecido a lo que nos ocurre diariamente:

soñamos con algo pero la vida nos lleva por otros derroteros por los que no hemos querido ir.

Si somos capaces de superar esas dificultades con optimismo cuando somos más jóvenes, luego estaremos entrenados para superar dificultades similares y más graves. En esto, los adultos debemos ser capaces de transmitir un mensaje optimista a nuestros hijos o a nuestros jugadores. Siempre existe el lado bueno de las cosas que nos pasan. Siempre.

Quiero contaros un hecho real que me ha impresionado mucho por la cercanía del caso y por el aprecio que le tengo. Jorge es un jugador de 12 años que juega al fútbol muy bien y vive en Alicante. Durante dos años seguidos estuvo viniendo a mejorar su técnica a nuestra escuela, con la idea de llegar a ser futbolista profesional. Era llamativo el interés que ponía en cada entrenamiento y la constancia y esfuerzo por seguir día a día superándose.

De vez en cuando me escribía unas cartas muy encendidas contándome los progresos que estaba teniendo en su equipo hasta que llegó un momento en que la noticia explotó. Había sido fichado por un equipo de máxima categoría en su provincia. Debía hacer desplazamientos muy largos para poder entrenar tres o cuatro días a la semana y jugar los partidos el fin de semana.

Los padres, viendo la ilusión del niño, le apoyaban en todo cuidando también que no repercutiera en sus estudios.

Los entrenamientos eran muy duros y la presión que había en ese equipo era muy grande. Jorge, que es muy sensible pero muy fuerte, aguantaba la presión aunque a veces volvía a casa con lágrimas en los ojos. El entrenador no tenía ningún tipo de piedad. Lo único que valía era ganar y el que no aguantara, debía irse del equipo. Era una selección natural.

Empezó a notar unos dolores en la rodilla y los médicos del club le dijeron que era del crecimiento pero el dolor persistía y era insoportable. Le aconsejaron una nueva revisión y los médicos le diagnosticaron una lesión importante que no le permitía seguir jugando al fútbol por el peligro que llevaba si continuaba practicándolo.

Os podéis imaginar lo que significó para él una cosa así. Intentaron que le viera otro médico pero el diagnóstico era el  mismo. Debía dejar el fútbol. La noticia me llegó al poco tiempo y fue una auténtica jarra de agua fría. No me lo podía creer. La carta de Jorge era impresionante. Había asumido completamente la decisión de dejar el fútbol. Todos los esfuerzos que había hecho se lanzaban por la borda. Como consecuencia de todo esto, también dejó de venir en los veranos. Sin embargo, seguíamos en contacto. Jorge seguía mandando unas felicitaciones en Navidad muy cariñosas y se le veía animado dentro de su contrariedad. La vida seguía y había que reenfocarla, nada más.

Miquel es un jugador alevín que lleva tiempo en la Escuela. Del fútbol del colegio pasó al fútbol federado. Desde el primer momento se le vieron unas cualidades para la práctica del fútbol. Parecía que tenía manos en los pies. En estos años, su progresión ha sido muy grande y se le ofreció una beca de formación para ayudarle a conseguir su objetivo como futbolista.

En la actualidad Miquel ha progresado muchísimo y es el deseo de muchos equipos de primera línea pero él tiene muy claro que debe seguir formándose y que no hay mejor lugar que este para hacerlo. Entrena con mucha intensidad y ha estado preparándose todo el verano en los cursos intensivos. Está muy fuerte, ha crecido, su progresión es increíble.

El último del curso, en un partido tuvo la mala suerte de lesionarse en el brazo. Lo llevamos urgentemente al médico y volvió con un buen yeso en el brazo. Cinco o seis semanas en el dique seco. La cara de Miquel, aunque tranquila, reflejaba la preocupación de no poder estar con sus compañeros entrenando. La temporada empieza y él no podrá entrenar ni un solo día con sus compañeros de equipo.

Pasan las semanas y él se encuentra ya perfectamente. Está contando los días y piensa que le quitarán el yeso en una semana. En su imaginación ya se ha montado toda una historia: aunque tenga el yeso, podrán recortárselo un poco para poder empezar a trotar, podrá correr, podrá llegar a tiempo a los últimos entrenamientos…Llega el día de la visita al médico para ver cómo va la rotura, si el hueso no se ha movido de su lugar, etc. El médico confirma que la cosa va bien y cuando Miquel le pide entrenar ya, recortar el yeso, quitarlo antes de lo previsto,  se encuentra con la negativa total del médico. Tendrá que esperar hasta el último día previsto y se alargará hasta la sexta semana (no la quinta).

Miquel sale desmoralizado del hospital. Tiene que esperar y posiblemente no llegue al primer partido. Está desesperado. Yo aproveché para contarle la historia de Jorge y él se dio cuenta de que lo suyo no era nada comparado con lo de Jorge. Tenía mucha suerte de estar tan bien y aunque tenía que esperar, eran pocos días comparado con los dos años de Jorge.

Sin embargo, Jorge me ha escrito un inesperado mensaje hace muy poco. Contaba que tras dos años de dique seco, en la última revisión médica, le han dado de alta para el deporte y ya puede jugar de nuevo al fútbol. Copio el mensaje:

“Soy Jorge, te escribo porque me siento muy feliz. Ayer, por fin, mi médico me dijo que puedo volver a jugar al fútbol. Para que compartas estos momentos, me acuerdo de todos, besos, la vida me ha dado otra oportunidad. Gracias.”

La vida está llena de estas pequeñas historias de tantos jóvenes que se esfuerzan con ilusión por alcanzar una meta llena de ilusión. Como es natural, surgen muchas dificultades que deben servir para aprender a afrontarlas con deportividad, con optimismo y nos preparan para superar otras mayores que surgirán en la vida. Si somos capaces de enfocarlas bien, son enriquecedoras y nos ayudan a ser mejores personas.

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